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Proteger a la población

y preparar la paz

Consejo editorial de I.S. sobre Palestina


1. Tres meses después de los criminales atentados del 11 de septiembre, la situación del conflicto entre los palestinos y el Estado de Israel se ha agravado. No es una metáfora afirmar que Oriente Medio se encuentra al borde del abismo.
2. El logro principal del general Sharon es haber roto definitivamente el proceso de paz y haber dejado en papel mojado el Acuerdo de Oslo. Además, su estrategia está minando el suelo de los sectores palestinos moderados y laicos en beneficio de las facciones extremistas islámicas. Esa estrategia aleja radicalmente a Israel de la perspectiva de paz y seguridad que Sharon prometió en su campaña electoral. El intento de reavivar el movimiento colono es otra de las expresiones de su orientación extremista. Toda la orientación del Gobierno israelí parece dirigida a acabar con la esperanza palestina de alcanzar un Estado propio. El asedio a los edificios de la Autoridad Nacional Palestina, convirtiendo a Arafat en un prisionero, y la decisión de negarle su carácter de interlocutor van en esa misma dirección.
3. La política de vulneración sistemática de los derechos humanos de los palestinos y la utilización del terrorismo de Estado exigen una condena tajante por parte de todos los organismos civiles y democráticos. Sharon prometió paz y seguridad a los israelíes. Hoy es el principal enemigo de esa paz y seguridad, a la que, sin duda, tienen derecho tanto israelíes como palestinos. La invasión desde octubre de territorios bajo control de la Autoridad palestina, a raíz del asesinato del ministro Rehavam Ze´evi, y los ataques del Ejército israelí a los aeropuertos y a la policía palestina son la expresión más contundente de una ofensiva inaceptable y de una demagogia beligerante y agresiva, que apuesta por una solución exclusivamente militar al conflicto.
4. El pueblo palestino está formado por millones de personas sin Estado. Es una población desposeída de su país y que arrastra casi treinta y cinco años de ocupación militar de sus territorios. Ese pueblo padece hoy, en los territorios a cargo de la Autoridad palestina, una situación extrema..
5. El Gobierno israelí es responsable de los castigos colectivos, la demolición de las casas, los bombardeos, los cientos de muertes de palestinos desarmados, los asesinatos selectivos de dirigentes de la Intifada o de movimientos políticos palestinos. Todas esas acciones israelíes han convertido los pueblos y ciudades palestinas en un infierno. Cientos de miles de personas viven en condiciones inhumanas, sin una escolarización adecuada, con un enorme paro y una pobreza generalizada, con una sanidad colapsada y sin posibilidad de una asistencia médica aceptable.
6. En esa situación de los territorios palestinos, movimientos como Hamas o la Yihad islámica encuentran un caldo de cultivo propicio para conseguir una mayor influencia y preparar la futura sustitución de Arafat por un liderazgo extremista e islámico, lo cual, dado el culto por la muerte y el irredentismo religioso de esas organizaciones, podría significar el cierre definitivo de la posibilidad de paz en la región.
7. En consecuencia, condenamos tanto la política del gobierno de Sharon como los indiscriminados atentados, producidos en diciembre en Israel, que costaron decenas de muertes de civiles. Los métodos de Hamás y la Yihad islámica no pueden considerarse una expresión legítima de la lucha popular sino un instrumento terrorista de presión de organizaciones religiosas totalitarias, que constituye, además, un elemento necesario para el éxito de la estrategia extremista de Ariel Sharon. Los enemigos del pueblo palestino y de la paz en la región son tanto el Gobierno de Sharon como los movimientos terroristas islámicos. Hay que reafirmar que todos, palestinos e israelíes, tienen derecho a paz con seguridad y libertad y que los palestinos que lo deseen tienen derecho a un retorno, al que el Gobierno de Israel se opone radicalmente, mientras permite nuevos asentamientos colonos. En aras de la paz es necesaria una presión internacional para asegurar que los responsables de atentados, crímenes y demás acciones contrarias a los derechos humanos (sean israelíes o palestinos, pertenezcan a organizaciones privadas o a un Estado) sean detenidos y juzgados.
8. Estados Unidos tiene la responsabilidad esencial de obligar a los dirigentes israelíes a retornar al camino del diálogo y de la búsqueda de una solución negociada, pues es el único país que tiene una influencia efectiva sobre el Gobierno de Israel. Washington no puede seguir apoyando a un Gobierno contrario a la paz como es el de Sharon. La declaración del día 2 de octubre de 2001 del presidente Bush en defensa de la formación de un Estado palestino no puede ser sepultada por los errores posteriores y la tolerancia respecto a la política extremista y al terrorismo de Estado del Gobierno de Sharon, ni tampoco quedar en una mera declaración formal para tranquilizar a los gobiernos árabes aliados ante la intervención en Afganistán.
9. Reiteramos, como dijimos ya en nuestra declaración de octubre de 2001, que es necesaria una intervención internacional en defensa de los palestinos y de la convivencia. Es imprescindible una actuación que garantice la retirada inmediata de las tropas israelíes de la zona bajo jurisdicción de la Autoridad palestina y obtenga el compromiso israelí de no volver a violar su territorio y de respetar los derechos humanos. Las Naciones Unidas, así como la Unión Europea y el Gobierno de Estados Unidos, deben exigir de forma inmediata la retirada militar completa, poniendo en marcha un conjunto de sanciones políticas y económicas si esa resolución no es respetada. La comunidad internacional debe asumir la protección física de la población de los territorios palestinos, incluso con el envío de fuerzas de interposición adecuadamente dotadas y preparadas para la protección efectiva de esa población.
10. Un Estado palestino democrático y territorialmente unido (y no una serie de bantustanes) es la solución que defienden quienes quieren un Oriente Medio en paz, con democracia y seguridad para todos: árabes e israelíes, sean judíos, musulmanes, cristianos o ateos. La única posibilidad de paz duradera exige un acuerdo urgente sobre la base de dos Estados, uno palestino y otros israelí, con capitales respectivas en Jerusalén oriental y occidental. El Estado palestino es imprescindible para preservar la paz en la región y en el resto del mundo, y es una deuda de la comunidad internacional desde el momento en que, en 1948, la ONU decidió crear un nuevo Estado a expensas exclusivamente de los territorios de Palestina.

enero 2002

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