Ir a página principal de Iniciativa Socialista
Ir a archivo de documentos
 

Ciudadanos por el cambio

Juan Ignacio Crespo

Juan Ignacio Crespo es presidente de la asociación No Nos Resignamos


Las elecciones generales del año 2.000 están a menos de seis meses vista. Entretanto, tendrán lugar las elecciones a la Generalitat de Catalunya y el impasse de las fiestas navideñas. Si consideramos que los partidos políticos y los medios de comunicación estarán volcados en las primeras, y todo el mundo en las segundas, no quedan más de cuatro meses útiles para que la izquierda se prepare para convencer a los votantes de que su oferta política es mucho más atractiva, más integradora y más justa que la del Partido Popular. Y, si tenemos en cuenta que las candidaturas han de presentarse con cierta antelación, en la práctica es como si quedaran menos de tres meses.
Naturalmente, el resultado que obtenga la coalición de izquierda liderada por Maragall en Cataluña condicionará fuertemente todo lo que ocurra después. Pero eso no debería tener a las fuerzas de la izquierda en España esperando a ver qué pasa.
 

La nueva situación política

Desde mayo de 1996, fecha en que tomó posesión el gobierno del Partido Popular, sólo ha habido dos buenos momentos para la izquierda en España. El primero, entre la convocatoria de las elecciones primarias en el PSOE y el debate sobre el estado de la nación celebrado varias semanas después. El segundo, es el que se está viviendo actualmente. En efecto, tras la celebración de las elecciones del 13 de junio pasado el Gobierno y el PP viven en el desconcierto más absoluto. No sólo no obtuvieron los resultados que esperaban sino que se vieron desalojados de dos gobiernos de comunidades autónomas en los que pensaban seguir instalados y del gobierno municipal de varias ciudades gallegas o de Córdoba. Si a eso sumamos la actitud defensiva que han tenido que adoptar en el debate sobre los “cazaprimas” y los incendios del lino; los esfuerzos baldíos por defender la imagen de Loyola de Palacios y la actitud errática que han mantenido en el tema de las pensiones, no es difícil constatar que caminan ahora con el paso cambiado.
La irrupción de Pascual Maragall en escena es también un elemento extraordinario de la nueva situación y, por obra de la presentación de su candidatura, la izquierda tiene por primera vez desde hace mucho tiempo la victoria electoral al alcance de la mano en Cataluña.
 

Las nuevas fórmulas

Hace cuatro años, con motivo de las últimas elecciones generales, la asociación No Nos Resignamos lanzó la propuesta “Senadores por el Progreso” que, inspirada en lo que fue “Senadores para la Democracia” o la “Entessa des Catalans”, instaba a los partidos de izquierda a presentar listas únicas al Senado. La propuesta, que tuvo cierto eco en los medios de comunicación, no consiguió abrirse paso en una situación de hostilidad desaforada entre el PSOE e Izquierda Unida. Una excepción fue el caso de Ibiza y Formentera donde todas las fuerzas de izquierda, a iniciativa propia, presentaron una candidatura común al Senado y consiguieron, por primera vez, arrebatarle el escaño del Senado a la derecha. Con una fórmula parecida para concurrir a las pasadas elecciones autonómicas, la izquierda plural de Ibiza y Formentera ha logrado el gobierno del Consell Insular que hoy preside Pilar Costa, antes senadora unitaria. Algo parecido está sucediendo en Cataluña donde el PSC e Iniciativa per Catalunya-Verds (IC-V) concurren con listas comunes a las elecciones a la Generalitat en tres de las cuatro provincias catalanas. En Barcelona cada uno presenta lista propia.
Dejando claro primero que no hay fórmulas mágicas que garanticen unos buenos resultados electorales y, también, que la discusión sobre las razones de que una fuerza política suba o baje son, la mayoría de las veces, ganas de hablar por hablar, lo cierto es que la racionalidad que soporta este pacto en Cataluña es bastante fuerte: IC-V renuncia a un protagonismo fútil en aquellas circunscripciones donde no consigue obtener ningún escaño y, por tanto, sus votos se pierden sin que el conjunto de la izquierda obtenga ningún beneficio, y mantiene, en cambio, su candidatura en Barcelona, mostrando así su deseo de mantener la identidad propia. La combinación de las dos fórmulas (listas únicas al Senado en todas las provincias, y al Congreso sólo en aquellas en que una de las fuerzas no vaya a obtener representación) es la fórmula que debería utilizar la izquierda española en las próximas elecciones generales.
Habrá, sin duda, quien se empeñe en recordar que la experiencia en Galicia del año 97 no fue muy alentadora. Se olvidan los que eso dicen que el pacto había dejado fuera a la que ya se había convertido en la principal fuerza de la izquierda gallega, el BNG.
 

Los candidatos

Hay dos tipos de candidatos: los, por llamarlos así, presidenciales, y los partidarios. Dentro del primer tipo habría que incluir a Pascual Maragall. Pero también a Xosé Beiras, Fernando Morán, José Borrell y Cristina Almeida. O a Felipe González y Julio Anguita. Es decir, a aquellos que, con independencia de su adscripción a un partido político, han gozado o gozan de un gran prestigio social y de un reconocimiento claro de su liderazgo. Un asunto bien diferente es cómo esos candidatos gestionan la complicada fórmula de conectar bien con su base social y a la vez estar sometidos a la disciplina del partido que les acoge. En esto Pascua Maragall está demostrando ser un consumado maestro y en esto residirán buena parte de las claves de su eventual éxito electoral. También esto explica el éxito de Xosé Beiras. No puede decirse, en cambio, que Morán o Almeida supiesen explotar adecuadamente ese activo en las pasadas elecciones municipales y autonómicas. Por no hablar de Julio Anguita, que prácticamente ha dilapidado esos “talentos” que le habían sido concedidos y por los que...¡le pedirán cuenta el día del juicio final!
Para las elecciones generales, el PSOE presenta un candidato a la Presidencia del Gobierno, Joaquín Almunia, que corresponde al otro tipo; al tipo de los candidatos partidarios. Un candidato necesitado, pues, doblemente de un apoyo social extra si quiere derrotar a Jose MªAznar en los próximos comicios.
 

Plataformas ciudadanas

Esta es la fórmula que Pascual Maragall ha utilizado para hacer que los potenciales votantes de la izquierda en Cataluña le sintieran más próximo. Y también para sentirse él mismo situado más cerca de aquellos a los que quiere representar. También ha lanzado un mensaje de renovación de la política (un tercio de la lista que encabeza está formada por personas independientes que conectan por su actividad profesional, política o sindical con algún sector de la ciudadanía ) y un programa novedoso: federalismo y el castellano entendido como un activo más de los catalanes y no como problema. ¿Es posible que Almunia concurra a las próximas elecciones generales arropado por una coalición de izquierda (PSOE, IU, PDNI, IC, BNG,etc), con listas separadas sólo allí donde tenga sentido porque se puedan obtener resultados electorales buenos por separado; arropado por un movimiento ciudadano que recoja y transmita la aspiración de que deje de gobernarnos la derecha; y que, en fin, se presente con un programa en el que ideas fuerza sobre Sanidad, Educación, Pensiones, Empleo y derechos civiles dejen perfectamente claro a los electores que esa izquierda plural representa la promesa cierta de una nueva alianza en la que todos los sectores progresistas de la sociedad podrán ver reflejados parte de sus anhelos?
 

 
Ir a página principal de Iniciativa Socialista