Luis M. Sáenz
Las víctimas de la barbarie
Londres, Srebrenica y la pobreza del mundo
Escrito en julio 2005 para Iniciativa Socialista
Al día siguiente de recibir el encargo de organizar los Juegos Olímpicos
de 2012, y mientras la cumbre del G8 se realizaba en Perthshire, los habitantes
de Londres sufrieron un brutal ataque terrorista, muy similar al que tuvo
lugar en Madrid el 11 de marzo de 2004.
Una vez más, es preciso solidarizarse con las víctimas, con
sus amistades, con sus familias; y honrar también, en medio de su
dolor, a la población de Londres, que con tanta entereza ha sabido
reaccionar, excepción hecha de los elementos racistas que han protagonizado
algunas agresiones contra la población de orgien árabe o algunos
centros religiosos musulmanes.
Es preciso también comprender de quién proceden actos tan bárbaros
como estos, pues la amenaza sigue presente. La red formada por Al Qaeda y
los numerosos grupos afines esparcidos por todo el mundo es un movimiento
político-militar profundamente reaccionario, teocrático, feminicida
y despótico, fundado sobre un proyecto de dominación y opresión
sin límites que pretende, como primer y principal objetivo estratégico,
someter a su poder a una amplia región del mundo árabe y/o
musulmán. Tal y como decía un texto editoail de la revista
Iniciativa Socialista tras los atentados del 11-M, "El terrorismo fundamentalista
y sus sueños de omnipotencia son una amenaza terrible al presente
y al futuro de la humanidad. Para Europa y Estados Unidos suponen un peligro
terrorista sin límites en cuanto a los medios de muerte que están
dispuestos a utilizar y en cuanto a los indiscriminados objetivos amenazados.
Para el mundo de raíces islámicas supone, además, una
directa amenaza de constituir un poder criminal, como lo fue el régimen
talibán en Afganistán". No estamos, pues, hablando de un
residuo horrendo de la resistencia a un "orden mundial" de dominación,
sino de una corriente que quiere ser, y que ya es, una de las partes más
despiada de ese "orden", un enemigo a combatir y a derrotar.
Nuestra oposición a la guerra de Irak, o la oposición de los
activistas por la paz británicos o estadounidenses, fue y es justa,
basada en razones suficientemente sólidas para no necesitar apoyarse
en el discurso del miedo. Si rechazamos esa guerra, no fue porque inquietase
para nuestra más o menos tranquila existencia de ciudadanos occidentales,
sino porque era injusta, cruel, innecesaria, agresiva, contraproducente.
Lo mismo podemos decir de la ocupación de los territorios palestinos
por el estado de Israel.
Disentimos de quienes ven en la violencia de Al Qaeda un subproducto de la
lucha contra opresión y explotación imperialista. No compartimos
la afirmación de Tariq Ali según la cual "La principal causa
de esta violencia es la violencia que se está infligiendo a los pueblos
del mundo musulmán". A nuestro entender ese análisis es tan
equivocado como el de aquellos que, simétricamente, consideran que
la política belicista y agresiva de la Administración Bush
y de sus aliados tiene su origen en una pretendida guerra al terrorismo,
y no en el carácter propio del proyecto neocon.
El terror de la red teocrática "Al Qaeda" no es ningún tipo
de respuesta del "mundo musulmán" a la guerra de Irak o a la ocupación
de Palestina. En primer lugar, porque su objetivo principal, al que sirven
estos brutales atentados contra población civil y trabajadora occidental,
es imponer un régimen de violencia permanente sobre ese "mundo musulmán",
incluyendo, como rasgo específico de esta nueva forma de "fascismo",
la esclavización extrema de las mujeres. En segundo lugar, porque
no es verdad que sólo los Estados implicados en la guerra de Irak
puedan ser escenario de nuevas matanzas de trabajadores, estudiantes, gente
común: apostar a esa carta para "robustecer" la justa oposición
a la guerra de Irak o a la ocupación de Palestina no sólo es
innecesario, pues nuestras razones son mucho más sólidas y
generosas, sino que es también ajeno a la realidad y, en cierta forma,
irresponsable.
Este terror no es mera consecuencia de la guerra. Francia puede ser atacada,
Alemania también, y la España actual no queda libre del peligro.
Pero esa verdad es utilizada por los líderes del PP -contradictoriamente
con su terquedad en mantener la hipótesis ETA sobre el 11M- para tratar
de dar coherencia y apariencia de rigor a un entramado de mentiras y engaños.
No pensamos caer en su trampa. Contra ustedes combatimos por meternos en
una guerra injusta, cuando aún no había tenido lugar la terrible
masacre del 11-M, y contra ustedes combatimos, una vez ocurrida, no porque
hubiera pasado (pese al sectarismo de la convocatoria, allí estuvimos
con ustedes el 12-M) sino por su empeño en mentirnos para ganar unas
elecciones. La actitud de los líderes del PP ante los atentados de
Londres pone de relieve una vez más una grave bajeza moral: en vez
de poner en primer plano el sufrimiento de la sociedad londinense, han hecho
de la tragedia mero pretexto para volver a situarse como las principales
"víctimas" de este terror, al que atribuyen la pérdida... de
las elecciones en España.
Insisto: no nos llamemos a engaño. Al Qaeda es un monstruo encabezado
por ricos fanáticos que aspiran al poder. En sus raíces no
se encuentra la revuelta de los oprimidos, sino una explosiva combinación
de las más fanáticas y perversas versiones de una religión,
una larga tradición de despotismo y autocracia de los emires petroleros,
un ansia desmedida de poder y los más crueles sueños
-hechos en muchos casos realidad- machistas de posesión absoluta de
la vida y muerte de las mujeres.
Dicho esto, sí cabe preguntarse las razones por las que ese movimiento
"teofascista" goza de una amplia capacidad de reclutamiento y de la simpatía
activa o pasiva de millones de personas a lo largo del mundo, de la misma
forma que, si bien era y es suicida considerar al fascismo o al racismo occidental
una "reacción" al capitalismo y a su explotación, pasando así
por alta su lugar como un enemigo principal a combatir y derrotar, no por
ello debemos dejar de interrogarnos sobre las condiciones políticas
y sociales que pueden favorecer su crecimiento, estudiando casos como el
progreso de Le Pen entre las clases sociales más desfavorecidas en
Francia. Y sin duda es cierto que uno de los puntos de apoyo para la labor
de captación de adeptos y simpatías del fundamientalismo reside
en la fustración política y social, en la miseria combinada
con ciertas tradiciones ideológicas y religiosas, en la desesperanza,
en el sentimiento de carencia de futuro, en la corrupción y la crueldad
de los gobernantes o los ocupantes...
Ni la lucha frontal contra Al Qaeda puede esperar a que cambie "el orden
mundial", ni la lucha contra la pobreza y por la democracia y los derechos
humanos a escala universal debe ser abandonada bajo la excusa de "hacer frente
al terrorismo". Para cambiar el mundo, hay que moverse en muchos frentes.
La cumbre del G8 ha dado lugar a nuevas movilizaciones sociales reclamando
justicia y una nueva política en lo que se refiere a la ayuda, la
deuda, el comercio, la acción contra el SIDA. Discrepando de quienes
han opuesto unas movilizaciones a otras, creo que la fuerza de este movimiento
reside precisamente en su varidad, en su capacidad para ser expresado por
eventos tan diversos como los conciertos del Live 8, manifestaciones en muchas
ciudades del mundo, el Foro de los pueblos realizado en Mali, etc. Los frutos
de la cumbre del G8 han sido muy escasos, e incluso los compromisos cicateros
y claramente insuficientes arrancados a los pretendidos "líderes del
mundo" son ambiguos y requerirán nuevos esfuerzos para segurar su
realización. Los "políticos" del G8 han demostrado una vez
no estar a la altura del reto que plantea la pobreza en el mundo, la situación
de África, la extensión del SIDA sin que la mayor parte de
los afectados tengan acceso a los medicamentos necesarios, cuando hoy todo
el mundo sabe que es posible pober fin a la pobreza o, al menos,a la pobreza
extrema y letal; que hay tratamientos para convertir el SIDA en una enfermedad
crónica más, pero no letal... Sin duda, los "ocho", como tantos
otros, han dado expresión de su indiferencia hacia el sufrimiento.
Por eso mismo, la alianza contra la pobreza debe seguir su camino, que sólo
será exitoso si es más bien una amplia red de senderos, carreteras,
sendas, rutas, vías, libremente elegidas por quienes deseamos transitarlas,
pero sabiendo que nos unen algunas aspiraciones comunes.
Resistamos a la crueldad. El 11 de julio se ha recordado la masacre de Srebrenica,
ocurrida hace diez años. Este genocidio tuvo y tiene sus "negacionistas",
como los tuvieron y tienen el Holocausto, el Gulag, las matanzas de los regímenes
de Pinochet y Videla, etc. Pero es un hecho incontestable, que sólo
puede ignorar quien no quiera saber. Unos 8.000 varones bosniacos desarmados,
como mínimo, con edades entre 14 y 65 años (o más),
fueron separados de las mujeres, niños y ancianos para ser exterminados
a lo largo de varios días y en varios lugares, y enterrados en numerosas
fosas comunes de las que posteriormente fueron en numerosos casos extraidos
sus restos para ser enterrados en otros lugares con el objetivo de impedir
su localización. Sin embargo, son ya muchas las que han sido localizadas
y el difícil trabajo de identificación ha permitido hasta hora
atribuir nombre y apellidos a erca de 2.000 de los cadáveres localizados.
Este genocio fue cometido por fuerzas del ultranacionalismo serbio, bajo
el mando militar de Ratko Mladic y la dirección de Radovan Karadzic,
y fue consentido por la ONU y por la "comunidad internacional". De hecho,
más que de "consentimiento" podría hablarse de complicidad,
ya que la población de Srebrenica aceptó desarmarse porque
la ONU la declaró zona segura que sería defendida por fuerzas
internacionales... que se limitaron a contemplar los prepativos de la matanza.
Aún hoy, Karadzic y Mladic, reclamados por la Tribunal internacional,
sigue en libertad, sin duda protegidos por autoridades de la zona en que
se encuentren y buscados con muy escasos empeños por las fuerzas internacionales
encargadas de detenerles.
Karadzic y Mladic debe ser llevados al banquillo de los acusados, como lo
fue Milosevic. Lo reclaman el derecho de los amigos y familiares de las víctimas
a que se conozca toda la verdad y se haga justicia. Lo reclama el propio
futuro de la sociedad serbia y serbobosnia, ya que, como declarará
en su momento Zarko Papic, serbio, "es extremadamente importante para
el porvenir de los serbios individualizar los crímenes de guerra.
Los serbios no son genéticamente genocidas ni criminales de guerra.
Sin embargo, los crímenes de guerra cometidos por los serbios constituyen
una verdadera hipoteca para todo el pueblo serbio. La única manera
de anular esta hipoteca es individualizar estos crímenes y castigas
a los criminales".
Es preciso recordar Srebrenica y reclamar toda la verdad de tan infame genocidio
cometido en nombre de una patria y de un dios, combatir sin concesión
ni justificación al terrorismo fundamentalista y teocrático
encabezado por Al Qaeda, oponerse una vez más al proyecto neocon liderado
por Bush y a su agresividad mortífera, reclamar una y otra vez la
adopción de las medidas necesarias y urgentes para parar esa matanza
cotidiana por medio de un hambre para el que hay alimentos disponibles o
de enfermedades que pueden curarse o contenerse con medicinas. "Hay que
adentrarse en esa zona aterradora, no tanto por la memoria de las víctimas
como por respeto a los vivos", usando palabras escritas por Stanislaw
Lem.