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KOSOVO DESPUÉS DE MILOSEVIC

Luis M. Sáenz

Madrid, 10 de agosto de 1999

Este texto expresa las opiniones de su autor y no ha sido sometido a la aprobación del equipo editorial, cuya última toma de posición colectiva apareció en Iniciativa Socialista número 53, verano 1999, bajo el título "No hay paz con Milosevic". Para facilitar el acceso a la documentación citada, hay numerosos enlaces a materiales en la red. Se aconseja que sólo se utilicen tras leer completo este artículo. Los números referencia de las notas enlazan con el texto correspondiente, desde el que puede volverse al lugar en que se encuentra insertada la referencia utilizando nuevamente el enlace asociado con la numeración.

En cumplimiento del Acuerdo Técnico Militar (acuerdo de Kumanovo) entre la Fuerza Internacional de Seguridad (KFOR) y los gobiernos de la República Federal de Yugoslavia (RFY) y la República de Serbia, y de la resolución 1244 (10/6/99) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, las fuerzas militares, policiales y paramilitares serbias abandonaron en junio todo el territorio de Kosovo, así como las zonas de seguridad terrestre (5 km.) y aérea (25 km.) establecidas desde la frontera con Kosovo hacia el interior del territorio de la RFY.

Tras diez años de régimen de apartheid contra la mayoría albano-kosovar(1) y después de una abierta limpieza étnica a partir de febrero de 1998(2), la nueva situación de Kosovo es vivida por la población albano-kosovar como el posible fin de una mortífera pesadilla.

Sin embargo, Kosovo no es aún una tierra de paz y libertad, lo que era de esperar, ya que, como escribió Reinaldo Arenas, "No hay mal que por mal no venga"(3). El odio no siembra democracia y tolerancia, sino más odio.

Coincidiendo plenamente con la posición tomada por el colectivo editorial de Iniciativa Socialista ante el inicio de la intervención armada de la OTAN en Serbia, Kosovo y Montenegro ("No hay paz con Milosevic", I.S. número 53, verano 1999), querría prolongar aquella reflexión a la luz de lo ocurrido, abordar algunos interrogantes sobre su pertinencia y aportar algunos puntos de vista sobre la actual situación de Kosovo.

De Rambouillet a Kumanovo: ¿No fue posible una solución diplomática sin recurrir a los bombardeos?

La edición española de Le Monde diplomatique de junio 1999 afirmaba que lo firmado el 3 de junio pasado "no difería de lo que Yugoslavia ya estaba dispuesta a aceptar tres meses antes de que cayera la primera bomba". Opinión parecida han expresado personas que tanto han contribuido a la vitalidad del pensamiento de la izquierda como Noam Chomsky, Luciana Castellina o Francisco Fernández Buey, que cuentan con todo mi respeto aunque, en este caso, difiero totalmente de su interpretación de los hechos.

De una u otra forma, ¿qué vienen a decir estos estimados amigos?:

i) Que los acuerdos de Rambouillet incluían un apéndice B en el que se daba vía libre a la OTAN para el tránsito por todo el territorio de la RFY.

ii) Que los acuerdos de Kumanovo y la resolución 1244 que han puesto fin a los bombardeos no otorgan a la OTAN esa potestad.

iii) Que Milosevic estaba dispuesto a firmar y cumplir el Interim Agreement for Peace and Self-Government in Kosovo (acuerdos de Rambouillet), siempre y cuando que no incluyese el dichoso apéndice.

iv) En consecuencia, bombardear durante 77 días para después alcanzar un compromiso sobre bases parecidas o incluso peores a las que Milosevic habría aceptado ya en marzo, sería una irresponsabilidad o una maniobra consciente de la OTAN para impedir una solución diplomática y justificar una agresión bélica contra la RFY.

A mi entender, los puntos i y ii son ciertos e irrefutables. Pero la afirmación de que sin apéndice B el régimen serbio habría firmado y cumplido los acuerdos de Rambouillet (punto iii) me resulta inverosímil y no creo que esté fundada en ningún hecho ni en ningún dicho del régimen serbio, aunque, evidentemente, puede ser que no conozca toda la documentación existente.

Mis argumentos son estos:

i) En todas las guerras que ha iniciado, el ultranacionalismo serbio sólo ha cedido bajo el peso de la presión militar. Para Milosevic la negociación es una compra de tiempo. Esa táctica, aplicada en Bosnia con excelentes resultados, le volvió a ser útil en Kosovo. Así, por ejemplo, utilizó su entrevista con Rugova en mayo de 1998 para comenzar una nueva ofensiva en la zona fronteriza con Albania. En octubre de 1998, una vez que el consejo de la OTAN autoriza la realización de incursiones aéreas, Milosevic asume una serie de compromisos con los que logra la suspensión de las acciones de castigo previstas, pero que desde luego no cumple. En cuanto a la "buena voluntad" del régimen serbio en Rambouillet, sirva como botón de muestra la orden de detención cursada contra tres de los miembros de la delegación albano-kosovar en Rambouillet solamente seis días antes de que comenzase la segunda ronda negociadora.

ii) Si Milosevic estaba dispuesto a firmar la "parte política" de Rambouillet, ¿por qué no aceptó inmediatamente las cinco condiciones propuestas por Kofi Annan para el cese de los bombardeos, mucho menos comprometedoras para su régimen y en las que no se incluía ninguna presencia armada internacional sobre la RFY fuera de Kosovo? ¿por qué fueron necesarios 77 días de bombardeos para que lo hiciera?

iii) Si Milosevic estaba dispuesto a aceptar a mediados de marzo los acuerdos de Rambouillet sin apéndice B, ¿por qué tardaron tantas semanas en enterarse de ello hasta sus más fervientes y cercanos partidarios? Por ejemplo, Alexandre Lykourezos y Mikis Theodorakis, en su acusación contra la OTAN presentada el 3 de mayo ante el Tribunal Penal Internacional, dicen exactamente que "Aunque Milosevic aceptaba, salvo pequeñas enmiendas, la autonomía propuesta para Kosovo, rehusó permitir que la vigilancia del acuerdo corriera a cargo de tropas militares de la OTAN -y no la ONU- instaladas en Kosovo, ya que esto representaba una intolerable violación de la soberanía yugoslava". Lo que ahí se dice difiere de la versión "apéndice B" que desde hace algunas semanas prevalece entre quienes condenan la intervención de la OTAN. No se trata de un matiz, sino que afecta al núcleo del argumento. Lo que Lykourezos y Theodorakis dicen es que Milosevic no acepta tropas de la OTAN en Kosovo. Pero, en ese caso, no es posible que aceptase los acuerdos de Rambouillet sin apéndice, ya que la presencia protagonista de la OTAN en la fuerza internacional a desplegar en Kosovo no estaba especificada en el apéndice B, sino en el capítulo VII de los acuerdos. Sin duda, puede discutirse si OTAN o ONU, pero esa es una vieja discusión ya abordada en las páginas de esta revista y ajena al novedoso argumento basado en el apéndice B.

iv) Si Milosevic estaba dispuesto a aceptar a mediados de marzo los acuerdos de Rambouillet sin apéndice B, ¿por qué no lo decía o decía todo lo contrario? Como es fácil comprender, el que se diga ahora no tiene ningún valor. Lo verdaderamente importante es que decía el régimen serbio en marzo:

v) A la vista de lo anterior, creo que Lionel Jospin tenía razón en su intervención del 26 de marzo de 1999 ante la Asamblea Nacional francesa: "Salvo que abdiquemos de nuestras responsabilidades y nos resignemos a la impotencia, el empleo de la fuera se había hecho ineluctable (...) Si la fuerza sin el derecho es siempre tiranía, el derecho sin la fuerza es a veces impotencia".

vi) Una vez dejado claro que el apéndice B tiene poco o nada que ver con la negativa del régimen serbio a firmar los acuerdos de Rambouillet, y que, por tanto, ni siquiera pudo entrar en un tira y afloja negociador, querría arriesgar algo más y decir que, en mi opinión, ese apéndice, de redacción muy poco afortunada, no era una provocación gratuita sino que respondía a la necesidad de garantizar un control estricto sobre todos los aspectos del Acuerdo por la Paz y el Autogobierno en Kosovo, lo que, en algunos de sus apartados, sólo podía hacerse con cierta capacidad de movimiento e inspección sobre territorio de la RFY. Aunque estoy firmemente convencido de que la conveniencia de dar una oportunidad política a la oposición democrática serbia y, sobre todo, la necesidad humanitaria de poner fin a la limpieza étnica y a los bombardeos justifican sobradamente el compromiso técnico-militar y la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU, no puede ignorarse que la renuncia internacional a poder ejercer algunas funciones en el territorio de la RFY exterior a Kosovo ha tenido un precio: más de 2.000 presos albano-kosovares en Serbia, conversión de esta República en refugio para los responsables de crímenes contra la humanidad, expulsión de 4.500 albaneses residentes en el sur de Serbia, amenazas sobre el futuro democrático de Montenegro...

¿Es Javier Solana un criminal de guerra?

Toda guerra produce víctimas inocentes y que cada una de ellas era un ser singular e irrepetible, cuya muerte es una tragedia no cuantificable que perturba dolorosamente la vida de otras muchas personas que deben cargar con la desaparición de alguien a quien amaban. Entender y sentir esto es el mejor antídoto contra los militarismos y contra la frivolidad de quienes se entusiasman con acciones armadas de algún tipo, ya sean los despliegues bélicos de grandes Estados, las ejecuciones de los condenados a muerte, las "guerras sucias" organizadas desde el aparato del Poder, los asesinatos parapoliciales , los linchamientos, las bombas de cualquier grupo de "liberación nacional", las acciones de alguna organización guerrillera o las revanchas indiscriminadas de los ayer oprimidos.

Y, sin embargo, no es posible renunciar a toda violencia, salvo que optemos precisamente por dejar el mundo en manos de los violentos. Existen necesarias resistencias violentas y existen guerras necesarias. No diré "guerra justa", pues en la guerra siempre hay crímenes, siempre perecen inocentes, e inevitablemente surgen en su seno el exceso, la venganza y el abuso del poder.

Ahora bien, no todo es igual. Ni siquiera todos los crímenes son iguales, como ha reconocido el Derecho Internacional estableciendo figuras específicas para los "crímenes de guerra", el genocidio, los "crímenes contra la humanidad"… No es lo mismo bombardear una fábrica de armas y que perezca el vigilante nocturno que meter a decenas de personas en un casa, lanzar granadas por la ventana y rematar la faena ametrallando los cuerpos destrozados. No es lo mismo errar el blanco fijado en un objetivo bélico y destruir un edificio de vecindad, produciendo muertes, que ir expulsando a la gente de sus casas, separando a una parte, fusilando a los elegidos y arrojándoles a una fosa común. En todos esos ejemplos se mata y se causa sufrimiento irreparable. Pero no es lo mismo.

Dada la falta de transparencia informativa del régimen serbio, resulta muy difícil conocer el alcance real de los daños humanos y materiales causados por los bombardeos de la OTAN, pero la desproporción entre el número de muertes provocadas y la intensidad de los bombardeos(4) parece indicar, a la espera de que puedan realizarse creíbles investigaciones sobre el terreno, que, en este caso, la OTAN ha tratado de evitar la existencia de víctimas civiles -aunque no siempre se hayan tomado las precauciones necesarias- y que, desde luego, no tenía ninguna intención de provocar una masacre de la población serbia. Las acusaciones presentadas contra Javier Solana como criminal de guerra carecen de fundamento. También son infundadas las lanzadas contra los jefes de gobierno de los Estados miembros de la OTAN (por este caso, pues algunos de ellos sí deberían rendir cuentas ante el Tribunal de La Haya por otros actos). Se trata de contrapropaganda dirigida a contrarrestar la denuncia de las atrocidades del régimen serbio y la acusación contra Milosevic lanzada por el Tribunal Penal Internacional.

No obstante, quienes hemos sido partidarios de una acción armada contra el régimen serbio debemos asumir nuestra "no inocencia". Es preciso saber toda la verdad sobre esta guerra, incluyendo los excesos y horrores de los que pueda ser responsable la OTAN y la delimitación de responsabilidades en torno a ellos, en casos como la utilización de bombas de fragmentación y de municiones de uranio empobrecido, cuyas dañinas consecuencias superan los objetivos proclamados de golpear sobre el aparato político y militar serbio y sobre determinadas infraestructuras. Enfrentarse con el turbio fondo que cualquier guerra tiene, incluidas las necesarias, no perjudicará a los valores democráticos y humanitarios sino que, por el contrario, los reafirma. En ese aspecto, debemos ser capaces de estudiar, recoger y asumir la parte de verdad que pueda haber en los argumentos de quienes denuncian la intervención de la OTAN.

Describir los horrores de la guerra es necesario. No es suficiente para una toma de posición.

Francisco Fernández Buey, en su artículo ¿Qué decían los acuerdos de Rambouillet?(5), pregunta: "¿No estábamos ya de acuerdo, con independencia de credos e ideologías, en que los crímenes de Hitler no justificaban los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki?" Sí, estamos de acuerdo en ello. Hiroshima y Nagasaki son crímenes contra la humanidad que han quedado impunes, como lo quedarán siempre los crímenes de los vencedores mientras sigan siéndolo y los pueblos no sean capaces de juzgar a sus propios dirigentes incluso en el triunfo.

Pero falta una segunda pregunta: ¿los crímenes de Hitler permiten valorar positivamente la entrada de EE.UU. en la guerra y la mayor parte de sus acciones militares, pese al horror inexcusable e inmenso de Hiroshima y Nagasaki? A mi entender, la respuesta vuelve a ser afirmativa(6). Decir esto no es cínico. Lo cínico sería justificar Hiroshima, encubrirlo, negar el derecho a la verdad y a la justicia para sus víctimas y sus familias.

Por otra parte, ninguno de los peores crímenes que pudiera haber cometido la OTAN admite comparación con Hiroshima y Nagasaki. Claro está que tampoco Milosevic es Hitler. Pero, desde luego, la distancia entre el Holocausto y la limpieza étnica en Bosnia y Kosovo, con ser mucha, es bastante menor que la que separa Hiroshima de la campaña de la OTAN en la RFY.

¿No fueron los mismos albano-kosovares víctimas de la intervención de la OTAN?

¿Ha merecido la pena? ¿No se ha aumentado el sufrimiento de aquellos a los que se decía querer defender?

Es innegable que los bombardeos de la OTAN dieron a Milosevic la ocasión para acelerar la limpieza étnica de albano-kosovares, aunque en ningún caso debe olvidarse que al comienzo de la intervención ya había entre trescientas y cuatrocientas mil personas expulsadas de sus hogares y que hay varios indicios de que Milosevic estaba dando comienzo a una nueva fase de la limpieza étnica tras el fracaso de Rambouillet (por ejemplo, en el término municipal de Glogovac se inició el 19 de marzo, cinco días antes del inicio de los bombardeos).

Tampoco debe perderse de vista un solo momento que, aunque aún hay quien lo pone en duda, es irrefutable que los centenares de miles de albano-kosovares desplazados a partir del 24 de marzo fueron expulsados de sus casas por las fuerzas serbias(7), no por las bombas de la OTAN, aunque en algún caso también fuesen víctimas de ellas.

Sin embargo, la culpabilidad de Milosevic no excluye una reflexión sobre lo oportuno de una intervención que provocaría esa previsible respuesta, como han señalado numerosas voces, algunas solidarias desde hace tiempo con los albano-kosovares pero muchas de ellas repentinamente preocupadas por sus sufrimientos... en tanto y en cuanto que se pudiesen achacar a la OTAN.

Ha habido evidentes errores, de los que quizá el más grave haya sido la imprevisión ante la avalancha de refugiados sobre los países vecinos, a los que se podría haber dotado de los medios materiales y humanos necesarios de forma mucho más rápida y eficaz. Ahora bien, el fondo de la cuestión es otro: la alternativa a la agudización del horror durante dos meses y medio era un horror sin fin.

No pueden compararse situaciones estáticas y sin tomar en cuenta la dimensión política. Es muy fácil decir que a partir de la intervención de la OTAN se quemaron más casas de albano-kosovares, que muchos tuvieron que escapar de hogares en los hasta ese momento residían, que murieron muchos que el 23 de marzo aún vivían. Que, en definitiva, el Kosovo de principios de junio estaba más arrasado que el Kosovo de vísperas de la intervención de la Alianza Atlántica. Pero, entonces, para evitar el inmediato "empeoramiento de las cosas" que suele causar cualquier resistencia -interna o externa- a una opresión, ¿era mejor resignarse a que, año tras año, generación tras generación, las fuerzas serbias bombardeasen poblaciones, quemasen casas, matasen a hombres y mujeres, expulsasen a los supervivientes hacia bosques y montañas…? ¿Había que esperar indefinidamente a un cambio de la situación interna de Serbia, donde casi nadie defendía la causa albano-kosovar?

Personalmente, creo que sobre esto tienen la última palabra quienes debían padecer las consecuencias de las decisiones tomadas. Los representantes políticos albano-kosovares que firmaron los acuerdos de Rambouillet sabían que si los gobiernos de Serbia y de la RFY no lo hacían eso significaría el comienzo de una intervención armada internacional(8). Y las reacciones del conjunto de la población en los campos de refugiados y tras su retorno no dejan lugar a dudas de que no consideran a los bombardeos de la OTAN como causantes de sus desdichas.

Represalias sobre serbios y gitanos: ¿la tortilla del revés?

Siendo muchas las dificultades para la reconstrucción económica, social y política de Kosovo, quizá lo más inquietante y peligroso de la situación actual es la violencia ejercida sobre serbo-kosovares y gitanos. HRW ha presentado el más fiable y completo informe sobre las represalias sufridas por miembros de esos grupos étnicos(9), en el que se detallan entre setenta y ochenta asesinatos, no todos confirmados, entre los que destaca el conocido caso de la masacre de Gracko, pero también otros crímenes especialmente crueles, como los degollamientos de Marcia Stamenkovic y Panta Filipovic, vecinos de Prizren de avanzada edad. Igualmente se describen palizas, amenazas, incendios, expulsiones, secuestros y cuatro casos de violación de mujeres gitanas.

Según la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR), a finales de julio habían abandonado Kosovo 176.000 serbios, cifra a la que habría que añadir varios miles de gitanos. Hasta cierto punto, la marcha voluntaria de una parte de la población serbo-kosovar era algo esperable, ya sea por estar implicados en los crímenes cometidos contra la población albano-kosovar o por no querer adaptarse a la nueva situación. Goran Svilanovic, presidente de la Alianza Cívica de Serbia, en una entrevista concedida a finales de Junio a la Helsinki Citizen's Assembly, decía con gran coraje que "El problema de los serbios es que han vivido en Kosovo como grupo dominante y no se dan cuenta de que las cosas han cambiado", lo que sin duda es un aspecto del problema que puede explicar el éxodo civil que acompañó a la retirada de las fuerzas serbias. Pero hay otro aspecto, el verdaderamente grave y más actual: también han comenzado a marcharse muchos de los que habían decidido quedarse o posponer su decisión hasta ver que ocurría. Las represalias contra serbios y gitanos fomentan un éxodo que, aunque no tiene características tan terribles como las que acompañaron al de los albano-kosovares, no por ello deja de tratarse de otro tipo de "limpieza étnica" que, de completarse y consolidarse, borraría toda esperanza de una convivencia democrática.

El surgimiento de un fuerte revanchismo era inevitable, teniendo en cuenta lo ocurrido antes en Kosovo, donde la población albanesa ha sido sometida a un régimen de apartheid y a una limpieza étnica que, por sus propias características, requieren, además de la actuación de un aparato estatal híbrido de fascismo y estalinismo, la participación activa y el apoyo de amplias franjas de la población civil beneficiada por esa situación. Los albano-kosovares retornan a su tierra con un recuerdo muy vivo de la violencia sufrida, de sus amigos y familiares asesinados, de las violaciones, torturas y vejaciones sufridas. Y encuentran casas destruidas y saqueadas, mientras que las de sus vecinos serbios continúan en pie, cuando no son esos mismos vecinos quienes se han apropiado de sus bienes o formado parte de los grupos paramilitares que les expulsaron. Las minas anti-personas todavía causan esporádicas muertes, especialmente a niños en la zona fronteriza con Albania. Mientras tanto, como inevitable tributo a la prudencia que aconsejaba no continuar la guerra hasta ocupar el mismo Belgrado, aún permanecen en las cárceles de Milosevic unos 2.000 albano-kosovares acusados de "terrorismo", sin que las organizaciones humanitarias hayan podido obtener aún listas completas. Miles de personas están desaparecidas y se desconoce si siguen con vida. En esa situación, no hay aún sociedad lo suficientemente madura para buscar la justicia sin tirar por el atajo de la venganza.

Pero inevitable no es lo mismo que aceptable. Sobre todo si no se trata de casos aislados ejecutados por personas desesperadas contra responsables directos de las violencias sufridas, sino de actividades indiscriminadas contra todos los serbios y gitanos(10), protegidas tras siglas políticas, uniformes, alharaca militarista y alardes de "patriotismo".

En estos momentos, no sabemos aún si entramos en una fase de agotamiento de las represalias, una vez pasada la primera reacción tras el retorno a Kosovo de los refugiados, o si, por el contrario, van a tender a aumentar convertidas en violencia sistemática dirigida a lograr el abandono de toda la población serbia de Kosovo y cerrar las puertas a su retorno. Esto dependerá, en gran medida, de la actitud que adopten los líderes políticos albano-kosovares.

Podríamos ser francamente optimistas si el tono general lo diesen demócratas como Veton Surroi, periodista y uno de los firmantes de los acuerdos de Rambouillet, que ha apostado por una justicia sin venganza: "El pueblo serbio ha sostenido al fascismo. Yo creo en la responsabilidad colectiva. Pero no creo en el castigo colectivo. No pienso que el pueblo serbio deba irse por haber sostenido al fascismo. Gracias al Tribunal de La Haya podemos identificar a los individuos, quizá numerosos, que han causado mal, de una u otra manera, a los albaneses". Negándose a dar por definitivo el actual movimiento de huida de serbios y gitanos, insiste en que "es necesario que la administración internacional y los albaneses muestren que la puerta les está abierta para un eventual retorno, que les inviten a compartir los riesgos inherentes a la construcción de una futura democracia" (11).

Lamentablemente, la posición del ELK no es tan clara. Es cierto que se ha manifestado públicamente contra las represalias sobre serbios y gitanos y que su principal dirigente, Hashim Traçi, reconoció a las víctimas de la masacre de Gracko como "14 kosovares que habían decidido permanecer en Kosova y buscar una vida democrática en Kosova", en un lenguaje bastante diferente al de un Milosevic que catalogaba como terroristas a todas sus víctimas. Pero también lo es que, aunque algunas de las agresiones han sido protagonizadas espontáneamente por los refugiados que retornaban a sus casas, en la mayoría de ellas están implicados grupos locales del ELK, sin que la dirección central de la organización haya dado pasos serios y efectivos para poner fin a sus tropelías y castigarlas., de forma que no se sabe si contiene o si alienta bajo cuerda.

En cuanto a la organización que hasta hace poco tiempo articulaba la resistencia albano-kosovar, el LDK de Ibrahim Rugova, la verdad es que por el momento no pasa de ser un testigo mudo.

Ante ese panorama, la KFOR y la autoridad internacional tiene el compromiso de defender Kosovo contra una nueva agresión serbia, pero también el de proteger la vida y los derechos de todos los habitantes de Kosovo, sea cual sea el grupo étnico al que pertenezcan. Sin duda se está trabajando en ese sentido, lo que ha provocado ya algunos choques con sectores de la población albano-kosovar ligados al ELK, y la propia prensa serbia informa habitualmente de la detención por la KFOR de personas sospechosas de ser responsables de agresiones contra serbo-kosovares. Sin embargo, se han cometido algunas graves imprudencias, dejando sin protección a personas que la habían solicitado, y algunos comportamientos inadmisibles, como la actitud racista de algunos oficiales de la KFOR denunciada por el Centro Europeo para los Derechos Humanos de los Gitanos en carta al secretario general de la ONU.

En el informe ya citado Human Rights Watch ha emitido a diversas instituciones una serie de útiles recomendaciones, muchas de ellas dirigidas a garantizar la protección directa de los grupos étnicos minoritarios y la investigación y castigo de todas las agresiones, pero acompañadas también de sugerencias de claro contenido político-humanitario, tal como la petición de que se dé "prioridad en la distribución de la ayuda para la reconstrucción a aquellos municipios que protejan a las minorías étnicas y que impidan la violencia y la discriminación contra estas minorías y contra personas a causa de su afiliación política, alienten la permanencia de las minorías étnicas en la región y den pasos concretos para facilitar el retorno de las personas refugiadas o desplazadas pertenecientes a estas minorías".

En definitiva, la obligación de protección de la población serbia y gitana por parte de la KFOR es incondicional y no puede estar supeditada a las buenas o malas relaciones con los dirigentes del ELK. A la vez, esta protección no anula los derechos de la población albano-kosovar a retornar a sus hogares, a recuperar sus propiedades y los empleos de los que fueron injustamente despedidos, a tener libre acceso a todos los servicios públicos y a que se persiga, detenga y procese a todos los ejecutores y cómplices activos de los crímenes cometidos por el régimen serbio. De hecho, ayudaría mucho a aislar a los responsables de represalias indiscriminadas el que la comunidad internacional demostrase lo antes posible que en Kosovo no se va a repetir la burla a la justicia que ha significado la impunidad con que Karadzic se pasea por la República Sparska mientras que la IFOR se lava las manos con las más varias excusas.

Finalmente, pese a la extrema gravedad de las represalias que se están produciendo, y que tal vez podrían ir a más, creo que, al menos por el momento, no se puede hablar de que nos encontremos ante una imagen especular de la situación anterior, en la que serbios y albaneses han intercambiado sus papeles. Aunque algo de eso existe, hay algunas diferencias "cuantitativas" y "cualitativas" significativas.

La dimensión de la violencia es menor. A principios de agosto, InfoSerbia cifraba en 200 el número de víctimas serbias de las represalias a lo largo de todo Kosovo (las fuentes no serbias rebajaban considerablemente esa cantidad), lo que resulta extremadamente grave y doloroso, pero no es comparable a la dimensión que alcanzó la violencia contra los albano-kosovares. Por ejemplo, un informe de HRW confirma un número bastante superior de muertos a consecuencia de la represión ultranacionalista serbia entre el 19 de marzo y el 15 de junio... sólo en el término municipal de Glogovac(12).

Pero quizá el rasgo diferencial más importante entre las dos violencias étnicas sucesivas es que la sufrida por la población albano-kosovar respondía a un plan sistemático orquestado desde el poder, con todas las instituciones del Estado puestas al servicio de esa agresión. Nadie, más que ellos mismos, podía protegerles. Sin embargo, los serbo-kosovares pueden acogerse a la protección de la KFOR y de la autoridad internacional, mientras que sus agresores no gozan de total impunidad, aunque el retraso en el despliegue de una policía internacional eficiente está impidiendo la investigación a fondo de gran parte de los actos criminales que están teniendo lugar.

¿Puede haber un futuro democrático para Kosovo?

Los acuerdos de Rambouillet, sin fijar un estatus definitivo para Kosovo, establecían un marco bastante preciso y equilibrado para su autogobierno: elección y composición de la Asamblea kosovar, elección del presidente de Kosovo y del presidente del Parlamento, distribución institucional de competencias, mecanismos constitucionales dirigidos a proteger a las minorías étnicas, desarrollo de instituciones judiciales, etc. Por el contrario, la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU apenas señala que la presencia civil internacional tiene la responsabilidad de "promover el establecimiento, hasta que se alcance un arreglo definitivo, de una sustancial autonomía y del autogobierno de Kosovo" y "facilitar un proceso político dirigido a determinar el futuro estatus de Kosovo", aunque, al menos, se indica que ambas cosas deben tomar en cuenta los acuerdos de Rambouillet.

Sin duda, una salida negociada "a lo Rambouillet", sin ser definitiva, habría permitido una transición más serena, con menos violencia y con un más fácil desarrollo democrático. Pero eso fue imposible. El punto de partida obligado es el actual Kosovo.

Si importantes son los aspectos policiales y militares de la presencia internacional, no menos lo son sus aspectos políticos. Convertir a Kosovo en un eterno protectorado de la ONU no es una solución. El gran reto planteado es la reorganización democrática de Kosovo y de Serbia, única base sobre la que podrán encontrarse soluciones políticas razonables.

En Kosovo no resulta nada fácil compatibilizar la existencia de una autoridad civil y militar internacional con el desarrollo político del autogobierno kosovar. Y, sin embargo, no queda otra opción. Para ello se requerirá tanta flexibilidad para permitir que cada vez más y más funciones de gobierno sean asumidas directa y autónomamente por instituciones kosovares, como firmeza para no consentir vendettas ni autoproclamaciones no legitimadas democráticamente. Un primer paso puede ser reclamar de todas las fuerzas kosovares firmantes de los acuerdos de Rambouillet un compromiso para poner en marcha el proyecto constitucional y de autogobierno en ellos reflejado, incluyendo todas aquellas normas garantistas que protegían a los minorías étnicas y la organización, en un plazo razonable, de elecciones libres.

Estas elecciones no pueden ser inmediatas. Es necesario dar un tiempo a la reconstrucción económica y social y al desarrollo de fuerzas políticas con identidades más o menos reconocibles. Nadie sabe hoy qué es el ELK, por ejemplo, y posiblemente no haya forma de saberlo porque en su seno se encuentre un poco de todo. Por ello, aunque la administración internacional debe colaborar con las organizaciones kosovares realmente existentes y tener en cuenta su real influencia, tampoco es momento de reconocer a ninguna de ellas como depositaria de una legitimidad representativa. Rugova la tenía, pero la perdió. El ELK ha ganado, que duda cabe, una enorme influencia, pero tampoco goza de la legitimidad que le daría un proceso electoral o la que, de forma transitoria, le otorgaría haber sido la cabeza de un proceso revolucionario o de liberación nacional victorioso. Como señala Veton Surroi en la entrevista ya citada, "ninguna fuerza que se autoinstala puede tener legitimidad democrática".

En un ambiente políticamente turbio y confuso, el desarrollo de instituciones no gubernamentales puede convertirse en el principal factor para la reconstrucción democrática de Kosovo. El papel a jugar por la prensa y los medios de comunicación, así como por los sindicatos -entre los que destaca el excelente trabajo del sindicato de enseñantes-, es de primer orden. Posiblemente haya acertado Veton Surroi al optar por centrar toda su atención en la reaparición del periódico Koha Ditore en vez de pretender ocupar inmediatamente un lugar de poder político, a pesar del enorme prestigio moral que le ha otorgado haberse quedado clandestinamente en Pristina durante los bombardeos para compartir con la población las consecuencias de los acuerdos de Rambouillet que él había firmado como parte de la delegación albano-kosovar.

La batalla por la democracia en Kosovo se vería facilitada enormemente por una democratización de Serbia. La creciente movilización exigiendo la dimisión de Milosevic permite albergar esperanzas en que, de una vez por todas, el pueblo serbio ponga fin a ese régimen abyecto. Si así fuese, estaríamos ante otro efecto positivo de la intervención internacional. Al menos, hoy es algo posible, mientras que antes del 24 de marzo se trataba de una perspectiva muy lejana, con una oposición integrada en el régimen o desaparecida del panorama político.

¿Es posible ayudar a la oposición serbia? Sí, tanto por medio de un explícito apoyo político y material desde la Unión Europea y desde las fuerzas políticas y sociales democráticas, como prestando al Tribunal Penal Internacional la máxima colaboración posible en sus trabajos, que, por cierto, están poniendo muy nervioso al régimen croata (13), que ocupa el segundo lugar en el ranking de criminales de guerra dentro de los Balcanes. Todos los serbios deben saber que para su país no hay lugar en la comunidad internacional ni en el Pacto por la estabilidad en los Balcanes mientras que se mantenga Milosevic en el poder. No obstante, sería conveniente atender a algunas de las sugerencias de la oposición serbia, como dar un trato diferenciado a los municipios gobernados por la oposición democrática o realizar inversiones, a través de organizaciones no gubernamentales, dirigidas a paliar los daños medioambientales provocados por los bombardeos, cuyos efectos pueden afectar a más de una generación.

Retornando a Kosovo, las relaciones entre la presencia internacional y las organizaciones kosovares no van a estar exentas de problemas y dificultades. La autoridad internacional debe actuar con energía, pero no como un virrey en una colonia, cosa que, afortunadamente, no es de esperar de Bernard Kouchner. En todo caso, me parece insostenible la posición de quienes califican la actual situación como de invasión de Kosovo por parte de la OTAN. Hay quienes lo hacen porque consideran que es parte del territorio serbio invadido por un ejército extranjero, ignorando que quien verdaderamente actuaba como una fuerza de ocupación era el ejército serbio. Algunos amigos de la izquierda, con los que comparto otros puntos de vista, sostienen también la tesis de la invasión, pero, en este caso, porque consideran que se está anulando la autodeterminación y la independencia de Kosovo; me parece una retórica doctrinaria que olvida un hecho tan simple como que Kosovo sería invadido por Serbia al día siguiente de que las fuerzas internacionales lo abandonasen.

Por el momento, las prioridades pasan por la reconstrucción económica, social y política de Kosovo, el desarrollo de opciones políticas democráticas y la puesta en marcha de instituciones de autogobierno capaces de asumir crecientes competencias. Sin duda, queda por definir el futuro estatus de Kosovo: región autónoma en Serbia, república confederada con Serbia y Montenegro - a mi entender, la mejor solución-, estado independiente, unificación con Albania... Es algo que, llegado el momento, convendría que pueda ser decidido por todos los kosovares. Pero lo que en ningún momento debe olvidarse es que si bien las integridades territoriales, las particiones o las independencias son opciones políticas legítimas, ninguna de ellas lo es si toma un carácter étnico en vez de territorial y ciudadano.

¿Puede generalizarse el modelo de intervención internacional en Kosovo a nivel planetario?

Es preciso abrir un gran diálogo sobre el funcionamiento de las instituciones internacionales, en el que no sólo participen los gobiernos sino también las fuerzas sindicales, las organizaciones humanitarias, los grupos de defensa de los derechos humanos y otros colectivos comprometidos. Una cosa es admitir que solamente la OTAN podía esta vez protagonizar una intervención en Kosovo, ante una ONU paralizada por el veto de China y Rusia y que carga con el escandaloso precedente de la infamia de Srebrenica, y otra muy distinta convertir a esta asociación en un universal "defensor de los derechos humanos", de escasa credibilidad como tal si tenemos en cuenta la presencia de Turquía en su seno, la pasividad e indiferencia que muestra ante otros brutales genocidios (Sierra Leona, por ejemplo) o la facilidad que muestra su miembro principal para descargar bombas sin ton ni son sobre Irak, pese a que, sin duda, el nivel medio de democracia en los países de la OTAN es bastante superior a la media mundial. Una campaña internacional exigiendo la suspensión de la pertenencia de Turquía a la OTAN mientras no respete los derechos básicos del pueblo kurdo sería una buena forma de resaltar la incoherencia entre los principios y los hechos de las democracias occidentales y de promover una presión ciudadana para que la injerencia humanitaria sea puesta en práctica en todos aquellos casos en que es necesario y no de forma discrecional, al vientos de los intereses de las grandes potencias…

Es urgente una reforma del sistema de las Naciones Unidas, no sólo en cuanto a la abolición del derecho de veto sino, ante todo, en los mismos principios y atribuciones. Las contradicciones existentes entre la Carta de las Naciones Unidas y las Declaración Universal de Derechos Humanos deben resolverse en favor de esta última, pues, como señala Gonzalo Puente Ojea, "... la evidente subordinación de la Declaración (sobre las personas) a lo dispuesto por la Carta (sobre los Estados o asimilados) genera un mundo dual en el que las personas privadas quedan debilitadas y reducidas a súbditos de sus Estados"(14). Debe dotarse a la ONU de los medios políticos, económicos y militares necesarios para protagonizar las actuaciones necesarias sobre cualquier país del mundo sobre la base del principio de la prioridad de los derechos humanos sobre la soberanía de los Estados.

Todo esto debe hacerse, pero sin caer en una concepción idealista de la política internacional. Aunque la ONU se dotase de las mejores condiciones para su funcionamiento, no es un Parlamento mundial sino una organización que representa Estados en un mundo plagado de dictadores, sátrapas y poderes no sometidos a ningún control democrático efectivo. Por ello, habrá que escapar de simplificaciones como la que propone un peso en la ONU proporcional al número de habitantes, pasando por alto que en países de centenares de millones opinan y deciden solamente unos cuantos miles, si no cientos, mientras que en otros países menos poblados hay una participación muy superior en la toma de decisiones. Los derechos de los individuos no son delegables en Estados no democráticos.

Citando de nuevo a Gonzalo Puente Ojea, "Las sociedades cuyos Estados son miembros de la ONU son, en grados y de modos muy diversos, inhumanas a causa de su gran desigualdad social y de la injusticia que generan sus grupos y clases dominantes, las mismas que lideran las grandes organizaciones políticas, económicas, sociales y culturales" . La izquierda debe ver en las instituciones internacionales un importantísimo campo de acción para la defensa y extensión de los derechos humanos en todo el mundo, pero no puede limitarse a ser un remedo del "wilsonismo" en una ONU que sólo será democrática en un mundo universalmente democrático.

Con o contra las decisiones de las instituciones internacionales, caminando críticamente y ocasionalmente al lado de algunos gobiernos o haciéndoles frente, la única regla inviolable para la izquierda libertaria es que su lugar está en la defensa de los derechos humanos, contra dominaciones y opresiones, a favor de dominados y oprimidos, sin perder de vista que, en determinadas circunstancias, éstos, a su vez, pueden convertirse en opresores.

Pretender que la mejora de las instituciones internacionales y de sus reglas, deseable, nos libre de la necesidad de decidir qué hacer una y otra vez, frente a realidades siempre complejas y nunca repetidas, no sería más que un idealismo de la peor especie, un dogmatismo y una claudicación.

NOTAS

(1) Para un breve y excelente resumen del proceso iniciado con la abolición de la autonomía Kosovar, es recomendable leer los capítulos III y V de Para entender el conflicto de Kosova, Carlos Taibo, Los libros de la catarata, 1999, Madrid.

(2) Sobre los hechos anteriores al inicio de los bombardeos por parte de la OTAN, es recomendable consultar los informes de Human Rights Watch (HRW) Humanitarian Law Violations in Kosovo (octubre 1998), Massacre in Racak (enero 1998) y A week of Terror in Drenica (febrero 1999). La credibilidad de HRW está fuera de toda duda. Alguno de los informes citados incluye también una denuncia de crímenes cometidos por el ELK, sin prejuicio de señalar que la mayor parte de las atrocidades han sido ejecutadas por el Ejército yugoslavo y la policía especial serbia (MUP). Además, HRW ha elaborado recientemente (agosto 1999) el más completo informe sobre las violencias sufridas por serbo-kosovares y gitanos en los últimos meses.

(3) El color del verano, Reinaldo Arenas, Tusquets, Barcelona, 1999, p. 195

(4) Alexandre Lykourezos y Mikis Theodorakis, muy cercanos al régimen serbio, en su acusación contra la OTAN presentada el 3 de mayo ante el Tribunal Penal Internacional, y ya citada anteriormente en este artículo, hablan de 10.000 bombardeos entre el 24 de marzo y el 1 de mayo, durante los que se habrían lanzado 2.500 misiles y 7.000 toneladas de explosivos. En su querella citan 439 muertos civiles a consecuencia de los bombardeos, aunque dicen que fuentes serbias hablan de unas mil víctimas.

(5) "¿Que decían los acuerdos de Rambouillet?", Francisco Fernández Buey, El País, 8 de mayo de 1999

(6) Más aún, yo diría que una izquierda estadounidense consciente de que su gobierno era capaz de protagonizar actos de barbarie como los citados (o la destrucción de Dresde) no debería haberse refugiado en el neutralismo, y menos aún en el derrotismo, sino haber reclamado la entrada en la guerra contra Hitler, pero tratando de crear una participación ciudadana y unos mecanismos de control dirigidos a garantizar que el esfuerzo bélico se orientase efectiva y consecuentemente a la defensa de la democracia. Durante la polémica sobre Kosovo, Jean-René Chauvin ha recordado recientemente unas interesantes reflexiones de León Trotsky: "En mi opinión debemos reforzar y profundizar nuestra campaña contra las tendencias pacifistas, los prejuicios y los engaños. Los liberales y los demócratas dicen: 'Debemos ayudar a las democracias por todos los medios, salvo por una intervención militar directa en Europa'. ¿Por qué está limitación estúpida e hipócrita? Si es preciso defender la democracia, hace falta defenderla también sobre suelo europeo. Más aún, esta es la mejor manera de defender la democracia en América. Ayudar a Inglaterra, aplastar a Hitler por todos los medios, incluida la intervención militar, sería la mejor manera de defender la 'democracia americana'. La limitación puramente geográfica no tiene sentido, ni desde el punto de vista político ni desde el punto de vista militar. Lo que los trabajadores encontramos digno de ser defendido, estamos dispuestos a defenderlo por medios militares, en Europa y en Estados Unidos. Es la única posibilidad de garantizar la defensa de las libertades cívicas y de otros bienes de América. Pero rehusamos categóricamente defender las libertades y la democracia a la manera francesa: los obreros y campesinos franceses dan su carne y su sangre, mientras que los capitalistas concentran en sus manos el mando" (¿Cómo defender la democracia?, León Trotsky, 13/8/1940. Versión francesa en Cahiers León Trotsky, número 66, junio 1999)

(7) Numerosas organizaciones de derechos humanos independientes han ratificado este hecho. Gazmend Pula, en su intervención ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU (14/4/99) en nombre de la International Helsinki Federation for Human Rights decía: "La capital de Kosovo, Pristina, y su población albanesa, así como las principales ciudades de Kosovo, tales como Peja, Gjakova, Dechan, Pudujévas, Vushtrria o Mitrovica, se han convertido así en ciudades fantasmas después de que la mayor parte de la población albanesa fuese expulsada de sus casas a punta de fusil por las fuerzas serbias y sus milicias". La declaración conjunta del Comité Helsinki noruego y de la International Helsinki Federation for Human Rights emitida el 6 de mayo confirma que "sus relatos [los de los refugiados] confirman más allá de cualquier duda razonable que han sido expulsados de sus hogares por policía serbia y fuerzas paramilitares, y que miles de personas han sido sistemáticamente asesinadas, mutiladas, violadas o saqueadas". Por su parte, el 15 de junio Physicians for Human Rights (Médicos por los Derechos Humanos) presenta el resultado de una investigación realizada en los campos de refugiados, en la que se afirma que "Los resultados de este estudio indican que las fuerza serbias se han dedicado a una sistemática y brutal campaña para la expulsión forzada de la población albano-kosovar en toda la provincia. Durante estas deportaciones masivas a lo largo del último año, las fuerzas serbias han cometido amplias violaciones de los Derechos Humanos contra albano-kosovares, incluyendo asesinatos, palizas, torturas, agresiones sexuales, separaciones y desapariciones, fusilamientos, saqueos, destrucción de propiedad y violaciones de la neutralidad médica". Entre los albano-kosovares encuestados, el 91% afirma que fueron forzados directa o indirectamente a abandonar sus casas (las tres cuartas partes fueron expulsados físicamente, la otra cuarta parte huyo por temor a que eso ocurriese), un 5% atribuye la responsabilidad al ELK y un cero por ciento a los bombardeos de la OTAN.

(8) Veton Surroi, director del periódico Koha Ditore, explica por qué se quedó clandestinamente en Pristina con estas palabras: "Fue una decisión moral. En tanto que firmante de los acuerdos de Rambouillet, yo sentía que debía quedarme. No me parecía justo decir: 'Bueno, yo he firmado, ahora que quedaré fuera del país y la población pagará las consecuencias'". "Entretien avec Veton Surroi", Diagonales Est-Ouest, número 60, julio-agosto 1999

(9) Human Rights Watch, Abuses against Serb and Roma in the New Kosovo, agosto 1999

(10) El hecho de que las represalias se dirijan también contra la población gitana, carente de poder político en Serbia y la RFY, puede parecer sorprendente o una expresión más del racismo antigitano existente en toda Europa. Sin embargo, se encuentra también relacionado con una manipulación consciente realizada por el régimen serbio. Por su interés informativo, reproduzco a continuación fragmentos de la declaración emitida por la delegación Romani Baxt durante la conferencia "Paz y seguridad para los gitanos en los Balcanes·", realizada en Sofía los días 18 y 19 de junio:

"(...) los gitanos han sido utilizados para los trabajos sucios por parte de las fuerzas serbias: matar el ganado de los campesinos albaneses para alimentar a las fuerzas serbias, transportar los bienes robados en las casas albanesas (y también gitanas) en beneficio de los serbios, enterrar a las víctimas de las masacres y después exhumar los cadáveres para transportarlos a Trepça y Feronikela, donde probablemente han sido quemados o arrojados a viejas galerías (...) La distribución por las fuerzas serbias, durante estas últimas semanas, de bienes robados a los albaneses y entregados a algunas familias gitanas para ganarlas a su causa, puede también parecer una provocación y provocar conflictos étnicos entre gitanos y albaneses. Invitamos a todas las familias gitanas que han recibido tales bienes a que los entreguen a las autoridades encargadas de mantener la paz. Otra razón del resentimiento de la población albanesa hacia los gitanos es que un puñado de dirigentes y periodistas gitanos han declarado en la radio que todos los gitanos sostenían a Milosevic y han pedido el voto para él. La mayor parte de los gitanos, al menos en Kosovo, se han irritado con estas maniobras que les transformaban, como ellos mismos decían, en 'máquinas de votar', pero el contexto general de monopolio de la información y de terror en Serbia no les ha permitido expresarse. Muchos piden la cabeza de tales líderes, pero pensamos que hacerles comparecer ante un tribunal estaría mucho más de acuerdo con el programa de confianza que hay que desarrollar en Kosovo.
No hay que olvidar que las maniobras de Belgrado, destinadas a ganar a la población gitana de Kosovo para su causa, vienen ya de lejos. Se sabe que las fuerzas de Arkan distribuían sacos de harina a las familias gitanas pobres a comienzos de año. En los últimos diez años, la administración ha despedido a numerosos funcionarios albaneses de Kosovo y les ha reemplazado por gitanos, particularmente en puestos poco importantes de la policía"

Si cualquier represalia indiscriminada contra un grupo étnico es injusta, mucho más lo es en este caso, donde la población gitana, dejando aparte casos individuales, ha sido víctima de una manipulación del régimen serbio. La irracionalidad y el racismo de las agresiones contra la población gitana, que está saliendo masivamente de Kosovo hacia varios países europeos, donde tampoco son bien recibidos, queda perfectamente simbolizada en el absurdo hecho, descrito por HRW en el informe citado en la nota anterior, de que los albano-kosovares despedían a las fuerzas serbias que se retiraban de la frontera entre Kosovo y Albania con el repetido grito de... "¡gitanos!", como si éstos fuesen algo peor que sus verdaderos verdugos. Por cierto, los gitanos de Serbia son también víctimas del racismo y de la discriminación.

(11) "Entretien avec Veton Surroi", Diagonales Est-Ouest, número 60, julio-agosto 1999.

(12) Human Rights Wath, Limpieza étnica en la municipalidad de Glogovac, julio 1999. Por cierto, este informe resulta extraordinariamente interesante porque prueba que la aceleración de la limpieza étnica se inicia antes del comienzo de los bombardeos de la OTAN, justo en el momento en que se hace evidente que los gobiernos de Serbia y la RFY no van a firmar los acuerdos de Rambouillet.

(13) Tras una reciente visita a Croacia de Louise Arbour, en tanto que Fiscal Jefe del Tribunal de La Haya, ella se preguntó en voz alta: "¿Qué diferencia hay entre Zagreb, que se niega a extraditar a dos individuos sospechosos de crímenes de guerra durante la guerra bosnio-croata en Bosnia, y Belgrado, que no quiere enviar a La Haya a los principales responsables de masacres de croatas en Vukovar durante 1991?". Ver The Institute for War & Peace Reporting, informe sobre la crisis en los Balcanes nº 63, Drago Hedl, agosto 1999

(14) "La conciencia libre, fundamento de los Derechos Humanos", Gonzalo Puente Ojea, de pronta publicación en la revista Iniciativa Socialista
 
 
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