contra el terror,
contra la guerra, contra la mentira
La calle llenó las urnas el 14-M
Luis M. Sáenz
Iniciativa Socialista, invierno
2003-2004
Lo hemos conseguido: se acabo el periodo aznarista.
Lo decimos con satisfacción, pero no con alegría, pues ésta
no es posible cuando la matanza terrorista del 11-M ha hecho de Madrid una
capital del dolor, aunque también de la solidaridad.
El Partido Popular ha perdido las elecciones, superado de forma clara por
el PSOE. La suma de los votos obtenidos por PSOE e IU supera en más
de dos millones y medio de votos a los resultados obtenidos por el PP, distancia
que aumenta si tomamos en cuenta el apoyo obtenido por fuerzas políticas
progresistas como ERC, BNG o CHA. El PP ha tenido un retroceso generalizado
en todas las Comunidades, fracasando de forma espectacular en la mayor parte
de aquellas en las que no gobierna la derecha, pagando la factura por su
sectarismo y de su desleal comportamiento discriminatorio y hostil hacia
ellas. Su debacle en Cataluña, donde las fuerzas del tripartito han
superado el 60% de los votos, o su fuerte retroceso en el País Vasco,
que le deja muy por detrás del PSE-PSOE y arruina su plan de consolidarse
como el partido representante del electorado "no soberanista", erosionan
profundamente algunas de las estrategias con las que pretendía asegurarse
una larga dominación. En cuanto al líder supremo de la derecha
española, Aznar, a fecha de hoy, 21 de marzo, lleva desaparecido de
la escena desde la noche del 14-M, pese a seguir siendo presidente en funciones
del gobierno español hasta la investidura de Rodríguez Zapatero.
Lo hemos conseguido todas y todos, millones de personas. Lo hemos conseguido
porque el domingo 14 de marzo fuimos a votar, pero también y sobre
todo porque nos manifestamos contra la guerra, porque hicimos la huelga,
porque defendimos a Galicia ante la catastróficamente gestionada catástrofe
del Prestige, porque hemos denunciado las contrareformas educativas y el
Plan Hidrológico, porque hemos llenado la puerta de Alcalá
con las banderas arcoiris del orgullo de ser como somos, porque hemos reivindicado
con tesón una ley integral contra la violencia de género, porque
hemos entendido que la cultura requiere libertad. Lo hemos conseguido porque
nos hemos hartado de mentiras y de guerra, lo hemos conseguido porque, el
12 de marzo, pese a las comprensibles reticencias de algunos amigos de la
izquierda, llenamos las calles de nuestras ciudades para gritar nuestra solidaridad
con las víctimas de la matanza del día anterior y para exigir
la verdad, echando por tierra la voluntad sectaria de quien quiso apropiarse
de nuestra protesta, y porque la rebelión espontánea de miles
de personas el día 13 de marzo puso de manifiesto que los Acebes,
Rajoy y Aznar no iban a conseguir nada con sus últimos intentos de
manipulación desinformativa.
Ha ganado la calle. Felicitó a José Luis Rodríguez Zapatero
por el éxito electoral del PSOE y esperó que en breve sea el
nuevo presidente del gobierno. Frente al hostigamiento de una derecha que
no ha sabido encajar la derrota, puede contar con el apoyo y la ayuda de
millones de personas. Celebró el triunfo socialista, así como
que la totalidad de las fuerzas de izquierda hayan contabilizado una clara
mayoría absoluta tanto en votos como en escaños. Pero creo
que el nuevo gobierno deberá tener muy en cuenta que una parte significativa
de los votos recibidos por el PSOE son, ante todo, votos de repudio al PP
y expresión de una necesidad vital de cambio, votos en muchos casos
decididos en los últimos momentos. Quien ha ganado esta batalla democrática
ha sido una ciudadanía activa, protagonista principal de la oposición
al aznarismo durante los últimos años, una ciudadanía
dispuesta a apoyar al gobierno si éste entiende que no ha recibido
un cheque en blanco, sino una oportunidad, cuyo aprovechamiento va a estar
sometido a la vigilancia de un poderoso y espontáneo movimiento ciudadano
al que no debe ignorar, ningunear o tratar de desactivar, por muy crítico
que en ocasiones pueda mostrarse.
Y también deberá ser consciente de que no cuenta con mayoría
absoluta y está obligado a tomar en consideración la presencia
de otras fuerzas políticas, especialmente las de signo progresista.
Debe entender que la izquierda es plural, que debe tender la mano hacia Izquierda
Unida al igual que ésta la tendió hacia el PSOE en la noche
electoral a pesar del alto precio que ha pagado a causa de un sistema electoral
injusto que ha hecho que un retroceso de medio punto porcentual se convierta
en el paso de 8 a 3 diputados (o de 9 a 5 si contamos a IC-V). Que debe abrirse
a la colaboración con otras izquierdas, de ámbito territorial
específico, con una importante representación en el Parlamento.
Habrá dificultades. La presencia mayoritaria del PP en el Senado,
muy cerca de la mayoría absoluta, es un obstáculo institucional
a tener en cuenta. La negociación para alcanzar mayorías decisorias
en el Congreso no siempre será fácil, pues hay ámbitos
de disenso incluso entre las fuerzas progresistas. Desde la sociedad surgirán
reivindicaciones que no siempre serán atendidas, habrá movilizaciones
y presiones, y el gobierno tendrá que convivir con ellas, escucharlas,
negociar también. Por descontado, no todo podrá hacerse de
inmediato, pero tampoco podrán posponerse indefinidamente las medidas
que deban ser tomadas para cumplir los compromisos o para asumir exigencias
sociales justas. En definitiva, el gobierno que presida Zapatero debe entender
que el movimiento ciudadano que le ha dado mayoría está dispuesto
a ser su aliado para realizar el cambio y hacer frente a cualquier intento
de frustrar esta nuevo impulso reformador, pero que también será
un agente crítico que ha aprendido que tiene voz y tiene fuerza, que
un correo electrónico o un mensaje telefónico puede desencadenar
una avalancha, que cada persona puede ser un centro de iniciativas.
No debemos pedir todo y ahora mismo al gobierno que forme Zapatero. Pero
hay urgencias ineludibles, urgencias políticas que deben ponerse en
marcha de forma casi inmediata. En primer lugar, una nueva política
internacional, rompiendo la alianza política con la estrategia reaccionaria
de George Bush, suspendiendo todo apoyo o reconocimiento a la ilegítima
"autoridad de ocupación" en Irak y cumpliendo, al menos, el compromiso
contraido respecto al retorno de las tropas españolas. En segundo
lugar, la recuperación del diálogo entre las fuerzas políticas
y entre el gobierno del estado y los gobiernos de las comunidades autónomas,
esforzándose en particular por lograr de nuevo un punto de encuentro
lo más amplio posible para hacer frente al terror etarra y a su proyecto
totalitario. En tercer lugar, un comportamiento transparente del gobierno
y de los medios de comunicación públicos. En cuarto lugar,
un calendario de acción legislativa que incluya entre sus prioridades
la ley integral contra la violencia de género, la derogación
o reforma radical de la LOCE y la LOU, la paralización del Plan Hidrológico
y el reconocimiento de plenos derechos para las uniones homosexuales, incluyendo
el matrimonio y la adopción, así como un nuevo entorno legislativo
que permita poner fin a la especulación inmobiliaria desenfrenada
y facilitar el acceso a la vivienda a jóvenes, personas con escasos
ingresos, etc.
Hemos ganado bien. Nuestra victoria ha sido legítima y vamos a defenderla
contra cualquier intento de desestabilizarla. Dicen iracundos voceros de
la derecha: "ha ganado el voto de Bin Laden", o nos acusan de ser "colaboradores
del terrorismo". Ellos, de los que en tal caso podría decirse que
estuvieron empeñados en los momentos cruciales de la tragedia en que
ganase "el voto de ETA", tratan ahora de hacer caer sobre la ciudadanía
activa y sobre la izquierda toda su mezquindad. Son ellos, los Aznar y los
Acebes, los Rajoy y los Zaplana, y los "periodistas" a su servicio, quienes
se empeñaron en que la autoria de la infame masacre fuera un elemento
decisorio del voto ciudadano, tachando de "miserables" a quienes indicaban
que podría haber otros autores. Nosotras y nosotros solamente dijimos:
queremos la verdad, queremos saber. Sean quienes los autores, son unos asesinos.
Fueron los del PP quienes insistieron en convertir en confrontación
política las hipótesis sobre la autoria, no la gente de la
izquierda.
El PP no ha perdido a causa de la barbarie de Al Qaeda. Han perdido porque
su guerra y sus mentiras han desbordado el vaso, porque la descarada manipulación
de la tragedia que realizaron entre el 11 y el 13 de marzo insultó
la inteligencia de la ciudadanía y terminó de decidir a esa
amplia franja social que en los sondeos previos decía desear que el
PP saliese del gobierno pero aún no daba su apoyo a opciones alternativas.
Ellos, los del PP, son los irresponsables, los que trataron de despreciar
la amenaza que representaba Al Qaeda, los que mintieron al mundo, a las cancillerías,
a la prensa extranjera, a la ONU, retrasando así la adopción
de medidas de seguridad en otros países. Al Qaeda es un movimiento
político-militar ultrareaccionario, liberticida y feminicida, un peligrosísimo
enemigo que debe ser combatido, pues está dispuesto acometer las mayores
matanzas. Los crímenes de Al Qaeda, ya sean los del 11-S en Nueva
York o los del 11-M en Madrid, no son una respuesta de los oprimidos ante
los poderosos, ni una consecuencia de lo que ocurre en Irak y Palestina,
cuyos habitantes nada importan a Bin Laden y a sus sicarios. En los días
posteriores al 11 de septiembre de 2001, me causaron repugnancia y ganas
de vomitar las gente de ciertas izquierdas que insinuaron "lo siento, pero
se lo merecían", los chistes sobre la tragedia, los empeños
de contraponer un 11-S a otro también terrible; ahora, al parecer,
hay aquí más prudencia, pues nos ha tocado de muy cerca. Pero
sí se detecta confusión. A mi entender, Al Qaeda nada tenía
que ver con la tiranía sadamita cuando Aznar se empeñó
en vendernos esa falsa vinculación, ni tampoco tiene ahora nada que
ver con la justa lucha que hombres y mujeres de Irak puedan llevar ahora
para lograr democratizar su país y librarse de invasores. Ni Francia
ni Alemania, cuyos gobiernos estuvieron contra la guerra, pueden considerarse
libres de la amenaza del terror fundamentalista. Al Qaeda pueda actuar en
cualquier lugar y en cualquier momento. Esa es la verdad, y equivocarse sobre
ello puede pagarse caro. De los crímenes de Al Qaeda, Al Qaeda es
culpable, y los asesinos deben pagar por sus crímenes.
Aznar y el Partido Popular, por su parte, son culpables de...
- Haber apoyado y colaborado en una guerra injusta, que ha ocasionado miles
de muertes iraquíes y también la muerte de algunos españoles
allí desplazados como parte del entramado de la ocupación.
- Haber mentido a la sociedad española para iniciar una guerra que
no ha sido sometida a aprobación parlamentaria y que ha sido impuesta
contra la opinión inmensamente mayoritaría de la ciudadanía
de neustro país.
- Haberse negado a dar explicaciones ante el Parlamento y la sociedad una
vez que tales mentiras fueron reconocidas como tales de forma abrumadora
en el ámbito internacional.
- Haber sostenido incondicionalmente el proyecto político neoreaccionario
encabezado por George Bush, un proyecto belicista que incluye entre sus múltiples
culpas la de haber escupido sobre las tumbas de las víctimas del 11
de septiembre de 2001 desviándose del objetivo legítimo de
localizar y detener a Bin Laden y a las redes de Al Qaeda para meterse en
la más aparatosa, "fácil" y mortifera operación bélica
contra Irak, en la que los fundamentalismos religioso-político-militares
no han sido golpeados.
- Haber hecho escarnio del sufrimiento causado por la matanza del 11 de marzo,
manipulando la información para obtener pretendidos réditos
electorales, mintiendo e insultando a la ciudadanía. El comportamiento
del gobierno español entre el 11 y el 14 de marzo ha estado marcado
por la bajeza moral.
Eso es ya más que suficiente para condenarlos y para echarlos del
gobierno. Es cierto, no puede afirmarse que, si Aznar no hubiese apoyado
a Bush, España estaría a salvo de las amenazas del terror teocrático,
ni tampoco podemos aceptar como argumento definitivo contra una decisión
política el que implique riesgos. Bien sabemos que el PP trataban
de atribuir a la izquierda la responsabilidad de que ETA matase, pero nuestra
ética es otra. Lo que si podemos decir es que el gobierno español
aumentó, implicándose en una guerra injusta, las probabilidades
de que España fuera lugar elegido por Al Qaeda para cometer una de
sus previstas nuevas masacres, ya que, si bien no son los abusos "imperiales"
los que mueven a Bin Laden, parte integrante de ese mismo imperio, sí
sabe utilizarlos como pretexto para atraerse la simpatía de parte
de la población del mundo árabe y/o musulmán. Incremento
del riesgo esta vez no justificable por una causa justa y urgente, como sería
la acción para impedir un genocidio en cualquier lugar del mundo,
sino ligado, por el contrario, a una operación repudiable basada en
intereses políticos y económicos de la camarilla reaccionaria
liderada por George Bush.
Hemos dicho no al terror y no a la guerra. No somos, o no debemos ser, "aislacionistas",
indiferentes acomodados no dispuestos a correr riesgos para socorrer a las
víctimas de la barbarie en cualquier lugar del mundo. En ocasiones,
es preciso luchar, y en ocasiones extremas es preciso recurrir a la fuerza
armada para hacer frente a la brutalidad y el crimen, no sólo "en
casa", sino también más allá de las propias fronteras.
La "soberanía nacional" tiene límites. Pero "su" guerra contra
de Irak no ha sido una de esas ocasiones. Ha sido ella misma un innecesario
acto continuado de brutalidad y crimen. Como lo son los atentados de ETA
o de Al Qaeda. Los crímenes de unos no excusan los crímenes
de otro; todo lo más, se dan mutuos pretextos. Nuestra obligación
es desvelarlos como tal y mostrar la voluntad de dominación que mueve
a unos y otros. Y, sin renunciar a dar respuesta ante lo peor inmediato,
intentar hacer que el mundo sea mejor. Ese es el único remedio preventivo
contra la barbarie.