Iniciativa Socialista (portada) La última manipulación. Una trampa que falló

José M. Roca

Iniciativa Socialista, primavera 2004.

Hallar la adecuada explicación a los hechos que en el ámbito de la información gubernamental se sucedieron desde la trágica mañana del 11 de marzo hasta la jornada electoral del día 14, nos lleva a descartar las hipótesis de que el Gobierno carecía de información sobre los autores de los bárbaros atentados o de que, movido por el dramatismo y la urgencia del momento, fue negligente al suministrarla, ofreciendo torpemente a la opinión pública los datos que poseía y en los que sinceramente creía.

Como han mostrado diversas cronologías y relatos sobre aquellas jornadas, y como esperemos ponga en claro una comisión parlamentaria de investigación, la actuación del Gabinete Aznar respondió a otros propósitos. Los ciudadanos fuímos víctimas de un engaño deliberado, destinatarios de una estrategia de desinformación urdida desde altas instancias gubernamentales y aplicada en varios niveles a escala nacional e internacional.

Para entender el comportamiento de Aznar y del Gobierno en el caso de la información sobre los atentados del 11 de marzo hay que tener presentes tres malas mañas -la opacidad, la manipulación de la información y el ventajismo-, que como persistentes señas de identidad han acompañado al Partido Popular desde su llegada al gobierno central en 1996. Y aún después, como un signo de su mal estilo, tras perder las elecciones generales.


La campaña electoral y sus vicisitudes

Hay que señalar, en primer lugar, que, dado el calendario electoral -comicios locales y autonómicos en mayo de 2003, autonómicos en otoño y generales y autonómicos en Andalucía en marzo 2004-, la evolución de los acontecimientos en Iraq y lo conocido después sobre la preparación de la guerra, las tensiones derivadas de las propuestas de reformas totales (País Vasco) o parciales de algunos Estatutos de Autonomía (Cataluña, Andalucía) y la evolución de los sondeos de opinión, estamos desde hace un año en una campaña electoral permanente.

El diseño de la campaña para las elecciones generales aprobado por la Convención Nacional del PP (14-2-04) pretendía sacar provecho a los años de mayoría absoluta y dejar atrás de manera definitiva los asuntos más amargos de la última legislatura, pues, aunque parecían haber quedado ya sancionados con poco coste en las elecciones de mayo del 2003 y en la repetición, en octubre, de las autonómicas de Madrid, a medida que se acercaba el 14 de marzo las encuestas no pronosticaban de modo seguro la conservación de la mayoría absoluta.

Con la consigna Juntos vamos a más, el Partido Popular se presentó ante los electores como garante del crecimiento económico -España va bien- y del equilibrio en los presupuestos del Estado -el déficit cero, pero conseguido con altísimos costes sociales (1)-, así como el único defensor de la unidad territorial (con centro político en Madrid) y el único capaz de enfrentarse sin concesiones y con éxito al terrorismo de ETA.

Con un silencioso Rajoy -sin ruedas de prensa ni debates con Zapatero- escoltado (o vigilado) por Aznar, Zaplana y Acebes, el PP puso en marcha una campaña inicialmente de tono bajo, basada más que en defender las propias propuestas en suscitar el miedo a las consecuencias de la victoria de lo que se presentaba como una oculta alianza de socialistas, comunistas y nacionalistas, presidida por un dirigente como Zapatero, al que se acusaba de débil. Así, el triunfo del PSOE podría suponer no sólo acabar con el magnífico legado de Aznar -crecimiento económico y cohesión territorial y espiritual-, sino, sobre todo, poner en peligro la unidad de España. Siguiendo esta línea argumental, Aznar indicaba en Tomelloso: Necesitamos una mayoría sólida, porque hay gente que quiere liquidar España (...) A los que se quieren largar de España o se les hace frente o se pacta con ellos como hace Zapatero (...) Si España tuviera la desgracia de ser gobernada por Zapatero, Llamazares y Carod nos podríamos preparar para saber qué es el paro y la falta de crecimiento (...) Zapatero está jugando con las reglas básicas de la convivencia y con la prosperidad de España.

Sobre su adversario, Rajoy opinaba: Zapatero manda tanto en su partido como en Portugal (...) El pacto Antiterrorista goza de buena salud. El problema es la debilidad de Zapatero, que pacta con Carod. O también, Zapatero es un líder débil y sin agallas (...) que tiene que tragar con lo que le imponen sus socios.

En Sevilla, Arenas lamentaba que Carod condicionase al PSOE hasta dejarlo desdibujado.

En el argumentario de campaña del PP se indicaba: Votar a ZP es votar 17 proyectos distintos; votar ZP es votar a Carod Rovira; votar ZP es votar a los que negocian con la banda terrorista ETA. Votar ZP es votar por la crisis y la inestabilidad en España. El alcalde de Toledo fue más lejos al sugerir que el PSOE podría utilizar después los votos de forma antidemocrática para reformar la Constitución, como Hitler, que ganó las elecciones y luego hizo lo que hizo.

Otra parte importante de la campaña del PP estuvo basada en la propaganda de los hechos, o mejor, de las obras. En las inauguraciones, reinauguraciones, descubrimiento de placas, aireamiento de proyectos, cortes de cintas de vías que llevaban años usándose, primeras piedras de viejos tramos y pioneras dovelas de obras que tardarán años en concluirse y hasta en empezarse; despedidas privadas y oficiales y redespedidas. Incluso la instalación de una fábrica de helicopteros -Eurocopter- fue ubicada en tres lugares distintos.

La propaganda de los hechos había sido precedida por una larga precampaña de publicidad institucional en los medios de información públicos, con la que diversos ministerios habían tratado de convencer a la ciudadanía de la teórica preocupación del Gobierno por el medio ambiente, por las pensiones de los jubilados, por los derechos de las mujeres o de los trabajadores, hasta que la Junta Electoral Central obligó a suspenderla a mediados de enero.

La amplia red de medios de información públicos y privados afines al Gobierno movilizó a la extensa gavilla de los que Marx llamaba espadachines a sueldo -plumíferos, columnistas, contertulios, comentaristas, insultadores- para crear una opinión adversa a la alternancia, silenciar las propuestas de la izquierda y descalificar Zapatero con los argumentos más peregrinos. En la estrategia de comunicación de estos medios la configuración de la agenda con los temas y personas que han interesado al Partido Popular ha ocupado un lugar central, mientras que han desaparecido de las parrillas o han sido desplazados a espacios marginales los que han interesado a sus oponentes. De un estudio efectuado por la Universidad Rey Juan Carlos (El País, 27/2/2004) se desprende que las personas invitadas y los temas abordados en los programas matinales de debate de TVE, Antena 3 y Tele 5 coinciden con los asuntos prioritarios del programa electoral del PP. Otro estudio, realizado por la sección de CC.OO. de RTVE, señala que en la programación de los centros territoriales de TVE, el PP ocupa el 66% de las declaraciones y apariciones políticas frente al 28% del PSOE. Según los autores, la televisión pública cumple en estos centros el papel de delegado informativo del Gobierno.

La víspera del atentado, un grupo intelectuales y artistas, componentes de la Asamblea de Intervención Democrática, presentada el 13 de febrero en Madrid como respuesta a la degradación del sistema democrático producida por el PP, se congregaba frente al edificio de Torrespaña para denunciar la manipulación de RTVE y exigir la destitución del director de los servicios informativos Alfredo Urdaci, condenado judicialmente por manipular la información sobre la jornada de huelga general del 20 de junio de 2002, y señalado públicamente por seguir manipulando la información durante la campaña electoral, como denunciaba el recién formado Comité Antimanipulación de RTVE. El mismo día, la prensa se hacía eco de que el juzgado de primera instancia de Mérida había condenado a RTVE a pagar 10.806 euros a la Junta de Extremadura por haberse negado a difundir, en el año 2002, una campaña publicitaria sobre el Plan de Empleo Rural (El País, 9/3/2004). El anuncio fue rechazado porque se estimó que su contenido era político. La misma nota indica que el pasado febrero la audiencia provincial de Zaragoza había condenado a RTVE a pagar 75.000 euros de indemnización al Gobierno de Aragón por haberse negado a emitir una campaña de publicidad contra el trasvase del Ebro. El día 10 de marzo, Izquierda Unida volvió a denunciar la discriminación padecida en TVE y acusó a la cadena estatal de poseer armas de desinformación masiva.

La Iglesia también ayudó. El 18 de febrero, la Conferencia Episcopal terció en la precampaña electoral con una nota en la que apoyaba al PP sin citarlo, al instar a los ciudadanos (creyentes, claro) a votar a partidos que defendieran la familia indisoluble y el verdadero matrimonio, y resolvieran de modo favorable para la Iglesia asuntos como el aborto, la eutanasia y la clonación terapéutica y la enseñanza de la religión católica.

El mismo día 18, ETA también puso su grano de arena en favor del PP al anunciar una tregua en Cataluña, con lo cual volvía a reavivar el espinoso tema de su entrevista con Carod en el mes de diciembre (conocida en enero) y a poner de nuevo en apuros a Zapatero, a quien no pocos dieron políticamente por muerto (véanse, por ejemplo, el editorial y las columnas de opinión de El Mundo, 19/2/2004). El Gobierno no perdió ni un instante para aprovechar semejante refuerzo. Aznar señaló: Hoy la banda ha anunciado su contribución a esta estrategia repulsiva promovida por ERC (...) Estamos ante un pacto entre una banda terrorista y Esquerra Republicana de Catalunya, salvo que ese partido rechace expresamente el acuerdo y destituya inmediatamente a quien lo negoció (El Mundo, 19/2/2004). Rajoy calificó el anuncio de la tregua de traición de ERC a Cataluña y garantizó que seguiría aplicando la misma política antiterrorista por sus buenos resultados. El PP consideró roto el Pacto Antiterrorista con el PSOE mientras el PSC mantuviera el Gobierno tripartito en Cataluña.

Sacudida la Generalidad por la segunda crisis en menos de un mes, Maragall calificó de mensaje-bomba contra Cataluña el anuncio de ETA sobre la tregua y convocó una concentración en la plaza de Sant Jaume con el lema En defensa de la democracia, el autogobierno de Cataluña y en solidaridad con todos los ciudadanos del Estado. ETA no, ni aquí ni en ningún sitio, a la que el Partido Popular no asistió. Pero esa no fue la única intervención de ETA en la campaña electoral, puesto que el día 29 de febrero fue interceptada en la provincia de Cuenca una furgoneta con más de 500 kilos de explosivos con destino a Madrid. Al dar cuenta de la detención de los etarras, el ministro Acebes mostró una vez más la incurable inclinación del PP de sacar provecho electoral del terrorismo y criticar otra vez al gobierno catalán y al PSOE. Habrá que felicitar a Carod por lograr que ETA no atente en Cataluña, explicó.

Para el PP la invasión de Iraq era un tema pasado de moda. Trillo se permitió lanzar un euro a una periodista que en Alicante le preguntó por las armas de destrucción masiva (2), pero el asunto no estaba olvidado, y, además de la larga serie de noticias procedentes de EE.UU. y Gran Bretaña sobre cómo se gestó la ocupación, vino a recordarlo la visita a Barcelona, el 9 de marzo, del jefe de la Comisión de Inspectores de la ONU en Iraq para recibir el Premio de la Paz 2003, concedido por la Asociación de Naciones Unidas en España. Hans Blix se entrevistó además con los más altos representantes de las instituciones políticas de Cataluña (véase la entrevista realizada por E. Ekaizer a propósito de la inminente publicación de su libro Desarmando a Irak, en El País Domingo, 29/2/2004).

Por lo que se refiere a las encuestas sobre valoración de dirigentes e intención de voto, la pérdida de popularidad del Gobierno a lo largo de la legislatura, aun con remontes, se traducía en una caída de 8 puntos entre abril de 2000 y enero de 2004, según un estudio de Belén Barreiro (“14-M: elecciones a la sombra del terrorismo”, Claves nº 141, abril, 2004). En el mismo, la autora establece una correlación entre la pérdida de votos del PP y las provincias donde más ha subido el precio de la vivienda.

La encuesta realizada por el CIS en enero 2004 ofrecía datos preocupantes. El 31,4% de los consultados estimaba mala o muy mala la gestión del Gobierno frente al 27,1% que la consideraba buena o muy buena. Aznar merecía poca o ninguna confianza al 60% de los encuestados y bastante o mucha al 33%. Para el 31% la situación política era mala o muy mala, y buena o muy buena para el 19,2%. En la valoración de líderes, todo el gobierno suspendía, siendo la nota más alta para Rodrigo Rato (4,8); le seguían Acebes (4,5), Arenas (4,4), Zaplana (4,1), Trillo (3,8), Del Castillo (3,7) y García Valdecasas (3,5), entre otros. Mientras, según Barreiro, la intención de voto corregida por la simpatía de partido apuntaba una recuperación mayor del PSOE, con un ascenso de 11 puntos: en la primavera del 2000, el 19% decía que le votaría, en febrero del 2004 esa intención llegaba al 30%.

Diversas encuestas realizadas en el primer trimestre del año daban un lento y firme descenso del PP y sus dificultades para alcanzar la mayoría absoluta. El pulsómetro de la SER del día 8 de marzo situaba la distancia entre el PP y el PSOE en 3,5 puntos. La última semana la distancia era de 2,5 ó 3 puntos de diferencia, que según diversos sondeos equivalía a una situación de empate técnico. El día 9, Belén Barreiro señalaba en El País (“¿Habrá sorpresa el 14-M?”, El País, 9/3/2004) esta circunstancia al reducir a poco más de un punto la ventaja real que el PP sacaba al PSOE y apuntaba que el día 14 podía haber sorpresas. Maragall, el día 8, haciendo un repaso de lo sucedido en los últimos meses, escribía: Todo eso está ahí, agazapado silenciosamente en el disco duro de la memoria colectiva. Cuesta creer que las últimas cinco semanas, desde que el 20 de enero el diario ABC publicó el viaje de Carod Rovira al sur de Francia, hayan alterado esa memoria. Probablemente estos acontecimientos hayan restado fuerza al impacto movilizador de las elecciones catalanas (¡por fin un gobierno distinto y progresista en Cataluña!). Está por ver. (P. Maragall, ”La España que encuentra Zapatero”, El País, 8/3/2004).

El resultado de las elecciones mostró que ese recuerdo estaba ahí -incentivado en particular por la campaña en televisión del PSOE (3) -, que no se había perdido; que mucha gente no había olvidado. Y el PP, tampoco. Por eso se apresuró a sacar todo el provecho posible de la gestión de la crisis provocada por los atentados.


Dudas razonables

El modo en que fueron perpetrados los atentados y la respuesta gubernamental a los mismos pusieron sobre el tapete cuestiones importantes.

La primera es preguntarse dónde estaban las acciones preventivas contra el terrorismo con las que Aznar, hace un año, alardeaba de ser precavido para apoyar la guerra preventiva de Bush contra Iraq. El asunto es más grave si tenemos en cuenta, como luego se ha sabido, que varios de los autores del atentado del 11 de marzo se hallaban bajo vigilancia policial por su relación con los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos (4). De lo cual se deduce que Aznar o bien confiaba en que Al Qaeda no se atrevería a actuar en España por tener el aliado más poderoso del mundo, o bien confiaba en que las medidas de seguridad adoptadas por el amigo americano, que en realidad eran pocas, sirvieran de escudo a sus aliados, mientras el Gobierno español, persiguiendo el equilibrio presupuestario -el aireado (y maquillado) déficit cero- había ido reduciendo los cuerpos de seguridad en casi siete mil efectivos. En el primer caso la presunción era vana, como los hechos dramáticamente han mostrado, y en el segundo, también, pues las medidas de seguridad adoptadas por Bush contra el tipo de terrorismo practicado por Al Qaeda fueron casi nulas, según la opinión de responsables de la seguridad norteamerica, pese a haber recibido varios avisos durante el verano de 2001. En una entrevista (El País, 8/5/2004), Richard Clarke, excoordinador de Seguridad con Clinton y Bush, afirma que en 40 ocasiones la CIA advirtió al actual presidente de que Al Qaeda preparaba un ataque contra EE.UU. Avisos que Bush ignoró porque lo que verdaderamente le interesaba era desviar la atención hacia el régimen de Sadam Hussein y hallar un motivo para invadir Iraq. La guerra de Iraq supone una desviación de recursos en la lucha mundial contra el terrorismo, y al tiempo la hace más difícil porque enfurece al mundo musulmán, añade Clarke.

En vista de lo cual cabe albergar no pocas dudas sobre el verdadero motivo que tuvo Aznar para apoyar sin condiciones la, entonces ilegal e impopular y hoy desventurada, operación de Bush en Iraq. ¿Trataba Aznar realmente de luchar contra el terrorismo de Al Qaeda o ayudaba a extender del peor modo posible la cara más hosca de la hegemonía norteamericana?

Si Aznar creía que ocupando Iraq el problema quedaba resuelto, se equivocó por completo (aún persiste en el error), porque un año después de que Bush declarara el fin de la breve guerra no parece que los presuntos vencidos se hayan dado realmente por vencidos. Si España es más débil por nuestra retirada (de Iraq), los terroristas por el contrario son más fuertes, escribe Aznar en ”Desestimiento irresponsable”, diario ABC, 26/4/2004, criticando la retirada de las tropas ordenada por Rodríguez Zapatero. Y su elemental concepción del terrorismo -todos los terrorismos son iguales- reveló su inconsistencia: ETA no es lo mismo que Al Qaeda, cuyo desafío no se detiene en Europa o en los EE.UU. sino que incluye el orden mundial (5), porque su fanatismo -aniquilar aquello de lo que se discrepa- es mayor y más difícil de combatir. Una cosa es perseguir a un puñado de fanáticos por las montañas de Afganistán y otra muy distinta luchar contra el fanatismo, señala el escritor israelí Amos Oz (Contra el fanatismo, Madrid, Siruela, 2003).

Aznar, igual que Bush, olvidaba una recomendación de Clausewitz: El primer acto de discernimiento, el mayor y más decisivo que ejecutan un estadista y un jefe militar, es el de establecer correctamente la clase de guerra que están librando (C. von Clausewitz: De la guerra, Barcelona, Labor, 1976, p. 60). Aznar no sabía con quien se enfrentaba. Y si lo sabía, no actuó en consecuencia, pues los servicios secretos de varios países europeos también habían advertido sobre movimientos de sujetos vinculados al islamismo radical. Y una de las pruebas es que días antes de que se produjera el atentado en Madrid, la ciudad de París estaba en situación de alerta.

Hay otros motivos que explican la actitud de Aznar, además de su devoción por la política ultraliberal -ferozmente desigualitaria- de la Casa Blanca, y uno de ellos es su moral profundamente maniquea, que intelectualmente le conduce a elaborar representaciones bipolares de la realidad.

En este tema, como en otros, Aznar ha dividido el mundo en dos bandos: el de los terroristas y el de quienes les combaten, y además sólo concibe un modo de hacerlo: el patrocinado por el trío de las Azores.

Empero, el terrorismo es un fenómeno más complejo. En el caso del practicado por grupos fanáticos islamistas, no es, como pretende el equipo de la Casa Blanca, influido aún por el paradigma bipolar de la guerra fría, un movimiento unificado y mucho menos expresión de uno o más Estados, noción ésta bastante ajena a las interpretaciones más extremas del islamismo (6), sino un método de lucha, aplicado con diversos grados de intensidad, adoptado por grupos y movimientos con distintos propósitos, que requieren, por lo tanto, tratamientos diferentes para ser combatidos. En el caso de Al Qaeda, la confusión puede ser mayor, ya que, desde un punto de vista occidental, una primera impresión puede ofrecer la apariencia de un nuevo enfrentamiento entre la modernidad occidental y el arcaísmo asiático, sin percibir que tanto los métodos como la ideología y los componentes de esa maraña de grupos tienen mucho de occidentales; son híbridos; o como escribe John Gray, son un subproducto de la globalización. Y añade: No hay estereotipo que resulte más pasmoso que el que describe a Al Qaeda como un retroceso a los tiempos medievales (...) Pese a que afirmen ser los exponentes de una tradición indígena, sus fundadores han reinterpretado el islám a la luz del pensamiento occidental contemporáneo (Gray, J., Al Qaeda y lo que significa ser moderno, Barcelona, Paidós, 2004). Y retornando al caso de España, no sólo por los objetivos sino también por los procedimientos, hay gran diferencia entre el terrorismo de ETA, un método al servicio de un proyecto totalitario, teñido de etnicismo que defiende un proyecto colectivista nacional, y el de los grupos cercanos a Al Qaeda, que, sin visos de racismo, impulsan un proyecto religioso transnacional, sin que quepa admitir justificación para ninguno de ellos.

El otro motivo es la poca cintura política de Aznar; su escasa capacidad para responder ante asuntos no previstos y de modo simultáneo en varios frentes, pero la razón que mejor explica su reacción y la del PP ante los atentados del 11 de marzo es la aversión hacia ETA y el nacionalismo, al haber convertido el combatirlos en uno de los ejes fundamentales de su política. Podría decirse que ETA, y por añadidura los partidos nacionalistas, han proporcionado el pretexto necesario para que el Gobierno haya podido expresar con toda su energía -sin complejos- la carga de centralismo y autoritarismo que encerraba su programa, en el que la unidad de España se entiende como uniformidad, autoridad y disciplina. Al presentarse como el máximo garante de la unidad de España, el PP había logrado capitalizar en beneficio propio la lucha contra el terrorismo como expresión violenta del separatismo, de tal modo que, dando por supuesto que un acontecimiento de la magnitud de estos atentados debería influir necesariamente en la intención de voto de los electores, también cabría esperar que los ciudadanos entregaran su confianza al partido que más se había distinguido en la lucha contra ETA. Esta es la razón que parece explicar la resistencia del Gobierno a admitir que los atentados no habían sido obra de ETA, reforzada, además, por otra: atribuir la autoría a algún grupo de fanáticos islamistas podía suponer el retorno a la escena política de aquello que a toda costa se quería evitar: el recuerdo del multitudinario rechazo a la invasión de Iraq, que en el momento álgido de la movilización ciudadana las encuestas habían estimado en el 91%.

La utilización política de los atentados en favor del PP, como si la campaña electoral no hubiera estado suspendida, es la razón del persistente silencio del Gobierno sobre los verdaderos autores de la matanza y de la orientación de la información ofrecida a la opinión pública con la intención de mantener a los electores en la creencia de que habían sido provocados por ETA hasta pasada la jornada electoral. La identificación y la detención de autores y cómplices muy pocas horas después de perpetrados los atentados indica que los servicios de inteligencia y/o de la policía disponían de mucha información previa, pero la decisión de no hacer pública esa información fue política: el Gobierno la vetó.

Muy poco tiempo después de perpetrados los atentados, la policía ya había descartado la autoría de ETA. El descubrimiento de la furgoneta con ropas, objetos y detonadores que habían utilizado los asesinos para desplazarse a la estación de Alcalá de Henares orientó las sospechas hacia un grupo islamista y la voladura controlada de una bomba sin explotar hallada debajo de un asiento del tren, en el apeadero de El Pozo, confirmó -por el olor y el color del humo- que no se trataba del explosivo utilizado habitualmente por ETA.

Con ello llegamos a la peor de las conclusiones: que cuando conviene no todos los terrorismos son iguales. Con los atentados de unos se pueden ganar las elecciones y con las barbaridades de otros se pueden perder. Esta es la idea que prevaleció en el Gobierno ante los brutales atentados del día 11, y, como movidas por un resorte, actuaron las viejas lógicas del PP, las probadas malas mañas -la opacidad, la manipulación de la información y el ventajismo- que, con escaso coste electoral, tan buenos resultados habían dado hasta el fecha.

Esta es la secuencia de los hechos.


La información sobre los atentados

El día 11 de marzo de 2004 será de los que no se olvidan en mucho tiempo. La brutalidad de los atentados conmociona a toda España y más allá. Madrid, desde muy temprano, se sumerge en un confuso torbellino de perplejidad, dolor, tristeza, solidaridad a raudales y socorros frenéticos.

La campaña electoral se suspende, se establece la comunicación entre los responsables políticos (en algunos casos rota desde hace tiempo), se hacen las primeras declaraciones y se apuntan las explicaciones iniciales sobre unos hechos terribles, que, al principio, y quizá por seguir una dilatada y macabra costumbre, apuntan a ETA.

Diversas muestras de solidaridad y apoyo llegarán muy pronto desde todos los lugares de España y muchos del extranjero, pero los primeros en expresar su pesar y su rechazo son los vascos, se diría que empujados, como escribirá Kepa Aulestia al día siguiente, por el sentimiento de culpa de pertenecer a una colectividad en cuyo nombre unos pocos podían cometer tal atrocidad (“Las horas de silencio”, La Vanguardia, 12/3/2004).

A las 9,30 de la mañana, un consternado Ibarretxe dice ante las cámaras de televisión: Los terroristas son simplemente alimañas... Qué monstruosidad, qué espanto tan grande...ETA está escribiendo sus últimas páginas. Pero Otegui (Sozialista Abertzaleak) le corrige: No contemplo ni como hipótesis que ETA esté detrás de esos atentados. Porque ETA a lo largo de su historia siempre ha avisado de la colocación de los explosivos (...) porque es una acción que se ha hecho buscando ese alto número de víctimas, pero además buscando un alto número de víctimas entre trabajadores y población civil. Otegui rechaza el atentado y lo atribuye a un operativo de la resistencia árabe. Lo cual no aclara mucho, porque Otegui es un habitual exculpador de las barbaridades de ETA y ésta no siempre ha avisado de sus intenciones -recuérdense las bombas trampa- ni ha asumido los crímenes cometidos (el de la cafetería Rolando, en Madrid, por ejemplo). Y también ha atentado contra civiles. Con su delirante trayectoria, cabe imaginar que a pesar de su debilidad pueda haber maquinado una bestialidad de tal magnitud que la haga resurgir de su declive.

Aznar reune parcialmente el Gabinete, pero no cita a representantes de otros partidos, a los que les hace llegar su opinión -Espero que no haya dudas de que ha sido un atentado, indica por teléfono a Zapatero- y la invitación para acudir a la manifestación convocada para el día 12. Con estas decisiones, el Gobierno piensa afrontar la crisis en solitario y obtener los posibles réditos, si los hay, también en solitario. Para ello, despliega una intensa actividad en el campo de la información. Aznar en persona telefonea a los directores de varios periódicos, indicándoles que el Gobierno no duda de la autoría de ETA. Desde La Moncloa se facilita el mismo mensaje a los corresponsales extranjeros.

A las 13,30, el ministro del Interior anuncia la cifra de muertos en ese momento -173 y 600 heridos- e indica su creencia de que ETA es la autora del atentado, calificando de intolerable cualquier intoxicación por parte de miserables que apunte hacia otros autores. Poco después interviene Zapatero, que acepta la versión del Gobierno -Estamos ante el atentado más horrendo de ETA- y llama a la unidad democrática frente al terrorismo.

A las 14,30 interviene Aznar. Se refiere al 11 de marzo como una fecha en la historia de la infamia y califica a los autores de asesinos fanáticos. Habla de la banda terrorista pero no cita a ETA. Anuncia tres días de luto oficial e invita a los ciudadanos a acudir a una manifestación convocada con el lema: Con las víctimas del terrorismo, con la Constitución, por la derrota del terrorismo. La alusión a la Constitución, convertida en patrimonio particular del PP, refuerza la idea de que se trata de dar una respuesta a aquellos que no la aceptan: ETA.

Esa idea sobre quienes son los autores se traslada al Consejo de Seguridad de la ONU, donde, en ausencia de Inocencio Arias, la representante española, Ana Menéndez, presenta una resolución urgente condenando a ETA por los atentados de Madrid, que a pesar de las dudas de los presentes se aprueba. Cuatro días después, conocidos los verdaderos autores, Arias se verá obligado a pedir disculpas. Sin embargo, esa misma tarde, el Ministerio de Asuntos Exteriores envía un mensaje a todas las embajadas señalando a ETA como la autora de los atentados y advirtiendo de los intentos de otras fuerzas políticas de desviar las sospechas hacia otros grupos.

Poco después, a las 20,15, de que la policía haya difundido las fotografías de nueve miembros de ETA presuntamente relacionados con el atentado, Acebes anuncia el hallazgo de la furgoneta y la apertura de una segunda línea de investigación, pero recalca que la línea esencial sigue siendo ETA. Opinión que Aznar confirma en otra ronda de llamadas a los directores de los periódicos.

A las 20,30, el Rey, en una comparecencia extraordinaria -la primera desde el intento de golpe de estado de febrero de 1981- habla por televisión. Muestra su repulsa, condena el atentado, pero no menciona a ETA, y exhorta a la unidad.

A las 21,30, la agencia Reuters comunica que el londinense Al-Quds Al-Arabi, diario propalestino impreso en lengua árabe, ha recibido una nota en la que un grupo cercano a Al Qaeda se hace responsable de los atentados de Madrid.

Esa misma noche, la desactivación de la bomba colocada en una mochila hallada en el apeadero de El Pozo permite obtener nuevos datos, que dirigen definitivamente la investigación hacia grupos islamistas próximos a la red de Ben Laden.

No obstante, al día siguiente, Aznar, en una comparecencia de prensa previa a la reunión del Consejo de Ministros, insiste en mantener la autoría de ETA -No concedo el beneficio de la duda a quien mantiene su voluntad criminal y ha estado siempre (...) dispuesto a descargarla sobre personas inocentes- pero sin citarla -La banda terrorista tan bien conocida en nuestro país-, y cuando se le solicita que aclare cuál de las dos líneas de investigación es la prioritaria, se escabulle:Estamos ante un atentado terrorista terrible. No me pidan que juegue a las quinielas. En la rueda de prensa posterior al Consejo, ante las preguntas de los periodistas insistiendo en lo mismo, indica que el Ejecutivo ha dado toda la información. No hay ningún aspecto que conozca el Gobierno que no se haya puesto en conocimiento de la opinión pública.

Con los indicios aparecidos y la información proviniente del extranjero -junto con la de Madrid, han caído las bolsas de Nueva York y Tokio, efecto que los atentados de ETA nunca han producido- las dudas sobre la autoría del ETA se extienden. En los mismos periódicos las opiniones se dividen (7). En canales de televisión extranjeros se atribuye el atentado a grupos de fanáticos islamistas.

Por la tarde, en llamadas telefónicas efectuadas a Euskal Televista y al diario abertzale Gara, un portavoz de ETA afirma que la banda no es responsable de los atentados de Madrid (volverá a desmentirlo el domingo), pero el ministro del Interior no concede el mínimo crédito a estos avisos. Tampoco Rajoy, que, en declaraciones a diversas emisoras, ha estado defendiendo la hipótesis central del Gobierno.

En la multitudinaria manifestación que, pese a la intensa lluvia, tiene lugar en un entristecido Madrid, grupos de manifestantes gritan ¿Quién ha sido? ante la presencia de Aznar, creando una situación de gran tensión y perplejidad en la cabecera del cortejo, en la que junto al Gobierno aparecen, por vez primera, el príncipe y las infantas, así como representantes de los principales partidos y sindicatos, expresidentes del gobierno, altos cargos de la Unión Europea y primeros ministros de varios gobiernos extranjeros. En otras muchas ciudades y pueblos de España, y en más de una veintena del extranjero, se efectuan concentraciones similares. En Barcelona, Rato y Piqué son insultados por un grupo de manifestantes que les llama asesinos.

Como suele suceder en situaciones de emergencia, millones de personas, más de dos en Madrid, han acudido a manifestarse en solidaridad con las víctimas y contra el terrorismo respaldando la convocatoria del Gobierno, pero también ha empezado a percibirse la desconfianza hacia la información proporcionada por el ministro del Interior y crece la sospecha de que la poca claridad sobre los autores del atentado pueda ser utilizada en beneficio del Partido Popular en las elecciones del próximo domingo.

La desconfianza de una parte importante de la ciudadanía está justificada, porque la manipulación informativa no ha terminado.

La noche del día 12, después de asistir a las multitudinarias manifestaciones, los espectadores de Telemadrid ven alterada la programación. Sin previo aviso, la película norteamericana Vidas paralelas es reemplazada por Asesinato en febrero, que reconstruye el asesinato del diputado vasco Fernando Buesa y de su escolta, Jorge Díaz, a manos de ETA, en febrero del 2000.

El sábado, día 13, jornada de reflexión, Zaplana comparece en La Moncloa indicando que el Gobierno está informando con total transparencia y vuelve a reafirmar la autoría de ETA, trasladando la carga de la prueba a quienes opinan lo contrario: Algunos parece que quieren descartar que pueda ser la banda criminal y asesina ETA, cuando todo apunta, salvo que se demuestre lo contrario y hay líneas de investigación en marcha de las que se ha dado cuenta, que, desde luego, no nos debería causar ninguna sorpresa que fueran los criminales y asesinos de la banda terrorista ETA. Poco después, Acebes vuelve a informar en parecidos términos -la prioridad es la banda que lleva 30 años y 900 muertos en España- pero añade que puede existir una colaboración entre grupos.

A primera hora de la tarde del sábado, la policía, que ha seguido las pistas halladas en la mochila no explosionada, detiene a tres marroquíes y a dos indios en un locutorio telefónico de Lavapiés. La noticia llega a las redacciones de diversos medios de comunicación. No se hace pública, en espera de una confirmación oficial, pero se extiende como un rumor a través de los teléfonos móviles. Pero lo que, en un gesto que parece desesperado, se difunde desde la agencia estatal de noticias EFE a sus corresponsales en 140 ciudades de más de cien países, es un teletipo en el que se dice que la pista islámica queda descartada y que todos los indicios apuntan a ETA.

Desde primera hora de esa misma tarde, miles de mensajes -Hoy, a las 18, en la sede del PP. Por la verdad. Pásalo- se difunden a través de los teléfonos móviles convocando concentraciones ante las sedes del Partido Popular en las principales ciudades españolas (8). La llamada tiene éxito y miles de personas acuden a concentrarse ante las sedes del PP pidiendo la verdad: ¡Queremos la verdad antes de votar!

A las siete y media de la tarde, en Telemadrid se recibe un aviso indicando que en una papelera próxima a la mezquita de la M-30 está depositada una cinta de vídeo, que la policía recoge y analiza: es la reivindicación de Al Qaeda de los atentados. Poco después, algunas emisoras -la SER- filtran la noticia de las cinco detenciones.

Acebes, en la comparecencia realizada media hora después, confirma las cinco detenciones, pero afirma que aún es prematuro vincular los atentados con el perpetrado contra la Casa de España en Casablanca. No descarta a ETA.

A las ocho y media, M. Rajoy comparece en televisión presentándose como candidato a la presidencia del Gobierno y calificando de ilegales e ilegítimas las concentraciones frente a las sedes del Partido Popular durante la jornada de reflexión. Comunica que han sido denunciadas ante la Junta Electoral Central (9) y acusa a ciertos partidos de haberlas provocado. Por si alguien no se había enterado todavía, la comparecencia de Rajoy amplifica la convocatoria. Miles de personas se arremolinan ante las sedes del PP hasta bien entrada la noche. Luego se producirán manifestaciones espontáneas pero pacíficas, dentro de un clima cívico y festivo, muy alejado de lo que Ana Botella, en sus recuerdos sobre sus ocho años en La Moncloa, llama la furia organizada.

A las nueve, aparece brevemente en televisión el portavoz del PSOE, A. P. Rubalcaba, que celebra las detenciones pero lamenta la opacidad del Gobierno -Los españoles se merecen un Gobierno que les diga siempre la verdad- y rechaza que el PSOE haya convocado las concentraciones. La intervención de Rubalcaba provoca una declaración institucional del portavoz del Gobierno. Zaplana asegura que, en relación con los atentados, el Gobierno está actuando con total transparencia.

Durante toda la tarde ha habido fuertes tensiones en los estudios de RTVE en Torrespaña por el control ejercido por A. Urdaci sobre la edición del programa Informe semanal dedicado a los atentados, que debe emitirse esa noche por la primera cadena.

A las 11 de la noche, la programación nocturna de TVE-1 queda alterada por sorpresa. En lugar de la película anunciada -Shakespeare in love-, la primera cadena exhibe la película Asesinato en febrero, cedida antes a Telemadrid, con el fin de que los espectadores concluyan la jornada de reflexión con la idea de que ha sido ETA la autora del atentado metida en la cabeza.

Pasada la media noche, el ministro del Interior anuncia que el video hallado en la papelera junto a la mezquita es una grabación de Al Qaeda reclamando la autoría de los atentados del 11 de marzo en Madrid. La jornada de reflexión ha concluido.


La trampa ha fallado

La inmensa mayoría de los ciudadanos, conmocionada por lo vivido en los tres días anteriores, ha seguido, perseguido, ávida, la información que por unos u otros canales ha ido apareciendo en la larga víspera de la jornada electoral más extraña y triste de la reciente historia de España.

Durante estos tres dramáticos días, el Gobierno no ha ahorrado esfuerzos para llegar a las elecciones sin sentirse negativamente afectado por los efectos de los atentados. Ha preparado una jornada de reflexión sin información veraz, tratando de confundir a los electores a través de una persistente campaña de intoxicación, que ha burlado no sólo los principios del régimen de opinión, sino también el artículo 20 de la Constitución, que con tanto celo dice defender.

A este respecto hay que recordar que la información pública no es una graciosa concesión del Ejecutivo, sino un derecho de los ciudadanos para decidir con conocimiento y corregir la tendencia de los gobiernos a ser poco transparentes.

El régimen liberal democrático, del que teóricamente se reclaman en el PP, reposa en la decisión de los ciudadanos expresada en las urnas, pero basada en una opinión formada sobre la existencia de una información veraz. Si es así, si el voto se decide porque existe información veraz, la decisión, la elección, es legítima. Pero si no es así, porque la decisión ciudadana ha sido inducida por una información trucada, entonces, la elección está viciada de origen, porque los ciudadanos, los verdaderos soberanos, han sido privados de los elementos necesarios para poder elegir con justicia y razón a sus representantes.

Sin embargo, aún con cierto retraso, España pertenece al grupo de los países más adelantados del mundo y, aunque con notorias carencias, está enlazada con otras sociedades por medio de tupidas redes de información, circunstancia que parece haber olvidado el Gobierno de Aznar al poner en marcha la que ha sido su última campaña de manipulación informativa.

En España hay mucha gente que viaja, que sabe varios idiomas, que estudia en el extranjero, que tiene amigos fuera, que está personalmente conectada con el mundo exterior. En España existen no pocos periódicos y canales de televisión extranjeros, existen emisoras y diarios privados, importantes grupos empresariales en el campo de la información, existen canales de pago, existe internet y, sobre todo, existe la forma más rápida y barata de comunicarse, en la que los jóvenes son especialmente diestros, que son los teléfonos móviles.

Parece que todo esto ha sido olvidado por el PP, pero todo ello ha estado actuando estos días y ha conducido a que la jornada de reflexión haya sido, efectivamente, de profunda reflexión para muchos, y haya decidido a muchos, la mayoría, la orientación de su voto, castigando con ello al Partido Popular por la interesada gestión de una crisis nacional. Lo cual es una muestra más del alejamiento del Gobierno y del Partido Popular con respecto a la sociedad española, que les ha llevado a imaginar que todavía seguíamos en tiempos de la dictadura de Franco, cuando Fraga, desde un ministerio, podía controlar la información en el país.


Madrid, mayo de 2004.


NOTAS


Como ha señalado Vicenç Navarro en “¿Excesivos Estados del bienestar?”, El País, 12-VII-2003 y “La desconvergencia social en Europa”, El País, 15-IX-2003; en V. Navarro y Agueda Quiroga: “La protección social en España y su desconvergencia con la Unión Europea, www.vnavarro.org; en V. Navarro y A. Quiroga: “La desconvergencia social de España con la Unión Europea, Sistema nº 177, noviembre 2003; y V. Navarro: “La desconvergencia de la España social con la Europa social”, dossier “Con ocho años basta”, en Iniciativa Socialista nº 71, invierno 2003-2004.

2 Llevo una semana guardando el mismo euro para el que me pregunte por las armas de destrucción masiva, pero como he sabido que empiezan a perder interés, se lo ha ganado usted, dijo el ministro de Defensa (El País 17/2/2004).

3 En la que diversos ciudadanos iban introduciendo en una urna electoral papeletas alusivas a los errores, abusos y carencias del Gobierno Aznar. El último votante representaba a uno de los voluntarios que acudieron a Galicia a limpiar las playas de chapapote.

4 El día 29 de febrero, página 17, El País informaba de que uno de los estrategas de los atentados contra el Pentágono y las Torres Gemelas había confirmado, en Guantánamo, la noticia dada en su día de que los últimos preparativos se hicieron en Tarragona, en julio del 2001.

5 Según Ahmed Rashid (Los talibán, Barcelona, Península, 2002), el ambicioso objetivo de Ben Laden al atentar en EE.UU era golpear tres cosas a la vez: el mundo heredero de la guerra fría, el punto neurálgico de la globalización y los supuestos esfuerzos por hacer de la Tierra un lugar mejor y más seguro.

6 A. Rashid (ibíd, p. 401-2) escribe: Los talibán están atrapados entre una sociedad tribal a la que intentan hacer caso omiso y la necesidad de una estructura estatal que se niegan a establecer (...) Los talibán se niegan a definir el estado afgano que se proponen constituir y dirigir, en gran parte porque no tienen idea de lo que quieren (...) Ninguna facción dirigida por un señor de la guerra se ha sentido jamás responsable de la población civil, pero los talibán son incapaces de emprender siquiera la mínima labor de desarrollo, porque creen que el Islam se ocupará de todo el mundo. En otra obra (Yihad, Barcelona, Península, 2003, p. 23), Rashid escribe: Los nuevos grupos yihadi no tienen ningún programa económico, ningún plan de gobierno o de creación de instituciones políticas, ni proyecto alguno que permita la participación democrática en el proceso de toma de decisiones de sus estados islámicos futuros. Confían en un único lider carismático, un emir, más que en cualquier organización constituida democráticamente o partido para gobernar. Piensan que el carácter, la piedad y la pureza de su líder, y no sus capacidades políticas, le permitirán dirigir la nueva sociedad (...) Están igualmente obsesionados por el cumplimiento de la sharia (la ley islámica). Sin embargo no ven en la sharia un medio para crear una sociedad más justa, sino sólo un instrumento para regular la conducta personal y la forma de vestir de los musulmanes...

7 Por ejemplo, en El País del 12 de marzo, J. L. Cebrián: “Terrorismo en El Pozo”, F. Savater: “Autopsia”, I. Sánchez-Cuenca: “ETA mata y se suicida”, R. Alonso: “El espejismo del IRA”, J. Ramoneda: “Al estilo Al Qaeda”, E. Ekaizer: “En la mira de ETA y de Osama”, J. Marías: “De buena mañana”, J. Pradera: “Ni ley del Talión ni rendición”, A. Muñoz Molina: “Con plomo en las entrañas”. En La Vanguardia de la misma fecha, W. Laqueur, en “Madrid”, señala que el atentado se trata de un anticipo de lo que está por venir, K. Aulestia: “Las horas de silencio”, M. Carol: “El 11-M”, S. Cardús i Ros: “No es un análisis: sólo un balbuceo”, F. Ónega: “¿Quién puede ser tan criminal?”, F-M. Alvaro: “Actores sin máscara”, F. De Carreras: “Contra el fanatismo”. En El Mundo del mismo día: F. Jiménez Losantos: “Madrid- Perpiñán”, Esperanza Aguirre: “No podrán con la libertad y la ley”, R. Regás: “Barbarie y muerte”, A. Ruiz Gallardón: “Trenes llenos de vida”, C. García Abadillo: “Terrorismo, contradicciones y cintas coránicas”, V. Prego: “Jamás lo olvidaremos”, R. Del Pozo: “Nuestro 11-M, atacaron al corazón”, M. Sintes: “Estar a la altura”, T. Fernández Auz: “Malditos asesinos”, F. Umbral: “Detener el aire”.

8 La concentración reune en Madrid unas 5000 personas, y alrededor de 3000 en Barcelona. También de producen en Bilbao, Oviedo, Gijón, Las Palmas, Palma de Mallorca, Alicante, Valencia, Badajoz, Burgos, Santiago, Granada, Sevilla y Zaragoza.

9 En fecha posterior, la fiscalía de Madrid ha archivado las denuncias al considerar que no constituían delito de injurias, calumnias o propaganda ilegal y que no tenían como fin influir en la intención de voto de los ciudadanos.



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