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Michel Broué, matemático, director del Institut Henri Poincaré y profesor en la Universidad París-VII, da testimonio sobre su amigo Laurent Schwartz (1915-2002), fallecido el 4 de julio de 2002, uno de los más grandes matemáticos del siglo XX e infatigable defensor de los derechos humanos. Laurent Schwartz era miembro de honor del consejo internacional de apoyo a Iniciativa Socialista, lo que nos honraba y honra. Ha muerto un amigo, ha muerto un maestro. |
Ha muerto un hombre luminoso, en todos los sentidos del término.
El que haya fallecido a los 87 años no disminuye en nada nuestra inmensa
tristeza.
"Yo soy un matemático". Así comienzan sus memorias, publicadas
en 1997. De todos los matemáticos franceses que han marcado profundamente
la ciencia del siglo XX con su obra, Laurent Schwartz es, sin ninguna duda,
el más conocido en los medios científicos. El papel de bisagra
entre la física y las matemáticas jugado por su "teoría
de las distribuciones" y el aspecto espectacular, a menudo milagroso, de esta
teoría, así como la atención constante que dedicó
a las aplicaciones de sus matemáticas, explican que mucho científicos
estén familiarizados con su nombre y con su obra. El lugar singular,
extraordinario, que ha ocupado durante años en el seno de la universidad
francesa, su encanto y su talento como orador y como pedagogo, también
han contribuido a su renombre.
Pero Laurent Schwartz fue igualmente, durante toda su vida, un militante de
izquierda y un hombre público activo e influyente, por lo que también
es conocido fuera de los medios científicos.
La densidad y variedad de su vida son literalmente asombrosas. Desde 1936,
se hace trotskysta y, por tanto, lúcido en cuanto a los crímenes
y engaños del estalinismo. De forma simultánea, se convierte
en miembro activo del colectivo matemático Bourbaki. Aún trotskysta,
y judío, durante la ocupación nazi, descubre la teoría
de las distribuciones en noviembre de 1944, se presenta después a
las elecciones legislativas, obtiene la medalla Fields [equivalente a un
premio Nobel de matemáticas] y en Nancy llega a ser secretario departamental
de la FEN [sindicato de enseñantes]. Desarrolla las consecuencias
de su teoría de las distribuciones, en 1958 se implica en la enorme
tarea de la reforma de la escuela Politécnica a la vez que lucha contra
la guerra de Argelia y contra la tortura que era entonces practicada habitualmente.
Miembro activo del comité Audin, después del Tribunal Rusell
y presidente del Comité Nacional Vietnam, así como militante
del Comité de matemáticos que sacó a Léonid Pliuchtch
del hospital psiquiátrico especial en que estaba encerrado en la URSS,
se implicó en la reforma y defensa de la universidad y de la investigación,
presidiendo el Comité nacional de evaluación, de forma paralela
a la continuidad de su investigación matemática.
Testigo y actor fundamental de una época y de una generación
que han dado algunas de las más grandes fugaras de la humanidad, Laurent
Schwartz era un gran hombre, en todos los sentidos del término. Un
hombre excepcional, con un estilo muy particular: en él, el rigor y
la precisión entraban en simbiosis con la capacidad de reírse
de sí mismo y con el humor. La aparente indiferencia y la objetividad
que mostraba hacia su propia vida, incluso cuando se hacía dramática,
no podían ocultar ni una inmensa ternura ni las indignaciones profundas
que le afectaban, aunque nunca a voz en grito ni proclamadas a los cuatro
vientos, sino siempre matizadas. La inteligencia de Schwartz brotaba en todas
sus palabras, en todas sus actitudes.
Su personalidad fuera de lo común, su rectitud, su rigor, su generosidad
y su humanidad han hecho de él una referencia para varias generaciones
de científicos y de militantes.
Profesor en la Facultad de Ciencias de París, Laurent Schwartz escogió
París 7 al crearse las universidades en 1970. Después fue destinado
provisionalmente a la Escuela Politécnica, terminando su carrera universitaria
de nuevo en París 7.
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