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La contabilidad trucada

José María Mendiluce

José María Mendiluce es escritor y europarlamentario. Artículo aparecido en El Periódico, 26 de noviembre de 2000

Durante esta semana, representantes de 180 países debían haber tomado las decisiones oportunas para que pueda entrar en vigor el Protocolo de Kioto sobre reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que están provocando el calentamiento global del planeta y que debería ser ratificado en el 2002. Los retrasos y las diferencias en la ratificación de los compromisos de Kioto reflejan la ausencia real de nuevos principios políticos que condicionen la vida económica para que, sumados a los de la libre competencia o la productividad, regeneren nuestro ciclo energético y de producción con criterios de sostenibilidad.

Principio de prevención. La ciencia se muestra, cada día más, capaz de enfrentarse a nuevos retos. El debate genético y la industria que puede desarrollarse a través de los avances en este campo, deberían animar una reflexión no sólo ética sino también de prudencia. Debemos de tener "más tiempo" para evaluar mejor las consecuencias de nuestros avances científicos o industriales. La complejidad e interrelación del conjunto de sistemas genera nuevos escenarios que en muchos casos no podemos preveer. Actuar sin precaución, puede alejarnos del progreso y hacernos retroceder de manera imprevisble. No podemos competir a riesgo de traspasar umbrales de seguridad alterando los ritmos científicos con exigentes ritmos económicos.

Principio de seguridad. La salud, la seguridad de los trabajadores y consumidores, no debe estar sometida simplemente al cumplimiento poco riguroso de normativas que no contemplan todos los escenarios. La productividad acelerada no por el consumo, sino por la necesidad de ventas y de posicionamiento de producto frente a la competencia, nos lleva a alterar los ciclos de la vida. Y acabamos con vacas que se comen, a través de las harinas animales, a sus propias madres o los despojos de sus colegas de pasto y granja. Y alterar la seguridad nos envenena y nos mata.

Principio de eficiencia. El mantenimiento de nuestros sistemas de producción y distribución debe de ser revisado a fondo. Se calcula que "se pierde" casi el 20% de la energía o del agua, por ejemplo, en la distribución de dichos servicios. Nuestros sistemas priman la rapidez antes que la eficacia. Y no existen propuestas serias para incorporar una cultura del ahorro y de lo finito en nuestra vida.

Principio de caducidad. Los productos caducan. Y las energías no suelen renovarse. Por lo tanto, debemos garantizar que las corporaciones y las empresas se vinculen al ciclo vital de sus productos y servicios. Y se comprometan a sistemas de reciclado, de almacenaje seguro y de eliminación no contaminante de sus residuos. La industria nuclear, civil o militar, por ejemplo no contempló que dicha energía ofrecía un espejismo de rentabilidad. La no incorporación de los principios de prevención, seguridad, eficiencia y caducidad ha convertido a la energía nuclear en obsoleta, y lo que es peor, en potencialmente muy peligrosa por muchos años. Quizá siglos. Y lo ecológico nos sitúa en un dimensión internacional permanente. Chernóbil nos avisó. Las nubes radiactivas que contaminaron con su lluvia ácida la mitad de los bosques europeos no conocían fronteras. Como el control del riesgo nuclear radiactivo de la flota nuclear rusa o británica se detiene por una frontera diplomática.

Hay que decir claramente que ni el Tyreless (en Gibraltar), ni el Kursk son asuntos "internos" de sus gobiernos. Hemos tardado mucho en incorporar el principio de injerencia humanitaria en las relaciones internacionales cuando se cometen genocidios o violaciones masivas de los derechos humanos. Hoy debemos de teorizar y practicar una injerencia ecológica, y por lo tanto una injerencia por la vida, la salud y la seguridad, que nos permita desmontar tanto cinismo que esconde graves responsabilidades. Y por ello necesitamos otra contabilidad, con nuevos y reales indicadores que deben de ser incorporados en los balances económicos y en las cuentas de resultados de las corporaciones multinacionales y de las economías nacionales o regionales. Nos va el futuro en ello.

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