PRESTIGE:
LA RESPONSABILIDAD DE LOS IRRESPONSABLES
José María Mendiluce
Sobrecogidos por la tragedia vivida, conscientes de que lo peor está,
quizá, todavía por venir, solidarios con las miles y miles
de familias afectadas por el desastre, desolados por la magnitud del drama
ecológico, indignados por la escandalosa incompetencia de las autoridades
autonómicas y del gobierno central en la no prevención y en
la no gestión de la crisis,...estas serían algunas de las emociones
que han provocado en muchos de nosotros los sucesos evitables y no evitados
que empiezan con el Prestige. Pero no basta. La indignación debe dar
paso a la acción y al desmontaje de algunos argumentos falaces que
el PP está utilizando para "echar balones fuera", costumbre habitual
que forma ya parte del manual del perfecto pepero.
No es verdad que la culpa la tenga la Unión Europea o sus instituciones,
sino los estados miembros. La normativa comunitaria, aunque mejorable, ofrece
garantías legales suficientes, si los estados, en este caso el español,
pusieran los medios para su cumplimiento. Es una vergüenza sin paliativos
que España, el país de más costa de la Europa continental,
que tiene más recursos pesqueros y marisqueros, de los que viven
más familias que en ningún otro país de la Unión,
sea el menos interesado en fortalecer la legislación comunitaria en
materia de seguridad de tráfico marítimo.
Es vergonzoso que no se disponga de medios de control de las aguas jurisdiccionales,
que no se haya promovido la creación de una Guardia de Fronteras Marítima
comunitaria, encargada de velar por el cumplimiento de la normativa
de seguridad y de detener o expulsar de nuestras aguas a los que la contravienen.
Por tanto, en prevención: cero.
Es vergonzosa la total falta de recursos para controlar, reducir, limitar
el impacto medioambiental de las catástrofes una vez producidas. La
descoordinación entre instituciones, las mentiras sobre la envergadura
de la crisis, el descontrol total de los equipos de voluntarios, la no puesta
en acción de recursos militares, la desidia en solicitar o aceptar
los apoyos de otros países, que ha retardado por días
y semanas la disponibilidad de buques y expertos de Francia, Alemania
y Reino Unido.
La irresponsable actitud del Gobierno, a través de todos sus responsables,
así como la de la Xunta, con su presidente a la cabeza, de cacería
en medio de la tragedia, tiene una gravedad inusitada, de la que pueden inferirse
responsabilidades penales. Es por ello que en los próximos
días Los Verdes presentaremos una denuncia ante el Fiscal General del
Estado, contra los ministros de Fomento, Alvarez Cascos y Medio Ambiente,
Jaume Matas, por considerar que su actuación negligente y dejación
de rersponsabilidades en materia de prevención y control en relación
con la catástrofe del "Prestige", constituye un delito de "prevaricación
ecológica" tipificado en el Código Penal en los artículos
235 y 239, que se refieren a la "dejación de responsabilidades" que
traen comno consecuencia "el agravamiento" de los daños sobre el medio
ambiente.
Pero hay, además, que insistir en algunos elementos asociados a este
lamentable suceso que me gustaría resaltar. Europa y su economía
dependen de una forma exagerada del petróleo, combustible productor
de gases de efecto invernadero, responsables del cambio climático.
Cada año importamos petróleo equivalente a la carga de 4.500
barcos como el "Prestige". Y esto tiene que cambiar. Sólo promoviendo
el uso de la energía eólica, podría Europa producir el
equivalente a 3.000 cargas de "Prestige". Y existen otras fuentes de energías
alternativas, como la solar. Por mucha normativa y prevención, por
mucho refuerzo en los dispositivos de limpieza posteriores a los accidentes,
reducir los riesgos pasa por reducir el tráfico de ésta y otras
substancias peligrosas, reduciendo su consumo.
Si el planeta herido nos advierte cada día con más crudeza
del deterioro de la vida en todas sus formas y de los riesgos de un modelo
de desarrollo depredador, desasatres como el "Prestige", a muchos niveles
irreparable, debe sevirnos para reflexionar sobre nuestra propia locura: Nos
estamos suicidando como especie, arrasando con equilibrios frágiles
y destruyendo cada día otras formas de vida.
La indignación, la reclamación de responsabilidades concretas
y políticas, debe acompañarse de reflexiones también
más amplias. Accidentes como el de Chernobil, que evidenciaron con
crudeza inusitada los riesgos de la energía nuclear, y como el del
"Prestige" y una larga lista de sucesos similares, deben llevarnos a meditar
sobre a qué costos de seguridad y de futuro estamos dispuestos a comprar
unos beneficios aparentes a corto plazo, sobre todo para las empresas energéticas
y sus poderosos lobbies, empeñadas en frenar el desarrollo de energías
renovables y seguras, y en utilizar, para abaratar costos, buques obsoletos,
banderas de conveniencia, tripulaciones subcontratadas y todo tipo de trucos
de dudosa legalidad para evitar responsabilidades financieras y/o penales
en casos como el que nos ocupa.
Legislación más estricta, recursos para que se cumpla, medios
de prevención y de emergencia, refuerzo de la cooperación europea....y
responsabilidades penales y políticas para tanto charlatán,
falaz, irresponsable y demagogo que anda suelto en las instancias de poder.
Y de paso...pensemos el futuro de manera más segura y con más
porvenir: avancemos hacia otro modelo energético.
Y no puedo terminar sin expresar mi apoyo a los miles y miles de afectados
directamente por este desastre. Su dolor debe ser el nuestro, porque
todos hemos perdido con esta tragedia. Menos aparentemente, Aznar, que no
ha tenido a bien modificar su apretadísima agenda para visitar Galicia
y dar la cara. No basta con se saque fotos con Chirac en Málaga. Porque
ya está con el fuel hasta el cuello.
noviembre 2002