Ir a página principal de Iniciativa Socialista
Ir a archivo de documentos
 

Libertad por seguridad

José María Mendiluce

 

Los que, contra el terror, están a favor de una coalición militar, deberían, al mismo tiempo, forjar una coalición global de la sociedad civil contra el totalitarismo"

Daniel Cohn Bendit

El pasado 11 de septiembre saltaron muchas cosas por los aires, y otras cayeron al suelo. Entramos, sobrecogidos, al siglo XXI. Acabó, dramática pero finalmente, la guerra fría. Nos dimos cuenta de que teníamos que repensar muchas cosas…y que estábamos viviendo ya en la ciencia ficción, pero con muertos reales. Tras esos ataques, el mundo es más invibible, hay más dolor y más miedo. Y ambas cosas, son tristes y favorecen poco a las libertades. Hemos aprendido que desde la pequeña navaja, hasta las más mortíferas tecnologías de destrucción nuclear, química y bacteriológica pueden estar, o están ya, en manos de movimientos criminales que se nutren de la desesperación provocada por un mundo insostenible.

Calmados ya los primeros gritos de venganza, parece imponerse una relativa sensatez, pero que oculta peligros que no podemos silenciar o pasar por alto. Están en juego muchas cosas, bastantes libertades, nuestro futuro colectivo como humanidad, afligida por el terror y el horror en todas sus formas. Insistamos en la rotunda condena a los atentados del 11 de septiembre. Y por favor, no añadamos ningún "pero…", pues todos ellos suelen camuflar variadas y veladas (cuando no descaradas) formas de justificación.

Que un conjunto de criminales de la peor especie, teócratas misóginos enfermos de odio y fanatismo, ambiciosos de un poder totalitario aniquilador de cualquier espacio de libertad, traten de erigirse en representantes de los oprimidos o marginados es patético e intolerable. Y más aún que logren confundir a algunas mentes predemocráticas, que caen hoy en la trampa de pensar que, efectivamente, de alguna manera, bandas de variados talibanes oscurantistas representan siquiera a los ciudadanos musulmanes llenos de agravios. Justificar el estalinismo porque los obreros sufrían explotación, o a los terroristas islámicos porque Israel viola los derechos palestinos, es una tentación simplista de consecuencias lamentables. Los que han cometido los crímenes del 11 de septiembre no representan a ninguna religión, etnia o cultura: sólo representan la versión moderna de los viejos fascismos, la ambición de poder total desde la destrucción de todas las libertades y derechos de todos, musulmanes y cristianos, ateos y animistas, budistas y judios. Grupos todos que han puesto su cuota de muertos en la magnífica y multicultural ciudad de Nueva York.

Paradójicamente, cuando no se tiene nada, no se aprecia la libertad, siendo ésta la precondición para empezar a tener algo, aunque sólo sean esperanzas. Hemos prostituído tantas veces tantos conceptos, como derechos humanos, libertad, democracia, los hemos negado en la práctica en tantos lugares, que la realidad ha desmentido la sinceridad de nuestro discurso. Y todos esos valores aparecen como mera retórica oportunista para consolidar la injusticia y la miseria de tres cuartas partes de la humanidad. No nos extrañe por tanto que haya muchos caldos de cultivo para la desesperación que lleva al fanatismo a algunos, desengañados ante la dificultad de lograr la libertad y engañados por el supuesto atajo del terror. Pero no lo justifiquemos nunca.

Como tampoco está todo justificado en términos de la imprescindible reacción internacional. Hoy más que nunca se impone la reflexión y la ética, porque si aplaudimos acríticamente que se haga cualquier cosa, estaremos apoyando intereses que, basados en opiniones públicas traumatizadas, suelen esconder fines que no se corresponden con el objetivo declarado, y que nos pueden acercar a todos aún más hacia el abismo. Y estamos ya en el borde. La necesaria persecución de los terroristas no debe servir de excusa para agredir indiscriminadamente a poblaciones civiles inocentes que ya sufren las consecuencias de regímenes teocráticos o totalitarios, ni para que en nombre de la Santa Alianza, abandonemos los derechos de otras poblaciones atrapadas por gobiernos que se unirán a ella a cambio de que nos olvidemos de la naturaleza o de las prácticas de sus regímenes. Pienso en Tibet, en Chechenia,…y que cada cual añada su causa.

Sí. Queremos el castigo de los culpables de este crímen contra la humanidad. Y no somos sospechosos, pues lo hemos exigido para Pinochet y Milosevic, para los crímenes de Srebrenica, Ruanda o Sabra y Chatila. Y para tantos otros. Y queremos que la justicia no sea subjetiva, sino que respete el derecho. Por eso estamos también por el Tribunal Penal Internacional. Menos "vivo o muerto" y más tribunal.

Porque hoy más que nunca, aunque quieran silenciarnos con el maniqueísmo de "conmigo o contra mí", estamos convencidos de que sólo el multilateralismo, tan ausente, tan desprestigiado por unos y por otros, es la garantía para la gestión democrática del planeta/aldea. Cooperar y compartir miedos, retos, soluciones y propuestas, acciones y determinación, requiere no una sumisión vergonzosa a los dictados de la potencia herida, sino fortalecimiento de las estructuras globales que pueden legitimar las respuestas, desde la militaro/policial a las más amplias y preventivas, que son la globalización de los derechos humanos y de la libertad y el progreso sostenible. O sea, lo contrario de lo que proponen y proclaman un crecido Aznar y su perdido gobierno.

Hoy hace falta más ONU, otra ONU. Hace falta más derecho internacional, más respeto a los tratados, más compromisos con el futuro de todos…es decir lo contrario a lo que ha venido haciendo Bush desde que asumió la presidencia de los EEUU. Romper el Protocolo de Kioto, no firmar el tratado contra las minas antipersona, ni el del TPI, no respetar el de armas bacteriológicas, no pagar las millonarias y longevas deudas con la ONU… no han sido precedentes positivos para forjar alianzas durables basadas en el respeto mutuo y en los derechos de la humanidad.

Hemos pensado algunos que corrían malos tiempos para la defensa de posiciones críticas y transformadoras. Ya no lo creo. Porque si somos capaces de alejar de nosotros a los que todo lo confunden y justifican, el movimiento por otro mundo posible tiene más fuerza que antes. Deben saber los gobernantes que estamos aquí. Emocionados y solidarios con las víctimas. Dispuestos a apoyar que se haga justicia. Pero que tenemos una agenda mucho más amplia, creativa y constructiva que ellos. Porque a nosotros sí nos importa el género humano y su libertad, mucho más allá que las corporaciones y sus beneficios, que las próximas citas electorales, en las que, sin embargo, nos veremos las caras.

Frente a los que quieren sacrificar libertades en nombre de la seguridad, estamos los que sabemos que sólo se está seguro cuando se contagia libertad. Y que esa es la única seguridad duradera. Aunque, a veces, se logre con desembarcos como el de Normandía que, por cierto, hicieron los norteamericanos.
 
Ir a página principal de Iniciativa Socialista