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Desde hace años, la modernización de la izquierda se ha interpretado y se ha aplicado como la adaptación más mimética posible a las exigencias del mercado y a la ideología neoliberal. Se ha considerado modernización, medidas y políticas lesivas para el conjunto de la población con tal de satisfacer las exigencias de los grupos dominantes. Ahora, después del batacazo electoral, se anuncia como modernización de la izquierda la adaptación sin más al proceso de desagregación social que produce la economía virtual y financiera. A eso se le añaden algunas gotas de humanitarismo solidario y preocupación por la vida cotidiana y esa es la diferencia específica de los progresistas.
No es cuestión de hacer un discurso sobre las maldades del capitalismo actual, en relación a los desastres del mundo, sino de situar una propuesta diferente que ponga la hominización (el alejamiento de la pulsión animal -según Morin) en el centro de las preocupaciones de la izquierda y de la sociedad.
Es un lugar común de todos los pensadores, incluídos los liberales, destacar la apertura de las brechas inmensas entre las condiciones de vida de los seres humanos en función de su lugar territorial y social de nacimiento. Todos los días somos golpeados brutalmente por la realidad de miseria y muerte que recorre el planeta, todos los días sentimos de nuevo la impotencia de no hacer nada, más allá de los momentos cúlmen de las catástrofes para cambiar esa situación, todos los días contemplamos cómo ese estado de cosas no entra en las prioridades de nuestras organizaciones políticas. Es un gran ejercicio de cinismo social y político dar de espaldas a esa realidad que nos afecta a todos como humanidad, como hace Vargas Llosa, al decir que hay que balancear el capitalismo catastrófico de Tailandia, Rusia, el Sudeste asiático y América Latina con el exitoso de Irlanda, Nueva Zelanda y España (ejemplo extremo de cinismo burdo y ahistórico). Hasta el mismo Cambdessus señala al hacer balance de su gestión al frente del FMI: "después de la liberalización del capitalismo, debemos abordar la corrección de sus excesos". Ninguna perspectiva de cambio en la izquierda puede no situar una política universalista frente a la tendencia endogámica de mirar para otro lado y regodearse en la satisfacción del primer mundo.
Una de las grandes victorias de la derecha española es su avance ideológico sobre la sociedad, la falsedad y zafiedad de sus mensajes han ganado mucho terreno, pero han avanzado porque la izquierda abandonó hace mucho tiempo la defensa de sus valores identitarios, hoy sólo reducido a una defensa desvaída del Estado del Bienestar. Los mensajes de Piqué tienen sus antecedentes en los mensajes de Boyer-Solchaga; la falta de reflejos de la sociedad ante la ofensiva conservadora tiene que ver con la política de anulación de la memoria colectiva, puesta en marcha por el PSOE hace muchos años. El que hoy se pueda atacar desde la misma izquierda a Cristina Almeida como "coñazo sesentayochista", es expresión de las dudas que producen los valores de la izquierda en la misma izquierda. El abandono de la memoria, como ha mostrado palmariamente N. Sartorius en su "Memoria Insumisa", la tabla rasa sobre lo sucedido reduce a límites insospechados el sistema inmunológico de la democracia. No es cuestión simplemente de adaptación a los pensamientos y ausencias políticas vigentes para lograr nuevas y mejores expectativas electorales, eso no conduce a ningún sitio, sino al deterioro profundo de la sociedad democrática.
En contra de las afirmaciones sobre inservibilidad de la ideología, uno de los grandes avances de la ofensiva conservadora es su avance ideólogico facilitador de su ofensiva económica y material. Las claves de la individualización, entendida como proceso de anomía social y política, no como afirmación de libertad y capacidad de manejo de su vida por cada ser humano, están en el discurso hobbesiano del hombre lobo para el hombre que se marca a sangre y fuego en nuestras sociedades, sin ninguna contestación más que marginal desde el ángulo de la solidaridad y la acción humanitaria.
Se puede hablar de modernización desde la izquierda, por supuesto, pero la modernización de la izquierda parte de supuestos diferentes a la modernización dominante de la derecha que es la entrega a los superbeneficios bursátiles de todos los recursos humanos y naturales del planeta.
Modernización en las propuestas de la izquierda, por supuesto, pero como modernización de modelo, no como adaptación a la derecha. ¿Por qué son modernas las hambrunas africanas, los contratos laborales de un día, el incremento de la mortalidad infantil, las barreras a la inmigración y no lo son la reorganización del comercio mundial, los tribunales internacionales, la defensa del equilibrio medioambiental, el gobierno europeo o la modificación de los sistemas de defensa? Modernización asumida como avance de la condición humana.
Europa es un caso claro de la impotencia de la izquierda para imponer la política sobre los intereses privados. La última cumbre de Lisboa ha ratificado el pavor de los dirigentes de la izquierda para enfrentarse a la lógica de los grandes beneficios especulativos, para situar en primer lugar el bienestar de las personas y los derechos de las mismas. Con mayoría de izquierdas en el Consejo de la Unión, éstas se han plegado a las exigencias de Aznar y Blair, con la honrosa excepción de Jospin. Pero el tema no es de coyuntura. Cuando hace cuatro años empezaba el giro político a la izquierda en todos los países de la Unión, excepto España, se habría una posibilidad cierta de vislumbrar una construcción europea acaudillada desde el progreso y no desde el conservadurismo, la izquierda se encontró sin capacidad de responder al reto. Involucionando hacia planteamientos de carácter nacional, no sólo no fue capaz de superar los criterios impuestos por la derecha hace más de 10 años, sino que abandonó la construcción europea a su suerte y a los cruces de intereses nacionales. La discusión sobre la Agenda 2000 y el Presupuesto, la cumbre de Florencia sobre el empleo fueron la muestra de la incapacidad y falta de decisión para presentar un nuevo proyecto a los europeos, y en ese languidecer, la Política de Seguridad Común no existió en el conflicto de Kosovo y el logro más preciado del anterior periodo: el euro no hizo mas que perder posiciones respecto al dólar.
La izquierda contempla el devenir como un sujeto pasivo. La máxima expresión de esa pasividad es la Tercera Vía de Blair-Schröeder donde su actuación se mueve siempre en el marco de la adaptación a las exigencias de los poderosos y su política se formula en la periferia de los problemas. Siguiendo con el ejemplo europeo, es periférico dentro del PIB europeo la aportación al presupuesto comunitario; son periféricas dentro de ésste los presupuestos para el reequilibrio social; son periféricas las medidas sobre el empleo (exceptuando Francia); es periférico el Parlamento Europeo; es periférica la PESC; y lo que culmina todo es que es periférica la construcción de Europa en los proyectos de la izquierda siempre sometida a los vaivenes de la opinión pública nacionalista. La izquierda europea en lugar de plantear un proyecto europeo nuevo, con ejes y objetivos alternativos a los de la derecha, se llena de consensos generalistas con la misma, dejando pasar un momento excepcionalmente importante (la mayoría de gobiernos progresistas en Europa) para llevar a la práctica esta propuesta. Así, a nadie nos debe extrañar el limitado peso del proyecto europeo en la opinión pública que, de acuerdo al Eurobarómetro 2000, sólo el 10 % lo considera como el componente más importante de su nacionalidad.
Dentro de esta política de eludir los problemas y el conflicto, en lugar de buscar las mayorías sociales que permitan lograr cambios en profundidad, la izquierda modernizada se adapta a los tótems ideológicos de la nueva economía, de la nueva derecha, del centrismo universal. ¿Cuáles son los tótems de la nueva modernidad? Vamos a detenernos en cuatro de ellos, los más omnicomprensivos, junto a las ideas fuerza que los expresan socialmente:
- Sociedades abiertas y competitivas: ¡¡Enriquecéos!!
- Sociedad de la Información y el conocimiento: Igualdad de oportunidades.
- Recursos para el individuo y no para el Estado: Libertad de elección.
- Trabajadores como accionistas: Ya no hay clases, el capitalismo popular.
Todos estos elementos, articulados de diversas formas, son los que configuraran los "nuevos discursos" de la modernización de la sociedad, a los que la izquierda no es capaz de contraponer una alternativa ideológica y política. Se transforman en lemas y axiomas obligados e incuestionables. Son magníficos paradigmas que envuelven y embelesan a los dirigentes oficiales del progresismo. Sin embargo, estamos ante tremendos paradigmas eufémicos, mascarones de imagen que ocultan la oligopolización antidemocrática del poder. Todos y cada uno de ellos nos ocultan la traslación de los centros de decisión de la esfera democrática y pública a la privada y autocrática.
No podemos negar, sino todo lo contrario, el cambio que el proceso denominado globalización ha introducido en la vida económica y en la vida de las personas, sobre todo en las sociedades occidentales. No podemos negar, sino afirmar, el conjunto de elementos positivos que aporta dicho proceso a la lucha por la libertad y la dignidad humana. No podemos negar, sino afirmar, el sentido progresivo que tiene la revolución en la comunicación y en el conocimiento para todos los seres humanos. No somos de aquellos que se acantonan en nostalgias de guerra fría, o que conceden un carácter aunque sea mínimamente progresista, a la monstruosidad totalitaria que llevó el nombre de comunismo, o que pretenden volver a los tiempos dorados de la socialdemocracia europea y el keynesianismo. Asumimos nuestras limitaciones, pero no corremos detrás de afirmaciones vacuas que ocultan nuevos totalitarismo y monstruosas desigualdades.
Hemos tomado cuatro axiomas de la nueva modernidad simplemente para establecer un punto de conexión de gran transcendencia para la izquierda. Todas ellas configuran un conjunto marcado por dos imaginarios:
- La libertad del individuo para acceder a todo (conocimiento, riqueza, cultura)
- La posibilidad de mejorar si todo queda en nuestras manos (menos impuestos, elegibilidad de los recursos básicos, competitividad individual) y no del Estado protector (burocrático, despilfarrador, baja calidad de los servicios, bloqueo a la riqueza económica).
Sin embargo, hay dos grandes paganos de este modelo: la democracia y el bienestar colectivo, ni más ni menos.
Los cuatro paradigmas se basan en la difuminación del poder democrático (instituciones y sociedades sin control colectivo) y la afirmación del poder económico como la fuente fundamental de legitimidad.
Las sociedades abiertas, son sociedades sin recursos frente al dominio del poder económico. Las sociedad abiertas se transforman en grandes mercados y fuentes de recursos para ser utilizados sin límite ni control.
La sociedad de la información y la comunicación, a la vez que provoca la mayor socialización de la historia del conocimiento y la información, se soporta en uno de los procesos de oligopolización más grandes de la economía moderna.
La individualización de los recursos y la disolución del papel reequilibrador del Estado conduce a la sustitución de la justicia social y la igualdad por la caridad y el humanismo solidario; sustituye derechos por mendicidad.
El capitalismo popular da cobertura a la estructura más antidemocrática y obsoleta de ejercicio del poder, donde las partes no tienen ningún control sobre el todo, donde los millones de trabajadores-accionistas son un mero cero a la izquierda en la toma de decisiones.
¿No existe forma de contraponerse a ese conjunto de afirmaciones y valores? En mi opinión, sin duda. ¿Desde dónde? Desde la esfera de la política. La contradicción inherente al proceso es que, a medida que se socializan cada vez más las relaciones humanas y el conocimiento, se separan más y más la toma de decisiones y la participación democrática. El ejercicio de los derechos se sustituye por los sondeos de opinión (fuente de legitimidad, basada en una gran manipulación). Esa contradicción tiene en sí una gran carga de conflicto, al enfrentarse tendencias contrapuestas como son la accesibilidad a la información y la inaccesibilidad al control democrático. Sin embargo, el capitalismo actual, la nueva economía, no puede renunciar al sistema democrático, no puede trasladar el autoritarismo vertical de su dominio de la economía al dominio de las instituciones, no puede eliminar el peso de valores sustanciales en la sociedad moderna como los derechos humanos. Por eso, las corrientes antidemocráticas se expresan en los márgenes de la política oficial y provocan reacciones importantes, incluso en las mismas corrientes políticas de derechas. Los grandes movimientos de capital, las grandes operaciones de la economía virtual, se dan con una cobertura política de tibios tintes progresistas y democráticos. La era Clinton refleja ese avance impetuoso de la economía sobre la base de la desregulación, pero a la vez sobre la afirmación de los derechos humanos y la democracia (independientemente de los límites de su propuesta y del carácter subsidiario de los derechos respecto a la economía), la extensiòn de su política internacional se mueve en los mismos parámetros y las mismas banderas: ver Bosnia, Kosovo, Centroamérica, Cono Sur, Indonesia… La corriente de la nueva economía es impetuosa, pero la corriente de los derechos humanos y la democracia también lo es.
La modernización de la izquierda pasa, en primer lugar, por una apuesta profunda por la sociedad y la democracia; por la intransigencia en el respeto a los Derechos Humanos; por la intolerancia con los intolerantes; por el control democrático de la economía, por el respeto al medio ambiente y a la sostenibilidad del desarrollo; por el derecho a la ingerencia ante cualquier drama humano.
De ahí que el primer elemento de modernización de la izquierda pasa por la afirmación de la política como forma de acción colectiva. Tal y como señala Josep Ramoneda en "Después de la Pasión Política":
"El lugar en que el sujeto expresa su voz en los procesos de construcción comunitaria es la política(…). La política -como espacio autónomo que reconoce la palabra a todos los sectores sociales- es el único poder que puede ejercer de contrapeso al poder económico. Por eso el liberalismo económico desprecia la política democrática". Las estrellas mismas del universo de la derecha, son la expresión máxima de lo que señala Ramoneda. ¿Alguien puede calificar de democrática la Junta de Accionistas de Vilallonga en Telefónica?: exclusión de los pequeños accionistas, negación de la palabra a la mayoría, voto censitario, acuerdos privados. Ese es el modelo que se busca trasmitir a la sociedad, la sustitución de la satisfacción y el placer humano por la ganancia, la cuantitativización del bienestar, cuando éste es un concepto cualitativo. La defensa de la libertad y dignidad humana no pasa por su mayor capacidad de creación de beneficios y de competitividad, sino porque ellos sean base de la humanización de la sociedad.
Algunos bloques de reflexión se nos plantean. Las respuestas, en cada uno de ellos, van, sin duda, vinculadas a los aspectos más generales anteriormente esbozados:
-Proyecto Universalista.
- Internacionalización de los Derechos Humanos.
- Consolidación y extensión democrática.
- Satisfacción de las necesidades y distribución de la riqueza.
Desde estos referentes más globales podremos abordar temas como:
Modernización en lo económico:
Desarrollo de las capacidades tecnológicas existentes; liberalización de mercados y liberalización de la competencia; regionalización de la economía bajo control democrático, ruptura del Estado Nación hacia magnitudes superiores. Mercado Virtual y Mercados. Reforma del comercio Mundial. Tasa Tobin
Modernización del trabajo:
Productividad individual y colectiva. Reorganización de la jornada laboral. Trabajo en Red y Trabajo Social.
Modernización del Estado:
Cobertura de las necesidades de la sociedad; Estado y sociedad del bienestar; ruptura de la corporatización de la Administración; sometimiento a los principios de calidad y rendimiento del servicio público; desburocratización del servicio público.
Modernización de la Política:
Democratización y apertura de los partidos políticos y sindicatos: primarias abiertas, elección directa, financiación pública, limitación de gastos de los aparatos. Desprofesionalización, democratización y socialización de la actividad política. Reforma de los sistemas de representación política: proporcionalidad, listas desbloqueadas, listas abiertas. Sistemas de consulta directa.
Modernización de los Ejércitos:
Estructuración de las Fuerzas de Intervención en zonas de demanda humanitaria y de defensa de los derechos humanos. Desnuclearización de los Ejércitos.
La modernización de la izquierda no puede ser la asunción
de los valores y políticas de la derecha. El avance de esta última
es producto del repliegue contínuo, sistemático y de la falta
de adaptación de los sectores progresistas. Hoy, estos se encuentran
embarcados en un rumbo conservador que alimenta continuamente a aquellos
que dicen combatir. Ni lugares comunes repetidos retóricamente para
salir del paso, ni pretendidas innovaciones para situarse en el campo de
la derecha, sino una apertura sin condiciones a un cambio profundo de propuesta
a la sociedad.
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