Iniciativa Socialista (portada) Decretazo:
Aznar pierde el partido

Armando Montes

Lo recordamos bien. José María Aznar, chulo él, había declarado que no le bastaba con lograr un empate con el movimiento sindical en la confrontación provocada por el decretazo. No, él quería “ganar el partido”. Recordamos también al portavoz del Gobierno asegurando que la huelga no había existido. Y la insistencia con la que Aznar y el Partido Popular explicaban que si habían recurrido al uso del decreto-ley, reservado a casos de urgencia, era por razones de responsabilidad política ineludible.
Pues bien, tras la gran concentración sindical y ciudadana del 5 de octubre en Madrid, el gobierno de la derecha española se ha visto obligado a aceptar un retroceso en toda regla en sus propósitos. Hemos logrado una victoria. La primera gran victoria social sobre el gobierno del PP desde 1996. Un triunfo alcanzado en una fase política en la que Aznar no está mostrando precisamente un rostro negociador y dialogante, sino, muy por el contrario, inflexible e intransigente. Una fase en la que no ha vacilado en hacer algo tan escandaloso como quedarse sólo frente a la totalidad del resto del arco parlamentario para cerrar paso a la iniciativa socialista de Ley integral contra la violencia de género. Diga lo que diga Rajoy, se han “envainao” su decretazo. Aunque, verdad y prudencia obligan, convendría hacer, a fecha de hoy, dos salvedades: la primera, que aún no han cedido en lo que hace referencia al PER y los jornaleros agrícolas de Andalucía y Extremadura; la segunda, que con este tipo de gente, a la que no importa incumplir  compromisos, conviene posponer la fiesta por la victoria alcanzada hasta que realmente se plasme en la aprobación de enmiendas al decretazo en sede parlamenetaria, no sea que tengamos espantadas de última hora.
En todo caso, lo ocurrido refleja la frivolidad y irresponsabilidad del actual gobierno español. Hemos pasado por una huelga general, millones de personas han renunciado a un día de salario para poner freno a estas políticas antisociales, decenas de miles de mujeres y de hombres han padecido en sus carnes las consecuencias de una ley que  parecía tan “urgente” y que resultará, al parecer, tan breve. ¡Qué sandez!
Ahora se plantea otro importante reto: la Ley de Calidad, iniciativa clasista y clerical que, pese a su nombre, no aborda la mejora de la calidad de la enseñanza ni la reducción del fracaso escolar. En lo esencial, esta ley tiene dos objetivos: segregar y privatizar.
Esta lucha va a ser más dura y difícil. La insuficiente financiación de una polítrica educativa que, en sus principios, era mucho más avanzada y justa, ha ido acumulando malestares diversos que hoy complican alcanzar un consenso social contra la Ley de Calidad similar al logrado contra el decretazo. Y, además, el PP va a ser mucho más firme en este ámbito. Su compromiso con la Iglesia es claro: nosotros os entregamos la enseñanza, vosotros fabricáis mentalidades reaccionarias. Sera duro, pues. Pero es un reto inesquivable. La educación será el terreno de una gran confrontactión social.

octubre 2002