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Abdullah Ocalan se encuentra detenido y su proceso puede desembocar
en una condena a muerte. ¿Cuál es, hoy por hoy, la situación
de los kurdos de Turquía?
Kendal Nezan: La captura de Ocalan, llevada a cabo gracias al
apoyo decisivo de los americanos, constituye un éxito político-militar
importante para el régimen turco. Sin embargo, no significa el fin
de la lucha armada del PKK y, menos aún, el del problema kurdo en
Turquía. Ha reforzado a los partidarios turcos del tratamiento exclusivamente
militar y policial de la cuestión kurda, ha exacerbado la polarización
étnica, ha favorecido el aumento del nacionalismo turco y alejado
las perspectivas de una solución dialogada.
En este contexto, mientras el aparato judicial prepara el proceso a
Ocalan y la prohibición del partido legal pro-kurdo Hadep (Partido
de la Democracia del Pueblo), la policía arresta a miles de militantes
kurdos para “prevenir” la organización de manifestaciones populares
de protesta y reducir al silencio lo que queda de la sociedad civil. Por
otro lado, el Ejército turco continúa metódicamente
su política de evacuación y de destrucción de los
pueblos kurdos y de despoblación del Kurdistán. Actualmente,
más de 4.000 pueblos kurdos han sido barridos del mapa, más
de 3 millones de campesinos kurdos han sido desplazados a la fuerza y las
bases de la economía agropastoral han sido, en buena parte, destruidas.
Esta práctica de tierra quemada ha sido acompañada por
una política de eliminación sistemática de las capacidades
de reacción y resistencia de la población o haciendo callar
a sus portavoces eliminando los posibles testigos de la tragedia kurda.
Desde 1991, más de 4.500 intelectuales kurdos han sido asesinados
en completa impunidad por fuerzas paramilitares turcas. Se cuenta también,
actualmente, con 12.000 prisioneros políticos, de los cuales una
centena son periodistas, escritores, universitarios y cargos electos. Entre
ellos, el sociólogo turco Ismail Besikçi, que ya ha pasado
más de dieciséis años detrás de los barrotes,
condenado a dos siglos de prisión por sus escritos. Podemos citar
también el caso de cuatro diputados kurdos, entre ellos Leyla Zana,
Premio Sajarov del Parlamento Europeo, encarcelados desde marzo de 1994,
que purgan penas de quince años de prisión por delito de
opinión.
Esta tragedia se desarrolla a puertas cerradas. El acceso a las regiones
kurdas está prohibido a los medios de comunicación y a los
observadores extranjeros. Como Turquía es un país miembro
de la OTAN, aliada de EE.UU. y de Israel, los medios de comunicación
dominantes ocultan el problema y los gobiernos occidentales, que, por otra
parte tienen importantes intereses comerciales en este país, guardan
silencio.
¿Cómo explicar el rechazo del Estado turco a reconocer
la existencia de una minoría kurda e integrarla, reconociendo sus
derechos políticos y culturales?
El Estado turco está fundado sobre el dogma nacionalista de
una Turquía étnica, cultural y lingüísticamente
homogénea. Este dogma, impuesto por Mustafá Kemal Ataturk,
fundador de la República, está inscrito en las Constituciones
turcas sucesivamente promulgadas desde 1924, todas de origen militar. Esto
es así, a pesar de que durante la guerra de independencia de Turquía
los kurdos aportaron una ayuda decisiva a Mustafá Kemal que prometía
crear un Estado igualitario de turcos y kurdos, de que la primera Asamblea
nacional contara con 75 “diputados del Kurdistán” en tanto que tales
y de que Kurdistán debería, tras la victoria común,
disfrutar de una amplia autonomía.
Justamente después de la victoria los dirigentes nacionalistas
rompieron sus compromisos haciendo arrestar a los jefes kurdos que habían
sido sus aliados y proclamando el dogma de una Turquía con una sola
lengua, una sola cultura, una sola nación, y durante mucho tiempo,
un solo partido. Todos aquellos que no eran de “pura raza turca” no tenían
más que un derecho: “el derecho de ser los servidores, el
derecho de ser los esclavos”, por retomar las palabras del ministro turco
de Justicia de los años 30, Esat Bozkurt. Designado “padre de los
turcos” (Ataturk), el dictador nacionalista fue proclamado también
“jefe eterno”. Turquía, pues, vivió un periodo de fascismo
a la turca, donde, por ejemplo, se importó el código penal
de Mussolini adaptándolo al contexto turco y agravando las principales
disposiciones represivas.
A pesar del sucesivo lavado de fachada, a pesar del tránsito
al sistema multipartidista, ciertos fundamentos jurídicos de los
primeros tiempos de la República están intactos y, bajo la
apelación mística a los “principios eternos de Ataturk”,
figuran en el preámbulo de la actual Constitución turca,
impuesta en 1982 por los militares. Estos principios que constituyen la
ideología oficial del Estado turco, de la cual el Ejército
es el guardián, son intangibles, inalterables e indiscutibles. Un
poco como en la ex URSS donde no se podía poner en cuestión
a Lenin y sus principios. La llave de la bóveda de los principios
de Ataturk es la negación del pueblo kurdo, de su identidad y su
cultura. Todas las tentativas de poner este dogma fundador en cuestión
han chocado con la resistencia salvaje de los militares, severos guardianes
del Templo kemalista. En 1993, el presidente turco Turgut Özal pagó
con la vida su tímida tentativa de solución del problema
kurdo por medio del diálogo.
¿Cuál es la estructura del Estado turco?
El moderno Estado turco fue creado por el Ejército en los años
20. Toda su estructura lleva su sello. Hoy en día podemos, esquematizando,
describir este Estado como un régimen militar con fachada civil
parlamentaria. Lo esencial del poder lo detenta la alta jerarquía
militar que actúa a la vez como propietaria última del Estado
y guía supremo de un pueblo turco que, a veces por ignorancia, puede
extraviarse y prestar oídos a las sirenas islamistas o comunistas.
A través del Consejo Nacional de Seguridad, que reúne a los
cinco principales comandantes militares y al presidente de la República,
al primer ministro y a los ministros del Interior, de Asuntos Exteriores
y de Defensa, el Ejército fija las principales orientaciones de
política exterior, de seguridad, de defensa y también de
educación, de justicia y de información. El Gobierno civil
es el encargado de ejecutar las prioridades de estas decisiones. El Parlamento,
en este sistema, queda rebajado al papel de una cámara de registro.
Ejerciendo un control tan estrecho, el Ejército no tiene necesidad
de un golpe de Estado. Dispone, tanto en el aparato judicial como en los
medios de comunicación, de poderosas postas desde las que velar
por la ortodoxia ideológica. Los que se desvían, islamistas,
kurdos o comunistas, son apartados por los medios de comunicación,
comparecen ante la justicia y son condenados y apartados de la escena política
e intelectual. Cuando los movimientos de contestación se amplificaron,
en 1960, 1970 y 1980, el ejército tomó directamente las riendas
del poder, disolviendo partidos y asociaciones y llevando a cabo una operación
de limpieza.
Este marco permite la creación y actividad de partidos políticos
de derecha y de “izquierda” que aceptan las reglas de juego, mientras que
los partidos “desviados” son sistemáticamente prohibidos.
La extrema derecha es una fuerza importante en Turquía, a
menudo mezclada en escándalos, como muestran las crónicas.
¿Cuál es su lugar en la política interior y exterior
turca?
La extrema derecha turca es poderosa, tanto en Turquía como
en la diáspora turca en Europa. Fue creada y organizada en los años
60 con el apoyo de diferentes servicios del Estado turco, sobre todo de
la Oficina de la guerra especial (equivalente turco de Gladio), del Ejército
y de la policía política (MIT), para combatir, a la vez,
al “peligro comunista” representado por la izquierda marxista y al movimiento
kurdo, presentado como una amenaza para la unidad del país. A iniciativa
del coronel Tukes, admirador de Hitler y uno de los autores del golpe de
Estado militar de 1960, el movimiento de extrema derecha se organizó
en un partido político legal (Movimiento de Acción Nacionalista,
MHP) formando milicias armadas llamadas Bozkurt (Lobos Grises).
Los Lobos Grises, que contaban con poderosos protectores en el seno
del aparato del Estado, asesinaron en los años 70 a millares de
militantes de izquierda turcos y kurdos, preparando el terreno para el
golpe de Estado de 1980. Se sabe ahora que también se beneficiaron
del apoyo de la CIA, dada su ideología anticomunista y panturca,
de la que se querían servir tanto en Turquía como en las
repúblicas “turcófonas” de Asia Central.
Hoy en día, la influencia de la extrema derecha sobrepasa ampliamente
la creciente audiencia electoral del MHP que, entre 1995 y 1999, ha doblado
prácticamente sus resultados, pasando de un 9% a poco menos del
18%. Sus ex-militantes ocupan posiciones clave en los dos partidos conservadores,
el de Tansu Çiller y el de Yilmaz, así como en el aparato
judicial, en la educación nacional y, sobre todo, en la policía.
Las fuerzas especiales, dotadas de plenos poderes y que con total impunidad
cometen los peores crímenes en el Kurdistán, están
casi exclusivamente formadas por los Lobos Grises, ideológicamente
muy motivados en la caza del kurdo.
La extrema derecha está siendo también utilizada por
el Estado para cometer asesinatos de opositores kurdos y turcos. Estos
escuadrones -el más militante estaba dirigido por el tristemente
célebre Abdullah Çatli- a menudo disponen de carnets de identidad,
vehículos y equipos de la policía, arrestan a la gente para
“interrogarles” y después les asesinan, no sin antes haberles torturado.
Por otro lado, la extrema derecha está siendo utilizada en la
organización del gigantesco tráfico de heroína con
destino a Europa, donde dispone de redes bien estructuradas. Según
estimaciones corrientes, este tráfico reporta alrededor de cuarenta
mil millones de dólares a la economía turca.
En Europa, estas redes están bien organizadas tanto en Alemania
como en los países del Benelux. Su presencia en Alsacia es notoria
mientras que en la Costa Azul colaboran con sus caídes, que como
Alaettin Çakici, implicado en varios asesinatos y en el tráfico
de drogas, ha sido detenido el pasado agosto a requerimiento del Primer
ministro turco al que amenazaba de muerte si no procedía a ciertas
nominaciones en la dirección de la policía política.
Por regla general, los Lobos Grises mantienen estrechas relaciones
con las embajadas turcas, cuyos diplomáticos participan regularmente
en sus congresos y manifestaciones. En el curso de los últimos años,
los Lobos han cometido una veintena de atentados contra los intereses armenios
y kurdos, alentados desde la presidencia de la República turca,
según revelaciones de la misma prensa turca.
Por otro lado, hay que subrayar que los Lobos Grises mantienen relaciones
continuadas con los movimientos de extrema derecha europeos así
como con los servicios de información de ciertos países.
El autor del atentado al Papa, Mehmet Alí Agca, es un Lobo Gris.
Sus dos jefes directos, A. Çatli y Oral Çelik han podido,
a pesar de las peticiones internacionales para su arresto, regresar a Turquía
y volver al servicio en la policía política, viajar con pasaportes
diplomáticos turcos, organizar la ayuda turca a los chechenos, organizar
una tentativa de golpe de Estado contra el presidente azerí Aliev
y otra contra el presidente georgiano Shevernadze.
La extrema derecha ha pasado a ser una rueda importante del Estado
turco, de sus acciones ocultas tanto en el interior como en el exterior
del país. Se ha convertido, cada vez más claramente, en la
fuerza política que encarna las opciones del ala ultranacionalista
de la policía y del Ejército.
Hace algunos años usted describió a Turquía
como “un Estado contra la pared”. ¿Hasta dónde puede conducir
el aventurerismo y la voluntad de poder de los militares turcos?
Este proceso se ha acelerado. Turquía sufre el más grave
aislamiento diplomático de su historia republicana. En 1997, en
la cumbre de Luxemburgo, la Unión Europea rehusó incluirla
en la lista de espera de los países candidatos, lista que comprende
a Estados hasta hace poco pertenecientes al bloque soviético. Al
mismo tiempo, la Conferencia Islámica reunida en Teherán,
por primera vez en su historia, votó una resolución contra
un Estado miembro, Turquía, por su alianza militar con Israel. Puesto
en la picota, el presidente turco acortó su estancia volviendo urgentemente
a Ankara.
Después de esto, el régimen turco ha adoptado una estrategia
de recambio para sobrevivir fundada en las relaciones privilegiadas con
Washington y en una alianza militar con Israel. Esta estrategia permitirá
al Ejército turco adquirir los equipos que necesita, pero no resolverá
los graves problemas económicos y sociales del país. A pesar
de la inyección masiva de dinero que supone la droga, el Estado
turco está tremendamente endeudado. Su deuda exterior se eleva a
135.000 millones de dólares. Han tenido que apelar, de nuevo, al
FMI. El turismo, que aportaba cerca de siete mil millones de dólares
por año, se ha visto fuertemente perturbado a causa de los atentados
y de la extensión por el PKK de la zona de guerra al conjunto de
Turquía. Además, ya que la economía del Kurdistán
ha quedado paralizada por la guerra, la burguesía turca ha perdido
su importante mercado kurdo y no cesa de reclamar un arreglo político
de la cuestión del Sudeste kurdo.
En fin, las prácticas mafiosas criminales de las diversas fuerzas
de seguridad turcas en el Kurdistán contaminan al resto de Turquía,
la gangrena invade una a una las principales instituciones turcas. La represión
golpea a amplios sectores de la sociedad y el aparato represivo absorbe
una parte exorbitante de los recursos del país, en particular el
Ejército, cuyo esfuerzo por incrementar su armamento es comparable
al del Ejército irakí en los años 1970-1980. En último
término, esto podría desembocar en un conflicto regional.
El pasado octubre se evitó por los pelos una guerra turco-siria.
El riesgo de aventurerismo militar turco no cesa de crecer.
Volvamos a los kurdos y a su movimiento nacional. ¿Quiénes
son los diferentes componentes de este movimiento? El PKK es uno entre
ellos...
Antes del golpe de Estado militar de 1980, el movimiento nacional kurdo
estaba compuesto por una docena de partidos. El PKK era uno de ellos, pero
no el más influyente. La represión en masa -650.000 detenciones,
140.000 procesos, más de 150.000 refugiados en Europa- desatada
por la junta militar, provocan que a partir de 1984 la guerrilla del PKK
y la lógica de la guerra laminaran y marginalizaran a las otras
organizaciones kurdas. Buena parte de éstas tienen presencia solamente
en la diáspora.
Algunas de estas organizaciones han acabado por unirse alrededor del
PKK integrando las filas de su Parlamento en el exilio con base en Bruselas.
Otras, como el Partido Socialista del Kurdistán y el partido ex
maoísta Kawa, han firmado con el PKK una “Plataforma de organizaciones
del Kurdistán del Norte” (de Turquía) que agrupa a siete
partidos políticos kurdos.
En el interior, el Partido de la Democracia (DEP) reagrupaba más
o menos a todas las tendencias kurdas y había conseguido veinte
diputados. Después de la detención de estos diputados en
1994, el partido ha sido prohibido. Su sucesor, el Partido de la Democracia
del Pueblo (Hadep), frecuentemente hostigado, está siendo objeto
de un procedimiento para su prohibición. A pesar de esto, ha podido
participar en las elecciones de abril de 1999, incluso aunque su presidente
y principales dirigentes hace meses que están en la cárcel
por delitos de opinión.
El ala liberal del movimiento kurdo, encarnada por el antiguo ministro
de Obras Públicas, S. Elçi, está bastante próximo
al PDK de M. Barzani, que rechaza tanto la lucha armada como el separatismo
y predica el combate pacífico para lograr los derechos lingüísticos
y culturales de los kurdos. Su Partido Democrático de las Masas
(DKP) acaba de ser prohibido por la Corte Constitucional turca. El poder
turco no está dispuesto a tolerar ningún espacio de expresión
kurdo.
Esta imagen de fragmentación del movimiento kurdo no debe llamar
a errores. Todos los partidos y grupos kurdos están hoy de acuerdo
sobre el objetivo de obtención de los derechos nacionales kurdos
en el interior de las fronteras existentes, bajo la forma de autonomía
o de federalismo. El PKK, después de haber militado largo tiempo
en favor de la independencia, ha acabado, por realismo, renunciando también
a ella. La línea de demarcación se sitúa entre los
partidarios de la lucha armada -PKK y TIKP, maoísta- y aquellos
otros que defienden la acción política pacífica.
La ausencia de un espacio estable de expresión y de organización
en el interior del país dificulta el necesario proceso de federación
de sus componentes.
¿Hay espacio para una expresión de la cultura kurda
en las ciudades, una cierta tolerancia, espacios de libertad que las asociaciones
podrían ocupar?
El control policial y militar del país kurdo sometido, de hecho,
a la ley marcial hace extremadamente difícil cualquier vida asociativa
en los pueblos del Kurdistán. A finales de los años 80, fueron
ocupadas o silenciadas las secciones locales de la Asociación de
los Derechos Humanos y del Partido Socialdemócrata de Erdal Inönü
(SHP), así como los periódicos kurdos que permitían
a los intelectuales kurdos locales encontrarse, intercambiar opiniones,
expresarse. La cultura kurda se expresa en el espacio privado de las familias,
de las fiestas tradicionales -frecuentemente reprimidas por la policía-
en las cenas entre amigos o en las manifestaciones políticas. De
vez en cuando, una radio local en busca de audiencia difunde si no una
canción, al menos una melodía kurda antes de ser llamada
al orden por la policía de las ondas (RTUK, equivalente turco del
CSA, muy represivo). La difusión en las regiones kurdas de periódicos
pro-kurdos o de extrema izquierda está prohibida.
Sin embargo, en las grandes metrópolis turcas del Oeste, como
Estambul, Izmir, Adana o Ankara, que albergan a millones de kurdos desplazados,
se toleran espacios de expresión. A menudo aparecen libros en kurdo
o sobre los kurdos, casetes y CD de música tradicional, periódicos
total o parcilamente en kurdo, en una verdadera guerrilla jurídica
con la censura de la Seguridad del Estado que ordena el secuestro de los
escritos o de las canciones donde aparecen ciertas palabras tabú
como Kurdistán, o liberación o glorificando el espíritu
de rebelión, que critican al Ejército o a Ataturk. Se ha
autorizado una fundación cultural kurda, pero han sido prohibidos
los cursos de kurdo.
A falta de poder organizarse legalmente en asociaciones propiamente
kurdas, los kurdos de las metrópolis son muy activos en las principales
organizaciones socioprofesionales (colegios de arquitectos, de ingenieros,
de médicos, de abogados) y en los sindicatos, luchando por el reconocimiento
de los derechos kurdos.
¿Cuál es el lugar de la inmigración en el movimiento
nacional kurdo? ¿Se puede concebir para el futuro una agrupación
de toda la inmigración kurda en Europa?
La inmigración juega un papel muy importante en el movimiento
nacional kurdo. Gracias a las libertades de expresión, de asociación
y de reunión con las que tanto soñaban y de las que gozan
plenamente en las democracias occidentales, los kurdos han levantado una
importante red de asociaciones, de publicaciones, de instituciones culturales,
en principio para reagruparse y proseguir su combate en el extranjero;
después para dar a conocer su causa a la opinión pública,
hacer de lobby y denunciar al régimen turco. La acción de
la diáspora ha sido determinante en la renovación cultural
kurda y por permitir la internacionalización del problema kurdo.
Su aportación en la financiación de las organizaciones kurdas,
sobre todo del PKK, es igualmente importante.
De formación reciente (los primeros inmigrantes kurdos llegaron
en los años 60), la inmigración kurda suma actualmente 850.000
personas en Europa occidental. Publica alrededor de treinta revistas periódicas,
un semanario, libros y casetes y dispone de varias radios locales así
como de una cadena de televisión vía satélite (MED
TV). Esta inmigración está generalmente bien integrada, hasta
el punto de que ciertos de sus miembros han llegado a ser diputados, periodistas,
escritores, ingenieros, abogados, etc.
A pesar de esto, siguen muy ligados a la causa kurda y divididos entre
las diferentes corrientes del movimiento kurdo. La reflexión sobre
el reagrupamiento de la inmigración en el seno de un Consejo representativo,
avanza. Se conseguirá, seguro, de aquí a unos años.
¿Cómo se puede manifestar la solidaridad con Ocalan
y con el pueblo kurdo? ¿De qué medios de presión se
dispone?
En principio, informándose e informando regularmente a la opinión.
Para esto, enviar al lugar a misiones de información puede ser muy
útil. A su vuelta, esas misiones estarán en condiciones de
hablar y de hacer hablar sobre la suerte de Ocalan y de los kurdos en general.
Otro acto de solidaridad política concreto sería denunciar
las complicidades occidentales con el régimen turco, sobre todo
en lo que concierne a la venta de armas. ¿Es normal que un país
como Francia, que se quiere la patria de los derechos humanos y que tiene
un gobierno de izquierdas, negocie la venta al Ejército turco de
carros de combate Leclerc y helicópteros por valor de diez mil millones
de dólares? A falta de poder o de querer venir en ayuda a las víctimas,
al menos abstenerse de armar las manos de sus verdugos. Corresponde a los
ciudadanos franceses y occidentales imaginar y llevar a cabo acciones para
que cese esta injusticia y exigir que los gobiernos occidentales que entran
en guerra en nombre de la autonomía de 1.800.000 kosovares, sean
consecuentes con ellos mismos y adopten una iniciativa política
de cara a la autonomía de los 15 a 18 millones de kurdos de Turquía.
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