Ir a página principal de Iniciativa Socialista
Ir a archivo de documentos
 

La tragedia oculta del Kurdistán turco

Kendal Nezar/Francis Pothier

Kendal Nezan es presidente del Instituto kurdo de París. Entrevista realizada por Francis Pothier y publicada porUtopie Critique, nº 14, segundo trimestre 1999. Publicado en Iniciativa Socialista, número 54, otoño 1999


Abdullah Ocalan se encuentra detenido y su proceso puede desembocar en una condena a muerte. ¿Cuál es, hoy por hoy, la situación de los kurdos de Turquía?
Kendal Nezan: La captura de Ocalan, llevada a cabo gracias al apoyo decisivo de los americanos, constituye un éxito político-militar importante para el régimen turco. Sin embargo, no significa el fin de la lucha armada del PKK y, menos aún, el del problema kurdo en Turquía. Ha reforzado a los partidarios turcos del tratamiento exclusivamente militar y policial de la cuestión kurda, ha exacerbado la polarización étnica, ha favorecido el aumento del nacionalismo turco y alejado las perspectivas de una solución dialogada.
En este contexto, mientras el aparato judicial prepara el proceso a Ocalan y la prohibición del partido legal pro-kurdo Hadep (Partido de la Democracia del Pueblo), la policía arresta a miles de militantes kurdos para “prevenir” la organización de manifestaciones populares de protesta y reducir al silencio lo que queda de la sociedad civil. Por otro lado, el Ejército turco continúa metódicamente su política de evacuación y de destrucción de los pueblos kurdos y de despoblación del Kurdistán. Actualmente, más de 4.000 pueblos kurdos han sido barridos del mapa, más de 3 millones de campesinos kurdos han sido desplazados a la fuerza y las bases de la economía agropastoral han sido, en buena parte, destruidas.
Esta práctica de tierra quemada ha sido acompañada por una política de eliminación sistemática de las capacidades de reacción y resistencia de la población o haciendo callar a sus portavoces eliminando los posibles testigos de la tragedia kurda. Desde 1991, más de 4.500 intelectuales kurdos han sido asesinados en completa impunidad por fuerzas paramilitares turcas. Se cuenta también, actualmente, con 12.000 prisioneros políticos, de los cuales una centena son periodistas, escritores, universitarios y cargos electos. Entre ellos, el sociólogo turco Ismail Besikçi, que ya ha pasado más de dieciséis años detrás de los barrotes, condenado a dos siglos de prisión por sus escritos. Podemos citar también el caso de cuatro diputados kurdos, entre ellos Leyla Zana, Premio Sajarov del Parlamento Europeo, encarcelados desde marzo de 1994, que purgan penas de quince años de prisión por delito de opinión.
Esta tragedia se desarrolla a puertas cerradas. El acceso a las regiones kurdas está prohibido a los medios de comunicación y a los observadores extranjeros. Como Turquía es un país miembro de la OTAN, aliada de EE.UU. y de Israel, los medios de comunicación dominantes ocultan el problema y los gobiernos occidentales, que, por otra parte tienen importantes intereses comerciales en este país, guardan silencio.

¿Cómo explicar el rechazo del Estado turco a reconocer la existencia de una minoría kurda e integrarla, reconociendo sus derechos políticos y culturales?
El Estado turco está fundado sobre el dogma nacionalista de una Turquía étnica, cultural y lingüísticamente homogénea. Este dogma, impuesto por Mustafá Kemal Ataturk, fundador de la República, está inscrito en las Constituciones turcas sucesivamente promulgadas desde 1924, todas de origen militar. Esto es así, a pesar de que durante la guerra de independencia de Turquía los kurdos aportaron una ayuda decisiva a Mustafá Kemal que prometía crear un Estado igualitario de turcos y kurdos, de que la primera Asamblea nacional contara con 75 “diputados del Kurdistán” en tanto que tales y de que Kurdistán debería, tras la victoria común, disfrutar de una amplia autonomía.
Justamente después de la victoria los dirigentes nacionalistas rompieron sus compromisos haciendo arrestar a los jefes kurdos que habían sido sus aliados y proclamando el dogma de una Turquía con una sola lengua, una sola cultura, una sola nación, y durante mucho tiempo, un solo partido. Todos aquellos que no eran de “pura raza turca” no tenían más que un derecho:  “el derecho de ser los servidores, el derecho de ser los esclavos”, por retomar las palabras del ministro turco de Justicia de los años 30, Esat Bozkurt. Designado “padre de los turcos” (Ataturk), el dictador nacionalista fue proclamado también “jefe eterno”. Turquía, pues, vivió un periodo de fascismo a la turca, donde, por ejemplo, se importó el código penal de Mussolini adaptándolo al contexto turco y agravando las principales disposiciones represivas.
A pesar del sucesivo lavado de fachada, a pesar del tránsito al sistema multipartidista, ciertos fundamentos jurídicos de los primeros tiempos de la República están intactos y, bajo la apelación mística a los “principios eternos de Ataturk”, figuran en el preámbulo de la actual Constitución turca, impuesta en 1982 por los militares. Estos principios que constituyen la ideología oficial del Estado turco, de la cual el Ejército es el guardián, son intangibles, inalterables e indiscutibles. Un poco como en la ex URSS donde no se podía poner en cuestión a Lenin y sus principios. La llave de la bóveda de los principios de Ataturk es la negación del pueblo kurdo, de su identidad y su cultura. Todas las tentativas de poner este dogma fundador en cuestión han chocado con la resistencia salvaje de los militares, severos guardianes del Templo kemalista. En 1993, el presidente turco Turgut Özal pagó con la vida su tímida tentativa de solución del problema kurdo por medio del diálogo.

¿Cuál es la estructura del Estado turco?
El moderno Estado turco fue creado por el Ejército en los años 20. Toda su estructura lleva su sello. Hoy en día podemos, esquematizando, describir este Estado como un régimen militar con fachada civil parlamentaria. Lo esencial del poder lo detenta la alta jerarquía militar que actúa a la vez como propietaria última del Estado y guía supremo de un pueblo turco que, a veces por ignorancia, puede extraviarse y prestar oídos a las sirenas islamistas o comunistas. A través del Consejo Nacional de Seguridad, que reúne a los cinco principales comandantes militares y al presidente de la República, al primer ministro y a los ministros del Interior, de Asuntos Exteriores y de Defensa, el Ejército fija las principales orientaciones de política exterior, de seguridad, de defensa y también de educación, de justicia y de información. El Gobierno civil es el encargado de ejecutar las prioridades de estas decisiones. El Parlamento, en este sistema, queda rebajado al papel de una cámara de registro. Ejerciendo un control tan estrecho, el Ejército no tiene necesidad de un golpe de Estado. Dispone, tanto en el aparato judicial como en los medios de comunicación, de poderosas postas desde las que velar por la ortodoxia ideológica. Los que se desvían, islamistas, kurdos o comunistas, son apartados por los medios de comunicación, comparecen ante la justicia y son condenados y apartados de la escena política e intelectual. Cuando los movimientos de contestación se amplificaron, en 1960, 1970 y 1980, el ejército tomó directamente las riendas del poder, disolviendo partidos y asociaciones y llevando a cabo una operación de limpieza.
Este marco permite la creación y actividad de partidos políticos de derecha y de “izquierda” que aceptan las reglas de juego, mientras que los partidos “desviados” son sistemáticamente prohibidos.

La extrema derecha es una fuerza importante en Turquía, a menudo mezclada en escándalos, como muestran las crónicas. ¿Cuál es su lugar en la política interior y exterior turca?
La extrema derecha turca es poderosa, tanto en Turquía como en la diáspora turca en Europa. Fue creada y organizada en los años 60 con el apoyo de diferentes servicios del Estado turco, sobre todo de la Oficina de la guerra especial (equivalente turco de Gladio), del Ejército y de la policía política (MIT), para combatir, a la vez, al “peligro comunista” representado por la izquierda marxista y al movimiento kurdo, presentado como una amenaza para la unidad del país. A iniciativa del coronel Tukes, admirador de Hitler y uno de los autores del golpe de Estado militar de 1960, el movimiento de extrema derecha se organizó en un partido político legal (Movimiento de Acción Nacionalista, MHP) formando milicias armadas llamadas Bozkurt (Lobos Grises).
Los Lobos Grises, que contaban con poderosos protectores en el seno del aparato del Estado, asesinaron en los años 70 a millares de militantes de izquierda turcos y kurdos, preparando el terreno para el golpe de Estado de 1980. Se sabe ahora que también se beneficiaron del apoyo de la CIA, dada su ideología anticomunista y panturca, de la que se querían servir tanto en Turquía como en las repúblicas “turcófonas” de Asia Central.
Hoy en día, la influencia de la extrema derecha sobrepasa ampliamente la creciente audiencia electoral del MHP que, entre 1995 y 1999, ha doblado prácticamente sus resultados, pasando de un 9% a poco menos del 18%. Sus ex-militantes ocupan posiciones clave en los dos partidos conservadores, el de Tansu Çiller y el de Yilmaz, así como en el aparato judicial, en la educación nacional y, sobre todo, en la policía. Las fuerzas especiales, dotadas de plenos poderes y que con total impunidad cometen los peores crímenes en el Kurdistán, están casi exclusivamente formadas por los Lobos Grises, ideológicamente muy motivados en la caza del kurdo.
La extrema derecha está siendo también utilizada por el Estado para cometer asesinatos de opositores kurdos y turcos. Estos escuadrones -el más militante estaba dirigido por el tristemente célebre Abdullah Çatli- a menudo disponen de carnets de identidad, vehículos y equipos de la policía, arrestan a la gente para “interrogarles” y después les asesinan, no sin antes haberles torturado.
Por otro lado, la extrema derecha está siendo utilizada en la organización del gigantesco tráfico de heroína con destino a Europa, donde dispone de redes bien estructuradas. Según estimaciones corrientes, este tráfico reporta alrededor de cuarenta mil millones de dólares a la economía turca.
En Europa, estas redes están bien organizadas tanto en Alemania como en los países del Benelux. Su presencia en Alsacia es notoria mientras que en la Costa Azul colaboran con sus caídes, que como Alaettin Çakici, implicado en varios asesinatos y en el tráfico de drogas, ha sido detenido el pasado agosto a requerimiento del Primer ministro turco al que amenazaba de muerte si no procedía a ciertas nominaciones en la dirección de la policía política.
Por regla general, los Lobos Grises mantienen estrechas relaciones con las embajadas turcas, cuyos diplomáticos participan regularmente en sus congresos y manifestaciones. En el curso de los últimos años, los Lobos han cometido una veintena de atentados contra los intereses armenios y kurdos, alentados desde la presidencia de la República turca, según revelaciones de la misma prensa turca.
Por otro lado, hay que subrayar que los Lobos Grises mantienen relaciones continuadas con los movimientos de extrema derecha europeos así como con los servicios de información de ciertos países. El autor del atentado al Papa, Mehmet Alí Agca, es un Lobo Gris. Sus dos jefes directos, A. Çatli y Oral Çelik han podido, a pesar de las peticiones internacionales para su arresto, regresar a Turquía y volver al servicio en la policía política, viajar con pasaportes diplomáticos turcos, organizar la ayuda turca a los chechenos, organizar una tentativa de golpe de Estado contra el presidente azerí Aliev y otra contra el presidente georgiano Shevernadze.
La extrema derecha ha pasado a ser una rueda importante del Estado turco, de sus acciones ocultas tanto en el interior como en el exterior del país. Se ha convertido, cada vez más claramente, en la fuerza política que encarna las opciones del ala ultranacionalista de la policía y del Ejército.

Hace algunos años usted describió a Turquía  como “un Estado contra la pared”. ¿Hasta dónde puede conducir el aventurerismo y la voluntad de poder de los militares turcos?
Este proceso se ha acelerado. Turquía sufre el más grave aislamiento diplomático de su historia republicana. En 1997, en la cumbre de Luxemburgo, la Unión Europea rehusó incluirla en la lista de espera de los países candidatos, lista que comprende a Estados hasta hace poco pertenecientes al bloque soviético. Al mismo tiempo, la Conferencia Islámica reunida en Teherán, por primera vez en su historia, votó una resolución contra un Estado miembro, Turquía, por su alianza militar con Israel. Puesto en la picota, el presidente turco acortó su estancia volviendo urgentemente a Ankara.
Después de esto, el régimen turco ha adoptado una estrategia de recambio para sobrevivir fundada en las relaciones privilegiadas con Washington y en una alianza militar con Israel. Esta estrategia permitirá al Ejército turco adquirir los equipos que necesita, pero no resolverá los graves problemas económicos y sociales del país. A pesar de la inyección masiva de dinero que supone la droga, el Estado turco está tremendamente endeudado. Su deuda exterior se eleva a 135.000 millones de dólares. Han tenido que apelar, de nuevo, al FMI. El turismo, que aportaba cerca de siete mil millones de dólares por año, se ha visto fuertemente perturbado a causa de los atentados y de la extensión por el PKK de la zona de guerra al conjunto de Turquía. Además, ya que la economía del Kurdistán ha quedado paralizada por la guerra, la burguesía turca ha perdido su importante mercado kurdo y no cesa de reclamar un arreglo político de la cuestión del Sudeste kurdo.
En fin, las prácticas mafiosas criminales de las diversas fuerzas de seguridad turcas en el Kurdistán contaminan al resto de Turquía, la gangrena invade una a una las principales instituciones turcas. La represión golpea a amplios sectores de la sociedad y el aparato represivo absorbe una parte exorbitante de los recursos del país, en particular el Ejército, cuyo esfuerzo por incrementar su armamento es comparable al del Ejército irakí en los años 1970-1980. En último término, esto podría desembocar en un conflicto regional. El pasado octubre se evitó por los pelos una guerra turco-siria. El riesgo de aventurerismo militar turco no cesa de crecer.

Volvamos a los kurdos y a su movimiento nacional. ¿Quiénes son los diferentes componentes de este movimiento? El PKK es uno entre ellos...
Antes del golpe de Estado militar de 1980, el movimiento nacional kurdo estaba compuesto por una docena de partidos. El PKK era uno de ellos, pero no el más influyente. La represión en masa -650.000 detenciones, 140.000 procesos, más de 150.000 refugiados en Europa- desatada por la junta militar, provocan que a partir de 1984 la guerrilla del PKK y la lógica de la guerra laminaran y marginalizaran a las otras organizaciones kurdas. Buena parte de éstas tienen presencia solamente en la diáspora.
Algunas de estas organizaciones han acabado por unirse alrededor del PKK integrando las filas de su Parlamento en el exilio con base en Bruselas. Otras, como el Partido Socialista del Kurdistán y el partido ex maoísta Kawa, han firmado con el PKK una “Plataforma de organizaciones del Kurdistán del Norte” (de Turquía) que agrupa a siete partidos políticos kurdos.
En el interior, el Partido de la Democracia (DEP) reagrupaba más o menos a todas las tendencias kurdas y había conseguido veinte diputados. Después de la detención de estos diputados en 1994, el partido ha sido prohibido. Su sucesor, el Partido de la Democracia del Pueblo (Hadep), frecuentemente hostigado, está siendo objeto de un procedimiento para su prohibición. A pesar de esto, ha podido participar en las elecciones de abril de 1999, incluso aunque su presidente y principales dirigentes hace meses que están en la cárcel por delitos de opinión.
El ala liberal del movimiento kurdo, encarnada por el antiguo ministro de Obras Públicas, S. Elçi, está bastante próximo al PDK de M. Barzani, que rechaza tanto la lucha armada como el separatismo y predica el combate pacífico para lograr los derechos lingüísticos y culturales de los kurdos. Su Partido Democrático de las Masas (DKP) acaba de ser prohibido por la Corte Constitucional turca. El poder turco no está dispuesto a tolerar ningún espacio de expresión kurdo.
Esta imagen de fragmentación del movimiento kurdo no debe llamar a errores. Todos los partidos y grupos kurdos están hoy de acuerdo sobre el objetivo de obtención de los derechos nacionales kurdos en el interior de las fronteras existentes, bajo la forma de autonomía o de federalismo. El PKK, después de haber militado largo tiempo en favor de la independencia, ha acabado, por realismo, renunciando también a ella. La línea de demarcación se sitúa entre los partidarios de la lucha armada -PKK y TIKP, maoísta- y aquellos otros que defienden la acción política pacífica.
La ausencia de un espacio estable de expresión y de organización en el interior del país dificulta el necesario proceso de federación de sus componentes.

¿Hay espacio para una expresión de la cultura kurda en las ciudades, una cierta tolerancia, espacios de libertad que las asociaciones podrían ocupar?
El control policial y militar del país kurdo sometido, de hecho, a la ley marcial hace extremadamente difícil cualquier vida asociativa en los pueblos del Kurdistán. A finales de los años 80, fueron ocupadas o silenciadas las secciones locales de la Asociación de los Derechos Humanos y del Partido Socialdemócrata de Erdal Inönü (SHP), así como los periódicos kurdos que permitían a los intelectuales kurdos locales encontrarse, intercambiar opiniones, expresarse. La cultura kurda se expresa en el espacio privado de las familias, de las fiestas tradicionales -frecuentemente reprimidas por la policía- en las cenas entre amigos o en las manifestaciones políticas. De vez en cuando, una radio local en busca de audiencia difunde si no una canción, al menos una melodía kurda antes de ser llamada al orden por la policía de las ondas (RTUK, equivalente turco del CSA, muy represivo). La difusión en las regiones kurdas de periódicos pro-kurdos o de extrema izquierda está prohibida.
Sin embargo, en las grandes metrópolis turcas del Oeste, como Estambul, Izmir, Adana o Ankara, que albergan a millones de kurdos desplazados, se toleran espacios de expresión. A menudo aparecen libros en kurdo o sobre los kurdos, casetes y CD de música tradicional, periódicos total o parcilamente en kurdo, en una verdadera guerrilla jurídica con la censura de la Seguridad del Estado que ordena el secuestro de los escritos o de las canciones donde aparecen ciertas palabras tabú como Kurdistán, o liberación o glorificando el espíritu de rebelión, que critican al Ejército o a Ataturk. Se ha autorizado una fundación cultural kurda, pero han sido prohibidos los cursos de kurdo.
A falta de poder organizarse legalmente en asociaciones propiamente kurdas, los kurdos de las metrópolis son muy activos en las principales organizaciones socioprofesionales (colegios de arquitectos, de ingenieros, de médicos, de abogados) y en los sindicatos, luchando por el reconocimiento de los derechos kurdos.

¿Cuál es el lugar de la inmigración en el movimiento nacional kurdo? ¿Se puede concebir para el futuro una agrupación de toda la inmigración kurda en Europa?
La inmigración juega un papel muy importante en el movimiento nacional kurdo. Gracias a las libertades de expresión, de asociación y de reunión con las que tanto soñaban y de las que gozan plenamente en las democracias occidentales, los kurdos han levantado una importante red de asociaciones, de publicaciones, de instituciones culturales, en principio para reagruparse y proseguir su combate en el extranjero; después para dar a conocer su causa a la opinión pública, hacer de lobby y denunciar al régimen turco. La acción de la diáspora ha sido determinante en la renovación cultural kurda y por permitir la internacionalización del problema kurdo. Su aportación en la financiación de las organizaciones kurdas, sobre todo del PKK, es igualmente importante.
De formación reciente (los primeros inmigrantes kurdos llegaron en los años 60), la inmigración kurda suma actualmente 850.000 personas en Europa occidental. Publica alrededor de treinta revistas periódicas, un semanario, libros y casetes y dispone de varias radios locales así como de una cadena de televisión vía satélite (MED TV). Esta inmigración está generalmente bien integrada, hasta el punto de que ciertos de sus miembros han llegado a ser diputados, periodistas, escritores, ingenieros, abogados, etc.
A pesar de esto, siguen muy ligados a la causa kurda y divididos entre las diferentes corrientes del movimiento kurdo. La reflexión sobre el reagrupamiento de la inmigración en el seno de un Consejo representativo, avanza. Se conseguirá, seguro, de aquí a unos años.

¿Cómo se puede manifestar la solidaridad con Ocalan y con el pueblo kurdo? ¿De qué medios de presión se dispone?
En principio, informándose e informando regularmente a la opinión. Para esto, enviar al lugar a misiones de información puede ser muy útil. A su vuelta, esas misiones estarán en condiciones de hablar y de hacer hablar sobre la suerte de Ocalan y de los kurdos en general. Otro acto de solidaridad política concreto sería denunciar las complicidades occidentales con el régimen turco, sobre todo en lo que concierne a la venta de armas. ¿Es normal que un país como Francia, que se quiere la patria de los derechos humanos y que tiene un gobierno de izquierdas, negocie la venta al Ejército turco de carros de combate Leclerc y helicópteros por valor de diez mil millones de dólares? A falta de poder o de querer venir en ayuda a las víctimas, al menos abstenerse de armar las manos de sus verdugos. Corresponde a los ciudadanos franceses y occidentales imaginar y llevar a cabo acciones para que cese esta injusticia y exigir que los gobiernos occidentales que entran en guerra en nombre de la autonomía de 1.800.000 kosovares, sean consecuentes con ellos mismos y adopten una iniciativa política de cara a la autonomía de los 15 a 18 millones de kurdos de Turquía.
 
Ir a página principal de Iniciativa Socialista