La clase obrera:
formas de lucha y organización
Naomi Klein
Iniciativa Socialista, verano 2004
Naomi Klein, autora de No Logo, en la carpa de los trabajadores
de Brukman -fábrica argentina que está protagonizando una
importante experiencia de lucha y autogestión- el sábado 31
de mayo de 2003. La traducción ha sido obtenida de la web de Indymedia
Argentina, en la noticia http://argentina.indymedia.org/news/2003/06/116929.php
Todos los derechos de este texto pertenecen a Noemi Klein y no puede
reproducirse sin su autorización. Se recomienda visita a http://www.nologo.org
Estoy muy feliz de estar esta noche aquí, apoyando a los obreros
de Brukman, y quiero felicitar a los organizadores de la Semana de la Cultura.
Sin embargo, no hablaré sobre el tema previsto para esta noche. Y
no lo haré, porque discrepo completamente con la idea del mismo.
La idea de una mesa en la que los llamados intelectuales y periodistas
estaríamos ofreciendo nuestras teorías sobre cómo la
clase obrera debería luchar y organizarse, es una idea responsable
de mucho de lo que hoy resulta disfuncional en la izquierda.
Si hay una cosa que tenemos que aprender de las asombrosas mujeres de Brukman,
es que la clase obrera ya sabe cómo luchar y organizarse.
En la Argentina y alrededor del mundo, la acción directa -eficaz,
creativa y original- va muy por delante de las teorías intelectuales
de la izquierda.
Una y otra vez, las personas comunes que no se identifican a sí
mismas como activistas o como izquierdistas, están llevando a cabo
acciones que no comienzan con la teoría, sino con la necesidad.
La necesidad de conservar el trabajo.
La necesidad de comer.
La necesidad de agua limpia.
La necesidad de cuidar el hogar.
Primero viene la acción: la ocupación, el piquete, la asamblea.
Y después de este proceso, surgen la teoría y la estrategia
política.
Entonces, ¿qué papel le toca al intelectual, al que se identifica
a sí mismo como activista, en este proceso? En verdad, no mucho.
Y es por eso que tantos teóricos corren atropelladamente para mantenerse
cerca de la acción que ocurre en las calles y en las fábricas,
hilando teorías posteriores a los hechos para demostrar que aún
somos relevantes.
El problema es que las teorías a menudo están equivocadas.
A veces estos esfuerzos intelectuales por imponer significados y estructuras
son demasiado dogmáticos y rígidos, imponiendo un lenguaje
muerto y alienado a movimientos que son vibrantes y vitales. En la situación
de una fábrica donde un grupo de personas deciden conservar sus empleos
y trabajar con dignidad, estos intelectuales alucinan imaginando una célula
pre-revolucionaria que está construyendo poder para tomar el Estado.
Otras veces estos esfuerzos por teorizar son demasiado románticos,
y ven utopías anarquistas o autónomas donde lo que hay es
una realidad compleja y confusa.
Éstas son ideologías diferentes, pero ambas estructuras -la
dogmática y la romántica- pueden tener el mismo efecto deshumanizante.
Los principales protagonistas -los verdaderos innovadores- frecuentemente
no pueden reconocerse a sí mismos en la espesura de esas teorías.
Según mi experiencia, los lugares donde los movimientos sociales
son más fuertes -y están conquistando las victorias más
concretas- son aquellos donde tienen la MENOR pureza intelectual.
Nosotros pasamos mucho tiempo en Neuquén, con los obreros de Zanon
y los MTD y lo que más me impactó fue la mezcla: la moribunda
y vieja escuela trotskysta con los autonomistas más jóvenes,
los partidos con los movimientos sociales. Las fronteras entre estos territorios
no están, por suerte, muy patrulladas.
Vimos algo muy extraño: personas que piensan juntas, comprometiéndose
y transformándose unos a otros, contaminándose unos a otros,
trabajando de acuerdo a un sencillo principio: si funciona, hagámoslo.
Entonces, en lugar de hablar acerca de lo que la clase trabajadora debería
hacer, hablemos acerca del papel y la responsabilidad de los intelectuales
y los activistas, en este nuevo paisaje.
Podemos empezar admitiendo que nos hemos vuelto irrelevantes. Que la teoría
no está influenciando a la acción, pero la acción sí
está influyendo sobre la teoría.
Una vez asumida nuestra irrelevancia, quedamos libres para preguntarnos
cómo podemos volvernos importantes. Hay muchas respuestas a esa pregunta
pero yo quiero ofrecer tres.
1) Podemos ser mejores puentes, uniendo a movimientos que estén
aislados entre sí. Si tenemos acceso fácil a información
sobre los movimientos sociales, podemos compartirla de modo que los movimientos
puedan inspirarse unos a otros, y construir aprovechando las conquistas
y experiencias de cada uno de ellos.
Mi sueño para Brukman, cuando los obreros vuelvan a la fábrica
-y lo harán- sería organizar intercambios entre las obreras
de Brukman y las trabajadoras de las maquiladoras mexicanas y las de los
talleres de Indonesia.
Imaginen si las jóvenes que arriesgan sus trabajos para crear sindicatos
en las zonas de libre comercio -que son despedidas por ir al baño
o por quedar embarazadas- pudieran ver cómo trabajan las mujeres en
Brukman.
Podemos construir puentes como ese, podemos ser mejores transmisores de
información, en lugar de ser expertos.
2) Podemos proporcionar ayuda práctica, y asistencia concreta a
estas luchas, como tanta gente ya lo está haciendo.
En Neuquén, la relación entre la universidad y Zanon no consiste
en que los intelectuales estudien a la fábrica. Al contrario, los
intelectuales están aplicando sus conocimientos para resolver problemas
específicos de la fábrica:
-Desarrollando planes de comercialización
-Ayudando con diseños
-Ayudando a crear programas de radio y periódicos
Esto está pasando a través de todo el movimiento de fábricas
ocupadas.
Todos hemos visto cuán poderosas pueden ser esas colaboraciones
aquí en Brukman, durante el Maquinazo, durante la Semana de la Cultura.
Pero también hemos visto la situación opuesta.
Una cosa que siempre me golpeó sobre Brukman antes del desalojo,
fue que cada partido de izquierda había venido a colgar sus banderas,
para tener su logo en la fábrica. Pero nadie pensó en diseñar
un nuevo símbolo para la propia empresa. Entonces, no hubo un emblema
que dijera: Brukman Bajo Control Obrero. Aquí estaban todos los logos,
excepto el de los obreros. Eso es vergonzoso.
3) La tercera responsabilidad de los así llamados intelectuales
y activistas es la protección. Los intelectuales de izquierda solían
verse como la vanguardia de los movimientos de la clase obrera. No lo son,
pero podemos ser algo mejor: una defensa. Ése fue el sorprendente
espíritu que acercó a decenas de miles de nosotros a Brukman
después del desalojo.
Una imagen poderosa del conflicto fueron los escudos de plexiglass con
fotografías de los trabajadores de Brukman, realizados por un grupo
de activistas internacionales.
Los escudos pueden no haber sido lo suficientemente fuertes como para hacer
retroceder a la policía, pero el símbolo del escudo es algo
que deberíamos seguir construyendo. No necesitamos sostener escudos,
necesitamos SER escudos, escudos humanos, como los activistas en Palestina
que se plantan frente a los bulldozers, protegiendo a los hogares para que
sus ocupantes puedan resistir.
Entonces, necesitamos preguntarnos cómo podemos ser mejores escudos
y qué más podemos hacer para proteger estos preciosos espacios,
para que puedan desarrollar y construir sus conquistas, en lugar de simplemente
pelear por su supervivencia.
Esta estrategia defensiva debe ser externa, enfrentando la represión
estatal con ayuda legal, presión política y nuestra presencia
física.
Y también debe ser interna, resistiendo la cooptación de
los movimientos sociales no sólo por los partidos, sino por cualquiera
que ande buscando un ejército de seguidores. Si podemos hacer todo
esto:
-Construir mejores puentes
-Ofrecer ayuda práctica y concreta
-Enfrentar la represión de afuera y la cooptación de adentro.
ENTONCES habremos hecho nuestro trabajo. Que no es contarle a la clase
obrera cómo luchar y organizarse, sino aprender cómo hacerlo
nosotros mismos.
Gracias.