Enrique del Olmo
Tras el “estado de la nación”:
una nueva fase política
Si algo ha sido comentario común al finalizar el debate del estado
de la Nación que se realizó en el Parlamento en los pasados
días, es una cierta perplejidad por la brutal agresividad del “pausado”
Rajoy. Las encuestas posteriores al debate han sido demoledoras para la línea
Aznar-FAES que tan bien puso en escena el actual presidente del PP; no sólo
en referencia al tan deportivo “¿quién ganó?”, que ha
sido tan claro a favor de ZP como el triunfo liguero del Barça, sino
todos y cada uno de los aspectos planteados, donde se observa un apoyo claramente
mayoritario hacia las posiciones del Gobierno, incluso entre una parte muy
significativa del electorado del PP. El entramado mediático, que arropa
a la derecha y la jalea en su viaje hacia el extremismo ultramontano, intentó
amortiguar el golpe recibido confundiendo la radicalidad de las frases con
el impacto de los argumentos.
El grueso error del neoconservadurismo “español” ha abierto muy importantes
grietas, no sólo en sus márgenes de acuerdos político
(de hecho voló todos los puentes) sino en su misma e importante base
social. Una vez más la incapacidad manifiesta de la derecha para aceptar
un normal juego democrático cuando está en la oposición
le lleva a atacar no al Gobierno de turno, sino al conjunto del sistema político
y la conduce al aislamiento. Desde la victoria del PSOE y la configuración
de la actual mayoría parlamentaria progresista, el PP ha basado su
política en la negación de la legitimidad de la victoria de
ZP en las urnas, pero ha seguido tocado en su credibilidad ante el conjunto
de la población (no hay que olvidar el peso del rechazo a la manipulación
en su derrota electoral). Ha tenido que recurrir a la fuerza de las corporaciones
de la derecha para enfrentarse a la política gubernamental, de ella
destacamos tres componentes:.
Por encima de todas, la Iglesia y sus campañas de atemorizamiento
moral a los católicos si no se oponían a la política
del Gobierno. Abarcando desde: los matrimonios gay hasta ¡el Plan Hidrológico
Nacional!, en esta batalla la jerarquía eclesiástica ha contado
tanto con el Papa fenecido como con el surgido de la fumata blanca de San
Pedro. El cambio en la Presidencia de la Conferencia Episcopal ha sido un
duro golpe para ese Aznar con sotana que es Rouco Varela (“Madrid es el pecado”
es su ultima aportación aunque no sabemos si es un posicionamiento
en el enfrentamiento Esperanza-Gallardon) y posiblemente refleje una reacción
ante el fundamentalismo españolista de la misma derecha que arrincona
a las iglesias catalana y vasca.
En segundo lugar, está la ofensiva de agitación de la derecha
extrema, acaudillada por la COPE, en cuyas aguas abrevaban toda los predicadores
que vivieron su época dorada en la TV de los Urdaci y en los medios
de Pedro J. y Anson, pero que hoy han decidido ocupar los instrumentos de
agit-prop modernos: sms, espacios digitales, periódicos gratuitos,
movilizaciones de “pancarta”… uniendo sus esfuerzos con la extrema derecha
más tradicional. Ellos son los que crean el “caldo de inestabilidad”
donde esperan que el PP resurja.
El tercer instrumento utilizado en una parte de la judicatura, desde donde
dictaminan sobre la irregularidad de las leyes que se proponen y resisten
de forma numantina a cualquier propuesta que modifique el peso dominante
en el que les dejó el PP. Por el momento sus primeros intentos han
chocado con la decisión gubernamental de impulsar los cambios, pero
van a formar de manera estable un ruido del sistema que busca hacer irrespirable
la situación.
Esta derecha, con el tótem de los Gobiernos del aznarismo, acomete
la situación política y social con el deseo de repetir el 1996,
transmitiendo una situación de crisis e intentando impostar un espíritu
de cambio, como si hoy fuesen los momentos finales de los gobiernos de Felipe
y como si sus “teorías” sobre el 11-M y los pretendidos “pacto con
los terroristas” y “desmembración de España”, todo ello sin
fundamento, pudiesen cumplir el papel de Roldan, Mariano Rubio y los GAL.
Pero hoy la situación no tiene nada que ver con aquella y el debate
del estado de la Nación lo refleja, aunque vista la bullangueria que
mete la derecha parecería que el Parlamento no recoge esa España
plural, democrática y con un claro sesgo progresista que es mayoritaria
para abordar esta nueva fase política.
Del debate del estado de la Nación y situando en su justo término
el papel obstruccionista del PP, puede decirse que expresa una realidad política
que se vino gestando desde la huelga general del 20 de junio de 2003, que
acumulo extraordinarias fuerzas en la lucha contra la guerra, que explotó
valientemente en la respuesta a los crímenes del 11-M y se transformó
en cambio político el 14-M. En el primer año de Gobierno Zapatero,
la gente pudo respirar y descendió el nivel de movilización
social callejera pero se entró en un periodo nuevo, al que algunos
han llamado segunda transición, que se caracteriza sobre todo por
tres grandes elementos: una profunda ampliación de los derechos individuales,
una apuesta por la paz y el desarrollo en la política exterior y una
nueva articulación institucional de los territorios que configuran
España. A ello, como consecuencia en primer lugar de la voluntad política
de los ciudadanos vascos, se une una posibilidad cierta de dar fin al terrorismo
de ETA. Este es un proyecto que deberá articularse en este periodo
y que exige una respuesta desde todos los ámbitos. Ya no es sólo
“otro mundo es posible” como expresión de una lucha y de un deseo,
ahora lo que está planteado es que “otra España es posible
aquí y ahora”. Ello requiere varias condiciones y una extraordinaria
voluntad política de los actores políticos y sociales.
Requiere un Gobierno que no baje la guardia en su rumbo reformista y dialogante.
Cuando desde las filas del PP se tiende la trampa de preguntar “¿cuál
es el proyecto de España que tiene ZP? “, con la contestación
de que dependerá de lo que acuerden las diferentes partes en diálogo,
se está afirmando una voluntad democrática de respeto a la
diversidad expresada una y otra vez en las diversas consultas electorales.
Requiere continuar con el camino abierto en la paridad, los matrimonios gays,
la ley contra la violencia de género, en la profundización
de los derechos individuales. Requiere también atreverse a romper
amarras con el control no democrático que quiere tener la Iglesia
católica sobre la sociedad española, como señala Vicente
Palacio de Oteyza, en su excelente artículo Tocqueville no pasó
por España: “Este fenómeno por el cual pluralismo religioso
–hace referencia a Estados Unidos- va de la mano del pluralismo político,
resulta incomprensible para los españoles (…) En España, un
Gobierno progresista aún no se atreve a cortar las amarras entre el
Estado aconfesional y la Iglesia”.
Requiere también unos alíados políticos del Gobierno
capaces de medir el alcance de sus acciones, que sepan cómo se puede
avanzar teniendo una oposición carroñera y una presión
conservadora extrema. A veces políticas y gestos realizados (por ejemplo
las recientes boutades de Carod en Israel) para su propio electorado tienen
un enorme impacto negativo en el avance de conjunto que se fragua. La relación
con los nacionalismos, de diverso índole y carácter social,
es compleja y difícil pero la asunción de un proceso muy importante
y de una gran oportunidad política debe primar sobre todas las otras
consideraciones. Por ejemplo, es una desgracia para el proyecto de la España
plural y solidaria que el tripartito catalán sólo emita mensajes
hacia el resto de España en términos de Estatuto y de financiación
autonómica y no se haga bandera de que el primer modelo en educación
del actual Conseller en Cap, Bargallo, introducía un factor de gran
reequilibrio e igualdad en la escolarización a través de las
oficinas municipales (eliminando la adulteración que la concertada
introduce en el sistema educativo) o que los avances en la gestión
sanitaria no tengan difusión.
Y requiere también una posición activa de la sociedad en el
proceso, y en esto nos encontramos con los movimientos sociales y sectoriales
bastante solos, pues, para empezar, el mismo PSOE como partido no parece
entender lo que el Gobierno ZP sí ha asumido respecto a la importancia
y autonomía de los movimientos y el carácter de aliados estratégicos
para este cambio. Las diversas Federaciones del PSOE siguen contemplando
con prevención a los sectores independientes que se movilizan o que
reclaman lo que consideran justo. La presión por desactivar la campaña
de la CEAPA por una escuela laica es un ejemplo; por el contrario, cuando
se trabaja unitariamente, como ha sido el caso de la reforma del matrimonio,
las mismas apuesta del Gobierno se fortalecen.
Una nueva fase se escenificó en el debate sobre el estado de la Nación.
Todos los progresistas y demócratas de este país nos debemos
implicar plenamente en el logro de un país más de todos, más
democrático, más libre, más solidario, más europeo,
donde todos los ciudadanos gocen en paz de plenitud de derechos y logremos
articular una convivencia común de todas las naciones y regiones.
Los neocons españoles han decidido oponerse a este cambio como
gran bandera política abriendo un proceso de crisis en el mismo PP,
que Galicia puede agravar aún más pero que desestabiliza y
agria profundamente la situación política y obliga a tensar
a todas las fuerzas que apuesten por este nuevo cambio del país, de
sus derechos e instituciones.