Iniciativa Socialista (portada) Sobre los acontecimientos políticos en Irak

Partido Comunista iraquí

Documento del Partido Comunista de Irak, octubre 2003


Durante los seis meses pasados, Irak ha sido testigo de acontecimientos excepcionales que han dado lugar a una situación totalmente nueva,  sumamente compleja y cargada de enormes peligros, pero que también aloja un verdadero potencial para sacar a nuestro país de  sus prolongados sufrimientos y conducirle hacia la alternativa democrática a la que nuestra gente aspira.
Estábamos totalmente convencidos de que no había ninguna salida a la crisis total en que estaba sumergido nuestro país y nuestra gente, ningún punto final a tantas catástrofes y tragedias, ninguna esperanza de reconstrucción, que no pasasen por la consecución de un cambio interno y por deshacerse del régimen dictatorial de Sadam. Su régimen había agotado hace mucho tiempo cualquier justificación para su existencia, con su restringida base social. Se había en el mayor obstáculo que impedía a nuestro pueblo salir de su crisis. Su objetivo exclusivo era mantener el poder a toda costa.
También reconocimos la naturaleza excepcionalmente represiva del régimen de Sadam y el crecimiento anormal del estado totalitario que había construido, oprimiendo a la sociedad y privándola de todas las formas de organización y expresión independiente y libre, como quedó demostrado con sus detestables violaciones de derechos humanos y con la sangrienta represión de todas las fuerzas de oposición durante  más de tres décadas, además de la devastación humana y material causada por tres guerras destructivas y el injusto bloqueo internacional económico durante más de 12 años.
Nuestro Partido se opuso la guerra, considerando que era la peor alternativa. A la vez que participábamos en el movimiento mundial pacifista bajo el lema "No a la guerra, no a la dictadura", los comunistas iraquíes insistieron en la necesidad de diferenciar entre el pueblo y el régimen de Sadam, alertando contra las posiciones unilaterales que pasaron por alto la responsabilidad del régimen en los peligros y tragedias sufridas por nuestro pueblo iraquí. Insistimos en la necesidad de negar al régimen cualquier posibilidad de utilizar en beneficio propio al enorme movimiento mundial contra la guerra. Reclamamos, por tanto, que hubiese claridad en posturas y consignas,  y que se presionase al régimen dictatorial para que evitase la guerra por medio de un cumplimiento responsable de sus obligaciones internacionales, abriendo las puertas al pueblo y devolviéndole las libertades democráticas.
Cuando la amenaza de la guerra se convirtió en el resultado más probable, como consecuencia de la indiferencia completa de Sadam hacia el destino del pueblo y del país, y también de la determinación de la Administración estadounidense  para llevara delante su política, nuestro partido apeló a las fuerzas democráticas y progresistas, y al movimiento pacifista, para aque apoyasen la alternativa que proponíamos, una alternativa nacional, democrática y patriótica, que confía en la lucha de los iraquíes y sus fuerzas armadas, así como en la unidad de las fuerzas patrióticas de oposición, respaldadas por el  legítimo poyo internacional. Tal alternativa, su hubiese sido sostenida con presiones para forzar que el dictador retrocediese, habría impedido la guerra y sus trágicas consecuencias.
El resultado de la guerra, el rápido derrumbamiento de la institución militar de Sadam e incluso de todo el Estado iraquí, evidenció la bancarrota del régimen y de sus huecas declaraciones. Además, se evidenció también el deseo aplastante que nustro pueblo tenía de  deshacerse del régimen. Así, en un proceso sin precedentes y de enorme importancia para Irak y la región, la población decidió mantenerse al margen, observando una lucha entre un poder extranjero, al que conocía demasiado bien, y un régimen profundamente odiado. El 9 de abril, el día en que la dictadura se derrumbó, encarnó todas las  complejidades y contradicciones de la nueva situación. Se logró la liberación de la brutal dictadura, pero fue reemplazada por mla realidad de ocupación.
La mayoría aplastante de nuestro pueblo se alegró del vergonzoso derrumbamiento del régimen. Pero este derrumbamiento no dio paso a aparición de la alternativa democrática deseada. Surgió un peligroso vacío político y securitario, con las graves consecuencias políticas, económicas y sociales que están aún presentes. Abordar esta situación es prioritario actualmente.
El país ha afrontado numerosas tareas urgentes e interconectadas, cuya esencia reside en la creación de las condiciones para terminar con  la ocupación y encaminar a Irak por la vía del desarrollo nacional y democrático. Para hacer frente a esta nueva situación, nuestro partido apeló a todas las fuerzas patrióticas iraquíes para convocar una Conferencia nacional de amplia base y representativa del espectro político, social, nacional y religioso de la sociedad iraquí. Tal conferencia habría formado un gobierno provisional iraquí, basado en una coalición, con plenos poderes para administrar el país durante el período de transición y una ley electoral, iniciando negociaciones con EE.UU. para poner fin a la ocupación.
Pero esta demanda legítima, que había recibido amplio apoyo popular, e incluso regional e internacional, fue rechazada por los poderes de ocupación. EE.UU.  y Gran Bretaña recibieron despúes el apoyo de la Resolución 1483 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que efectivamente confería legitimidad internacional a su ocupación. Además, algunos partidos políticos iraquíes, en aras de una estrecha agenda política y mostrando una tendencia hegemonista, también contribuyeron, junto a otros factores, a impedir el  establecimiento de una amplia alianza que habría tenido apoyo interior y exterior, y que podría haber presionado sobre EE.UU. y haber conseguido el apoyo de las Naciones Unidas.
Los intentos de EE.UU. dirigidos a imponer un "Consejo Político" iraquí de naturaleza meramente consultiva fueron rechazadas firmemente por el pueblo y las fuerzas políticas. A mediados de julio de 2003 se alcanzó un compromiso, con la mediación activa del último representante especial de las Naciones Unidas, Sergio Vierra de Melo, para establecer un Consejo de Gobierno, con poderes limitados pero importantes. El Partido Comunista participó en el ronda final de discusiones con estadounidenses y británicos. Los intentos, por motivos ideológicos, de excluir al Partido, fracasaron, lo que fue un reflejo de la realidad política y de la posición de nuestro partido en el actual equilibrio de fuerzas.
El resultado final de este proceso, en el que el estadounidense poder ocupante fue forzado a aceptar una entidad iraquñi y de gobierno, con algunos poderes, ha puesto de manifiesto el potencial existente de cara a estos poderes, como una componnete de su lucha natural contra los poderes ocupantes. Nuestro partido, que decidió unirse el Consejo de Gobierno junto a la mayoría de las demás fuerzas políticas, ha considerado el Consejo de gobierno como un terreno de lucha más que como una autoridad final, fija y definitiva.
El Partido tuvo en cuenta los hechos siguientes cuando decidió unirse al Consejo de Gobierno:
- La mayoría de los demás partidos políticos y fuerzas y grupos nacionales y religiosos del país, aceptaron unirse al Consejo. Si algunos no se integraron en él fue porque fueron excluidos contra sus deseos. El Consejo incluye a la mayor parte de las fuerzas con las que nuestro partido podría aliarse para alcanzar su programa democrático y patriótico.
- Entre las organizaciones del partido y entre quienes le apoyan podía detectarse un deseo general de que, en la fase especialmente sensible y compleja que atraviesa nuestro países, se actuase de forma positiva y sin dar ningún pretexto a quienes quieren maniatarle, asilarle e incluso someterle de nuevo a la represión.
- La participación en el Consejo en su presente forma, no implica, de ningún modo, su aceptación como alternativa al deseado gobierno provisional de coalición iraquí. Por el contrario, lo vemos como un paso en el camino hacia un gobierno nacional independiente iraquí, con un programa patriótico y democrático, para librar al país de su grave situación actual y encaminarse hacia la construcción de un Irak unificado, democrático y federal.
- El Consejo representa uno de los principales elementos del proceso político con el objetivo final de alcanzar la independencia del país y encaminarse hacia un desarrollo democrático. Nuestro partido puede jugar el papel más influyente dentro de este proceso, empujar en la dirección requerida, luchando, también desde fuera del Consejo, por movilizar al pueblo para garantizar efectivamente que el proceso se desarrolla en la dirección adecuada. Se trata, en este sentido, de un terreno de lucha, ya que diversas fuerzas y bandos influyen en el proceso político tanto dentro como fuera del Consejo.
Nuestro pueblo, a pesar de la alegría que nos causó la caída del régimen de Sadam, no abrazó a las tropas extranjeras ni las recibió con flores. Nuestro pueblo espera con ilusión el rápido final de la ocupación, y la restauración de la plena soberanía e independencia del país.
La resistencia a la ocupación es un derecho reconocido por la Carta de las Naciones Unidas. Los iraquíes, por lo tanto, tienen un legítimo derecho a recurrir a varias formas de lucha para terminar con la ocupación y restaurar la soberanía nacional. Pero la resistencia a la ocupación no no se limita al emppel de métodos violentos de lucha, sino que, más bien incluye varias formas de lucha política pacífica. Las lecciones de historia nos enseñan que los pueblos sólo recurren a la lucha armada cuando los fuerzan a hacerlo tras agotarse los medios pacíficos.
Hoy, nuestro pueblo dispone de varias posibilidades y opciones para ejercer la lucha política. Han surgido  decenas de partidos políticos y organizaciones, sindicatos, organizaciones profesionales y democráticas, asociaciones... En las circunstancias actuales, bajo el clima existente de libertad, las fuerzas políticas iraquíes, incluyendo nuestro partido, están casi unánimemente de acuerdo en que los medios violentos no son los más apropiados y eficaces, en la medida que los medios pacíficos no han sido agotados. En realidad, las operaciones armadas en las circunstancias actuales de nuestro país perjudican al objetivo deseado: deshacerse de la ocupación cuanto antes. Tales operaciones, en realidad, dan pretextos a la prolongación de la presencia de las  fuerzas de ocupación y a la perpetuación del estado de tensión, inquietud y miedo entre la gente. Los actos de sabotaje contra servicios básicos, redes de electricidad, servicios de gas y oleoductos sólo agravan el sufrimiento del pueblo. Tales operaciones armadas, incluyendo los criminales asesinato, son explotadas por los seguidores del viejo régimen para nutrir sus esperanzas de recuperación del poder.
Las agresiones y actos violentos contra el pueblo por parte de las fuerzas de ocupación también han provocado reacciones violentas deéste, dando lugar a espontáneas operaciones armadas. Es importante, por lo tanto, distinguir entre los grupos y fuerzas que realizan tales actos. Abordar la actual situación en lo que a seguridad se refiere requiere, no obstante, urgentes medidas políticas, económicas y sociales. Ante todo, deben establecerse los requisitos previos para una rápida entrega del poder al pueblo iraquí y para la construcciónde un régimen democrático en Irak.
Los acontecimientos en nuestro país desde el derrumbamiento del régimen dictatorial también han acentuado la importancia que tiene la activación del papel de las Naciones Unidas y la ampliación de su participación directa en el apoyo y conducción del proceso político que está en curso en Irak en curso, así como su papel en los trabajos de ayuda y reconstrucción. Se trata de algo que cada vez es más urgente. Las Naciones Unidas tienen una experiencia acumulada que las cualifica para jugar un constructivo papel activo en el rápida creación de los requisitos previos para establecer un gobierno nacional independiente y terminar con la ocupación de nuestro país. Además, un papel realzado de las Naciones Unidas proporcionará una legitimidad internacional ahora inexistente, cuya ausencia impide actualmente la participación de muchas potencias mundiales en el proceso de reconstrucción y obstruye el retorno a una situación a la normalidad.
Hoy, en Irak tiene lugar hoy un proceso político sumamente complicado. Se ha transformado en un volátil frente de batalla, donde intereses y estrategias regionales e internacionales interactuan con la situación interna, empujando al país en direcciones contrarias a los intereses de sus habitantes y a sus aspiraciones a la restauración de condiciones de seguridad y estabilidad, a la recuperación de su soberanía nacional, al éxito de la alternativa democrática y a la aceleración de un proceso general de reconstrucción.
Durante este periodo de transición, en el que se intensifican  las contradicciones y la lucha en torno a cuál será la futura dirección en que se desarrollarán los acontecimientos, es esencial, más que nunca, contar con una multifacética solidaridad internacional de las fuerzas de la paz  y de los movimientos progresistas y democráticos, dando apoyo a la consolidación de fuerzas iraquíes patrióticas y democráticas en su lucha para frustrar los intentos de sabotear el proceso político y llevar el país hacia el caos y el enfrentamiento interno. Esta solidaridad es también esencial para permitir que los iraquíes logremos un rápido final de la ocupación y para que se abran perspectivas de desarrollo democrático en Irak, de forma que podamos decidir nuestro futuro sistema político y social de forma conforme a nuestra libre voluntad. El futuro de Irak y de toda la región depende en gran parte del resultado del proceso político en curso en nuestro país.


Departamento Internacional Partido Comunista iraquí

18 de octubre de 2003