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Venezuela: interrogantes y simplezas

Pedro Bueno y Enrique del Olmo

Artículo publicado en Iniciativa Socialista, número 54, otoño 1999


A lo largo de todo este año se viene hablando de manera insistente del proceso abierto en Venezuela, a partir de la elección de Hugo Chávez como presidente de la República. Este foco de interés mundial se ha visto acrecentado desde que el 25 de julio se celebraron las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).
Los antecedentes golpistas de Chávez, el acendrado populismo del que hace gala, la contradicción flagrante con los poderes que perviven del anterior régimen han servido a muchos analistas y medios para presentarnos el proceso abierto por la victoria del Polo Patriótico como un golpe de estado encubierto, como la apertura de un nuevo periodo de regímenes militares en Latinoamérica, como la aparición de nuevos populismos militaristas. Las comparaciones han sido inevitables: peronismo, velasquismo (por el regimen peruano comandado por Velasco Alvarado), y, aquellos enemigos más virulentos, un nuevo Fujimori. Otra comparación que ha enardecido a sectores residuales de la izquierda ha sido con el castrismo decadente. Las múltiples declaraciones en todos los sentidos de Chávez han favorecido esta multiplicidad de adjetivos.
Con la prudencia que recomienda la distancia y con las dudas e interrogantes que generan todos los procesos vivos y en movimiento queremos apuntar algunas reflexiones a una situación política nueva y de gran interés para Venezuela y todo su entorno.
En primer lugar, detengámonos sobre el proceso de llegada al poder de Chávez y el Polo Patriótico.
El resultado de esta última elección fue demoledor para las viejas cúpulas de los partidos -Copei y Acción Democrática, en el poder, ininterrumpida y alternativamente desde la década de los años 50. El Polo Patriótico aglutinado en torno a la figura del presidente de la República sacó el 90% de los sufragios y 120 escaños de un total de 131, con una participación electoral cercana al 50%. No hay que olvidar que Chávez fue elegido presidente por más de un 60%, el mayor apoyo popular de las últimas décadas, con una participación superior al 70%.
Se acusa al Polo Patriótico de haber copado la A.N.C. sin informar que tanto las elecciones presidenciales como estas últimas rigieron con los viejos postulados de los hasta ahora partidos mayoritario. Fueron Acción Democrática. y Copei quienes impusieron las reglas del juego en la elección de los miembros constituyentes: que ésta no fuera proporcional sino mayoritaria, la lista que ganaba en una circunscripción se llevaba todos los escaños de la misma. Pensando que el viejo clientelismo político les podría aún redituar. Evidentemente, la maniobra política les salió francamente mal.
Ahora bien, cabría preguntarse si este apoyo de amplios sectores de la población al proceso que inicia Hugo Chávez es fruto de la ignorancia del pueblo venezolano, de su fácil manipulación o, más bien, es un proceso que tiene unas causas muy precisas que lleva a que sectores no solamente populares sino de amplias capas medias de la sociedad, apoyen y defiendan este profundo cambio que se está produciendo en Venezuela.
Sobre la primera cuestión habría que aclarar que los venezolanos no son unos neófitos y desinformados votantes, ya que desde 1959 se viene realizando ininterrumpidamente elecciones parlamentarias, más bien limpias y equitativas, con un movimiento obrero organizado y con libertad de prensa. Se podría afirmar que junto con Colombia son los dos países donde el proceso democrático ha sufrido menos quiebra.
 

Una profunda crisis, económica, social y política

Entonces ¿por qué este cambio “súbito” y este arrase arrollador a las viejas estructuras de poder, apoyándose en un exgolpista como el teniente coronel Hugo Chávez?
Simplistamente, se podría decir que es una respuesta populista contra la corrupción sin más, pero la historia de la mayoría de los pueblos latinoamericanos, como señala Jorge Castañeda, se han resignado durante siglos a la venalidad y abusos de sus gobernantes, mientras obtengan algún beneficio a cambio. Cuando la economía crecía y abundaban los dólares baratos y los barriles caros, el electorado daba repetidamente su confianza a los mismos partidos tradicionales que hoy han castigado, siendo sus dirigentes tan corruptos como lo son ahora. Es el estancamiento económico y la desaparición de la esperanza los que han llevado al chavismo, no sólo la reacción inmisericorde contra la corrupción.
El populismo en America latina, viene de las enormes presiones redistributivas generadas por la abismal y ancestral desigualdad latinoamericana. El que voluntarismo o el oportunismo hayan conducido a excesos y errores de política económica y social, obliga a rectificar dichos errores y excesos y a  no  resignarse ante el desastre distributivo de la región.
Los indicadores socioeconómicos de las últimas dos décadas sitúan a Venezuela como el país de dinámica más negativa de toda América Latina y el Caribe, y si algunos indicadores se mantienen por encima de los países más pobre del contexto, se debe al volumen de recursos y servicios sociales acumulados desde finales de los años 40. Según datos de Naciones Unidas y de su Comisión Económica (CEPAL): el PIB por habitante ha sido negativo tanto en el periodo 1981-1990 (-3,2) como durante 1991-1996 (-0,3). Venezuela tiene la tasa mas alta de toda Latinoamérica y el Caribe, llegando al 103% en 1996, y esto en un entorno acostumbrado a las hiperinflacciones de la década de los 80. La tasa de desempleo urbana sólo es superada por Panamá, Nicaragua, República Dominicana y Argentina. Los salarios y los promedios de remuneración son menos de la mitad de casi todos los paises de América Latina (el 50,4) sobre una base de referencia de 100, el poder adquisitivo de los salarios es la mitad del de los años 80. Otros datos de referencia señalan que la Inversión bruta es negativa tanto en la construcción como en las manufacturas, que en el ámbito de los servicios es el único país con disminución de la demanda interna. En abril de 1996 se pone en marcha la Agenda Venezuela que es un plan basado en la ortodoxia del Banco Mundial que agudiza el tremendo desequilibrio social existen. En contrapartida, las clases poderosas realizan espectaculares negocios con el desmantelamiento de la propiedad pública: con la política de privatizaciones se ingresan, en 1995, 21 millones de $US y en 1996 se da el salto a ¡¡2.090 millones de $US!!. A dónde han ido, esa es otra pregunta.
Venezuela podría ser uno de los países más ricos del mundo y, de hecho, fue el país más rico de América Latina allá por los cincuenta, pero las clases dominantes en lugar de emplear la enorme riqueza petrolera en un proceso de desarrollo dinámico, asegurando un nivel decente para la mayoría de la población, fue orientado a crear toda una serie de empresas públicas improductivas, que lo único que garantizaban eran enormes sueldos y privilegios para sus ejecutivos y trabajadores.
Una economía subsidiada, donde la corrupción, la apropiación privada de la riqueza pública, el asistencialismo como propuesta política para los sectores más desfavorecidos, desigualdades cada vez más latentes, fueron carcomiendo los cimientos de la propia República, hasta darse la situación de que a pesar de los cuantiosos ingresos que recibía Venezuela por la exportación del petróleo no aminoraba su deuda externa, sino la aumentaba. Hoy Venezuela es uno de los países más endeudados con el Fondo Monetario Internacional de toda América Latina. En 70% de su población vive en la pobreza.
La caída de los precios del petróleo que impedía seguir a los partidos tradicionales con su política clientelista y subsidiaria fue el inicio de los cambios que hoy estamos viviendo.
El caracazo mostró las enormes desigualdades de una sociedad en la que la concentración de la riqueza en manos de unos pocos iba en paralelo con pauperización de amplísimas capas medias
El proceso se agravó con la globalización económica y la necesidad de adecuarse a los nuevos vientos de liberalización y privatización. El cierre de empresas, el paro, la supresión de los subsidios, dejó desamparado a los pobres, llevando la crisis a las escuelas, universidades, hospitales, etc. Mientras, la oligarquía venezolana se enriquecía más en todo el proceso de privatización de las empresas públicas, como en Argentina.
Como afirma Castells, la crisis social que vive América Latina desde México a Argentina, se transforma en crisis política. Crisis social acrecentada por la salvaje privatización de las empresas públicas, que posibilita el nacimiento de proyectos nacionalistas, como el de Chávez que intentan renegociar las condiciones de inserción en la economía global.
Estas son las condiciones sociales en las que se sostiene el proceso que acaudilla Chávez, de la misma forma que Perón se sostenía en el proceso de ruptura con el imperialismo inglés, una coyuntura económica excepcional y la irrupción de un nuevo proletariado venido desde el interior del país (los cabecitas negras). Chávez expresa el agotamiento total de unas clases dominantes corruptas (algo que ni sus mismos representantes -ver Carlos Andrés Pérez- han negado), el empobrecimiento del país y el levantamiento político de las clases populares de las periferias urbanas.
Así llegamos a Chávez, personaje con rasgos autoritarios, demagógicos, populista, contradictorio en su discurso, pero que no invalida para nada este proceso de búsqueda de inserción en condiciones más favorables para la mayoría del país.
Por supuesto que hay riesgos importantes de autoritarismo en el gobierno de Hugo Chávez, aunque hasta la fecha las libertades democráticas no han sido amenazadas, aunque se hallan tomado medidas rechazables- particularmente el manejo de la crisis con el Congreso- o de dudosa instrumentación: la intervención de las burocracias sindicales sin abrir un proceso electivo y de reorganización inmediatamente.
El proceso no ha surgido de abajo arriba, sino a la inversa. El papel de la izquierda es precisamente ese, acompañar el proceso en lo que de positivo tiene y empujar, desde su autonomía política y no desde una corriente confusa como el chavismo para que la sociedad civil organizada neutralice los elementos autoritarios del gobierno de Hugo Chávez.
La Soberanísima, la democracia, los derechos humanos
Si alguna institución ocupa un lugar central en el proceso junto al Presidente ésta es la Soberanísima, que, a pesar del dominio del chavismo, va a ser uno de los lugares donde cristalicen la contradicciones del proceso. Por eso, en primer lugar, es necesario analizar objetivamente el proyecto de Constitución, donde en teoría tendría que anidar el proyecto de régimen autoritario, sin embargo, en un estricto sentido, nadie hoy puede afirmar que el proyecto de la soberanísima sea autoritario en lo político y regresivo en lo social, por el contrario, hay que afirmar que es un proyecto donde se descubrirán importantes avances democráticos, donde de forma explícita se defiende los derechos humanos y los derechos político básicos igual que en las Constituciones más avanzadas de cualquier país reconocido como democrático. Además, se introducen algunas novedades interesantes en dirección a una democracia participativa, como el derecho de referéndum, el de revocación de mandatos y el derecho a la Objeción de Conciencia, en el cual se afirma que toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y a manifestarlo mediante la práctica y la enseñanza. Más adelante afirma: “ninguna persona podrá ser objeto de reclutamiento forzoso, ni obligado a portar armas, ni sometido a servicio social bajo jurisdicción militar, sino en los términos fijados por la ley, respetando el derecho a la objeción de conciencia”. Este artículo cuadra mal con un proyecto de sociedad militarista.
Es de particular importancia el artículo que recoge los derechos de los pueblos y comunidades indígenas, donde el primer articulo afirma : “El Estado Venezolano reconoce la existencia de los pueblos y comunidades indígenas, su organización social, política y económica, sus usos y costumbres, lenguas, creencias y tradiciones, así como los derechos originarios sobre las tierras y territorios que tradicionalmente ocupan”.
En su artículo dos, afirma que “las lenguas indígenas serán oficiales en las entidades federales en las cuales sean habladas y el régimen educativo indígena será intercultural y bilingüe”. Desde una visión europea, el que el régimen educativo sea bilingüe podrá parecer la cosa más normal del mundo, pero hablando de Latinoamérica, donde la comunidad indígena es marginada desde la época de la conquista, es un logro democrático importantísimo.
Desde el punto de vista democrático es interesante resaltar la elección directa del Defensor del Pueblo y la elección por las Cámaras del Fiscal General de la República (a lo mejor aquí, con este mecanismo, no teníamos a unos fans de Pinochet como Cardenal y Fungairiño), y del Contador de la República.
En el otro polo constitucional, por donde podría aparece el carácter presidencialista del régimen: las competencias del Presidente de la Republica, simplemente señalar que las 23 competencias que le atribuye el proyecto de la soberanísima se diferencian en poco de las 21 que le atribuía la Constitución de 1961, incluidas las reformas de 1983.
Desde el punto de vista de los derechos sociales y económicos, además de reducir la jornada laboral a 40 horas (independientemente de la opinión que se tenga sobre su introducción en un texto constitucional) frente a las 48 horas de la anterior constitución, la prohibición de latifundios, los derechos de organización sindical, los derechos de salud, de igualdad de la mujer, de los desprotegidos. Es importante resaltar que las ONGs, Organizaciones de Derechos Humanos agrupadas en el denominado “Foro por la Vida” han aportado a la Asamblea Constituyente un documento que bajo el significativo título “Derechos Humanos:base del Proceso Constituyente” aporta los componentes constitucionales en esta materia.
 

¿Atacar a Chávez o atacar al que se sale de la partitura?

¿Por qué entonces ese ataque furibundo contra el proceso abierto en Venezuela y que ha llegado a ser calificado por Vargas Llosa, gurú del liberalismo más cerril, como el suicidio de una nación?
Quizás, como afirma Manuel Castells, porque el triunfo de una alternativa nacionalista al nuevo orden global en América Latina, sentaría un precedente demasiado peligroso. De modo que pareciera como si los poderes fácticos de ese nuevo orden global hubiesen puesto en marcha la maquinaria de “defensa de la democracia.”
Hoy se pone el grito en el cielo porque se quiera reestructurar los tribunales de justicia, cuando se sabe que en el Tribunal Supremo compuesto por quince miembros, era por todos conocida la existencia del un miembro más, no elegido por nadie, sino por los gobernantes de turno, con el objetivo de que el Tribunal supremo fallara en concordancia con los intereses de los núcleos dominantes del poder político y económico.
Pero lo más grave del asunto es que los sectores oligárquicos de siempre ya se están movilizando junto a las viejas cúpulas de los partidos para, sin ninguna sutileza, llamar al golpe de estado, en defensa del viejo orden institucional. Carlos Andrés Pérez dice que el gobierno de Chávez caerá en dos años, no dice cómo, pero afirma que caerá. Las cúpulas de los partidos llaman a un sector del ejército a que intervenga directamente e interrumpa el proceso abierto con la elección de Hugo Chávez.. Este es el peligro real, el que como tantas veces la burguesía local, aliada a las grandes corporaciones económicas internacionales aborten una nueva experiencia que cuenta con el respaldo de la mayoría del pueblo venezolano, por lo menos de la única manera que tenemos para medirlo, que son las elecciones.
No defendemos a Chávez  mas allá de lo que lo haríamos ante cualquier gobernante libremente elegido frente a intentos involutivos y antidemocráticos. En cualquier caso, lo que defendemos es el derecho del pueblo venezolano a buscar nuevas salidas al callejón sin futuro en el que se encontraban. No se puede dibujar el futuro, puede que la experiencia involucione en lo político y que no avance en lo social; que el chavismo pacte con los grandes poderes económicos transnacionales, o que aproveche la buena coyuntura que le ofrece el alza de los precios del petróleo para mejorar la condición de vida de los venezolanos y se consolide como un reformador hasta que termine su ciclo, puede ser que pierda sus apoyos al no poder responder a las expectativas. Las hipótesis son muchas, pero desde la distancia no podemos por menos que intentar huir de la manipulación interesada y de la simpleza como análisis político, para mostrar nuestra solidaridad con cualquier intento que avance hacia el respeto a los derechos humanos y políticos, hacia un mayor equilibrio social y hacia la defensa de los desfavorecidos.
 
 
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