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PEREJIL SE LLAMA LEILA

Luis M. Sáenz


Este texto fue escrito inmediatamente después de la ocupación del peñón de Perejil por el ejército español (“gesta heroica” según el ministro de Defensa). Por razones técnicas no pudo ser colocado en la web en esas fechas, pero fue distribuido a través del boletín electrónico Rebelión en la granja. Aunque en el momento de colocar el artículo en la web la situación ha cambiado, el autor ha preferido que se mantenga la versión original.



Ahora sí que se ha producido una invasión del peñón de Leila, al que en España denominamos "Perejil". Una acción bélica, incruenta afortunadamente, pero bélica, que ha incluido la detención de soldados marroquíes por parte del Ejército español. Una acción irresponsable, no equiparable a la instalación de siete militares marroquíes sobre un territorio despoblado, y cuyas consecuencias son hoy imprevisibles y echan leña a muy peligrosos fuegos. Una acción prepotente, de matón de barrio, ante un país al que se considera muy inferior militarmente, llevada a cabo en el momento de máximo desgaste del gobierno Aznar, que trata ahora de fomentar la "unidad nacional" en torno suyo beneficiándose del cretinismo patriotero.

Perejil se llama Leila. Este diminuto peñón, de 10 hectáreas y habitado solamente por cabras, forma parte inequívocamente del territorio marroquí. A sólo 200 metros de la costa marroquí y situado en sus aguas jurisdiccionales, desde el punto de vista de la legalidad internacional -y no digamos ya si tomamos en consideración la legitimidad postcolonial- "Perejil" pasa a formar parte de Marruecos con el fin de la zona de influencia española en 1956, aunque el régimen franquista mantuviese allí un pequeño pelotón tres o cuatro años más. Además, "Perejil" no forma parte de ningún territorio de los que constituyen España, ya que no pertenece a ninguna de sus comunidades o ciudades autónomas. En particular, queda fuera del territorio definido por el Estatuto de la Ciudad Autónoma de Ceuta. "Perejil" sería pues una parte "fantasma" de España.

Geografía, historia y legalidad ratifican el carácter marroquí del islote de Leila. Si a esto sumamos que se trata de un espacio no habitado, sin derechos individuales en juego, no hay excusa alguna para no hacer un reconocimiento claro del carácter marroquí de este peñón. Casos como los enclaves españoles de Ceuta y Melilla o el enclave británico de Gibraltar tienen también un claro origen colonial o bélico, pero al existir poblaciones afincadas en ellos desde hace largo tiempo requieren un complejo proceso de negociación que no tenga en cuenta solamente factores geográficos y de soberanía nacional, sino que lleve a fórmulas respetuosas con los derechos y capacidad de autogobierno de sus actuales habitantes, de todos ellos, incluidos aquellos a los que no se reconocen tales derechos y son tratados como subciudadanos o no-ciudadanos sobre su propia tierra. Pero este factor humano no existe en el caso de Leila, al igual que tampoco se parte de ninguna situación de "españolidad" de hecho o legal del islote, tanto que ni siquiera la ministra española de Asuntos exteriores se ha atrevido a afirmarla. ¿Cómo pueden, pues, "invadirnos" algo que no es "nuestro"?

Son momentos difíciles para la verdad. Casi la totalidad de la izquierda española, con excepción de ERC, dió manos libres al Gobierno con la moción votada tras el debate del estado de la Nación, sin obtener siquiera la garantía de la renuncia al uso de medios militares para resolver este falso "contencioso". La borrachera de patrotismo señala con el dedo a quien se niega a sumarse a ella, y mucho nos tememos que de forma mucha más intensa puede afectar a las personas de origen magrebí residentes en España. Pero precisamente en momentos así cobra vital importancia cada voz singular que se alza contra la alharaca patriótica.

No podemos quedar en silencio ante esta fantochada con la que se siente crecer un Aznar cada vez más disminuido. Pedimos la retirada inmediata de las tropas españolas del peñón de Leila y un compromiso de defensa de la seguridad de todas las personas de origen magrebí residentes en España. Creemos que debería procederse al reconocimiento del carácter marroquí de ese territorio, pero, en todo caso y como mínimo, debe renunciarse explícitamente y unilateralmente a su ocupación militar y dejar el inconsistente litigio sobre el estatus del islote de Perejil/Leila en manos de instancias internacionales, como el Tribunal de La Haya, aunque, realmente, ninguna falta hace de llegar hasta ese punto, dada la transparencia del caso.

La acción llevada a cabo por el gobierno español tiene un claro signo neocolonial. Eso no quiere decir que la instalación del pelotón marroquí formase parte de un proyecto anticolonial. En realidad, fue una aventura irrresponsable del monarca marroquí realizada en su propio honor, autoregalo de bodas que juega con los intereses vitales de la gente marroquí sin pararse a medir las consecuencias que para su país podría llegar a tener. Si de lo que se trataba es de dar testimonio del inequívoco carácter marroquí del Peñón, había formas civiles de presencia, especialmente en el ámbito de protección de la naturaleza y estudios marinos, mucho más eficaces, saludables y útiles, ante las cuales el gobierno español habría tenido mucho más difícil hablar de "invasión". Pero nuestro problema y nuestra responsabilidad, como ciudadanas y ciudadanos españoles, es condenar la acción militar de nuestro gobierno ocupando un territorio que no nos pertenece, sin que por ello aplaudamos la acción emprendida por el gobierno marroquí, acción legítima pero estúpida. En cambio, la invasión de territorio marroquí por parte del ejército español es ilegítima, estúpida e irresponsable. Deseamos que no debamos pagar un caro precio por ello.


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