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Las raíces de rap

 Mumia Abu-Jamal

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(c) copyright 2001, Mumia Abu-Jamal. Todos los derechos reservados. Reimpreso con autorización del autor.
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Mumia Abu-Jamal es autor de tres libros: 'Live from Death Row', 'Death Blossoms' y 'All Things Censored'.
Una nueva biografía, 'On A Move: The Story of Mumia Abu-Jamal', puede obtenerse en http://www.MumiaBook.com

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Mumia Abu-Jamal
AM 8335
SCI-Greene
175 Progress Drive
Waynesburg, PA 15370
Estados Unidos
"La música es tu propia experiencia, tus pensamientos, tu sabiduría. Si no la vives, tu trompa no emitirá música"
Charlie "Bird" Parker
Cuando el rap apareció en escena, llegó como si se tratase de un tío loco; chillón, desaliñado, al que no se había invitado aunque, sin embargo, seguía siendo parte de la familia.

Llegó como un hijo bastardo; insolente, con un colorido resplandeciente y desafiando a quien pudiera ignorarle.

Apareció en el mundo, mordiendo y gruñendo y berreando de manera consciente.

No pudo ser peor recibido por muchos de mediana edad. Cuando en los años 1980 se derrumbó el "corporaty party" [la fiesta de las corporaciones], el rap acometió contra la niebla dulzona, confortable y efectista promovida durante una época que ahora preferimos olvidar: la música disco. La "disco" era la electrificación, la computarización, la "prettify-cation" y la involución de un música ubana en la que se había producido una tendencia hacia el aumento de la conciencia social. La "disco" era la mercantilización del R&B y del funk, edulcurando sus rugidos y dentelladas.

Cuando el reggae cobró verdadera fuerza, la cara "B" de muchos discos de éxito presentaba una versión instrumental sin las letras. Algunos hábiles DJs jamaicanos comenzaron a recitar sus propias proclamas sobre el fondo de rítmicos backbeats y tamborileos, naciendo así el toasting. El reggae, el ska, el mento y el calipso han tenido siempre una fuerte tradición de mordaces críticas (aunque humorísticas) en torno al conflicto entre ricos y pobres.

Este espíritu de crítica sociopolítica fue escuchado por los afroamericanos que compartían con afroantillanos los barrios de Queens, Flatbush,
Bed-Sty, South West Philly. Ese espíritu se extendió, y para muchos adolescentes fue más atractivo que el dulzón espumante malteado de la música disco.

Al igual que sus mayores y sus antepasados, esta generación produjó y creó una forma de música que encajaba con su realidad vivida. Una música sin refinar, porque su vida carecía de adornos y de refinamientos. Y si se trataba de una música enfurecida, se debía a que la furia es una réplica natural a la represión.

Está música sólo comenzó a suavizarse, cuando, como ocurría en la música disco, se involucraron los intereses empresariales discográficos, que trataron de borrar, en aras a sus interes comerciales, todo lo que pudiese resultar polémico, para asegurarse así una amplia audiencia, es decir, una extensa base de consumidores.

Cada generación crea su propia música. Hace años, el aclamado escritor negro Richard Wright escribió, en "12 Million Black Voices" (Viking, 1941): "nuestros blues, jazz, swing y boogie-woogie son nuestros 'espirituales' en la ciudad de asfalto, son nuestro anhelo de libertad y de igualdad de oportunidades, una expresión de perplejidad y desesperación ante un mundo que nos elude...".

Y cuando esta cultura creó una música para dar la voz a los esfuerzos propios de un pueblo, los intereses de las corporaciones intentaron edulcorar, homogeneizar y desnegrificar lo que era una creación cultural, con el propósito de convertirla en mercancía. La cultura no puede ser vendida, pero los artefactos sí.

¿De dónde procede la maestría oral mostrada por los raperos? Nada se crea a sí mismo.

Hace un siglo, durante los días de la esclavitud, los hombres y mujeres jóvenes se comprometían por medio de un ritual de cortejo maravilloso por su ingenio y su dulzura. El historiador Jhon Blassingame, en su "The Slave Community", cuenta cómo la gente interactuaba en medio de la brutalidad de la esclavitud".

"ÉL: Mi querida señorita, ¿tiene usted alguna objeción a que coloque mi silla a su lado y haga girar la rueda de mi conversación alrededor del eje de su comprensión. ELLA: No tengo ninguna objeción a un caballero que se dirige a mí de forma apropiada, señor.

ÉL: Mi querida señorita, el mundo es un lúgubre desierto repleto de animales voraces, y usted ha aprendido a atravesarlo."

Este es el "juego rapero" de una gente que se amaba en un mundo que no les amaba. Quizás tales raíces puedan mantener saludables los frutos que hoy vemos y escuchamos"

(c) 2001
 
 
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