Claroscuros de la izquierda ante el 2000
Ángel Requena
Ángel Requena es Alcalde de san Sebastián
de los Reyes. En las elecciones municipales encabezó la candidatura
de Izquierda Independiente-Iniciativa por San Sebastián de los Reyes.
Artículo publicado en Iniciativa Socialista número 54, otoño
1999
El fin de siglo más contradictorio de la historia de la humanidad
se nos presenta más complejo que nunca: enormes posibilidades de
liberación e idéntico número de amenazas. La situación
española no es ajena a esa situación planetaria, si bien
nuestro país tiene sus especifidades: construye tardíamente
un estado democrático y la izquierda alcanza el poder contrafase
cuando en su entorno gobiernan los neoconservadores.
La izquierda socialdemócrata pierde el gobierno del Estado en
1996 por sus propios errores y por desgaste, y lo hace con una mínima
diferencia en el apoyo popular. La paradoja aparece cuando aritméticamente
gana la izquierda plural y gobierna la derecha.
Trataré con unas pinceladas de dar mi opinión sobre las
perspectivas inmediatas tras las elecciones locales, autonómicas
y europeas del 13 de Junio de 1999.
La derecha no despega
La derecha española no termina de despegar cuando todo le es favorable.
Los resultados del 13 de junio y los acuerdos de gobierno posteriores ponen
de manifiesto tanto las dificultades del Partido Popular para ampliar electorado
como la determinación de partidos regionalistas conservadores de
no ser fagocitados. El resultado se ha traducido en la pérdida de
poder autonómico y municipal. La crisis múltiple del PSOE
no le ha servido, contra pronósticos, al Partido Popular para reafirmarse,
cuando los objetivos de su política moderada no son otros que la
obtención de la mayoría en solitario en 1as elecciones del
2000. Duro revés para aquellos que tan felices se las prometían.
Las razones aportadas por el Sr. Arenas para explicar el relativo fracaso
encuentran en la abstención su base. Se habla de desmovilización
ante un anunciado triunfo y de exceso de confianza. Sin dejar de ser cierto,
habría que añadir la memoria histórica en una parte
importante de la población (especialmente los que vivieron la dictadura)
y la preocupación de otros sectores ante las concentraciones de
poder, en especial de aquellos que apoyaron al Partido Socialista y que
le retiraron conyunturalmente la confianza.
La bonanza económica relativa, y la capacidad de alcanzar acuerdos
y compromisos parlamentarios y sociales no le han sido suficientes al Partido
Popular. El futuro está abierto.
Izquierda Unida: empieza el sálvese quien pueda
La que fue una de las experiencias más prometedoras de regeneración
de la izquierda española empieza su calvario (deudas, miserias y
reproches) tras haber fracasado en todos sus objetivos fundacionales: reequilibrio
y pluralidad de la izquierda, gobierno de la izquierda de otra forma y
dignificación del pensamiento crítico y libre. Tras trece
años de experiencia, el balance es desolador: el voto de Izquierda
unida no ha servido para llevar al PSOE a otras posiciones sino para facilitar
la llegada del Partido Popular. Aunque el Partido Socialista haya puesto
de su parte también todo lo posible, la fuerza emergente está
obligada a tener suficiente inteligencia política para facilitar
los acuerdos y lograr que la población perciba la utilidad de su
apoyo.
En la cúpula dirigente de Izquierda Unida ha dominado una involución
a formas primitivas y premarxistas de entender la política. Un discurso
ético, simplista y rigorista, se impuso frente a la ética
colectiva: no importa sacrificar un pueblo (llámese Málaga
o Córdoba) con tal de demostrar la “superioridad moral”. Unas bases
exhaustas aplauden plebiscitariamente todos los desatinos y los críticos
fueron eliminados por desleales y potenciales tránsfugas. En todo
caso, es de aplaudir que tras las elecciones del 99 se olvidaran de lo
de “deciden las bases” o “esperar a que se reúna la dirección”.
Izquierda Unida es ya una formación desorientada y desestabilizada.
Dos observaciones me gustaría subrayar tras las quizá
desgarradoras observaciones anteriores:
- El hundimiento de IU ha sido prematuro y contraproducente para el
futuro inmediato de la regeneración de la izquierda.
- Gran parte del activo necesario para la reformulación del
pensamiento de izquierda y su implantación social en España
son aún los adherentes y los colaboradores de Izquierda Unida.
El enfermo Partido Socialista se recupera
El efecto contrario al del Partido Popular: un partido descabezado y desubicado
consigue invertir la tendencia apoyándose en el electorado perdido
de Izquierda Unida y en la desconfianza de una buena parte de la población
en la derecha histórica española. Lo más importante
para el futuro inmediato es que el PSOE y la ciudadanía de izquierdas
vuelven a creer en el triunfo. Se está produciendo una notable revitalización
de la oposición de izquierdas al gobierno, con más iniciativas
y más convincentes.
Volvemos a asistir a una fuerte tendencia a la bipolarización
para las elecciones del 2000, lo que redundará en una disminución
de la abstención y una mayor movilización de la ciudadanía.
El triunfo de la izquierda es posible.
Como contrapunto, los últimos resultados no ayudan a la regeneración
del Partido Socialista. Se puede acentuar la tendencia a olvidarse de la
pluralidad de la izquierda pensando que los electores de otros partidos
irán captándose sin necesidad de concesiones programáticas
o en las formas.
Si no se precisa, no se pedirá perdón a la ciudadanía
por la corrupción en las propias filas, por la arrogancia y soberbia
de las actuaciones, por los errores, o por el dominio de la “razón
de Estado” frente a la legalidad.
Las otras izquierdas
Tenemos en primer lugar a un Bloque Nacionalista Gallego que puede dar
lecciones a Izquierda Unida de cómo un discurso “radical” es compatible
con posibilismos tácticos que sean útiles a la población
de izquierda; Bloque que está muy consolidado, y dispuesto a sumarse
a la izquierda plural sin que parezca que sus votos pueden perderse en
caso de necesidad.
Por otra parte, tenemos a Iniciativa por Cataluña, que ha resistido
la escisión provocada por Izquierda Unida. Mi identificación
con sus análisis me hace esperar que tenga un papel activo en un
futuro, y puede mantener su presencia.
La Chunta Aragonesista ha ocupado una parte importante del espacio
de Izquierda Unida en Aragón, y será necesario contar con
ellos, y a su vez los chunteros tendrán que situarse ante unas generales
muy paralizadas en las circunscripciones pequeñas donde sus votos
pueden perderse.
Especial atención requerirá la evolución próxima
de Nueva Izquierda. Como partido ha estado desdibujado. Sus acuerdos electorales
con el PSOE quizá eran imprescindibles, pero si el precio es la
total subordinación no tiene razón de ser como partido. Nueva
Izquierda decidirá próximamente entre integrarse en el PSOE
y refundarse como foco de atracción de lo valioso que vaya abandonando
Izquierda Unida, que es mucho, y puede ser que se produzcan los dos hechos.
Los inicios de Izquierda Unida fueran entusiasmadores, pero la historia
no se repite nunca de la misma forma.
Respecto a los que nos mantenemos atentos en agrupaciones locales o
foros cívicos, nuestro deseo es encontrar un lugar donde merezca
la pena estar. A estas alturas, no pedimos mucho: libre pensamiento, respeto
y ser útiles. Nos gustaría ayudar a construirlo pero no dilapidar
nuestras ya escasas energías en navegar hacia ninguna parte.
Cataluña: la esperanza templada
La apuesta de Maragall y su puesta en escena son una experiencia inédita
en España. Cataluña es el lugar donde el voto PSOE ha resistido
mejor en las generales. El PSC ha logrado estar al margen de escándalos
y en gran medida su posicionamiento con José Borrell inequívoco.
Un candidato que lograba erosionar en las municipales al electorado de
CiU estaba en condiciones de romper el monopolio del poder autonómico
por la derecha nacionalista.
La propuesta de Maragall, muy recortada por el propio partido, es una
hábil mezcla de anhelos de superar el corsé de partidos esclerotizados,
y abrirse a la sociedad, con tendencias plebiscitarias de carácter
populista que pueden ensombrecer el futuro. Pero la agitación se
ha producido, bienvenida sea. Con la izquierda alcanzando por primera vez
el gobierno de la Generalitat no sólo se habrá avanzado en
Cataluña, se definirá también un camino a seguir en
el resto del Estado: plataformas ciudadanas, integración en listas
plurales y revitalización de las formas de actuación política.
Objetivo 2000
Hay razones para la esperanza. La izquierda puede ganar las elecciones.
Para hacerlo tendrá que resucitar todas las energías de quien
les dio pasados triunfos, y más tarde les retiró el apoyo,
y aglutinar al resto de la izquierda.
En las pasadas elecciones generales estuvo a punto de producirse un
fenómeno aberrante pero posible: quien consiga más apoyo
popular puede no tener más diputados. El tamaño de la circunscripción
obliga a no desperdiciar ningún voto en las provincias de escasa
población.
Al PSOE le corresponde ser generoso pero también mostrar otra
cara a la ciudadanía: la del partido que realmente aprende en la
oposición, que analiza sus errores y tiene voluntad de corregir.
El resto de la izquierda estamos obligados a contribuir a la unidad
aún manteniendo el pensamiento crítico. Y también
a reagrupar los colectivos dispersos.
Si la ciudadanía ha demostrado su madurez y que no da apoyos
incondicionales, tenemos la obligación de promover una alternativa
y después no defraudar.
17 de septiembre, San Sebastián de los Reyes