Richard L. Greeman
Religión y represión en los Estados Unidos
Richard Greeman es secretario de la Fundación Víctor
Serge. Publicado en Iniciativa
Socialista 76, verano 2005
La campaña de histeria religiosa lanzada para “salvar” a Terri Schiavo,
la infortunada joven mantenida contra su voluntad en coma irreversible durante
quince años, no es más que el último episodio delirante
de una guerra emprendida contra la racionalidad por la derecha cristiana
en el poder en los Estados Unidos. Así es, después de la exigua
victoria electoral de George W. Bush en 2004, EEUU parece cada vez más
afectado por una psicosis de tipo “religiosa”. La racionalidad y la ciencia
se encuentran sitiadas por la superstición y el pensamiento mágico.
Paralelamente, la mentira oficial ocupa el lugar de la realidad objetiva
en el discurso político y en los medios.
Psicología política
¿Qué puede enseñarnos la psicología política
sobre la etiología, la dinámica y la posible resolución
de esta psicosis social? Si se mira a la sociedad estadounidense según
el modelo aplicado a las familias de tipo “abusadora”, se constata que el
gran obstáculo con que se encuentra el observador es la “negación
psicológica” en la que viven los sujetos, ya sean “víctimas”
o “abusadores”. Es la famosa historia del elefante en el salón del
que nadie habla. Con independencia de que la patología tome la forma
del incesto, del alcoholismo, de la cleptomanía, del juego o de la
violencia, los miembros de la familia afectada, en nuestro caso de la sociedad
afectada, se encuentran intimidados por el pariente abusador y se convierten
en sus cómplices en la negación. Acaban por compartir su delirio,
aceptar sus “racionalizaciones” y vivir en su pseudorealidad opresiva. Para
permanecer lúcido y objetivo el observador, evidentemente, tiene que
situarse en el exterior del delirio, aunque esto no sea suficiente. La psicología
política debe entender también los síntomas como parte
de un conjunto, de un sistema psicótico del que hay que descubrir
las contradicciones internas. Incluso tendríamos que preguntarnos
si nuestra propia desconfianza hacia formas de análisis sistemáticas
como el psicoanálisis y el marxismo no es una muestra de esta complicidad
en la negación.
Evidentemente, el análisis, la razón y el espíritu crítico
son enemigos mortales de todo sistema psicótico y el abusador tiene
forzosamente que deslegitimarlos. Así pues, la ola de sinrazón
que invade la sociedad estadounidense contemporánea afecta a la vida
religiosa, política e incluso científica. El último
episodio delirante -el de una mujer muerta en vida que el régimen
integrista de Washington quería alimentar por un tubo a la vez que
suprime los créditos para alimentación de los niños
pobres- ha terminado por escandalizar a Europa. Pero está lejos de
ser el único. En la misma semana, la prensa estadounidense informó
de otros síntomas igualmente inquietantes de este delirio político-religioso.
He aquí algunos, a los que someto a análisis psicopolítico.
Apocalypse Now
Comencemos por la New York Review of Books del 24 de marzo. Aquí,
el venerable periodista de la TV Bill Moyers examina la portada de los libros
más vendidos en los Estados Unidos, las doce novelas de la serie apocalíptica
Left Behind (Dejadas atrás). El autor, Tim La Haye, es un militante
de derechas que fundó con el televangelista Jerry Falwell un potente
lobby, La mayoría moral. Sus novelas futuristas cuentan los “últimos
días” de la tierra: su Apocalipsis llegará cuando los judíos
vuelvan a tomar todas las Tierras bíblicas. Entonces, las legiones
del Anticristo combatirán contra Armageddon, Cristo descenderá
para el juicio y los Creyentes (sus lectores) subirán al Cielo desde
donde verán a sus adversarios políticos y religiosos afligidos
por pestes y penas. Retomado por las sectas cristianas fundamentalistas y
por los republicanos de Bush, este escenario alucinante sirve de trama a
la política del régimen. Comúnmente, se habla de un
“conflicto entre civilizaciones”‚ entre la democracia americana y el Islam
político, pero se trata más bien de un conflicto entre
integrismos, pues el cristianismo político de Bush y el judaísmo
de Sharon equivalen claramente al islamismo de los ayatolas.
Respecto a Oriente Medio, la derecha cristiana, tradicionalmente antisemita,
sostiene ahora al Estado judío. No hace mucho, los caballeros cristianos
del Ku Klux Klan linchaban indiferentemente a negros y a judíos. Hoy
forman un bloque con el lobby sionista y el lobby petrolero del Congreso,
mientras que el influyente senador Lieberman, demócrata y sionista,
se asocia abiertamente con las sectas fundamentalistas cristianas. En su
abracadabrante escenario político-religioso, Israel va a derribar
al Anticristo árabe-musulmán, mientras que Bush y su clique
acaparan provechosamente las reservas de petróleo del Maligno... En
lo que concierne al medio ambiente, los republicanos cristiano-liberales
aplican la misma “lógica”‚ teleológica. Inútil es salvaguardar
el patrimonio natural, llegan los Últimos días. De esta forma,
el Gobierno abre los bosques ancestrales de los parques nacionales a la tala
para enriquecer a sus amigos del lobby forestal, suprimen las restricciones
sobre la polución para enriquecer a los multimillonarios del automóvil
y del carbón y exponen las vastas tierras vírgenes de Alaska
a la codicia de la industria petrolera.
“¿Es plana la tierra?”
Como la ciencia y la racionalidad condenan estas exigencias económicas
y geopolíticas del capitalismo estadounidense, se hace la guerra a
la ciencia y a la racionalidad dejando tomar las bridas a la locura supersticiosa.
Así, en el N.Y. Times del 19 de marzo se puede leer que los cines
Imax (pantallas en tres dimensiones, algunas instaladas en los museos de
ciencias) rechazarán exhibir películas documentales que hablen
de la evolución, del Big Bang o de la geología de la tierra
que puedan contradecir las descripciones bíblicas de la Creación,
por miedo a atraer las protestas de los cristianos fundamentalistas. Ya en
un gran número de estados federados se impone a los profesores de
secundaria presentar la evolución como “solamente una teoría”‚
y enseñar a la vez la “Ciencia creacionista” y el “Diseño inteligente”:
la complejidad de la naturaleza como “prueba” de una inteligencia divina
creadora. Incluso la distinguida revista National Geographic ha seguido ese
movimiento con un número titulado “¿Se equivoca Darwin?”, lo
que provocó una parodia, una inocentada, en el último número
de Scientific American, con artículos como “¿Es plana la tierra?”,
“El mito del átomo” e “Ignoremos el CO2”.
Por desgracia, la falsa ciencia predicada por el Gobierno no es una pesada
broma, ya que esto le permite rechazar como “no probados” los informes publicados
por instancias científicas y por su propia Administración de
la Protección del Medio Ambiente (EPA) con el fin de revisar las normas
sobre polución a favor de las industrias concernidas. También
justifica la censura al pensamiento médico prohibiendo al personal
de todas las instituciones que financia (incluidas las del extranjero) hablar
de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) o de contracepción.
El fanatismo violento de los terroristas “cristianos” no es una broma para
sus víctimas humanas: médicos practicantes de la IVE asesinados
impunemente, clínicas atacadas con bombas impunemente, el viejo juez
de Florida, piadoso cristiano, amenazado de muerte por los integristas por
haber permitido a la joven morir tras quince años de coma y unos doce
de pleitos legales. Curiosamente, la policía cierra los ojos ante
estas manifestaciones de terrorismo cristiano. Sin embargo, fue un
terrorista cristiano, no de un árabe, el que puso la bomba en el Federal
Building de Oklahoma City que causó 600 muertos, años antes
del ataque islamista a las Dos Torres que causó tres mil.
Una campaña que fracasó
Pero la campaña para “salvar” a Terri Schiavo ha fracasado. Esperando
ganar una batalla contra la racionalidad al explotar el drama de Florida,
los integristas de cualquier pelaje han creado una ola de histeria “religiosa”‚
en nombre del derecho a la “vida”‚ artificial y vegetativa. A la cabeza,
el tejano Georges W. Bush , que se dice “personalmente salvado por Jesucristo”‚
secundado por su hermano Jeb Bush, gobernador de Florida y presidente-designado
para 2008, involucrado en el asunto Schiavo desde hace años. Estos
dos caballeros cristianos estaban apoyados por los jefes del Congreso, por
todos los televangelistas fundamentalistas de los Estados Unidos así
como por el polaco moribundo Karol Wojtyla, gran ayatola de la secta autoproclamada
“santa, católica y apostólica” por el cual la Europa cristiana
celebra hoy los funerales en una orgía de religiosidad malsana.
Ahora bien, a pesar de la complicidad de los medios y de los Demócratas
en el Congreso que votaron una ley de excepción para “salvar” a la
mujer muerta en vida, el público estadounidense no se ha dejado engañar.
Según el sondeo de la CBS del 23 de marzo, 82% de los estadounidenses
se oponen a estas intervenciones y 74% lo ven como una maniobra política
oportunista. Así pues, la histeria religiosa desencadenada por el
Gobierno ha fracasado gracias a la racionalidad de los ciudadanos. Sin embargo,
el 80 o el 90% de los estadounidenses se identifican como practicantes o
creyentes. ¿Cómo explicar esta paradoja?
Las sectas integristas
En la sociedad civil estadounidense, las sectas de derecha con sus millones
de fieles constituyen lobbies‚ ricos y poderosos que consiguen censurar cada
vez más las costumbres e imponer sus ideologías reaccionarias
mediante intervenciones agresivas en la vida política, sexual e incluso
científica. Pero la religiosidad americana es paradójica.
En materia de sectas, hay que decir que tenemos de todo en los Estados Unidos:
televangelistas multimillonarios, un montón de iglesias evangélicas
fundamentalistas, obispos católicos reaccionarios, judíos ortodoxos
integristas, baptistas del sur, mormones, testigos de Jehová, caballeros
cristianos del Ku Klux Klan, milicias apocalípticas nazi-cristianas.
Estos fieles forman las tropas de choque del régimen de multimillonarios
instalado en Washington. Estas sectas beben de una cultura de origen sudista
que engloba a muchos blancos pobres para los cuales su estatus social depende
en parte de su superioridad sobre los negros. Históricamente, el régimen
abusivo de las plantaciones mantenía a esta clase de blancos ignorantes,
supersticiosos y violentos para dirigir y someter a sus esclavos. Hoy, el
régimen abusivo de los multimillonarios se sirve de ellos para intimidar
a la sociedad civil y hacer callar a sus adversarios.
Esta alianza tradicional permite al gobierno de los super-ricos escamotear
lo “social”‚ reemplazándolo por lo moral. Por otra parte, el término
“temas sociales” no designa en el periodismo estadounidense cuestiones sociales
como el paro, sino cuestiones morales como la IVE o el matrimonio homosexual.
Irónicamente, estos blancos pobres de derecha son, a menudo, tan pobres
como sus vecinos negros, sus competidores en el mercado de los subempleos.
Pero subliman su vergüenza identificándose con los amos -plantadores
esclavistas o multimillonarios capitalistas- y proyectándola sobre
los negros, a los que desprecian y aterrorizan más o menos impunemente.
Los parados lumpen del partido nazi se imaginaban como superhombres, übermenschen,
descendientes de una raza de dueños herrenfolk, y Hitler les dio la
oportunidad de vengar sus humillaciones sobre los judíos y otras razas
“inferiores”. En Texas, donde el gobernador Bush ha establecido nuevos récord
de ejecuciones capitales (el 88% negros), se lincha todavía a negros
y homosexuales. El integrismo cristiano cimienta ideológicamente esta
alianza entre las masas de blancos pobres ignorantes y los multimillonarios
de derecha cínicos y supersticiosos.
Un “partido de masas” intimidatorio
En el paradigma de la familia disfuncional, estas masas integristas corresponden
a los niños de un padre violento que contienen el miedo y la rabia
que sienten. Wilhelm Reich, en su fase marxista, ya había analizado
este tipo de carácter en sus observaciones sobre la psicología
de masas y el ascenso del fascismo en Alemania. Tales niños tienden
a abrazar su propia represión interiorizando la “realidad” del padre,
percibido como representante de la autoridad. Por ejemplo, las niñas
maltratadas que acaban por vivirse como “culpables” y los chavales agresivos
que proyectan sobre otro su propio miedo y su violencia inhibidas. Estos
niños se creen víctimas que “se defienden”. Su carácter
se vuelve rígido y su comportamiento agresivo, y se convierten en
“buenos” policías o soldados, y en “buenos” torturadores.
Son las tropas de choque de la “revolución republicana”. Aportan un
elemento clave al régimen imperial de Bush. Recordemos que para
instalar y mantener sus dictaduras históricas, Mussolini, Hitler,
Stalin, Sadam Husein, Jomeini y compañía han necesitado cinco
elementos indispensables: una ideología irracional, el poder sobre
el Estado, el control de los medios, una crisis permanente de histeria xenófoba
y un partido de masas intimidatorio. Hoy el régimen estadounidense
de Bush dispone de todos estos elementos y esto es grave. Por primera vez
en mi vida, el espectro de un “fascismo a la americana”‚ agitado demasiado
a menudo por la izquierda, me atemoriza. En este momento, encuentro particularmente
inquietante la invasión de la escena política y del discurso
por el irracionalismo religioso. Pero, afortunadamente, todavía hay
fuerzas sociales sanas en los Estados Unidos, creyentes que se resisten a
esta ofensiva ideológica de la derecha cristiana. Pues los Estados
Unidos están profundamente divididos y la religiosidad de la sociedad
americana es paradójica.
Una constitución de deístas
Para comenzar señalemos que los sagrados “padres fundadores” de los
Estados Unidos (Washington, Jefferson, Adams, Franklin, Paine) eran todos
deístas [NT: doctrina que admite la existencia de Dios, pero no su
intervención en los actos humanos ni la revelación], o incluso
ateos. La palabra “Dios” no se encuentra en nuestra Constitución,
que prevé una separación de la iglesia y el Estado más
rígida todavía que el régimen de laicidad francés.
Grandes lectores de Montesquieu, los “padres” inscribieron también
el federalismo y la rígida separación entre los poderes ejecutivo,
legislativo y judicial. Así, incluso hoy, la independencia constitucional
de un juez local cara al presidente y al Congreso continúa siendo
más sagrada que la Biblia. Por esta razón, nuestro presidente
imperial, su hermano gobernador y los congresistas integristas se han humillado
queriendo desafiar la decisión de la Corte de Florida de poner fin
al suplicio de una moribunda. Los mismos límites constitucionales
prohíben todo tipo de subvención pública a las escuelas
confesionales estadounidenses. Mejor aún, una reciente decisión
de la Corte suprema ha prohibido como signo religioso ostentoso los Diez
Mandamientos grabados por un juez cristiano integrista delante de su tribunal
en Georgia.
Hacia 1830 Tocqueville observó la gran religiosidad de la sociedad
civil estadounidense, que iba a la par con su espíritu filisteo, hipócrita
y comerciante. En los estados del Sur Tocqueville escuchó las “pruebas
bíblicas” de la inferioridad de los negros de boca de sus piadosos
anfitriones esclavistas. Pero no previó que una generación
posterior el radicalismo cristiano de los antiesclavistas como el esclavo
Sojourner Truth y el militante blanco John Brown iba a precipitar la Guerra
Civil.
Incluso hoy no hay que confundir el fanatismo supersticioso de las sectas
integristas de derecha, que sirven de base electoral al partido Republicano
de Bush, con la teología liberal de las iglesias protestantes tradicionales.
Las iglesias “liberales”
Los fieles episcopales, congregacionistas, metodistas africanos, unitaristas,
cuáqueros, judíos reformados y “católicos de la liberación”
son generalmente antirracistas y aceptan cada vez más a pastores mujeres
o incluso a personas abiertamente homosexuales. En la época de Martín
Lutero King y de la guerra de Vietnam, muchas de estas iglesias se unieron
a cruzadas por la paz, la justicia social y racial. Siempre muy presentes
en las manifestaciones y acciones directas no violentas, prestan gratuitamente
sus salas de fiestas que sirven de locales a nuestras organizaciones antiguerra
y antirracistas (incluidos los grupúsculos marxistas). Son gente con
conciencia en un país que se hunde en el egoísmo consumista.
Ahora bien, como todas las sectas reaccionarias, las iglesias liberales son
también comunidades humanas que permiten a las familias estadounidenses
medias defenderse contra el anonimato de una sociedad atomizada. Son pequeñas
ensenadas de solidaridad y de ayuda mutua frente a la dureza de la vida bajo
el capitalismo neoliberal americano y la ausencia casi total de lo que los
europeos denominan “lo social” y “la vida asociativa”. Se comprende que,
al contrario que los europeos, la gran mayoría de los estadounidenses
sean más o menos practicantes. No hay que despreciarlos. De entre
las filas de estos creyentes “de izquierda” han salido gran parte de los
500.000 estadounidenses que se manifestaron contra Bush en NY y que han votado
en número récord (50 millones de votos) por el partido Demócrata
en 2004. Como se ha visto, el 82% de estos estadounidenses se pronunciaron
contra la intervención gubernamental para “salvar” a una moribunda.
Ahora, el partido Demócrata les traiciona abrazando el evangelismo.
La traición de los Demócratas
Recordemos que los Republicanos han ganado su exigua mayoría jugando
la carta religiosa y mediante una campaña que agitaba ante el electorado
de blancos pobres fundamentalistas un eje del mal compuesto por el matrimonio
homosexual, la IVE y el “laxismo” moral. Buenos cazadores de brujas, han
presentado a los Demócratas, tradicionalmente liberales, laicos, tolerantes
y humanistas, como impíos, antirreligiosos e impotentes frente a las
hordas musulmanas dispuestas a invadir Texas y Montana.
Hoy, los Demócratas, en lugar de reagrupar su base popular en defensa
de los valores ciudadanos, se suman hipócritamente a la escuela de
los Republicanos. Sólo un puñado ha votado en contra de la
ley excepcional para mantener en vida vegetativa a la pobre Terri Schiavo.
En la misma semana, Hillary Clinton, probable candidata demócrata
a la presidencia en 2008, revela que ella “siempre” ha practicado la oración
cotidiana (International Herald Tribune del 18 de marzo) y declara que los
Demócratas deberían “hablar más de su fe” (2). Eso les
evitaría hablar de los problemas terrestres como el hundimiento estadounidense
en Irak, los escándalos de Enron y Halliburton, el escándalo
de la tortura, la ausencia de un sistema de salud, la polución industrial,
la caída del dólar, las deslocalizaciones, el paro, la precariedad,
las familias sin amparo, la exención de impuestos a los super-ricos,
la deuda astronómica que justifica el escamoteo de las pensiones,
de la enseñanza y de otros servicios públicos, así como
todas las formas de ayuda a las mujeres y a los niños pobres.
Censura y propaganda en los EEUU
Millones de estadounidenses se enfrentan a una dura realidad, pero esta realidad
no corresponde a la que el gobierno Bush transmite cotidianamente por nuestros
medios.
En el N.Y. Times del 18 de marzo, la gran periodista Maureen Dowd expone
cómo la Casa Blanca manipula a los medios. En primer lugar, la Administración
no tolera las críticas. Acaba de obligar al decano de los presentadores
de los informativos de la televisión nacional, Dan Rather, a “jubilarse
anticipadamente”‚ después de haber citado un documento de fuente no
confirmada a propósito del servicio militar de Georges W. Bush durante
la guerra de Vietnam. No obstante, la información era correcta: nadie
niega que Bush se ausentara durante mucho tiempo sin permiso de la Texas
Air National Guard, donde mediante la intervención de un cliente de
su padre había obtenido una plaza, muy estimada pues esta unidad no
podía ser enviada al combate vietnamita (3).
En cuanto a Dowd, la célebre y glamorosa cronista de la Casa Blanca
con muchas Administraciones, tiene prohibidas las conferencias de prensa
presidenciales. Planteaba preguntas demasiado pertinentes. Ante sun exclusión,
ella denuncia el escándalo de un falso periodista contratado por la
Casa Blanca para que hiciera preguntas fáciles ante las cámaras.
Se ha llegado a encontrar la foto del falso periodista en una página
Web que ofrecía servicios como Escort (gigoló) para señoras
y señores. Además, el gobierno de Bush ha terminado por admitir
que encargaba sistemáticamente artículos favorables a periodistas
a sueldo, y que el Tesoro público pagó grandes sumas a una
veintena de agencias publicitarias para realizar falsos “reportajes” regularmente
retransmitidos como verdaderos por las televisiones regionales. Poco importa:
¡el ministerio de Justicia ha resuelto que estos falsos reportajes
son perfectamente legales “en el momento en que se basan en hechos y no son
partidistas”! Dowd califica esta ofensiva de “campaña de propaganda
al estilo soviético”. Para mí, se corresponde más con
1984 de Orwell, con su “ministerio de la Verdad”, su “Liga antisexo” y su
divisa “La guerra es la paz”.
“Nosotros creamos nuestra propia realidad”
De todas formas, el régimen ha instaurado un sistema de mentiras y
de alucinación donde la realidad se pierde de vista. La televisión
estadounidense proyecta una bushlandia imaginaria habitada por multimillonarios
de fiesta. En ella, la paz y la democracia se instalan en Oriente Medio gracias
a la victoria de Bush sobre Sadam el Malvado. En ella, la economía
estadounidense remonta gracias a las exenciones de impuestos que animan a
los ricos a crear empleo. ¿Los hechos indican otra cosa? Se los niega
y aparta del discurso. Enfrentado con la ausencia de “armas de destrucción
masiva de Sadam” y de sus “relaciones con el 11 de septiembre” un consejero
de Bush ha declarado: “Nosotros creamos nuestra propia realidad” Es lo que
los psicólogos llaman “el pensamiento mágico”. Por desgracia,
sabía lo que estaba diciendo: según los sondeos, casi la mitad
de los electores estadounidenses creía todavía en estos dos
mitos en 2004. ¿No es cierto que Hitler proclamó: “Si una gran
mentira se repite muy a menudo, la gente la creerá”? Efectivamente.
Pero hace falta también disponer del poder para avasallar a los medios,
censurar las críticas, desacreditar la razón empírica
e imponer una ideología ilusionista. De todas formas, recordemos que
la realidad acaba tarde o temprano por volverse contra los iluminados que
se ciegan al negarla. Después de todo, el “Imperio de mil años”
de los delirios del Fürer no duró más que trece.
Los elefantes en el salón
Frente a las contradicciones entre las justificaciones de su política
y los hechos (ausencia de ADM en Irak, etc.) el gobierno de Bush pretende
“crear su propia realidad”. El problema es que obliga a sus ciudadanos y
a sus aliados a vivirla. ¿Cómo lo hace? En nuestro modelo de
familia de tipo “abusadora” se observa que el alcohólico, el padre
incestuoso, el abusador físico “introducen elefantes en su salón”,
después obtienen la complicidad de la familia en su negativa del problema
de su culpabilidad secreta. Imponen su “realidad” a sus próximos por
medio de una mezcla de amenazas violentas y de seducción.
El elefante introducido en la Casa Blanca por Bush, Cheney, Rice, Rumsfeld
y Wolfowitz se llama “Irak”. Se hace como si no se viera, pero se siente,
pues el salón se llena misteriosamente de excrementos: hundimiento
indefinido del ejército estadounidense, desmoralización de
las tropas agotadas y mal equipadas, inteligencia falsa o falseada, escándalo
de la tortura oficialmente condenada pero impune, beneficios abusivos de
los “colegas” proveedores de la guerra, costes desmesurados, deuda astronómica,
etc. Los medios y los Demócratas se tapan la nariz. Algunos temerarios
preguntan “¿Qué es este olor?” Pero nadie se atreve a hablar
directamente del elefante.
Más vale hablar de la moral privada y de Dios. En el consenso mediático
la existencia de elefantes “no está probada” y la zoología
“no es más que una teoría”. En fin, en la Biblia no hay elefantes.
Los abusadores tienden también a “proyectar” (transferir) su violencia
interior sobre enemigos simbólicos a fin de justificar su tiranía.
En el caso de una psicosis social, un gobierno abusador declara una guerra
sin cuartel contra enemigos abstractos, imperceptibles: “el comunismo”, “la
droga”. “el terrorismo”, “el Mal”. De esta forma, en plena huida hacia delante,
los fracasados estrategas de la guerra en Irak declaran la guerra permanente
e ilimitada al mundo entero. Con el fin de tiranizar a sus ciudadanos, a
sus aliados y a sus adversarios, se autorizan a “cambiar el régimen”
de toda nación que ellos juzguen “favorable al terrorismo” o participante
en un “Eje del Mal” imaginario. Esto es el delirio. Según los sondeos,
el mundo teme más a Bush que a Osama Bin Laden. Pero ningún
líder rechista.
Ciudadanos y aliados intimidados
El belicismo unilateral de Washington sirve para atemorizar no solamente
a los países declarados “granujas” por los granujas de la Casa Blanca
sino también a los “aliados”. Se trata de intimidar a los imperialismos
rivales de segundo rango como Francia, Rusia, China que osaron protestar
contra la guerra americana en Irak en la ONU en 2002. Hoy, Bush muestra su
desprecio por estos “aliados” nombrando para la ONU a Bolton, un enemigo
declarado de esta organización, e instalando en el Banco Mundial al
arquitecto de la guerra, el ideólogo de derechas Wolfowitz (4). Ex-responsable
de la reconstrucción de Irak (donde no arregló nada y privatizó
casi todo), en adelante Wolfowitz va a administrar el desarrollo del
tercer mundo. ¿Escándalo? Ningún gobierno aliado se
atreve a contestar estos nombramientos imperiales que, sin embargo, son bofetadas
diplomáticas de parte de Bush. Tan intimidados como los Demócratas
en el Congreso estadounidense, los aliados se callan. Schröder e Hillary
Clinton cantan a dúo alabanzas a la propuesta de la Casa Blanca.
Para intimidar a sus conciudadanos, el presidente imperial ha instaurado
un régimen de seguridad donde las libertades cívicas se han
derogado. Con las Leyes Patrióticas, el ciudadano deja de estar protegido
contra los abusos del Gobierno. El Ejecutivo pretende designar como “sospechoso”
a todo ciudadano o extranjero (alien) con el fin de espiarle, encarcelarle,
retenerle indefinidamente bajo secreto y sin nombre, torturarle incluso,
sin dar cuenta a ningún tribunal público. Para impedir cualquier
recurso a la Justicia, Bush ha nombrado como Fiscal general a Alberto Gonzales,
el célebre autor de la memoria en la que se autorizaba la tortura
en Guantánamo y en Abu Ghraïb. “La Casa Blanca tiene ahora su
propio gulag” ha escrito la periodista Maureen Dowd en el NY Times del 18
de marzo. De hecho, los Estados Unidos, donde las prisiones rebosan con más
de dos millones de detenidos, aventaja a Rusia y a China comunista como sociedad
carcelaria.
El bunker ideológico
En el plano político, los ocupantes de la Casa Blanca se aíslan
cada vez más en el bunker de su ideología “neo-conservadora”.
Toleran mal la contradicción -incluso de parte de sus propias agencias
de inteligencia- y exigen ante todo lealtad. ¿Qué una comisión
de investigación presidencial sobre los servicios de espionaje ha
declarado que las motivaciones para la guerra en Irak eran “completamente
erróneas”(5)?: pues se promociona a sus arquitectos, Rice y Wolfowitz,
se deshacen de los tibios, Powell a la cabeza, y se persigue a los críticos
(6). Los nuevos “amos del universo” se encuentran, como el mismo Bush, a
disgusto con la complejidad y sienten poca curiosidad ante los demás.
Son provincianos más o menos incultos, que no hablan otras lenguas
y que han tenido pocas o ninguna experiencia en el extranjero o fuera del
mundo de los negocios y de las universidades estadounidenses. El cosmopolita
Colin Powell, del que se burlaban, era su coartada diplomática. Ya
no lo necesitan. Han elegido la solución más simple: la fuerza.
En el extranjero, sus verdaderos aliados no son las democracias capitalistas
rivales, sino las dictaduras que protegen sus inversiones y a las que venden
provechosamente armamento, como no hace tanto tiempo el vicepresidente Cheney,
entonces director general de Halliburton, se lo vendió a Sadam, con
el que se fotografió en la época de la guerra Irán-Irak.
Estos gobiernos tiránicos son perros guardianes feroces que aterrorizan
a la multitud de pobres, pero que también dan miedo a los amos. Pues
pueden volverse y morder, como Sadam y Bin Laden, dos asesinos entre los
que el único “vínculo” realmente existente es el de haber recibido
subsidios de la CIA.
La tiranía tranquiliza a esta derecha. La complejidad le inquieta.
Bush mira a los ojos azul-hielo del policía Putin y le nombra “mi
amigo Vladimir”. Los amos de Washington prefieren instintivamente aliarse
con la dictadura militar islamista pakistaní (padrina de los talibanes
y vendedora de secretos nucleares a Corea del Norte) que con la democracia
capitalista india (considerada blanda, inestable y pro-comunista) (7).
Afinidades electivas
En la escena política nacional, los Republicanos se apoyan en los
elementos racistas violentos imbuidos de fanatismo religioso. Como se ha
visto, la derecha de los multimillonarios se sirve de estas masas de blancos
pobres integristas como base electoral y tropas de choque. Pero esta beneficiosa
alianza entre los directivos y los predicadores integristas no es únicamente
un matrimonio de interés. Existe una profunda afinidad, podría
decirse espiritual, en su percepción del espíritu de los tiempos
zeitgeist y su visión del mundo weltanschaum. El delirante escenario
del Apocalipsis imaginado por los cristianos del siglo II corresponde precisamente
a las catástrofes que vemos llegar en el XXI: guerras y epidemias
generalizadas, cambios climáticos, ruptura del tejido social, hambrunas,
sequías, destrucción de ciudades, grandes temores, divisiones,
violencias. Ahora bien, si no es Dios el responsable, bien se podría
acusar al capitalismo, al Gobierno, a los ricos. La masa de los cristianos
integristas, pese a estar muy afectada por el paro y la bancarrota de la
pequeña empresa en los Estados Unidos, no lo piensa así. Hace
frente a la crisis social con la ensoñación fantasmal de pertenecer
a una tribu de elegidos que será salvada. Provinciana, ignorante y
xenófoba, aterrorizada por el mundo hostil que entrevé por
los medios, está atormentada por la pesadilla racista de un alzamiento
vengativo de los negros que hoy se encarna en las hordas de invasores árabes
envidiosos de su “modo de vida americano”.
Decadencia y regresión
Mis amigos europeos están asombrados por la histeria religiosa reaccionaria
que parece englobar a los Estados Unidos. ¿Cómo explicarles
esta caída en la decadencia y la regresión de la sociedad estadounidense,
en otro tiempo considerada como un modelo democrático y progresista
a seguir? En efecto, en el liberal siglo XVIII los capitalistas americanos
luchaban por la racionalidad, la tolerancia y la ciencia en contra de la
superstición y el despotismo. Y ahora, en el neo-liberal siglo XXI
los capitalistas americanos combaten la racionalidad, la tolerancia y la
ciencia y predican la superstición y el despotismo. Si los jefes del
imperio americano se comportan más como Nerón o Calígula
que como Wilson o Roosevelt, es que este imperio -triunfante en 1945- es
ya decadente. De hecho, la sociedad americana siempre ha basculado entre
sus tradiciones democrático-progresistas y la cultura decadente, violenta
y reaccionaria del Sur esclavista. Las mayorías electorales del partido
Demócrata progresista de Wilson y de Roosevelt se basaban en una alianza
inestable entre los trabajadores inmigrantes y pequeños burgueses
cultos de las ciudades del Norte y los “Dixie-crates”‚ segregacionistas de
los estados del Sur, apartheid donde sólo los blancos podían
votar y donde los Demócratas reinaban como partido único a
nivel local.
Pero todo basculó en 1968 con la revuelta de los negros y el apoyo
dado por el presidente demócrata Johnson a la causa de la igualdad
legal entre las razas. Como reacción, los “Dixie-crates”‚ se pasaron
al partido Republicano conservador, para dar los votos del Sur y, por tanto,
la presidencia al reaccionario Nixon. Esta nueva derecha domina la escena
política americana.
Nixon y después Reagan lanzaron una contrarrevolución cultural
contra lo ganado en los años 60 (derecho a la IVE, libertad sexual,
antirracismo), cruzada en la que Bush es el nuevo caballero cristiano.
Por otra parte, los dos presidentes demócratas, Carter y Clinton (ambos
antiguos gobernadores de estados del Sur) permanecieron en esta “línea”
neo-liberal y belicista, a pesar de algunas bonitas palabras sobre los “derechos
humanos”. Es el Clinton de Arkansas quien, con los bombardeos en Afganistán
y Sudán, anuncia la nueva doctrina del unilateralismo militar americano
que el Bush de Texas retoma para justificar su guerra en Irak.
Después de 2004, con su primera verdadera victoria electoral, la coalición
reaccionaria de Bush se halla en posesión de todo el poder y no se
molesta en moderar sus orígenes sudistas decadentes ni su alucinante
visión regresiva del mundo. Pero no es la única América.
Hay otra, sana, democrática, idealista y tolerante, para quien la
religión y la moralidad son asuntos privados y los derechos del individuo
sagrados. Son los cuatro estadounidenses de cada cinco que han defendido,
contra una campaña de propaganda religiosa y estatal altamente mediatizada,
el derecho a morir de la pobre Terri Schiavo, y que han dicho en un sondeo
de la CBS que creían que los Republicanos querían “aprovechar”
esta tragedia por razones “oportunistas” (8).
Por ahora, esta América está a la defensiva. Después
de su exigua derrota electoral de 2004, se siente traicionada por el partido
Demócrata por pasarse a la plegaria, y privada de acceso a los medios.
Esta América profunda mira estupefacta el desencadenamiento mediatizado
de una ola de psicosis religiosa de extrema derecha. Por ahora, recula bajo
los golpes, busca señales. Mientras, el elefante de la guerra de Irak
continúa apestando en el salón. Actualmente son los valerosos
soldados disidentes y las familias de los militares los que han tomado la
delantera al denunciar esta sucia guerra que apesta (9). Nadie puede poner
en cuestión su patriotismo. El movimiento antiguerra estadounidense
se está reagrupando tras de ellos. En los años 60 terminó
por dividir a la opinión, provocar la crisis del régimen y
forzar la retirada de las tropas estadounidenses de Vietnam. El imperio de
Bush se encuentra hundido por mucho tiempo en Irak. La última palabra
no está dicha.
¿De qué tienen miedo?
El movimiento por la paz y la justicia en los Estados Unidos busca señales
después de su desalentadora derrota electoral de noviembre de 2003
y la traición del partido Demócrata, que ha abandonado sus
últimas posiciones oposicionistas y ha abrazado una política
basada en “la fe”. Dado el hundimiento de las fuerzas estadounidenses en
Irak, el movimiento masivo antiguerra de 2003 no tardará en volver
a despertarse. En espera de eso, el régimen republicano de derechas
se ha endurecido. Guerra permanente, censura, campañas de histeria,
leyes excepcionales, aliados despóticos, prisiones atestadas, tortura...
Pero “¿por qué toda esta represión en una sociedad de
consumo, aparentemente estable y que domina el mundo como superpotencia económica
y militar incontestada?” La pregunta está bien planteada (10). En
psicoanálisis como en política, se supone que donde hay represión
hay una fuerza inhibida proporcional de la que se tiene miedo. ¿De
qué “retorno de lo inhibido” tienen miedo los ocupantes de la Casa
Blanca?
Recordemos que tanto Bush como Cheney, Wolfowitz y compañía
vivieron los años 60 como un traumatismo. En principio, debieron afrontar
el riesgo del servicio militar en Vietnam (que los tres consiguieron evitar),
después la profunda conmoción de la superpotencia americana
humillada por los revolucionarios vietnamitas en pijama. Además, estos
jóvenes conservadores ambiciosos estaban estupefactos ante el espectáculo
increíble de la sociedad americana desgarrada por la resistencia a
la guerra, la revuelta de los negros, los tumultos en las grandes ciudades,
los campus ocupados por los estudiantes en rebelión, las mujeres liberándose,
las revoluciones sexual y cultural. Tanto oyeron repetir la palabra “revolución”
que temieron por sus privilegios e incluso por sus preciosas vidas (11).
Dueños del universo‚ esquizofrénicos
Vemos ahora a estos hijos de papá en el poder gracias a los multimillonarios
conservadores de su generación. Por una parte, deben imaginarse como
los “amos del universo” a quien todo se les permite. En efecto, hoy por hoy
han conseguido construir su propia realidad y obligarnos a vivir en ella.
Enriquecen a los “colegas” capitalistas que financian sus campañas
políticas exonerándoles de impuestos, ofreciéndoles
contratos carísimos, subsidios exorbitantes y haciendo beneficioso
el conjunto de la guerra a fin de repartirse los recursos del planeta. El
pensamiento único de su neoliberalismo es un pensamiento mágico
en donde los Estados Unidos pueden continuar tomando en préstamo y
gastando indefinidamente sin devolver jamás. Poco importa que el capitalismo
estadounidense depredador no sea más productivo, que casi todos los
coches “americanos” y todos los televisores que compran los consumidores
estadounidenses sean importados, que los Estados Unidos no exporten casi
nada excepto armas, desechos y el dumping de excedentes agrícolas
subvencionados. Para el pensamiento mágico de los especuladores de
2005 (como para los de 1929), este boom tendría que continuar indefinidamente
(12).
Pero los nuevos dueños del mundo son esquizofrénicos pues,
por otra parte, tienen miedo. Tienen miedo de todas esas multitudes que hormiguean
sobre la tierra, todas esas gentes pobres, extranjeras, de razas y culturas
incomprensibles a las que dominan y despojan. Tienen miedo de su envidia,
miedo de su violencia, miedo de su capacidad para rebelarse otra vez como
durante esos traumáticos años 60. Pues si la izquierda ha olvidado
la potencia de esta ola revolucionaria que en 1968 hizo tambalearse a varios
regímenes (13), la derecha de los privilegiados no ha olvidado el
canguelo ni la fragilidad repentinamente revelada del régimen. He
ahí su pesadilla. Cuanto más miedo, más tendencia tienen
a reprimir, a evadirse en el pensamiento mágico.
No obstante, los multimillonarios depredadores de Washington se dan perfectamente
cuenta de que ellos son un puñado comparado a los millones de humanos
a los que expolian. Ese abismo les debe dar vértigo, ya que es mucho
más profundo después de las terroríficas erupciones
volcánicas de los años 60. Y así es, pues tras la revuelta
de los zapatistas de Chiapas, las acciones de los altermundistas contra la
OMC en Seattle, en Montreal, en Cancún, en Génova, el mundo
entero está al corriente de sus vicios secretos. Y ellos oyen a una
nueva generación que grita por los cuatro costados del globo: “El
mundo no es una mercancía”‚ y que proclama “Otro mundo es posible”..
Temible retorno de lo inhibido.
9 de abril 2005
Notas
(1) El psicoanalista Wilhelm Reich, antiguo miembro del círculo freudiano
de Viena, está considerado como el pionero del psicoanálisis
político con su análisis del ascenso del nazismo. (Por el contrario,
Freud ignoraba el problema hasta el punto de quedarse acorralado en Viena
en 1938). Ver su Fascismo y psicología de masas.
(2) Señalemos que esta autodenominada “feminista” es miembro de la
secta de los baptistas del Sur que, en su concilio de 2000 afirmaba que según
la ley de Cristo “la mujer debía obedecer a su marido”.
(3) James Goodale, Report of the Independant Review Panel Concerning President
Bush’s Texas Air National Guard Service, New York Review of Books, 7 de Abril,
2005.
(4) Antiguo subsecretario de Guerra, este protegido de Bush despreciaba no
hace mucho a la “vieja Europa”. Es este “Wolfie” quien declaraba en 2002
que los iraquíes acogerían a los americanos “con flores” y
que los costes de la reconstrucción “se cubrirían con los ingresos
del petróleo iraquí”.
5. “Dead wrong”‚ ver el International Herald Tribune del 1 de mayo de 2005.
(6) Al parecer, la Casa Blanca llegó a revelar al periodista de derechas
Robert Novak la identidad de Valerie Palme, agente secreto de la CIA con
el fin de vengarse de su marido, Joseph Wilson IV, ex embajador de Bush,
que desenmascaró la mentira de la compra por Irak de materiales nucleares
en África. Ver el N.Y. Times del 9 de abril de 2005, p. 7.
(7) Incluso apoyaron a los paramilitares narcoterroristas de derechas en
Colombia y dieron la espalda al gobierno laborista de Lula, no obstante perfectamente
neo-liberal, en Brasil.
(8) New York Times 24 de marzo de 2005.
(9) Karen Houppert “The New Face of Protest”, The Nation, 28 de marzo de
2005
(10) ¿No emitió Freud la hipótesis de la existencia
de un “inconsciente” sobre la base de sus observaciones sobre la represión?
(11) La idea de la revolución era tan popular en la época que
fue recuperada para los anuncios publicitarios. Por ejemplo el eslogan “Dodge
Revolution”‚ que los obreros negros de las fábricas de automóviles
Dogde en Detroit hicieron famoso en 1968 con su “Movimiento revolucionario
Dodge”.
(12) Por precaución, el Congreso americano prepara una legislación
que, por una parte, impide a los consumidores endeudados declarar la bancarrota
personal y, por otra, alivia la responsabilidad fiscal de las sociedades
anónimas en caso de quiebra. Si la burbuja estalla, los directivos
no perderán todo y sus empleados estarán obligados a trabajar
como siervos para rembolsar su tarjeta de crédito.
(13) Recordemos al presidente De Gaulle huido en Alemania (mayo de 1968)
y el presidente Johnson que “dimitió”, rechazando una reelección
segura (julio de 1968).