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Algo se mueve en Catalunya

Rafael Ribó

Rafael Ribó es presidente de Iniciativa per Catalunya-Verds. Artículo publicado en Iniciativa Socialista número 54, otoño 1999


Si bien es cierto que todas las elecciones son una caja cerrada que, afortunadamente, impide saber a ciencia cierta qué va a ocurrir, las elecciones autonómicas que Catalunya va a celebrar el próximo 17 de octubre han suscitado una especial expectación.
Los motivos son diversos: por una parte, hemos podido detectar que en la sociedad catalana ha calado una sensación de cansancio ante las mismas excusas cuando se es incapaz de hacer aquello para lo que los políticos deben servir; esto es, resolver los problemas que afectan a los ciudadanos y ciudadanas.
Hasta ahora, Jordi Pujol se había sentido lo suficientemente seguro de sí mismo y de sus posibilidades de ser reelegido hasta el punto de no tener que hacer ni siquiera campaña electoral. Sin embargo, Pujol se ha dado cuenta de que algo está cambiando en la sociedad catalana y está intentando cambiar, a mi juicio en vano, esta tendencia.
En esta línea, son patéticos los esfuerzos electoralistas de Pujol para recuperar la iniciativa política, el más anecdótico es su ascenso al pico Aneto para “demostrar” su “juventud”, “capacidad de sacrificio” y su “entrega al país”, aunque los hay más preocupantes -porque son financiados con dinero público- como son la organización, por parte de la consellería de Benestar Social del Govern de la Generalitat, de un acto para la gente mayor un día antes del inicio de la campaña electoral; la rebaja de ciertos peajes, en según qué condiciones, o el insulto a la dignidad de los ancianos con las pensiones más bajas que ha supuesto la “propina” (la palabra “aguinaldo” que otros han utilizado parece excesiva) de cuarenta duros mensuales que ha aprobado recientemente el Govern y que, de facto, constituye una zancadilla más al Pacto de Toledo.
Por otra parte, la apuesta del PSC por la candidatura de Pascual Maragall ha puesto de manifiesto la posibilidad de dejar de conjugar el verbo resistir y la posibilidad de conjugar el verbo ganar. Sin embargo, tanto Maragall como el PSC son conscientes de que, si bien son imprescindibles para el cambio en Catalunya, no son suficientes para materializarlo. Y por esto, a pesar de las reticencias iniciales mostradas tanto por el PSC como por el candidato, al final se han decidido a firmar un acuerdo electoral con Iniciativa per Catalunya-Verds (IC-V) y Ciutadans pel canvi.
El acuerdo para concurrir en una única lista electoral en las circunscripciones de Girona, Lleida y Tarragona suscrito el pasado 3 de septiembre tiene que ser uno de los catalizadores que hagan estallar la ilusión de los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya ante un posible cambio de una mayoría de derechas -merced al pacto, encubierto en Catalunya, entre el PP y CiU- por una mayoría de progreso que consiga responder a los retos que nos depara el futuro.
A menudo se acusa a los partidos políticos -no sin razón- de inmovilismo o de incapacidad de reacción ante la evolución de la sociedad. Sin embargo, en esta ocasión los partidos políticos progresistas hemos puesto toda la carne en el asador. Hemos sido capaces de hacer todo lo que está en nuestras manos para aunar esfuerzos, para buscar las coincidencias y no encallarnos en las discrepancias. Y estos esfuerzos han cristalizado en un acuerdo que garantiza para los dos partidos que lo integran el respeto a su pluralidad en los planteamientos y ése es uno de los motivos por los que se prevé un programa electoral y un grupo parlamentario propios para cada uno de los socios.
La reacción airada de CiU -una coalición formada por dos partidos- ante la formación de una coalición electoral progresista confirma que vamos por buen camino. La arrogancia histórica de CiU se ha transformado ahora en un nerviosismo impertinente cargado de descalificaciones impropias de dos partidos con tanta tradición democrática. ¿Cómo es posible criticar a dos partidos por coaligarse desde una coalición electoral?
Otra reacción interesante es la de Esquerra Republicana de Catalunya. Señalan que el pacto supondrá el fin de IC-V. Sin embargo, ERC ha participado recientemente en la coalición que todos los partidos políticos -incluida la conservadora Unión Mallorquina- de Ibiza y Formentera han suscrito para desbancar del poder, con éxito, por cierto, al Partido Popular. ¿No será acaso que con este acuerdo ERC queda relegada a un papel testimonial y que su pretendida equidistancia -esto es, no mojarse, quedar a disposición del mejor postor, sin aclarar al votante si van a contribuir a la creación de un gobierno de derechas o de izquierdas, lo cual es tanto como presentarse sin programa electoral- resulta ahora irrelevante?
Suponer, sin duda interesadamente por parte de muchos, que la coalición electoral recientemente constituida puede conllevar la absorción “de facto” de IC-V por parte del PSC demuestra el desconocimiento absoluto de lo que es IC-V. Durante los últimos veinte años, el PSC ha cogobernado, entre otros, la ciudad de Barcelona, primero con el PSUC y luego con IC-V. La extraordinaria transformación de esta ciudad sólo es comprensible teniendo en cuenta que, desde 1979 Barcelona ha tenido un gobierno de coalición, por tanto un gobierno que ha tenido que basar su gestión en el consenso, en el pacto y en el diálogo. Hace veinte años que hay voces, dentro y fuera de IC-V, que se alzan ante la “inminente” absorción de IC-V por parte del PSC -algunas de estas voces hace ya años que abandonaron nuestro partido para integrarse o bien en el propio PSC o bien en otros proyectos de dudoso éxito.
IC-V no sólo no va a ser absorbida por ningún otro partido sino que continuará trabajando para consolidar el espacio de izquierda verde que recientemente se ha visto respaldado por unos buenos resultados en las pasadas elecciones municipales y europeas. Los proyectos políticos del PSC y de IC-V no se solapan en absoluto, a lo sumo son complementarios. Por otra parte, IC-V garantiza que el cambio no resulte ser un simple relevo sino un cambio radical de prioridades, de estrategia y de objetivos en el futuro gobierno de la Generalitat.
Pese a los buenos augurios, no podemos relajarnos, queda mucho por hacer, queda mucha gente a la que motivar para que abandonen la apatía que les lleva a abstenerse en las elecciones autonómicas, aunque sí participan en las elecciones generales, porque no se sienten partícipes en el proyecto anestesiante de la derecha catalana, liderada por Jordi Pujol, que se caracteriza por la corrupción, el amiguismo y, lo que es más grave, el desprecio que Pujol ha demostrado, a pesar de las apariencias, hacia las instituciones catalanas, ya sea el Parlamento, los medios de comunicación públicos, etc.
El trabajo que nos aguarda no es sencillo. Por una parte, nos enfrentamos a una campaña electoral que, sin duda, CiU intentará ensuciar cuanto pueda con promesas demagógicas, cuyo único objetivo es confundir a los ciudadanos. Por otra parte, nos encontramos ante el reto de ganar. Ahora ya no sirve el viejo objetivo de resistir o de reducir distancias con CiU. Esta vez hay que ganar porque si no ganamos quien perderá será Catalunya.

Barcelona, 13 de septiembre 1999
 

 
 
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