¿Estáis contentos?
Susan George
Susan George es vicepresidenta de ATTAC (Asociación
por una Tasa a las Transacciones para Ayuda de los Ciudadanos), Francia.
En este texto se expresa a título personal.
¿Estáis contentos, señores, del G-8? ¿Contentos
de reuniros en esos lugares principescos y en esas ciudades vaciadas de
sus
habitantes? ¿Contentos de esos fastos y de esa 'seguridad' que
cuestan una fortuna a los ciudadanos; contentos de vuestras políticas
neoliberales, catastróficas, impunemente impuestas para beneficio
de las empresas transnacionales y de los mercados financieros? ¿Contentos
de agravar cada vez más las escandalosas injusticias del planeta?
¿De anunciar como un avance extraordinario ese miserable fondo para
la sanidad, que apenas alcanza la décima parte de lo que el pobre
Kofi Annan pidió el mes pasado únicamente para combatir el
sida? ¿Contentos con ese espectáculo que nos habéis
ofrecido con vuestros ocho impecables trajes-corbatas y vuestras gesticulaciones
tautológicas, puesto que hoy la única finalidad de vuestras
reuniones es reafirmar que efectivamente sois el G-8?
Asesinato legal. ¿Estáis contentos, miembros de la policía?
¿Contentos de haberos cargado, por fin, un manifestante?No lo
lograsteis en Gotemburgo, pero finalmente ya está, lo habéis
hecho. Ésa es la gran première de Génova: un asesinato
legal. Así
aprenderán esos choricetes. El gas, las mangueras antidisturbios,
son de segundo orden; lo único auténtico son las balas. Sangre
en el suelo. Cuerpos machacados. Buen trabajo. ¿Estáis contentos
de haber invadido en la madrugada del domingo el centro de los media alternativos,
de haber destruido los ordenadores, confiscado las casetes, aporreado a
una gente que dormía tranquilamente, para que no quedara ninguna
huella de vuestras bajezas? Bravo.
¿Estáis contentos, manifestantes? No me refiero a la
inmensa mayoría del Foro Social de Génova, sé que
estabais aterrorizados, y algunos, ensangrentados; ni tampoco a esos de
entre los Blacks que de hecho eran polis; sino a los auténticos
Blacks, que no habéis participado en ninguna de las reuniones preparatorias
que se han venido celebrando desde hace meses, que no pertenecéis
a ninguna de las 700 organizaciones italianas responsables y decididas
a practicar la no violencia activa? ¿Estáis contentos
de vuestros manejos unilaterales, antidemocráticos; de haberos mezclado
voluntariamente con unos manifestantes pacíficos que han sido así
gaseados y golpeados; de haber respondido a unas provocaciones policiales
previsibles y previstas; de haber querido y buscado sus sangrientas respuestas?
¿Estáis contentos de que, por fin, tengamos un mártir?
Se llamaba Carlo Giuliani, tenía 23 años e iba a esa manifestación
con sus convicciones, con eso basta; no eran las nuestras, pero protestaremos
por su ejecución. Descanse en paz.
Ello no impide que el movimiento por otro tipo de globalización
esté en peligro. O logramos exponer a la luz pública la actuación
de la policía e impedimos los desmanes de algunos, o conseguiremos
que la mayor esperanza política de estas últimas décadas
estalle en pedazos.
Estén del lado que estén las responsabilidades -y están
masivamente del lado de la policía y del G-8-, este movimiento amplio,
potente e irresistible, como las mareas; este movimiento soñado
de los pueblos unidos y solidarios, ya no podrá avanzar de la misma
manera. Ya no podrá aceptar que no importa quién haga no
importa qué. Ha muerto un hombre.
Unidad rota. Si no hay garantía de que las manifestaciones
van a ser pacíficas, las grandes centrales sindicales oficiales
no se
nos unirán jamás, la base se irá yendo poco a
poco, la unidad actual, transgeneracional y transectorial, se hará
añicos. Nosotros, la inmensa mayoría de los pacíficos,
que tenemos propuestas serias que hacer, que pensamos que es posible otro
mundo, debemos asumir nuestras responsabilidades. ¿Cómo,
frente a la escalada de violencia del Estado, hacer llamamientos a manifestaciones
sin poner en peligro a los militantes? ¿Qué hacer para no
abandonar el terreno a esos ultraminoritarios desaforados? Una cosa es
cierta: no renunciaremos a nuestra lucha contra las enormes injusticias
de la actual globalización, pero a partir de ahora necesitaremos
encontrar nuevas vías democráticas para llevarla a cabo.
El gran estratega chino Sun Tzu decía, hace 2.500 años: 'No
hagas lo que más deseas hacer. Haz lo que menos desea tu adversario
que hagas'.
Nuestros adversarios deben estar hoy contentos. Por lo que a mí
respecta, estremecida por el giro que han tomado los acontecimientos en
Génova, intento no ceder a la desesperanza.