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El PRI de Euskadi

Gonzalo Sichar


Lo que caracterizó al Partido Revolucionario Institucional (PRI) en sus más de dos tercios del siglo pasado en el poder de México fue el establecer una dictadura perfecta con elecciones libres en un Estado que cada vez se identificaba más con el partido oficial.

En España —o en el Estado español como les gusta decir a los que presumen de progresistas al reparar oportunamente que España es artificial pero sin percatarse de que también Francia, o el Estado francés, el Reino Unido de Gran Bretaña, o el Estado británico, y así un larguísimo etcétera tan extenso como casi Estados en la faz de la tierra— hay un reducto donde se ha establecido un "partido-estado" y donde la identificación de las instituciones (incluidas la televisión y radio públicas, la policía, las escuelas,...) con el partido de gobierno las ha convertido en herramientas politizadas al servicio de ese partido y para que se perpetúe en el poder. Ese partido ha logrado impregnar a la juventud de sus propias ideas excluyendo a todas las diferentes.

Nos referimos a cómo ha actuado el Partido Nacionalista Vasco en Euskadi en estos largos 20 años en los que ha permanecido en el poder mediante coaliciones con otros partidos, a los que siempre ha visto como menores. La politización de la enseñanza de un idioma, la identificación partidista de la policía autónoma con el Partido que la lleva a algunos (¿exagerados?) a verla como el brazo armado del PNV, las ayudas económicas públicas a editoriales cercanas al MLNV y a complejos empresariales del mismo entorno,... no hacen otra cosa que construir una dictadura pero ya no tan perfecta porque no son pocos los exiliados vascos que se marchan a otras partes de España o a otros estados.

Llevamos tiempo en que observamos que los votos nacionalistas vascos y los no-nacionalistas, nacionalistas españoles o constitucionalistas —como prefieren ahora ser llamados— están repartidos prácticamente al 50% —siempre algo más nacionalista vasco— y, sin embargo, el concepto que se tiene de todos los vascos es que son nacionalistas. Es raro encontrarse a un vasco de a pie en Euskadi o fuera (pero sobre todo en su tierra) que se atreva a decir que no es nacionalista vasco, o calla o se manifiesta nacionalista. Esta imagen de nacionalismo en todo lo vasco, lleva al PCE en su folklórica fiesta a instalar un pabellón de Euskadi, como reducto revolucionario de Europa, aunque la mayoría de su población sea conservadora, del PNV o del PP.

Percibo que España ha vivido desde 1977 hasta hace bien poco dos complejos: uno que no es del todo europea y otro que no es del todo democrática.

El primer complejo se atrevió a urgarlo Xavier Arzalluz cuando, en febrero de 2001, después de que el Partido Popular Europeo celebrara en Bilbao unas jornadas sobre la libertad en Europa dijera que no tenía razón de ser ese tipo de actos en Europa "cuando en Europa de Pirineos para arriba está superado el concepto de libertad. Y me atrevería a decir del Ebro para arriba está superado". Con ello olvida que los lugares con menor libertad de Europa son los Balcanes y después Euskadi superando seguramente a democracias despóticas como la de Bielorrusia.

El segundo complejo les ha pesado mucho a demasiados demócratas. Y en concreto estimo que el PSOE estuvo muy afectado. Decir que PNV y ETA es la misma cosa corresponde a fascistas, fachas, Tejeros y otros golpistas. Por eso durante más de veinte años los nacionalismos periféricos han sido la niña mimada de la democracia española, sin reparar en que todo nacionalismo esconde ciertas dosis de racismo, al hacer de la diferencia una dificultad insalvable salvo que el diferente se haga como "yo", es decir nacionalista. Por eso en los nacionalismos integradores se admiten a los maquetos que se unan a la lucha por la independencia, y quedan marginados los forasteros que no se unan y los de "mi raza" que no quieran la independencia o mi proyecto político nacionalista.

El PRI de Euskadi ha conseguido que incluso algunos candidatos de otros partidos alejados del nacionalismo vasco tengan que justificar sus apellidos vascos o su mejor conocimiento del euskera para legitimar su candidatura.

El gran daño a la convivencia política en Euskadi no viene sólo de ETA y su entramado. La semilla la puso Sabino Arana y la sigue alimentando el exjesuita Arzalluz. El PNV es quien ha otorgado tanto dinero a organizaciones próximas a ETA la enseñanza del euskera, con lo que politizó una causa tan noble como la enseñanza de un idioma. El nacionalismo moderado del PNV es el que ha hecho sentirse a muchos vascos especiales, diferentes y superiores. Es el que ha logrado que muchos jóvenes creyesen que Euskadi era un estado independiente hasta que llegaron las tropas españolas de Franco y que cuando la profesora les explicase cómo Fernando I de Castilla y Ramiro I de Aragón se anexionaron el Reino de Navarra que por entonces llegaba desde el Esla hasta León en el siglo XI, los muchachos vascos del siglo XX murmurasen que decía esas mentiras porque ella no era vasca. El compartir muchos de los fines, aunque no los medios, de los compañeros descarriados de ETA, hace al PNV cuanto menos tibio en sus ataques a las acciones de ETA. No se pueden hacer ataques verbales y descalificaciones a ETA y EH con lagrimillas en los ojos después de un atentado y volver a tenderles la mano cuando llevan varios días sin matar. Si se está contra el terrorismo en todas sus formas no se puede criticar las detenciones de los dirigentes de Haika, cachorros de los asesinos, que por si hubiera alguna duda de su relación con ETA colaboraron en el último atentado mortal contra un ertzaintza justo después de la detención de algunos de sus dirigentes. Esta eterna ambigüedad del partido de Arzalluz no es sino porque tienen un proyecto nacional bien parecido al de HB, como reconocían el 2 de diciembre de 1998, un día antes de la ruptura de la supuesta tregua (¿en una tregua se está permitido robar explosivos y continuar con la recogida del reaccionario y antiguo impuesto "revolucionario"?).

Por fin, parece que los partidos demócratas van dándose cuenta que España está en democracia y que si hay que oponerse con fuerza a las actitudes de un nacionalismo racista y excluyente del PNV —donde un andaluz no debe tener miedo de su modelo de Euskadi porque "será como un alemán en Madrid o Mallorca", qué bueno es este PNV que no hará como Milosevic o Hitler— habrá que hacerlo. En este sentido celebro los artículos que Rosa Díez ha escrito sobre la imposibilidad de pactar con el PNV actual, y esperemos que no sean palabras que se las lleve el viento.

Al desenmascarar por fin al PNV, muchos creyeron en su derrota. Y hacían cábalas de sumatorios entre los posibles escaños del PP y del PSE-EE y, si no quedaba más remedio quizá también añadir a IU-EB, para llegar a la ansiada suma de los 38 escaños. En esta campaña la prensa no ha jugado limpio, eso lo debemos reconocer incluso los que deseábamos que se acabara esa especie de dictadura perfecta vasca. Todos los periódicos y cadenas televisivas nacionales satanizaron permanentemente al PNV, como muchos de ellos (no todos) lo hicieron en 1996 contra el PSOE. Pero hay una diferencia fundamental: la sociedad española no está fragmentada y una magnificación de los errores del PSOE (corrupción, tráfico de influencias) junto con una minimización de sus aciertos (modernización de España, aumento de libertades, política social) pudo llevar fácilmente a darle la espalda. Pero en el País Vasco hemos vuelto a ver lo que es innegable e inocultable: hay mucha más gente que puede trasladar su voto de izquierda a derecha (de PSOE a PP o de EH a PNV) que franquear la barrera del nacionalismo. De este modo, los verdaderos vascos se sintieron perseguidos y que "vienen a por nosotros los de Madrid" y por eso el PNV salió mucho más fortalecido que lo que ellos mismos esperaban, a juzgar por la campaña tan a la defensiva que llevaron.

Los constitucionalistas tenían muy difícil la victoria porque la opción era el PP y no el PSE-EE. Al Partido Popular todavía se le notan sus "tics" de derechona y más cuando se sienten con poder, como sucede en el gobierno español donde gozan de mayoría absoluta. Los inoportunos comentarios de Fraga, el dinosaurio del partido, acerca de la primitividad del euskera, no hace otra cosa que recordar el daño que hizo Franco al País Vasco. Por eso al PP todavía se le tiene mucho miedo en esa tierra, pese al modelo alavés de cambio con estabilidad. Si las posibilidades de ganar al PNV hubieran venido con más votos al PSOE, quizá habría habido más posibilidades. Su mayor tolerancia hacia sus contendientes y su componente vasquista de uno de los partidos más sensatos vascos (EE) que no pudo pervivir en esta tierra de crispación permanente, lo hubieran visto como una opción vasca y no como un recadero de Madrid, como se ha percibido al partido del exministro de Interior.

Ahora nos encontramos con otra victoria del PNV. Los más optimistas ven en este resultado una victoria de la democracia por el descenso de EH. Me temo que sea el falso consuelo del perdedor. Cuando un partido se perpetúa en el poder y cuando el líder de ese partido nunca se ha presentado ante todo el pueblo para que lo vote (aunque su partido tenga estructura democrática interna), hay una pérdida de calidad democrática. Cuando el número de radicales que lo han votado es mayor que antes, el partido tiene una deuda con ellos que tendrá que ser satisfecha.

Tendremos que esperar algún tiempo para ver el grado de comodidad con el que podrá actuar el ejecutivo vasco. Es de esperar que en casos de necesidad, IU-EB le dé su apoyo. Algo poco entendible, pues esa cerrazón a no apoyar a la derecha del PP que ha mantenido Madrazo, no le impide pactar con la derecha racista del PNV.

La izquierda solidaria siempre ha de estar con el necesitado, con el perseguido por causa de la justicia. En la tierra de Arzalluz, éstos son especialmente los concejales del PP y del PSE-EE. Por eso, aunque la política del PP no es compartida por la izquierda, la solidaridad debería llevar a tomar una postura de mayor confrontación contra los que no se oponen frontalmente a los agresores que contra los agredidos.

Veremos que depara a Euskadi y las repercusiones en España de este nuevo periodo en el País Vasco, donde seguirán los de siempre, aunque esperemos que no como siempre.

junio 2001
 
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