Michael Farquhar
Srebrenica: anatomía de una masacre
Michael Farquhar es corresponsal en La Haya del Institute for War & Peace
Reporting. Texto publicado originalmente en Tribunal Update, nº
414, 9/7/2005. Traducido y publicado en Iniciativa Socialista, verano 2005, con la autorización
del IWPR. Agradecemos su ayuda y gentileza a todo el instituto y, en particular,
al autor y a Ana Uzelac.
Diez años después de la atrocidad de Srebenica, los investigadores
del Tribunal Internacional han sido capaces de ensamblar todas las piezas
para formar un cuadro detallado de la planificación y ejecución
de la peor masacre cometida sobre suelo europeo desde la segunda Guerra Mundial.
En mayo de 1996, de pie en una sala de justicia de La Haya, el ex-soldado
de infantería del Ejército serbo-bosnio (VRS) Drazen Erdemovic
trataba de mantener la compostura cuando los jueces le preguntaban sobre
la muerte, el verano anterior, de más de 1.200 hombres y muchachos
cautivos en una granja cercana de Srebrenica. Aparentando menos de los 24
años que tenía, se disculpaba, con la voz temblorosa y los
ojos llenos de lágrimas: "Tuve que hacerlo, si me hubiese negado
me habrían asesinado como a las víctimas".
Erdemovic, que antes había declarado voluntariamente su culpabilidad
ante varios periodistas extanjeros, a los que pidió ayuda para salir
de los Balcanes e ir a La Haya, fue la primera persona directamente
implicada que relató sinceramente al mundo lo que ocurrió en
los días posteriores al 11 de julio de 1995, fecha en la que el VRS
invadió Srebrenica, que había sido declarada "zona de seguridad"
por la ONU.
Antes de su confesión, para aceptar tal inconcebible verdad había
sido necesario realizar un gran esfuerzo, incluso en el caso de muchas de
las personas cuyos parientes varones habían desaparecido tras el ataque.
Pero en los nueve años posteriores a las declaraciones de Erdemovic
que abrieron las esclusas de la verdad, los investigadores del Tribunal
han seguido reuniendo pruebas exhaustivas, que incluyen documentos militares,
intercepciones de emisiones de radio, análisis forenses, grabaciones
de vídeo, fotografías y testimonios de supervivientes, de miembros
del VRS y de las fuerzas de pacificación holandesas, mostrando
la verdadera historia con todos sus horrorosos detalles.
Han demostrado que las tropas del VRS separaron sistemáticamente a
hombres y muchachos del resto de la enorme muchedumbre de refugiados que
buscaban desesperadamente protección en la misión de la ONU
en Potocari, mientras que hacian lo mismo con otros varios miles que formaban
parte de una columna que trataba de escapar del enclave. Las mujeres, los
niños y los ancianos fueron amontonados en autobuses y desplazados
hacia territorios controlados por el Ejército bosnio. Los investigadores
han reconstruido la elaborada operación puesta en marcha por los principales
oficiales del VRS para matar a los cerca de 8.000 varones detenidos.
Finalmente, los jueces han visto las pruebas del masivo esfuerzo realizado
más tarde por el VRS para exhumar tantos cadáveres como fuese
posible de las fosas comunes donde los habían enterrado, con el propósito
de dispersarlos en localizaciones alejadas a lo largo de toda la región
circundante.
Por consiguiente, Erdemovic y varios de sus superiores han sido condenados
a penas de prisión. Y el episodio ha sido clasificado definitivamente
como el primer genocidio legalmente reconocido en Europa desde la segunda
Guerra Mundial.
En un futuro previsible, los fiscales esperan someter a juicio por su implicación
en las matanzas al menos a ocho oficiales serbo-bosnios que se encuentran
ya en la unidad de detención de la ONU.
El presidente de Tribunal, el juez Theodor Meron, ha prometido que el tribunal
de la Haya seguirá abierto hasta que pueda juzgar a los hombres considerados
como los principales inspiradores del plan, el jefe del VRS, Ratko Mladic,
y el presidente serbo-bosnio, Radovan Karadzic.
Mientras tanto, los procesos contra el ex-presidente yugoslavo Slobodan Milosevic
y el ex-jefe del Ejército yugoslavo, Momcilo Perisic, siguen aportando
revelaciones sobre la compleja relación que el poder instalado en
Belgrado tuvo con este crimen.
Pero a pesar de todo este esfuerzo para arrojar luz sobre lo que pasó
en Srebrenica y sus alrededores durante el verano de 1995, la frustrante
realidad es que aún son muchos los que en la Republika Srpska y Serbia
niegan el carácter salvaje y la escala de esta atrocidad.
Y varios observadores dicen que, una década más tarde, aún
queda mucho trabajo por hacer para reconducir las consecuencias emocionales,
sociales y políticas de la masacre.
Los procesos
Además de Erdemovic, que ha cumplido cinco años de prisión
y se supone que ha iniciado una nueva vida bajo la protección del
Tribunal, hasta ahora otros cinco antiguos miembros del VRS han sido condenados
en La Haya por su participación en la masacre de Srebrenica.
El general Radislav Krstic, que estaba al mando del Drina Corps (cuerpo del
Drina) del VRS, actualmente cumple una condena de 35 años en Gran
Bretaña, pues la cámara de apelaciones de La Haya le ha declarado
culpable de colaboración e incitación al genocidio. El comandante
de la Brigada Bratunac, Vidoje Blagojevic, y el jefe del cuerpo de ingenieros
de la Brigada Zvornik, Dragan Jokic, tienen pendiente en este momento una
apelación contra sendas condenas de 18 y 9 años de prisión
por su papel en la masacre. Otros dos oficiales del VRS -el oficial adjunto
responsable de seguridad e inteligencia en la Brigada Bratunac, Momir Nikolic,
y el jefe de staff de la Brigada Zvornik, Dragan Obrenovic- han confesado
haber tomado parte en la masacre y se han comprometido a cooperar con los
fiscales a cambio de sentencias reducidas. Actualmente, Obrenovic cumple
una condena de 17 años en Noruega. Nikolic, cuya sentencia de 27 años
fue mucho más alta que la recomendada por los fiscales en base al
acuerdo alcanzado, se encuentra preparando una apelación.
Las pruebas
Durante la década pasada, los investigadores del tribunal han reconstruido
cuidadosamente los horrores que comenzaron en Srebrenica el 11 de julio de
1995, cuando la ciudad fue ocupada por fuerzas serbo-bosnias y más
de 25.000 residentes de la ciudad pululaban en torno al complejo de la ONU
en Potocari.
Personas que se encontraban entre esa multutd recuerdan en sus testimonios
haber escuchado gritos y disparos, y describen su encuentro con montones
de cadáveres en todo el área circundante, algunos de ellos
degollados. Un camillero holandés recordó ante el Tribunal
de La haya haber visto a un soldado serbio montando guardia mientras otro
violaba a una mujer musulmana magullada y sangrante. Otros testigos oculares
han relatado un alto número de suicidios entre los aterrorizados refugiados.
Algunos testigos declararon que Mladic apareció en una ocasión,
acompañado de cámaras de filmación, y repartió
caramelos a niños. Pero, pese a este truco publicitario televisado,
los jueces han hecho notar que hay un ausencia total de pruebas
que puedan indicar que las tropas del VRS hiciesen nada para aliviar el sufrimiento
de esa muchedumbre que necesitaba desesperadamente alimentos y agua.
Pese a los años dedicados a la investigación, aún
no se conoce con precisión en qué momento los mandos del VRS
decidieron exterminar a la población masculina de Srebrenica. Pero
antes de que pasasen 24 horas desde la caida de ciudad en sus manos, los
acontecimientos ya se estaban desarrollando de forma impetuosa.
En su alegato, Momir Nikolic dice que el 12 de julio fue informado por Vujadin
Popovic, oficial adjunto de seguridad del Drina Corp -hoy a la espera de
juicio en La Haya-, de que todos los hombres sanos debían ser
separados de la muchedumbre en Potocari, detenidos temporalmente en Bratunac
y, finalmente, ser matados a tiros.
Cabe poner en cuestión las pruebas presentadas por Nikolic, que ha
admitido mentir a los fiscales en anteriores alegatos. Pero Obrenovic también
recuerda que, en torno al 13 de julio, el jefe de seguridad de la Brigada
Zvornik, Drago Nikolic -igualmente a la espera de juicio- le dijo que un
“enorme número" de musulmanes detenidos no serían conducidos
a instalaciones para prisioneros de guerra conocidas por la Cruz Roja, sino
que debían ser ejecutados. En respuesta a las protestas de Obrenovic,
Nikolic, al parecer, le dijo que “esta orden procedía de Mladic
y que todo el mundo lo sabía".
En ese momento, entre los prisioneros se encontraban varios miles capturados
cuando formaban parte de una columna de unos 15.000 hombres -de los que aproximadamente
un tercio eran soldados, aunque desarmados- que trataba de escaparse del
enclave y alcanzar el territorio controlado por el ejército bosnio
en el norte.
Un vídeo hecho por un periodista de Belgrado, más tarde presentado
como prueba por los fiscales de La Haya, proporciona una imagen de los métodos
que las tropas del VRS llegaron a utilizar para bloquear la ruta de la columna
en fuga. Los tanques, alineados en hilera a lo largo de una carretera, batían
con su fuego una ladera boscosa. El repiqueteo de las ametralladoras automáticas
hacía de fondo al eco de los gritos que recorría todo el valle.
Tropas serbo-bosnias se arremolinaban por todas partes, a plena luz del sol,
vigilando a grupos de detenidos. Poco a poco, pero sin pausa, hombres demacrados,
con sus ropas civiles ropa hechas girones, iban saliendo de la maleza y entregándose.
Algunos testigos han revelado que las tropas del VRS lanzaban llamamientos
hacia los bosques en los que se ocultaban los hombres musulmanes, diciendo
que serían tratados conforme a la convención de Ginebra. También
usaron el equipo robado a la ONU para engañarles y hacerles creer
que su captura sería correctamente supervisada.
Miles de prisioneros fueron internados en centros dispersos por toda la zona,
muchos de ellos en la pequeña ciudad de Bratunac. Los investigadores
del Tribunal han recogido pruebas de ello, incluyendo matrículas de
vehículos, grabaciones de comunicaciones por radio y declaraciones
de testigos oculares documentando lo que pasó después.
“La mayor parte de las ejecuciones masivas siguieron un modelo bien establecido”,
dijeron los jueces del proceso contra Krstic en sus conclusiones. "Primero,
los hombres fueron llevados a escuelas vacías o depósitos,
donde estuvieron detenidos algunas horas, siendo después cargados
en autobuses o camiones y transportados a otro sitio para ser ejecutados”.
Además de los miembros del VRS que han hablado en el tribunal sobre
las matanzas masivas, también han descrito las ejecuciones algunos
hombres que lograron sobrevivir ocultándose o haciéndose
el muerto entre los montones de cadáveres.
El testigo protegido I, cuya voz y cara fueron distorsionadas para
ocultar su identidad, declaró que al llegar a un lugar de ejecución
vio entre 1.000 y 1.500 cuerpos esparcidos por tierra. “Nos dimos la vuelta
y nos alineamos”, dijo. “En ese momento, comenzaron a sonar las ráfagas
destinadas a segar nuestras vidas". “Aproximadamente otras seis columnas
más de hombres fueron puestas en fila y ametralladas. Se escuchaba
el choque de las balas contra los cuerpos, la tierra volaba a mi alrededor,
todo estaba lleno de polvo". “Cuando los disparos paraban, preguntaban:
`¿Hay alguien vivo?' A veces se escuchaban una o dos voces, y entonces
subía un soldado, hacía un sólo disparo y todo se acabo".
Otro hombre, el Testigo O, dijo a los jueces que uno de sus recuerdos principales
al bajar de un camión en un lugar cercano a Petkovci era su deseo
desesperado de un vaso de agua. “Sentí realmente que moriría
de sed". "Trataba de ocultarme entre la gente mientras pudiese, como
hacían todos los demás. Solamente quería vivir uno o
dos segundos más... Y pensé que mi madre nunca sabría
donde había terminado yo”.
“Es difícil para mí describirlo", dijo el téstigo,
que sobrevivió a la matanza de más de 1.000 hombres a tiros
y granadas en un depósito en Kravica. “No he visto nada igual en
las películas de horror que conozco. Era mucho peor que cualquier
película”.
Los jueces han rechazado tajantemente cualquier posibilidad de que los asesinatos
pudieran haber sido casos espontáneos de venganza, como a menudo han
sostenido los que se niegan a creer que oficiales del VRS aprobasen tales
atrocidades. En el juicio contra Krstic concluyeron que "La vasta planificación
y el alto nivel de coordinación precisos para la matanza de miles
de hombres en unos pocos días se hace evidente con sólo la
más breve descripción de la escala y la naturaleza metódica
de las ejecuciones".
Comunicaciones del VRS interceptadas por el ejército bosnio dan muestra
de los esfuerzos de oficiales de alta graduación para coordinar las
operaciones en el área, a menudo descritas, utilizando un endeble
código, como " distribución" de "paquetes".
El 15 de julio, cuando ya habían trascurrido dos días de matanzas
que habían producido miles de muertos, una de esas emisiones interceptadas
muestra a Ljubise Beara -en espera de juicio- quejándose a Krstic
de la falta de personal para la tarea aún pendiente. “Quiero decir,
Krle”, llamando al general por su apodo, "que todavía hay 3.500
paquetes por distribuir y no tengo ninguna solución para hacerlo”.
"No joda", contesta Krstic con irritación, “veré
lo que puedo hacer”.
En otra grabación, que los fiscales no pudieron utilizar en el juicio
por presentarla demsiado tarde, Krstic, según se dice, da la orden
explícita, “Mátelos a todos”. El acusado, que negó haber
dicho estas palabras, despachó la grabación como "un montaje".
Los jueces han dicho que hay, de hecho, fuertes pruebas que sugieren que
el plan fue dirigido por el alto mando del VRS, incluyendo al propio
Mladic. Mladic supervisó personalmente la separación de los
prisioneros varones en Potocari, y varios testimonios le situan en otros
lugares en los que estaban miles de hombres detenidos. Al menos un sobreviviente
ha dicho que el general contemplaba las ejecuciones.
Las pruebas forenses reunidas por los investigadores del Tribunal en las
fosas comunes localizadas alrededor de Srebrenica desde 1996 han demostrado
de manera concluyente que los enterrados fueron asesinados a sangre fría.
Entre los restos se han encontrado centenares de vendas para los ojos y de
ataduras hechas de paño, cuerda o, más frecuentemente, alambre.
Cuando fueron exhumados sus restos, muchas de las víctimas todavía
tenían las manos atadas tras sus espaldas.
Pero el signo más relevante de que estos restos pertenecen a las víctimas
de ejecuciones masivas es, según los jueces, el esfuerzo hecho por
el VRS para desenterrar los cadáveres de las ubicaciones originales
y trasladarlos a lugares más alejados. Los fiscales han presentado
fotografías aéreas que dan cuenta de este enorme esfuerzo de
reenterramiento en otoño de 1995. Y los expedientes militares y el
testimonio de miembros del VRS han demostrado que también esta operación
fue ordenada por miembros del alto mando. “Tales medidas extremas no habrían
sido necesarias si la mayoría de los cuerpos fuesen de víctimas
en combate” señalaron los jueces en el juicio de Krstic.
Además del esfuerzo para ocultar la prueba forense de las masacres,
Momir Nikolic ha declarado que los documentos que implicaban a unidades del
VRS en la matanza también fueron destruidos posteriormente.
El número exacto de hombres y muchachos asesinados tras la caída
de Srebrenica sigue siendo desconocido. Muchas de las tumbas localizadas
aún no han sido exhumadas, y probablemente hay otras fosas cuya
existencia aún no es conocida. Es imposible averiguar cuantos cuerpos
han sido desenterrados hasta ahora, ya que los esfuerzos de los miembros
del VRS para ocultar sus crímenes les condujeron a romper y
entremezclar los restos individuales, que a menudo se han dispersado por
lugares diferentes.
Hasta el momento, la Comisión Internacional sobre Desaparecidos, utilizando
pruebas de ADN, ha confirmador las identidades de 2.079 víctimas,
cuyos restos han sido encontrados en diversas tumbas a través de toda
la región. En total, sus familiares han registrado a 7.789 personas
como desaparecidas en los días inmediatos al asalto del VRS sobre
Srebrenica
Un escenario aún más amplio
Las actas del Tribunal siguen aportando un flujo continuado de revelaciones
que situan la matanza en Srebrenica en el contexto más amplio de la
guerra de Bosnia, incluyendo una creciente acumulación de pruebas
sobre la coresponsabilidad en ese crimen de personalidades políticas
y militares de Belgrado.
Muy recientemente, el 1 de junio de este año, la acusación
presentó en La Haya un vídeo casero en el que se veía
a miembros de un muy conocido grupo paramilitar serbio ejecutando a seis
prisioneros de Srebrenica. Los fiscales afirman que cuando tuvieron lugar
esos asesinatos la unidad, denomidada Escorpiones, dependía del ministerio
del Interior serbio.
Ya en 2003, los fiscales habían hecho público un documento
que podía implicar a Belgrado en los acontecimientos de Srebrenica.
El documento, una orden del ministro del Interior serbo-bosnio, Tomislav
Kovac, fechada el 10 de julio de 1995, daba instrucciones a una unidad que
incluía a algunos agentes de ministerio del Interior serbio para que
abandonase las cercanías de Sarajevo en la que estaba actuando y viajase
a Srebrenica para participar en operaciones que allí tenían
lugar.
También es significativo, desde este punto de vista, el testimonio
de Miroslav Deronjic, que fue nombrado comisionado civil de Srebrenica tras
el ataque del VRS en julio de 1995 y que más tarde aceptaría
cooperar con los fiscales tras ser procesado por crímenes de guerra
en otros lugares de Bosnia. Deronjic afirma que entre el 12 y el 14 de julio
vio a un miembro de los "Boinas Rojas", vestido de uniforme y buscando a
Mladic. en Bratunac, localidad en la que estuvieron confinados miles de prisioneros
musulmanes antes de ser ejecutados.
Pero las acusaciones de que Milosevic era en parte culpable de la matanza
de Srebrenica no se apoyan sólo en tal o cual implicación de
sus subordinados directos. Ante todo, los fiscales argumentan que Milosevic
y otros de los que se encontraban en Belgrado fueron responsables de lo que
pasó en Srebrenica a causa de la extensa ayuda financiera y logística
que proporcionaron al VRS, con pleno conocimiento de su propensión
a cometer atrocidades.
El antiguo presidente yugoslavo Zoran Lilic, testigo en junio de 2002 en
el juicio contra Milosevic, confirmó que oficiales de los ejércitos
serbios en Croacia y Bosnia fueron financiados y sostenidos por el presupuesto
militar yugoslavo. Según él, tras una decisión tomada
en noviembre de 1993 por las cúpulas política y militar de
Yuguslavia, el Consejo Superior de Defensa, CSD, creo dentro del Ejercito
yugoslavo cuerpos especiales -los "centros de personal" 30 y 40- dedicados
a establecer canales formalizados para esta ayuda.
Las actas del CSD, entregadas por Belgrado a los fiscales tras largas negociaciones,
demuestran que el Ejército yugoslavo aún pagaba en 1998 los
salarios de oficiales del VRS.
Lo que aún está en caminor...
El trabajo que aún debe realizar el Tribunal de La Haya respecto a
Srebrenica podría ser, al menos, tan significativo como lo hecho hasta
ahora.
De los ocho hombres que esperan juicio en la unidad de detención de
la ONU, tres -Ljubisa Beara, Radivoje Miletic y Milano Gvero- eran destacados
miembros del alto mando del VRS en las fechas en que ocurrió la masacre.
Otro de ellos, Vujadin Popovic, pertenecía a la comandancia del Drina
Corps.
En la unidad de detención de la ONU está también Ljubomir
Borovcanin, vicecomandante de la policía especial del ministerio del
Interior serbo-bosnio, al que se acusa de estar implicado en la captura de
los miembros de la columna de hombres y muchachos que trataban de huir de
Srebrenica.
Los otro tres acusados en espera de juicio son Vinko Pandurevic y Drago Nikolic
-comandante y jefe de seguridad respectivamente de la Brigada Zvornik del
Drina Corp- y Milorad Trbic, vicecomandante de uno de los batallones de la
misma brigada.
Los fiscales han solicitado permiso para enjuiciar a los ocho en el mismo
juicio, acusando a todos ellos de conspiración para cometer genocidio.
Si los jueces lo aprueban, este proceso sería el más grande
que haya llevado a cabo el Tribunal. En esta propuesta de acusación
conjunta está incluido también el aún prófugo
Zdravko Tolimir, asistente adjunto de inteligencia y seguridad en el alto
mando del VRS.
En los próximas semanas deberá saberse si los jueces dan luz
verde a este procesamiento conjunto (ver "Nuremberg-Style Trial
Planned for Bosnia’s Worst Atrocity", de Janet Anderson).
Las acusaciones sobre los vínculos entre Belgrado y la matanza de
Srebrenica probablemente también serán exploradas mucho más
profundamente en el juicio de Perisic, antiguo jefe del Ejército yugoslavo
actualmente encarcelado en Scheveningen.
La acusación contra Perisic incluye algunos de los alegatos más
claros sobre las relaciones en tiempo de guerra entre Belgrado y el VRS.
En ellas llega a decirse que el apoyo logístico y el aprovisionamiento
de armas y municiones al VRS estaba tan integrado en la estructura del Ejército
yugoslavo que los suministros de ambos ejércitos estaban incluidos
en el mismo documento de balance contable.
Respecto a Srebrenica en particular, la acusación contra Perisic alega
que el Ejército yugoslavo dio "entrenamiento clandestino" a los miembros
del Décimo Destacamento de Sabotaje, la unidad a la Erdemovic pertenecía.
Y añade que oficiales del propio Uzice Corps del Ejército yugoslavo
participaron directamente en la planificación y preparación
del asalto sobre la ciudad.
Pero el acontecimiento realmente crucial, si llega a tener lugar, sería
desde luego la llegada a La Haya de Karadzic y Mladic, prófugos desde
que se convirtieron en los primeros acusados por los fiscales del Tribunal
en julio de 1995.
El presidente de tribunal, el juez Theodor Meron, en una comunicación
al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas del pasado 13 de junio, insistió
en que el tribunal debe seguir abierto hasta que ambos hombres, junto al
general croata Ante Gotvina, hayan sido confrontados a la justicia.
La verdad sólo es el principio
En estos días resulta obvio decir que el que Mladic y Karadzic sigan
en libertad es una acusación a los esfuerzos de la comunidad internacional
para hacer justicia por los crímenes cometidos durante las guerras
de los Balcanes de los años noventa. La fiscal general del tribunal
de La Haya, Carla del Ponte, ha sido una de las voces más francas
al respecto, negándose, mientras que ambos personajes sigan en libertad,
a asistir a las ceremonias realizadas en Bosnia con motivo del aniversario
de Srebrenica. Pero, dejando esto aparte, los observadores contactados por
el IWPR han valorado de forma muy positiva el trabajo del Tribunal de La
Haya para reconstruir los hechos relativos a la atrocidad cometida en Srebrenica.
“Es difícil pensar en otros ejemplos de conflicto reciente que
hayan sido estudiados de forma tan detallada", ha dicho Eric Markusen,
investigador del Departamento para el Holocausto y Estudios de Genocidio
en el Instituto danés de Estudios Internacionales, resaltando también
otras investigaciones sobre los acontecimientos en Srebrenica, incluyendo
las llevadas a cabo por la ONU y el gobierno holandés.
“Los futuros historiadores no tendrán que ir mucho más lejos
que La Haya”, reconoce Tim Judah, periodista y escritor que ha dedicado
muchos años al seguimiento y cobertura de los acontecimientos en los
Balcanes.
Durante mucho tiempo se ha esperado que el trabajo del Tribunal para establecer
las culpabilidades individuales y crear una imagen objetiva de los conflictos
de los Balcanes podría servir para el futuro propósito de poner
los fundamentos para la reconciliación en la región. Pero una
década después, hay pocos signos de cualquier tipo de acercamiento
sobre el tema de Srebrenica entre las comunidades étnicas serbia y
musulmanas, ya bsea en Bosnia oriental o en un área más amplia.
Bajo la presión de políticos occidentales, el parlamento de
la República Srpska reconoció el año pasado que las
matanzas de Srebrenica en julio de 1995 realmente ocurrieron y publicó
una lista de aproximadamente 7.800 personas desaparecidas. Pero el 30 de
junio los representantes serbios en la Asamblea central de Bosnia bloquearon
las propuestas para una resolución que explícitamente calificaba
la masacre como genocidio.
El 15 de junio, las débiles autoridades conjuntas de Serbia y Montenegro
también emitieron una declaración condenando los asesinatos
de Srebrenica. Pero el mismo día el parlamento serbio en Belgrado
abandonó todo esfuerzo para acordar una resolución sobre los
crímenes de guerra, pues la mayor parte de los partidos políticos
se oponen a condenar la masacre sin referirse también a atrocidades
específicas cometidas contra serbios.
Los diputados serbios también han rechazado calificar la matanza como
genocidio, lo que muchos observadores relaciona con un caso que será
visto en febrero de 2006 ante el Tribunal Internacional de Justicia, en el
que Bosnia demanda a Belgrado por el genocidio cometido durante la guerra.
Si Sarajevo gana su pleito, el gobierno serbio podría tener que afrontar
el pago de significativas reparaciones.
Según se aproximaban las ceremonias conmemorativas del décimo
aniversario de Srebrenica, esos movimientos desafiantes han ido tomando impulso.
El 30 de junio, a menos de 15 días de las ceremonías conmemorativas,
el tabloide serbio Vecernje Novosti publicó un suplemento especial
con los nombres de 3.287 serbios de Srebrenica diciendo que fueron “sacrificados
en el altar de la patria, la fe y la libertad” combatiendo entre 1992
y 1995. En Kravica, donde tuvo lugar una de las mayores matanzas de prisioneros
de Srebrenica, han erigido recientemente una cruz de hormigón de siete
metros en memoria de los serbios que murieron durante la guerra. La apertura
del sitio, programada inicialmente para agosto, ha sido adelantada al 12
de julio, justo al día siguiente a las ceremonias oficiales del aniversario.
Hasta ahora, el hecho más dramático ha sido el anuncio hecho
por la policia el 5 de julio, comunicando el descubrimento de dos potentes
bombas, conteniendo alrededor de 35 kilos de explosivos, cerca del centro
conmemorativo en Potocari, donde la ceremonia del aniversario tendrá
lugar. Se ignora quién las colocó.
Los observadores consultados por el IWPR señalaron que hay varias
complejas razones tras el hecho de que muchos serbios en la República
Sparska y en Serbia sigan decididos a minimizar la matanza de prisioneros
en Srebrenica, incluyendo “años de adoctrinamiento" y un sentimiento
de que las víctimas serbias de crímenes de guerra han sido
ignoradas en gran medida. Judah resaltó también la inquietud
que les creaba que el reconocimiento de la atrocidad pudiese minar las actuales
demandas de autonomía por parte de los serbo-bosnios. corrientes de
los serbios Bosnios de la autonomía. "Ya hay gente que dice que
la República Srpska es ilegítima porque nació de
un genocidio". Expresó alguna esperanza en que este sentimiento
podría difuminarse gradualmente, tomando nota los serbios de que también
hay actualmente en La Haya un proceso en marcha contra el comandante durante
la guerra de las fuerzas bosnio-musulmanas en Srebrenica, Naser Oric.
Algunos observadores con los que el IWPR habló también han
sugerido que el lento avance de la reconciliación en la región
no ha sido favorecido precisamente por la defectuosa difusión pública
en los Balcanes del trabajo del Tribunal de La Haya.
Emir Suljagic, un periodista asentado en Sarajevo, ha dedclarado al IWPR
que, en parte como consecuencia de una falta de transparencia en el trabajo
del Tribunal, esta institución a menudo es percibida en la región
como “un modo de hacer avanzar la ley internacional humanitaria, más
que de administrar justicia por crímenes muy específicos que
afectan a personas específicas”.
Refik Hodzic, que dirigió entre 2002 y 2004 la oficina de información
pública del Tribunal en Sarajevo, estuvo de acuerdo en que el Tribunal
ha fallado a la hora de conseguir hacer oír su voz. “En este aspecto,
en términos de comunicación y funcionamiento, creo que podría
haberse hecho mucho más". Como ejemplo, Hodzic indicó el
fracaso durante los primeros siete años de existencia del Tribunal
en el intento de publicar en el idioma bosnio-serbo-croata los resumenes
de de prensa del Tribunal de La Haya, así como el escaso personal
del que han dispuesto durante mucho tiempo las oficinas de información
en la región.
Al mismo tiempo, es evidente que el Trabajo del Tribunal de La Haya
- con independencia de cómo haya sido publicitado- no podía
bastar para afrontar las consecuencias de la matanza de Srebrenica.
Hasan Nuhanovic, que perdió a su familia en la masacre y que sólo
evitó el mismo destino por ser en aquel tiempo traductor de Naciones
Unidas, dijo al IWPR que “la Justicia en términos de poner a alguien
entre rejas no abarca todo lo relativo a la justicia... la justicia también
se refiere a la restauración de la vida de las personas, haciendo
que sean menos penosas". Esto, sugiere, podría hacerse a
través de programas de alojamiento financiados por el Estado, o incluso
pagando indemnizaciones a quienes perdieron a sus familiares. "Con las
disculpas no basta". El propio Nuhanovic se encuentra actualmente implicado
en demandas ante los tribunales holandeses, en los que trata de entablar
un pleito contra el Gobierno por la presunta negligencia de sus tropas instaladas
como fuerzas de pacificación en Srebrenica.