Ir a página principal de Iniciativa Socialista
Ir a archivo de documentos
 

Windsurf y pateras

José María Mendiluce

José María Mendiluce es eurodiputado y escritor

No podemos acostumbrarnos a la muerte. Si lo hacemos, el riesgo de corromper nuestra propia dignidad humana es altísimo y puede provocarnos un abismo ético interior de consecuencias dramáticas. La ignorancia, el silencio cómplice y cobarde o el cinismo intelectual de los que dicen que nada se puede hacer pueden sustituir nuestra conciencia. Y, sin ella, estamos perdidos.
La política tampoco puede acostumbrarse a la muerte. Ni considerarla como inevitable. No podemos renunciar a su capacidad de transformar la realidad y reducirla a una mera actividad gestora y administrativa de lo posible, olvidando lo necesario casi siempre urgente, dramático e inaplazable.
Más de mil muertos en un año en el estrecho es una realidad insoportable para las conciencias e inaceptable para la política. Hemos convertido la frontera sur de Europa en la más peligrosa de todas, la más dramática y trágica. Y, sabiendo las causas, parece insultante que se aplacen las soluciones posibles e inmediatas que podrían, al menos, evitar tantas muertes mientras abordamos los problemas con nuevas ópticas y estrategias.
He estado en las playas de Tarifa este fin de semana junto a compañeros y compañeras de Los Verdes-Izquierda Verde para conocer in situ, la situación. Porque entendemos la política de proximidad como la única capaz de impregnarse de la sensibilidad necesaria para ofrecer alternativas. Hemos podido reconocer y apoyar el trabajo de las ONG's que denuncian, sensibilizan o asisten a destajo y casi sin ayuda, a los inmigrantes irregulares que llegan a sus playas. Hemos comprobado que frente al discurso oficial y a la presión policial en nuestras fronteras, el pueblo de Tarifa y muestra la cara de la solidaridad clandestina, aún a riesgo de multas y denuncias, frente a tanta espalda cínica y cómoda de nuestra sociedad.
Creo que, a estas alturas, nadie puede negar la relación causal entre la globalización neoliberal y la miseria insoportable que provoca. Un modelo especulativo de las relaciones económicas internacionales que ha condenado a la pobreza creciente a tres cuartas partes de la humanidad obliga a la desesperación y a la rebelión. Y el G8, el FMI, el BM, la OCDE, lo saben. Y su política de parches no va a poder retrasar lo inevitable: cambiar el actual modelo si queremos un escenario habitable basado en la sostenibilidad, la justicia y la libertad.
Pero lo que quizás sí sorprenda es que las muertes en el estrecho son producto de una cadena de despropósitos que se retroalimenta sospechosamente. Primero, la estructura mafiosa que controla el tráfico de personas y que con su poder económico (300.000 ptas es el precio medio del paso clandestino, frente a las 3.000 ptas del ferry Tánger-Tarifa!) puede corromper cualquier estructura judicial, administrativa, policial y política. Estamos hablando de un negocio que genera más de cien millones diarios. Mafias que, con absoluto desprecio por la vida, organizan viajes suicidas con desembarcos salvajes y en condiciones de seguridad inexistentes para hombres y mujeres exhaustos de esperar su oportunidad.
Segundo, los recursos humanos y técnicos de nuestra policía de frontera. Sus medios, pensados para el abordaje (fuerza y rapidez) no son los más adecuados para interceptar zodiacs repletas de personas, fácilmente desequilibrables y sin el equipamiento necesario para el salvamento masivo. Sorprenden los escasos resultados desarticuladores de una estructura mafiosa que se hace presente por opulencia o por corrupción ante la ausencia de políticas policiales coordinadas entre Marruecos y España.
Tercero, una política de visados restrictiva y miope que fuerza a la clandestinidad frente a la demanda sin escrúpulos de algunos sectores de nuestra economía agrícola. Ésta además de subvencionada (el 30% del presupuesto de la UE es para nuestra agricultura que rebosa de excedentes) y ecológicamente insostenible (cultivar fresas sobre la arena), provoca cultivos de crecimiento rápido, con alto consumo de recursos escasos (agua) y mucha mano de obra (inmigrantes irregulares).
Desde Tarifa se ve África. Y la proximidad ayuda a comprender que necesitamos otra política que aborde los flujos migratorios para garantizar su movimiento imprescindible e inevitable sobre criterios de seguridad de las personas y de sus derechos. Porque ya son demasiados años haciendo windsurf junto a las pateras y sobre los cadáveres de tantos sueños ahogados. Dos caras de la globalización que no pueden seguir separadas por más tiempo.

 agosto 2001
 
 
Ir a página principal de Iniciativa Socialista
Ir a archivo de documentos