Iniciativa Socialista (portada) Irak y Afganistán:
las mujeres luchan


Toñi Ortega

Iniciativa Socialista, invierno 2003-2004



En Irak pasan “otras” cosas. Hay trabajadores organizándose sindicalmente. Y mujeres en lucha por sus derechos, como las que el 13/1/2004 se manifestaron en Bagdad contra la decisión 137 del Consejo de Gobierno derogando el Código de familia uno de los pocos elementos relativamente "avanzados" -en su entorno- del sanguinario régimen sadamita. Eso deja paso a la aplicación de la Sharia. Entre las manifestantes, la kurdistaní ministra de Obras públicas, Nasrin Berwari, y activistas como Zakia Jalifa. La Autoridad de ocupación, dedicada a organizar el saqueo, deja manos libres a los clérigos teocráticos en esas “minucias”. A Bush no le preocupan las mujeres iraquíes, ni el desempleo, el hambre, la inseguridad de la gente iraquí...
Mientras, las promesas de Bush y Powell a las mujeres afganas son olvidadas. La expulsión de los talibanes permitió el reconocimiento legal del derecho a la educación, la atención sanitaria o el empleo, la incorporación minoritaria de mujeres al Gobierno o la presencia de un 20% de mujeres en la Loya Jirga. Cerca de un millón de niñas van a la escuela. Pero varias escuelas de niñas han sido incendiadas y grupos armados amenazan a las niñas o sus familiares, así que son muchas las que no acuden al colegio. En Kabul, el espacio menos inseguro y más “libre” de Afganistán, no más de un 25-30% de las mujeres se han quitado el burka. Allí y, más aún, en las zonas bajo total control de señores de la guerra fundamentalistas esa cárcel de tela sigue imponiéndose por la fuerza o por temor a las violaciones, los secuestros, los matrimonios forzosos, en los que frecuentemente están implicados funcionarios o bandas armadas al servicio de los poderosos de la región.
No se contentan con imponer situaciones “de hecho”. Quieren más. Los fundamentalistas controlan el Tribunal Supremo, muchos ministerios y amplias zonas del país. Se ha reactivado una vieja ley que prohibía el acceso a la enseñanza secundaria de las mujeres casadas (se dice que el Gobierno ha aprobado cuatro centros de secundaria exclusivos para ellas, pero que “no hay dinero” para hacerlos), se prohibe que hombres impartan clases a mujeres y muy recientemente se ha conocido el veto a que las mujeres canten y bailen en radio o televisión. Los líderes religiosos condenan los proyectos de algunas ONGs para la alfabetización de las mujeres que no pudieron asistir a la escuela en la época talibán.
Según el presidente de la Loya Jirga que aprobó, por “aclamación muda”, la nueva Constitución, el voto de un hombre vale por el de dos mujeres. La moción de 150 delegadas y delegados pidiendo la retirada del término "islámica" de la denominación de la república afgana fue tachada de "infiel". Y Malalai Joya, trabajadora social de 25 años, que alzó allí su voz valerosa para denunciar a los criminales (ver nota), fue amenazada e injuriada. Ella y las mujeres afganas merecen nuestra ayuda y colaboración, no los sátrapas y clérigos que quieren destruir los modestos pasos adelante que pudieron seguir a la derrota de los talibanes y mantener lo que nada ha cambiado.
Nuestras hermanas no sentirán nostalgia por los criminales regímenes talibán o sadamita. No merecen la vuelta al pasado, pero tampoco un futuro que se le parezca demasiado. En ambos países hay personas que luchan por los derechos humanos. Incluso en el seno del Consejo de Gobierno iraquí o del Gobierno afgano hay tendencias de signo democrático y laico. Pero no reciben el apoyo que merecen. Bush y Aznar quieren docilidad, negocios y bases militares. Las personas no importan. Las mujeres, las que menos. Y, sin embargo, es la voz de nuestras hermanas iraquíes y afganas la que debemos escuchar.

NOTA:
En la Loya Jirga: una voz por la libertad. Intervención de Malalai Joya


Mi nombre es Malalai Joya, de la Provincia de Farah. Con el permiso de los estimados asistentes, en el nombre de Dios y de los mártires del camino de la libertad, me gustaría hablar un par de minutos.
La crítica que hago a mis compatriotas es en realidad una pregunta: ¿por qué están permitiendo que la legitimidad y legalidad de esta Loya Jirga quede cuestionada por la presencia de los criminales que llevaron nuestro país a su actual situación?
Siento pena y lástima al ver que aquí están siendo aceptadas las palabras de aquellos que dijeron que la Loya Jirga tiene un fundamento infiel que equivaldría a una blasfemia. Ved, por favor, qué está ocurriendo con las comisiones y quiénes son los que están hablado en secreto sobre ellas. Ya ha sido seleccionado el presidente de cada comisión. ¿Por qué no colocan ustedes a todos estos criminales en el mismo comité, para que podamos ver lo que ellos quieren para esta nación?
Son los que convirtieron nuestro país en origen de guerras nacionales e internacionales. En nuestra sociedad, ellos son los mayores enemigos de las mujeres. Llevaron nuestro país a esta situación y quieren seguir haciendo lo mismo.
Creo que es un error poner a prueba a quienes ya han sido puestos a prueba. Deberían ser conducidos ante tribunales nacionales e internacionales. Aunque sean perdonados por nuestro pueblo, el descalzo pueblo afgano, nuestra historia nunca les perdonará. Sus nombres han quedado grabados en la historia de nuestro país.

Malalai Joya es Trabajadora social, delegada a la Loya Jirga por la provincia de  Farah
Kabul, 17/12/2003
más información en http://www.geocities.com/malalaijoya/