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Compromiso con Europa

 Entrevista con Trinidad Jiménez

Entrevista realizada por Margarita Díaz, Enrique del Olmo y Juan M. Vera, publicada en Iniciativa Socialista número 59, invierno 2000/2001

 

INICIATIVA SOCIALISTA: En un artículo aparecido en la prensa de hoy se afirma que la cumbre de Niza ha entronizado, por primera vez, a España entre los grandes de Europa. Ese es el balance oficial que Aznar ha ratificado en el Parlamento. ¿Qué visión tienes tú?

TRINIDAD JIMÉNEZ: Soy muy crítica con la cumbre de Niza, igual que lo he sido con los últimos años del proceso de construcción europea, porque no veía que se estuvieran sentando las bases de la Europa del futuro, no veía que se estuviera demostrando una ambición política. Pensaba en la ampliación y yo me decía: hoy, Europa casi no funciona, ¿cómo va a funcionar una vez que se produzca la ampliación?, o, mejor dicho, ¿cómo se va a poder producir la ampliación si no hay una reforma institucional? Siempre he ligado mucho la reforma y la ampliación.

Era muy crítica porque veía que no avanzaba. Se produjo la conferencia de Amsterdam, y se dejaron varias cuestiones sin resolver, y en tres años no han sido resueltas de una manera definitiva. A mí no me sirve que me digan "es que ha habido un acuerdo", un acuerdo de mínimos. ¿Qué acuerdo?, ¿es un acuerdo suficiente para poder avanzar en el proceso de construcción europea? ¿es un acuerdo suficiente para que se produzca la ampliación y para que Europa funcione? Desde mi punto de vista, no.

Entonces, he sido muy crítica antes y soy muy crítica con el resultado de Niza. Y, desde el punto de vista del interés nacional, que no me gusta verlo como contrapuesto al interés europeo pues para mí Europa es un asunto doméstico, pero si hablamos en términos de interés nacional, me parece que la frase citada es una auténtica desfachatez, porque España jugaba un papel en Europa cuando aportaba algo al proceso de construcción europea, cuando aportaba liderazgo, cuando servía de puente y de conexión entre unos países y otros, cuando forzaba consensos y mayorías y, realmente, Aznar no lo ha hecho en ningún momento y no lo ha hecho en la Cumbre de Niza.

¿De qué sirve que consiga un voto más en el Consejo? De nada. Lo que importa es que mi país juegue un papel de liderazgo, de motor, en el núcleo de toma de decisiones y, como decía José Luis Rodríguez Zapatero en su artículo, que sea grande por las ideas que aporta. Y si seguimos insistiendo en este tema de los números, hay que darse cuenta que Polonia ha conseguido el mismo número de votos que nosotros en el Consejo sin haber estado jamás en la Unión Europea. Yo entiendo esto como una tomadura de pelo. Creo que Aznar ha recibido tantas críticas desde su primera declaración hasta hoy que ha rebajado el tono triunfalista, sobre todo porque los medios europeos han sido bastante críticos con el resultado de Niza. Falta pulso político, faltan decisiones y falta, sobre todo, que alguien muestre con claridad el modelo al que estamos tendiendo. Como no se conoce el modelo, estamos dando palos de ciego con los instrumentos para ponerlo en marcha. La mera convocatoria de la Conferencia de Berlín supone el reconocimiento del fracaso, la insuficiencia de los resultados de Niza. O empezamos a trabajar hoy de cara al 2004 o va a ser un lío considerable.

I.S.: Es preocupante que se dieran avances importantes durante una etapa en la que el centro-derecha, con la excepción española, hegemonizaba el poder político en Europa y que, justamente ahora, cuando los gobiernos de centro-izquierda son mayoritarios, falte ese impulso europeo al que te referías…

T.J.: Sí, y es que, lamentablemente, creo que el proceso de construcción europea y el ejercicio de los liderazgos no tiene tanto que ver con la posición ideológica y política. Recuerdo la época en que estaban Khol, Mitterrand, González, incluso Margaret Thatcher, una persona netamente de derechas, neoliberal, pero una mujer que, aun manteniendo una posición muy británica, era capaz de actuar como motor, había un cierto impulso político, es decir, había dos conservadores que actuaban de motores. A mi también me preocupa y siento un cierto pudor al criticar el fracaso que para mí ha supuesto Niza.

Porque, claro, ahora hay personas como Schröder, Toni Blair, Lionel Jospin, Bill Cook, Costas Semitis… y los únicos que han tenido una cierta visión, una visión supranacional, han sido, desde mi punto de vista, los alemanes. Insisto, no creo que esto sea cuestión de una posición política, aunque tradicionalmente la izquierda, los partidos socialdemócratas, han sido más europeístas en su definición y en su vocación y también, teóricamente, son los más solidarios, por tanto, los más partidarios de la ampliación, pero si no hay liderazgo político no se puede cumplir ese papel. En el proyecto europeo se ha llegado a un punto en el que hay que tomar una decisión: ¿vamos o no vamos más allá? Y hay miedo a Europa. De repente todo se ha parado. Es verdad que hemos conseguido mucho en 50 años, es cierto que el proceso ha sido enormemente positivo, con sus altibajos, pero enormemente positivo, pero ahora hay que tomar una decisión. Algunos dicen que en Europa los pasos siempre se han dado poco a poco, pero nosotros somos los actores políticos y creo que hay que hacer, entre todos, un gran esfuerzo. Nunca se había planteado una ampliación a tantos nuevos miembros, y esa es una decisión de una envergadura política tremenda, que require saber cuál es el perfil de Europa, cuáles son las fronteras, etc.

I.S.: Has hablado de miedo a Europa. ¿Por qué hay miedo a Europa? ¿Qué sectores pueden tener miedo a Europa? ¿Los ciudadanos? ¿Los poderes económicos a los que interesa unas instituciones débiles? ¿Es simplemente una falta de liderazgo?

T.J.: Aun siendo muy crítica con lo ocurrido en estos últimos años, creo que el proceso europeo es irreversible. Me preguntáis porqué existe miedo a Europa. Yo tiendo a hacer una reflexión que tal vez pueda ser teórica pero que tiene mucho que ver con el miedo a lo desconocido, a las incertidumbres que existen en el nuevo escenario político, social y económico. Provoca grandes incertidumbres el fenómeno de la globalización, con lo que ello entraña, un cambio de era, el paso de una sociedad industrial a la sociedad de la información... Un cambio de era simbolizado también por la caída del Muro de Berlín, el cambio político que supone la desaparición de la bipolaridad. Cambia el propio concepto del Estado-nación, el papel de la política... Hay tantos cambios y tantas incertidumbres que aparece el miedo a avanzar en los modelos políticos.

Por mi parte pienso que Europa, como conjunto integrado, es el mejor instrumento que tenemos para intervenir, para abordar la globalización y utilizar los elementos y las oportunidades que la globalización ofrece. Creo que el mejor instrumento reside en los conjuntos integrados, esa es la tendencia, pero hay cierto miedo, miedo a lo desconocido, resistencia al cambio.

Todo esto significa, en cierto modo, la disolución del poder político nacional, pues hay una transferencia de soberanía creciente, se van desdibujando las fronteras, cambia el mismo concepto de soberanía. Yo no veo la crisis del Estado-nación o una cierta cesión de soberanía como algo negativo, pero muchos lo perciben así. Por ejemplo los británicos ,o los nórdicos que destinan el 60% de su presupuesto nacional a gastos sociales, y se preguntan: ¿cómo la seguridad social o los temas sociales van a pasar a depender de Bruselas?

Son decisiones que tienen que ver con un cambio de mentalidad. Para mí el miedo a Europa tiene que ver con eso. Creo que los poderes económicos actúan al margen de esas decisiones políticas, creo que los poderes económicos no tienen miedo. Acabo de estar en unas jornadas con unos financieros españoles, y recuerdo que el consejero delegado de un gran banco español me decía: "a mí lo que me preocupa es saber con quién tengo que hablar si intentamos acordar una determinada fusión entre grandes empresas, porque aquí, en España, sé que tengo que hablar con el ministro de Economía…". Bueno, pues en Europa tendrá que hablar con el comisario correspondiente. Cambian los actores, cambian los escenarios, ya no nos movemos en un escenario nacional sino en un escenario regional, pero, en el fondo, el mundo es más pequeño y tenemos que acortar las distancias, tenemos que actuar de una forma mucho más interdependiente, mucho más coordinada para que nuestras políticas tengan eficacia. Lo tengo clarísimo, ¿cómo se van a tomar decisiones en política monetaria sin saber lo que se está decidiendo en Bruselas? Lo que tenemos que intentar es que se produzca un proceso de armonización, de convergencia de las políticas, con los periodos transitorios necesarios para que nadie se sienta agredido. Esto supone que se ejerza un liderazgo político.

I.S.: Pero, siendo evidente que puede haber procesos transitorios, el verdadero problema es que no se avanza en la institucionalización democrática de Europa.

T.J.: Sí, efectivamente. Nuestro país era el más favorable al proceso de construcción europea, y deberíamos utilizar ese clima favorable de la opinión pública para impulsar una mayor ambición política.

Pese a la frustración que me ha provocado Niza y lo ocurrido en años anteriores, confío en un futuro diferente, porque creo que la tendencia no puede ser otra sino la de avanzar en el proceso de construcción europea. Que ahora se ha producido un cierto parón, es cierto, y también es nuestra responsabilidad, unos en el Gobierno y otros en la oposición, el impulsar y el seguir trabajando en la dirección en que llevamos trabajando desde hace 50 años. Visto en perspectiva, el proceso es positivo, pero si tuviéramos que detenernos año tras año y mes tras mes, seguramente analizaríamos otros parones con la misma capacidad crítica con que lo hacemos en estos momentos. Confío en que el proceso es irreversible y va a ir encaminado hacia una mayor integración política de Europa. Se va a producir la ampliación, sin lugar a dudas y, finalmente, haremos una reforma institucional capaz de gobernar Europa. A mí no me cabe la menor duda de que esto es a lo que llegaremos, me preocupan los plazos, porque no nos podemos permitir el lujo de retrasar este proceso. Creo que tenemos que actuar y hacer una propuesta audaz, con un esfuerzo de imaginación.

Recuerdo que aprendí los primeros rudimentos del derecho comunitario con un gran profesor, Juan Antonio Carrillo Salcedo, que ya en el año 1982, decía, "es muy fácil: tienes que pensar que existe un ejecutivo, que es el equilibrio que mantienen la Comisión y el Consejo. Un poder legislativo que es el Parlamento, y también el Tribunal de Justicia y el resto de las instituciones". Esa distribución institucional sigue siendo válida hoy en día, lo que tenemos que hacer es adecuar esas instituciones a la situación actual para conseguir superar el déficit democrático. Desde mi punto de vista, se ha roto el equilibrio del ejecutivo. El equilibrio del ejecutivo se basaba en que la Comisión propone y el Consejo decide. La Comisión, que representa la parte más supranacional de las instituciones, ha perdido esa capacidad de iniciativa, ha perdido ese poder, ha perdido credibilidad, ha perdido autoridad y, por lo tanto, cada vez se desprecia más lo que la Comisión propone y cada vez se la tiene menos en cuenta. Aun diciendo que Delors jugó un papel fundamental y que somos críticos con el papel que ha jugado Santer y el que juega actualmente Prodi, también hay que decir que por parte de los miembros del Consejo, por parte de los presidentes y primeros ministros, ha habido un creciente desprecio de lo supranacional y, por lo tanto, un favorecimiento de las posiciones intergubernamentales. Se ha roto ese delicado equilibrio que hacía que el ejecutivo fuera un ejecutivo bicéfalo y que conjugara y no contrapusiera los intereses nacionales y los intereses comunitarios. Eso es lo que debemos volver a recuperar, recomponer esa confianza. Pero, claro, esto tenemos que hacerlo en función de las personas que componen el Consejo, que componen la Comisión y, por supuesto, recomponer la confianza en que cuanto más se avance en el proceso de integración política europea mejor nos irá a los Estados miembros, que es lo que ha pasado cuando se han dado determinados pasos.

Yo a veces digo que parece paradójico que, justo en un momento de bonanza económica, se produzca una desaceleración del proceso de construcción política. Doy marcha atrás y veo los procesos anteriores ,y entonces compruebo que ha sido justo en los momentos límites, en los momentos en que Europa ha entrado en una fase de decadencia, cuando la gente ha reaccionado y ha buscado en Europa de nuevo su solución. Son ciclos. Ahora mismo, quizá, puede haber un cierto retroceso, hemos pospuesto muchas de las grandes decisiones que se tenían que haber tomado, pero eso no significa el fin de Europa, significa que los que creemos en Europa tenemos que hacer un mayor esfuerzo en hacer propuestas positivas.

I.S.: ¿Qué liderazgo está dispuesto a jugar el nuevo PSOE en este proceso?

T.J.: El nuevo PSOE afortunadamente es profundamente europeísta. Queremos hacerlo desde el Partido Socialista Europeo.

I.S.: Pero eso está lleno de dificultades porque los gobiernos van por otro lado

T.J.: Efectivamente, pero el hecho de que vayan por un lado no significa que vayan a ir por su lado siempre, ahí tenemos nosotros que hacer un esfuerzo. En mi calidad de secretaria de Política Internacional he asumido una de las vicepresidencias del Partido Socialista Europeo. Estoy dispuesta a dar la batalla, son pequeñas parcelas y en política no hay que despreciar nada. Por ejemplo, en el Parlamento hay que hacer propuestas muy concretas hasta que se celebre la cumbre de Berlín en 2004, haciendo un trabajo parlamentario, un trabajo político de consenso con todas las fuerzas políticas, colaborando a nivel europeo con los colegas de otros partidos y, por supuesto, implicando a la ciudadanía en este debate. Nosotros no vamos a dejar de reclamar que la Carta de Derechos Fundamentales tenga fuerza jurídica, fuerza vinculante. Sería el mejor instrumento para que la ciudadanía se sintiera concernida por Europa.

I.S.: Máxime teniendo en cuenta la ampliación a unos países de una estabilidad política muy inferior…

T.J.: Efectivamente. Nadie debe sentirse agredido por la ampliación. Hay que hacer un esfuerzo de pedagogía social y se lo vamos a exigir al Gobierno, pero también nosotros tenemos que hacerlo. La nueva dirección del PSOE estamos recién incorporándonos al mundo y estamos haciendo algunas cosas en otros ámbitos que eran realmente urgentes, pero con el tema europeo tenemos una apuesta política muy importante.

I.S.: En España, no parezca que haya otra fuerza con peso que pueda asumir ese papel.. Si vosotros lo hacéis, es posible aglutinar a mucha más gente, a los sindicatos, las ONGs, a muchos ciudadanos no organizados. El proyecto del Gobierno no tiene nada que ver con eso, parece que ven a Europa como una ubre de la que hay que sacar leche... a costa del vecino...

TJ.: Europa no se puede desligar del proyecto de país. El problema del Partido Popular es que no tiene política concreta, no tiene nada que ofrecer. Lanzaron una gran ofensiva ideológica, muy de derechas, durante la primera legislatura y ahora no actúan. No tienen un proyecto sobre Europa, no tienen tampoco un proyecto de país y, por lo tanto, van dejando que las cosas sucedan, pero sin intervenir. Y, efectivamente, en España si el PSOE no lidera una determinada idea de Europa, nadie lo hará, el Partido Popular no lo va a hacer. No ha tenido nunca una vocación europeísta e internacionalista. Es absolutamente desconsolador llegar a América Latina, no hay una relación política, una relación diplomática, ningún compromiso. Todos añoran aquellos años en los que estábamos volcados en los procesos de democratización, en la finalización de las dictaduras en el Cono Sur, en el comienzo de los procesos de cooperación, de fortalecimiento de las instituciones… Hoy en día no existe ese compromiso político y nosotros estamos dispuestos a asumirle. Europa no puede ser exclusivamente un ente del cual te vas beneficiando, Europa somos todos y todos tenemos que arrimar el hombro. España ha alcanzado un nivel de estabilidad política y económica que nos sitúa en una posición inmejorable para ayudar a otros. Si miramos la situación de Rumanía, de Bulgaria, seamos un poco coherentes con nuestra trayectoria vital y recordemos cómo estábamos. Esto es una apuesta política, sin lugar a dudas.

I.S.: A lo largo de todo el proceso de construcción europea no se ha explicado al ciudadano la necesidad de una Europa unida.

T.J.: Es verdad. No hemos sido capaces de explicarles que en Europa estamos mejor. Sí se veía claro en la Transición. La entrada de España en las Comunidades Europeas iba muy ligada a la consolidación de la democracia en nuestro país, igual que la construcción del Estado autonómico iba muy ligado, también, a la consolidación democrática. Al conseguirlo, en un determinado momento, descuidamos la pedagogía, y la política es mucha pedagogía. Como nos decía un dirigente polaco al que en una ocasión preguntaron "¿y usted por qué quiere entrar en Europa?", y él contestó: "pues por la misma razón que ustedes no quieren salir de ella". Yo creo que la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles rechazarían que nos saliésemos de la Unión Europea, porque intuyen que formamos parte de un club que supuso para nosotros la consolidación democrática, un club de solidaridades internas, de coordinación, de políticas, donde nos vamos a proteger unos a otros. Pero tenemos que hacer un esfuerzo para que no sientan amenazadas sus economías por el euro, ni su empleo por una oleada migratoria ligada a la ampliación. Claro que hay una elementos de incertidumbre, también para los políticos, pero esa es nuestra responsabilidad, intentar que el choque y las disfunciones sean las menores y, sobre todo, hacer partícipe al ciudadano de este proceso político que no se puede construir sin la ciudadanía europea, pues ella es la la que nos da identidad, y la identidad europea no es algo que este ahí, hay que construirla, lo que conforma un reto lo suficientemente atractivo como para que lancemos algunas ideas.

Me gusta mucho la frase que escuché a Felipe González y que siempre utilizo en muchos contextos, como un comodín: "hacer de la diversidad un elemento de cohesión", lo que para mí tiene una implicación muy concreta.

I.S.: Muchas gracias, Trinidad, por concedernos esta entrevista, y nuestro deseo de los mejores éxitos en la construcción de una Europa unida política, social y económicamente.

 

Madrid, 21 de diciembre de 2000
 
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