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El Tahúr

Uri Avnery


Anthony Zinni ha pedido a Ariel Sharon que ponga fin a la ampliación de los asentamientos, al menos por algún tiempo. Zinni es un general de los Marines, su pensamiento es lineal y lógico. Es difícil para él comprender por qué Sharon no cumple. ¿Para qué todo este infierno? Unas cuantas casas en algún lugar, ¿merecen la muerte de tantos seres humanos israelíes y palestinos, niños incluso? ¿Qué tipo de locura es ésta?
La propia vida de los colonos se ha convertido en un infierno. No pueden viajar sin arriesgar sus vidas. Los asentamientos se han convertido en sus prisiones. El mundo entero se conmueve cuando un hombre-bomba suicida actúa en Tel-Aviv, pero no cuando un colono es alcanzado por un tiro, pues son vistos como una parte de la ocupación y, por lo tanto, son considerados como legítimos objetivos de la resistencia del pueblo ocupado. Muchos de los colonos -quizás la mayoría- estarían indudablemente más que dispuestos a retornar a Israel. Aquellos que buscaban “calidad de vida” en un paisaje pintoresco y han averiguado que lo que allí se produce principalmente es desesperados hombre-bomba suicidas, sueñan ahora con un tranquilo hogar en Ráanana, el acomodado barrio cercano a Tel-Aviv. ¿Pero a quién vender una casa de tejas rojas y con un bonito jardín... que puede ser alcanzada en cualquier momento por una bala de mortero? Solamente el Gobierno podría comprarla, y no quiere hacerlo.
Para las empresas es más fácil. Sus propietarios fueron seducidos por los consecutivos gobiernos (incluyendo los de Rabin, Peres y especialmente Barak) para vender sus caros solares de las ciudades e instalarse, casi gratis, en los polígonos industriales de los asentamientos, donde  podrían explotar trabajo esclavo palestino. Sin salario mínimo ni beneficios sociales. Los propietarios también consiguieron todo tipo de subvenciones, exenciones fiscales, etc. Ahora se van sigilosamente, uno tras otro. Los proveedores, los conductores, los profesionales se niegan a ir a tales lugares. A diferencia de los combatientes de Hamás, no quieren suicidarse.
Los consejeros del general Zinn, que cuentan con buena información, conocen todo esto y, por tanto, no comprenden, con su simple mente estadounidense, por qué Sharon es tan tozudo. Comprenden, por supuesto, que hay presiones políticas. Eso es algo que los estadounidenses entienden. Sharon debe tomar en cuenta a sus socios de ultraderecha y a la camarilla de fanáticos colonos. Pero eso no explica la intensidad de resistencia. ¿Qué ocurre?
Para el general Zinni (al igual que lo habría sido para sus predecesores y lo sería para sus sucesores) estudiar algo de historia del sionismo sería instructivo. Descubrirían que los asentamientos pertenecen al código genético del movimiento desde su nacimiento, hace 104 años, el óvulo judío se encontró con el europeo espermatozoide nacionalista.
Este código genético impulsa al movimiento hacia su asentamiento en todo el país, para convertirlo en un hogar sionista. Comenzó sosegadamente, “dunam a dunam” [1 dunam = 0,1 hectáreas]. El ritmo se aceleró durante los años 30. En la guerra de 1948, en la que jugaron un papel importante los asentamientos, Israel conquistó el 78% del país y unas 500 aldeas árabes fueron erradicadas y sustituidas por asentamientos. Una vez terminada esta tarea, estalló la guerra de 1967, Israel conquistó el resto de Palestina y comenzó de inmediato a instalar nuevos asentamientos, sin pausa, ya fuese con el poder en manos del Partido laborista o del Likud, con Begin o con Peres, con Nethanyahu o con Barak.
Los “gentiles” pueden decir lo que quieran, que los asentamientos son inmorales, obstáculos a la  paz, ilegales o, como han dicho recientemente, que son un crimen de guerra. Pero siguen adelante. Durante el año en que Barak negoció el “final del conflicto”, la actividad colonizadora alcanzó un ritmo superior al de cualquier año anterior.
Sharon es hijo de colonizadores, creció en un asentamiento y éstos  son la esencia de su vida. A lo largo de su vida, fuese cual fuese su trabajo, siempre dedicó sus mayores energías al establecimiento de asentamientos Pero aunque hubiese sido hijo de nuevos inmigrantes procedentes de Marruecos habría hecho lo mismo, porque la pulsión colonizadora no es algo personal, está dictada por el código genético colectivo.
Si no hubiese encontrado resistencia, el proceso colonizador habría continuado hasta que toda Cisjordania y toda la franja de Gaza hubiesen sido ocupadas por los asentamientos, expandiéndose después hacia el “Eretz Israel” Oriental (denominación de Jordania en los manuales de geografía) y a todos los países vecinos citados en la generosa promesa divina narrada en la Biblia. El ejército habría conquistado y los colonos habrían colonizado.
Esto no ha ocurrido porque la acción crea reacción. El imparable movimiento choca con un objeto inamovible: el pueblo palestino. La guerra entre ambos pueblos ha alcanzado ahora un clímax sin igual en los 104 años anteriores, excepción hecha, quizá, de 1948. La continuación de la actividad colonizadora puede llevar al desastre toda la operación.
La literatura clásica muestra el carácter del tahúr compulsivo. Tiene un día exitoso, gana y gana, una pila inmensa de fichas se amontona frente a él. Podría levantarse en cualquier momento, cambiar sus fichas por dinero y vivir felizmente el resto de su vida. Podría, pero no es capaz. Su compulsión no se lo permitirá. Seguirá jugando, perderá y perderá, hasta que el croupier le recoja la última ficha.
En las historias clásicas, el tahúr se levanta, tan pálido como la pared, va hasta la puerta, pone el revólver sobre su sien y dispara.
La pregunta es si vamos a actuar de ese modo o vamos a decirnos que ya basta y que vamos a cambiar nuestro código genético. Es hora de hacerlo, implantando un nuevo gen de cordura, liberado de la vieja compulsión. Es la hora de devolver a los refugiados palestinos los asentamientos más allá de la Línea Verde y devolver a los colonos a casa, sanos y salvos.
Ésta es la historia, general. El problema es nuestro. Pero quizá usted podría ayudarnos un poco.

1 de diciembre de 2001


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