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Sólo hay una cosa en la que existe total unanimidad entre todos los que han visitado el campo de refugiados de Jenin: una semana después de haber terminado los combates, todos, los periodistas extranjeros, los soldados israelíes, los representantes de la ONU, los cronistas por encargo de los medios de comunicación israelíes, los miembros de las organizaciones asistenciales y los propagandistas del gobierno, daban cuenta de que por todas partes emanaba un terrible hedor procedente de cuerpos en descomposición.
Más allá de esto, no hay acuerdo en nada más. Los palestinos hablan de una masacre que habría dado lugar a un segundo Sabra y Chatila. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) hablan de un duro combate, en el que "el ejército más humano del mundo" no habría dañado intencionadamente ni a un solo civil. Los palestinos hablan de cientos de muertes, el Ministerio de Defensa declarada categóricamente que sólo han sido matados 43 palestinos.
¿Cuál es la verdad? Nadie lo sabe. Nadie puede saberlo. La verdad permanece sepultada bajo las ruinas y apesta atrozmente. Pero algunos hechos son indiscutibles y bastan para sacar algunas conclusiones.
En primer lugar, durante dos semanas de combates las FDI no permitieron la entrada en el campo de ningún periodista, israelí o extranjero. Tampoco se les permitió una vez terminada la lucha. El pretexto era que su vida podría estar en peligro, pero ellos no había pedido que el ejército les salvase y estaban dispuestos a arriesgar sus vidas, como hacen en todas las guerras los periodistas y fotógrafos.
El simple sentido común indica que si alguien impide el acceso de los periodistas, es porque tiene algo que ocultar.
En segundo lugar, durante los combates e incluso después de ellos, no se permitió que se acercasen ambulancias y equipos de rescate. Aquellos que intentaron aproximarse fueron tiroteados. En consecuencia, los heridos, incluso aquellos que se encontraban en un estado relativamente leve, morían desangrados en las calles. Esto es un crimen de guerra, una "orden manifiestamente inconstitucional", sobre la que ondea la "bandera negra de la ilegalidad". Bajo la ley israelí, y aún más bajo la ley internacional y los convenios de los que Israel forma parte, los soldados tienen prohibido obedecer semejante orden.
No cabe diferenciar si quienes mueren en esas circunstancias son civiles u "hombres armados", una persona o cien. Como forma de haber la guerra, es algo inhumano.
Algunos periodistas se anticiparon a justificar este método alegando que habían visto "con sus propios ojos" ambulancias palestinas transportando armas. Incluso si hubiera tenido lugar algún incidente similar, no estaría justificado usar semejantes métodos en ninguna circunstancia. En realidad, hasta ahora sólo ha sido demostrado un ejemplo: esta semana, periodistas israelíes informaban, con orgullo, de que soldados camuflados habían usado una ambulancia para acercarse a una casa en la que estaba oculta una "persona buscada".
En tercer lugar, incluso una vez terminados los combates, y hasta ahora mismo, no se ha permitido el uso de material pesado y de equipos de rescate para remover las ruinas y recuperar cadáveres, o, quizá, salvar a personas aún con vida bajo los escombros. El pretexto, de nuevo, fue que podría haber minas instaladas. ¿Y qué? Si equipos locales y extranjeros están dispuestos a arriesgar sus vidas con tan noble propósito, ¿por qué tendría que impedírselo el ejército?
En cuarto lugar, durante los combates no se permitió a nadie llevar medicamentos, agua y comida. Yo mismo formé parte de una marcha masiva de activistas por la paz israelíes que, intentó, una vez terminada la lucha, acompañar a una caravana de camiones que llevaban ese tipo de productos al campo de Jenin. Los camiones pudieron pasar el control de carreteras en que se nos detuvo, pero después se hizo evidente que las provisiones fueran descargas en un campa del ejército y sólo se permitió que llegasen cuatro a su destino.
¿Qué indica todo esto? Una persona objetiva sólo podría sacar una conclusión: el ejército quería evitar a toda costa la entrada de testigos presenciales en el campo. El ejército sabía que alentaría los rumores sobre una terrible masacre, pero prefería esto a que la verdad fuese descubierta. Cuando se toman medidas tan extremas para ocultar algo, no vale quejarse de los rumores. Se alcanza la cumbre del cinismo cuando no se permite el libre acceso a un lugar y después se argumenta que nadie tiene derecho a decir qué está ocurriendo allí, ya que no lo han visto con sus propios ojos.
La evidencia más indiscutible sobre lo ocurrido reside en el hecho de que, inmediatamente después de terminar los combates, altos funcionarios gubernamentales y militares comenzaron a discutir cómo se podría evitar una reacción de shock en Israel y en el extranjero cuando los hechos fuesen conocidos. No fue una discusión secreta, sino llevada de manera pública, en los programas de entrevistas de los medios de comunicación. Todos lo escuchamos.
Las decisiones tomadas fueron extremadamente efectivas en Israel y extremadamente inefectivas en el extranjero. Yo estaba en Inglaterra cuando comenzaron finalmente a aparecer noticias al respecto. El titular de la primera página de Times era: "Dentro del Campo de la Muerte". Debajo, venía una foto gigante y un informe de una famosa corresponsal de guerra, quien escribía que nunca había visto algo tan terrible en las guerras que había cubierto, como las de Bosnia, Kosovo y Chechenia. En casi todos los países europeos hubo la misma reacción.
En Israel, sin embargo, la máquina de propaganda gubernamental de la que ahora forman parte voluntariamente todos los medios de comunicación, hizo todo lo posible para preparar a la opinión pública. Se dijo de antemano que los palestinos iban a divulgar una horrible mentira, que estaban dispuestos a amontonar cadáveres (¿sacados de dónde?) en las calles. Casi se llegó al punto de decir que los palestinos dinamitaron sus casas sobre sus familias para crear un libelo sangriento.
Las FDI "limpiaron" parte del campo, retiraron los cadáveres y "asearon" algo las ruinas, para después llevar a dóciles periodistas y a ingenuos visitantes extranjeros. Humanos funcionarios les aseguraron que no se había producido ninguna masacre. Después de todo, sólo una pequeña parte del campo ha sido destruida, sólo tantas yardas por tantas yardas, poca cosa en realidad. Todo esto recuerda uno de los métodos de algunos regímenes.
El resultado de todo esto ha sido, una vez más, una gran brecha entre los israelíes y el resto del mundo. A lo largo y ancho del planeta, hay muchas personas horrorizadas de que los judíos sean capaces de hacer tales cosas. Por su parte, los judíos ven confirmada su creencia de que todos los gentiles son antisemitas.
Espero que haya una investigación internacional seria y que la verdad, sea cual sea, emerja. Pero si al menos un parte de las atrocidades rumoreadas se confirma, habrá que plantear una pregunta: ¿cuál era la intención? ¿qué llevó a los dirigentes civiles y militares a dar ese trato al Campo de Jenin?
La única respuesta que puedo dar es que en Jenin los palestinos decidieron resistir y luchar, y que con la violencia allí desatada se quiso enviar un mensaje a todos los palestinos, decirles que esa será la suerte de cualquiera que resista a las FDI, sin excluir masacres del tipo de la de Deir Yassin.
Sólo un idiota puede creer que así se pondrá
fin a la resistencia ante la ocupación.
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