Vicent Álvarez
Memoria histórica: Marco Miranda
Vicent Álvarez es miembro del Consell Valencià de Cultura.
Iniciativa Socialista,
Verano, 2005
Cuando las tropas franquistas entraron en Valencia, el diputado a Cortes
Vicent Marco Miranda pasó a la clandestinidad. Tras permanecer oculto
en varios domicilios fallecería en 1946. Su entierro fue una auténtica
manifestación silenciosa de afirmación republicana. Durante
su encierro en Borriana escribió una especie de memorias, que
ahora han sido publicadas y constituyen un testimonio vivo de la República,
la Guerra y los años que las precedieron. Es un testimonio de los
muchos que estaban por recuperar y que ahora nos ayudan a entender procesos
y situaciones que no vivimos y nos fueron ocultados por la dictadura franquista.
Marco Miranda fue el primer alcalde republicano de Valencia. El 15 de abril
de 1931 ostentaría la vara de alcalde, al obtener su partido, Unión
Republicana Autonomista, la mayoría. Poco duraría en el cargo,
pues el gobierno del Estado le llamó para ser gobernador civil de
Córdoba, lugar donde trató de evitar los abusos de los caciques,
siendo destituido por su labor imparcial, que no era del agrado de los exmonarquicos
disfrazados de republicanos Alcalá Zamora y Maura, teniendo con el
primero una conversación muy reveladora. De esa experiencia el libro
de memorias de Marco recoge: Lerroux, a mi regreso de Córdoba,
me dijo, aludiendo a mi forzada dimisión: "Como amigo, lo lamento,
políticamente me alegro", y sigue indicando nuestro personaje:
"Me fue útil mi paso por Córdoba. Lo que allí presencié
me dio pruebas evidentes de cuanto prometía la nueva República,
gobernada por aquellos hombres y me descubrió la antigua tragedia
del campo andaluz, con la Mano Negra y otros movimientos análogos,
invenciones del señoritingo andaluz para justificar el funcionamiento
siniestro del patíbulo y las atroces persecuciones del campesinado
de aquellas tierras, hambriento, dócil hasta el servilismo,
respetuoso y agradecido con quienes lo tratan humanamente".
Marco rompió con su partido, el que fundó Blasco Ibáñez
y que poco a poco fue perdiendo su radicalidad. Lo hizo tras la represión
de la Revolución de Asturias en 1934, acontecimiento que vivió,
pues junto con otro diputado visitó la zona y fue testigo de lo ocurrido.
Tras esa visita denunció los hechos ante el Pleno del Congreso de
Diputados y ante el Fiscal, sin éxito, como él mismo reconoce:
"antes feneció la República que se hizo justicia en la represión
de Asturias".
Sobre la República, objetivo que fue una constante de lucha, sufriendo
persecuciones y cárcel, Marco nos da muchos testimonios, entre
ellos seleccionamos lo que sigue: "Y la República, la novia bien
amada, murió. ¿Quién la mató? Sus enemigos naturales;
los de siempre, los que en todo tiempo ahogan en España afanes de
progreso, ansias de libertad, anhelos de justicia social. La mataron la plutocracia,
la cerril intransigencia clerical, el caciquismo destructor, todas las fuerzas
tradicionales a cuyo servicio estuvo siempre pronto el instrumento adecuado,
el ejercito" (...) "fueron deportados, encarcelados o muertos multitud
de obreros, como un ejemplo brindado a las derechas para afirmar el sentido
íntimo, conservador, del régimen, de una República llamada
de 'trabajadores'. Nadie lo agradeció. La República se enajenaba
adeptos y no captaba un solo enemigo".
Y para acabar el libro recoge consideraciones sobre la guerra y sus contradicciones.
Se trata de la visión de un diputado de la izquierda, que pretendió
ejercer como tal en una guerra en la cual se cometieron errores por parte
de quienes defendían el orden constitucional. Podemos leer cosas
como esta: "Se ha hablado mucho, se sigue hablando de la revolución
'roja', como si hubiera surgido por deliberado impulso nuestro; cuando no
fue sino natural derivación de la iniciada por el franquismo. ¿Injusticias,
crueldades, actos de terror? ¿Se ha vista alguna revolución
que no los tenga? El impulso ciego, instintivo de las masas es el mismo es
todas las tendencias y en todas las latitudes. Es un tópico absurdo
eso de encauzar la revolución... Se las podrá reprimir, pero
no encauzar. Para lo primero carecía de fuerzas la República.
Cuando pudo restablecerse la autoridad, cesaron los atropellos, funcionaron
los tribunales de justícia, hubo un orden, un régimen legislativo".
Como podéis ver se trata de un testimonio de quien vivió una
seria de circunstancias históricas que debemos tener presentes y no
olvidar. Estamos ante un testimonio más de esa memoria histórica
que estamos recuperando, una cosa que como izquierda moderna tenemos como
obligación. Nuestra derecha, nuestro PP, prefiere el discreto silencio,
la complicidad, la ocultación de sentimientos.