Vicent Álvarez
"Dios, patria...": la pasión conservadora
Vicent Álvarez es miembro del Consell Valencià de Cultura.
Iniciativa Socialista,
Verano, 2005
Se lamentaba Josep Ramoneda de que, al final del siglo XX, el intento de
reemplazar la ilusión política por la económica había
puesto fin a la pasión política. Tal vez, el momento actual
que vivimos en España le obligaría a matizar esa afirmación;
cabe indicar que Ramonet escribió su libro Despues de la pasión
política en un situación marcada por la caída del muro
y por el final de los entudiasmos radicales, y en este momeno las cosas
no son iguales.
La verdad es que ahora las circunstancias que vivimos nos recuerdan aquella
estrofa que tantas veces oímos: "Por Dios, la Patria y el Rey murieron
nuestros padres, por Dios, la Patria y el Rey, moriremos nosotros tambien".
La desmemoria de unos y la juventud de otros puede que jueguen a favor de
la filosofía que yace tras la estrofa que he citado. Una nueva pasión
ha reaparecido, la pasión que nace de los sentimientos más
tradicionales y de una visión de reacción ante cambios y aires
nuevos. Ese clima no nace gratuitamente, se fomenta desde la derecha que
ya no quiere ser centro.
Pierre Vilar explicaba los procesos de los años treinta sobre la base
de un desarrollo regional o territorial desigual en el cual, mental y económicamente,
había contradicciones entre las zonas más avanzadas y las menos,
y sobre el papel dominante de la Iglesia. Unas décadas después,
esos sentimientos sirven de banderín de enganche para unas movilizaciones
-¡Cómo no, con cita en Madrid!- bajo los lemas de la defensa
de la unidad patria y de las creencias católicas.
Los temas de la moral religiosa, los dogmas de la Iglesia, movilizan, generan
pasión, y los territoriales tambien. El personaje de Brech "señorK"
se interrogaba por qué razón se había comportado como
"nacionalista" y, en respuesta a su pregunta, se contestaba: porque habia
tropezado con otro "nacionalista". En el momento pues de revisar los estatutos,
es decir, de plantear nuevas cuotas de autogobierno, los más nacionalistas,
los dominantes, como ocurria en la obra de Brech, agitan, acusan de tibieza
a quienes gobiernan. ¿Que podemos hacer? ¿Ceder ante los intentos
desestabilizadores? Ante una reparación justa, como es la devolución
de los papeles de Salamanca, se saca a la gente para defender el "justo derecho
de conquista", y ante los matrimonios gays se volverá a hablar de
"libertinaje".
Volver a la normalidad sería más que desdeable. Ceder a la
presión, comporta aceptar la pasión sin más, la vuelta
atrás. Hay posturas conservadoras sensatas, sin ir más lejos
Herrero de Miñón ha teorizado posiciones de reforma territorial
próximas al federalismo, y no es lo mismo Piqué que Acebes.
La experiencia histórica nos alerta, sin duda alguna: los términos
de la pasión conservadora no se dan en el contexto de los años
30, pero, sin embargo, todo nos recuerda aquello de "Dios, patria...".
Sensatez, más de eso que nosotros entendemos como" trellat", eso es
lo que debe exigir la ciudadanía.
Las gentes de izquierda tendremos que razonar, así intentamos funcionar.
Pero ante la irracionalidad que esta generándose, algo más
habrá que hacer.