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Se podrán elaborar planes estratégicos con la implantación de nuevas tecnologías a fin de modernizar las técnicas de funcionamiento de las Oficinas Judiciales, impulsar planes de infraestructuras para adecuar los edificios judiciales, agilizar los procedimientos para reducir el calvario procesal, con el aumento de la dotación de medios personales y materiales y la evitación de las dilaciones indebidas; pero sino se motiva a las personas que han de ejercer la potestad jurisdiccional en todo tipo de procesos, juzgando y haciendo ejecutar lo juzgado, de poco servirá tantas buenas y saludables intenciones.
No podemos permanecer con los ojos cerrados frente a tantas víctimas que sufren lo injusto; es más hemos de estimular la indignación y llegado, el caso, la movilización frente al retraimiento y la resignación. La justicia ha de ofrecerle a esos ciudadanos presencia y cercanía consoladora. Unas recientes y fructíferas declaraciones del Magistrado de la Audiencia Provincial de Valencia y presidente de la Fundación por la Justicia, José María Tomás y Tío, subrayaba la ética para ofrecer soluciones, porque la ética aumenta la viabilidad y hace competitiva la justicia. "No nos podemos conformar con una justicia de mínimos que resuelva los requerimientos inmediatos a corto plazo, por importante que sea alcanzar un mínimo todavía pendiente. La justicia de máximos se identifica con la satisfacción del usuario y de su servidor "honeste vivere", la pacificación de las relaciones sociales "alterum non laedere" y la asignación a cada uno lo suyo "suum cuique tribuere". Solamente si la justicia asume sus responsabilidades permitirá una sociedad humanizada".
Desde luego, la justicia, es principio fundamental de la existencia y de la coexistencia de los hombres, como también de las comunidades humanas, de la sociedad y de los pueblos. Esta hambre de justicia que todavía padece Europa, esta urgencia de luchar por la verdad y por el orden moral en el mundo, no son, no puede ser, odio ni fuente de represalias en un mundo cada día más próximo. Toda sociedad, si no quiere ser destruida desde su propio seno, debe establecer un orden social justo. En este sentido, sí es positivo, que todos los Estados miembros de la Comunidad Europea, hayan adoptado las medidas necesarias para aminorar los delitos, sobre todo los injustos del terrorismo internacional que, por su naturaleza o su contexto, puedan lesionar gravemente a un país.
La construcción de una humanidad más justa o de una comunidad internacional más unida no ha de ser un sueño, sino un imperativo moral, un ético deber de todos, puesto que la justicia en última instancia emana del pueblo. Además, no hay indefensión cuando la persona a quien se ha dado a conocer la existencia de un proceso y ha podido intervenir en él, ni aquella otra que, conociéndolo, ha dejado de intervenir en él por un acto de voluntad. Pero la justicia sola, como tal, no basta para garantizar la felicidad social. Por más que recurramos a la idea de justicia, la experiencia demuestra que existen otras fuerzas negativas, como son el rencor y la crueldad que está ahí y que surgen. De ahí que sea tan importante la tolerancia para convivir. Llegado a este punto, nos puede surgir la pregunta: ¿Puede la democracia ser tolerante en su defensa frente a las tendencias antidemocráticas como puede ser el terrorismo?. Si, puede en la medida que luchemos por esa libertad intrínseca de la democracia. Porque, realmente, no existe una fórmula de justicia absoluta válida para todo tiempo y lugar, inmutable, única y universal; pero sí existe la cuestión de ahondar en comportamientos justos. Y el poder judicial ha de transitar en este sentido y, en realidad, todos los demás poderes de un Estado.
Sea como fuere, la justicia ha de ser una cualidad posible, algo propio de un orden social que ha de caminar hacia lo más justo posible y jamás debe ser considerada, ni tácitamente ni explícitamente, como un cachondeo. Si la democracia es una forma justa de gobierno, lo es porque supone libertad, y la libertad significa tolerancia. Europa, toda ella, ha de caminar en esa atmósfera que tan, justamente, ya vociferó Kelsen: "La justicia se encuentra en aquel ordenamiento social bajo cuya protección puede prosperar la búsqueda de la verdad: Mi justicia es la justicia de la libertad, la justicia de la democracia: en una palabra, la justicia de la tolerancia". Ahora bien, habrá que fomentar acciones que frenen las barbaries como es la lacra del terrorismo; pues, tampoco es de recibo cruzarnos de brazos y conformarnos con que nuestra sociedad se convierta en un "cosmos de náufragos". En suma, a mi juicio de valor, la justicia cuando menos ha de esperanzarnos, con decisiones judiciales que no se conviertan en meras declaraciones sin efectividad. Ese ya sería el primer gran cambio.
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