Immanuel Wallerstein
El ambiguo "No" francés a la Constitución europea
Traducido por Iniciativa
Socialista, con la autorización y revisión del autor. Copyright:
Immanuel Wallerstein. Todos los derechos de reproducción reservados.
Se otorga permiso para descargar y y transmitir electrónicamente este
texto, así como su colocación en sitios web no comerciales,
con la condición de mantener la integridad del articulo y el aviso
de copyright. Para traducir este texto, imprimir o publicarlo en forma impresa
o bajo otras variantes, incluyendo sitios web comerciales, es preciso solicitarlo
al autor:immanuel.wallerstein@yale.edu o por fax: 1-203-432-6976.
Recomendamos visita a http://fbc.binghamton.edu/commentr.htm, donde el autor
coloca diversos comentarios de actualidad.
El 29 de mayo de 2005, los franceses rechazaron en referéndum la ratificación
del proyecto de Constitución europea. Tres días más
tarde, los votantes holandeses hicieron lo mismo. En ambos casos, la ventaja
del "No" fue amplia. Desde entonces, la prensa mundial ha estado llena de
discusiones sobre el futuro de Europa, entendida tanto como visión
que como institución. Pero las consecuencias de estas votaciones son,
de hecho, sumamente ambiguas.
Tomemos el caso de la votación en Francia. Tres grupos han aclamado
su resultado y lo han saludado como una victoria propia: los neocon estadounidenses,
amplias franjas de la izquierda francesa (en particular los altermundistas)
y los euroescépticos derechistas de toda Europa.
En EEUU, William Kristol, editor del principal diario de los neocon, Weekly
Standard, finalizó su editorial "¿Una nueva Europa?" escribiendo
"Vive la France!". Los defensores del "No" en la izquierda francesa
lo celebraron en las calles de París. Y los euroescépticos
de derecha estaban encantados por haber ganado, al fin, un asalto en su combate
por el descarrilamiento de Europa.
¿Es posible que todos ellos tuviesen razón? Veamos qué
es lo que cada una de esas corrientes celebraba.
Para los neocon estadounidenses, el "No" francés y holandés
han sido sendas derrotas de las élites europeas, arrogantes y antiamericanas,
y, sin duda alguna, de Jacques Chirac, a quien los neocon consideran el primer
merecedor de lo que ellos consideran una justa venganza. En el citado artículo,
Kristol escribió: "Este es un momento de esperanza para las perspectivas
de una Europa fuerte, proamericana, defensora de la libertad, más
o menos partidaria del mercado libre y del libre cambio, revigorizada social
y moralmente".
Para los altermundistas franceses, el "No" representó, en gran medida,
todo lo contrario. Sería tanto una expresión de repudio a los
valores conservadores anglosajones como un rechazo del programa neoliberal,
a su entender encarnado en el proyecto constitucional y representado por
los miembros de la Comisión Europea y por la burocracia de Bruselas,
así como por el propio gobierno de Chirac en Francia.
Para los euroescépticos derechistas, esos resultados representaban
también un duro golpe a esa misma Comisión y a la burocracia
de Bruselas, a quienes atribuyen el empeño de imponer el socialismo
en Europa. En el "No" francés, y más aún en el holandés,
estaba presente también un fuerte componente xenófobo, materializado
en el rechazo a un posible futuro ingreso de Turquía en la UE y en
la condena de las políticas que habrían permitido la presencia
de tantos inmigrantes musulmanes en Europa.
Obviamente, como en todos los referendos, el voto "No" procede de grupos
muy diferentes con objetivos muy diferentes. Respecto a anteriores referendos
realizados en Francia, lo que parece haber aportado los votos adicionales
en favor del "No" ha sido su avance entre los votantes socialistas y verdes,
irritados por la situación de la economía y temerosos de las
consecuencias de la extensión de la "globalización", expresando
ese punto de vista por medio de la derrota del Tratado. Por otra parte, en
Holanda parece que esos votos adicionales en favor del "No" proceden de un
incremento del miedo a los inmigrantes musulmanes, provocado por recientes
y graves actos de violencia.
Sea cuál sea la explicación de los resultados de los referendos,
¿cuáles son sus consecuencias? Las victorias del "No" representan
el final definitivo de la Constitución propuesta, ya que para su ratificación
se requiere la ratificación unánime, y es nula la probabilidad
de que Francia u Holanda realicen un segundo referéndum que rectifique
al primero. Esto, desde luego, no significa el fin de la Europa institucional.
La Unión Europea se queda con la estructura que actualmente tiene.
El problema reside en que esa estructura era considera por la mayor parte
de la población como inadecuada para las necesidades de la Europa
ampliada, y se suponía que la Constitución mejoraba la situación
eliminando la necesidad de unanimidad en bastantes áreas, así
como creando dos cargos centrales (un presidente y un ministro de asuntos
exteriores) para aumentar su solidez política. Puede pasar algún
tiempo antes de que los gobiernos europeos intenten otra vez mejorar las
actuales estructuras institucionales.
Ya que la ampliación de la UE-15 a la UE-25 fue uno de los principales
problemas que condujeron tanto al intento de redactar una Constitución
como al rechazo del proyecto al que ese intento dio lugar, es muy posible
que una nueva ampliación quede paralizada en dique seco. Estaba previsto
que Bulgaria y Rumania se incorporasen a la UE en 2007. La UDC alemana, clara
favorita de cara a las próximas elecciones, ya ha anunciado que, una
vez en el poder, podría vetar o retrasar estas adhesiones. Las posibilidades
de admisión de Croacia, Macedonia, Ucrania y, desde luego, Turquía
parecen ahora aún mucho más tenues.
Algunos disfrutan en silencio. Uno de ellos es Tony Blair, para quien el
"No" francés tiene varias consecuencias positivas. Le permite no convocar
el prometido referéndum en 2006, evitándose así una
probable derrota pública. Blair puede afirmar ahora que él
era partidario de la Constitución derrotada, pero que ya no es pertinente
un referéndum británico. Además, en nada puede desagradar
a Blair el desaire sufrido por Chirac, ni los sufridos por Schröder
en las diversas contiendas electorales de carácter regional más
recientes. Esos desaires ajenos alivian las dificultades que Blair había
tenido en su propio país a causa de su política respecto a
Irak. Ahora, Blair puede intentar proponerse como líder para Europa.
El editorial de Kristol refleja, sin duda, la disposición del régimen
de Bush, que desde hace cuatro años aspiraba a apretar las tuercas
a una Europa fortalecida. Para Bush y los suyos, el rechazo de la Constitución
y la confusión que esto ha causado es la primera buena noticia que
durante los dos últimos han años han recibido en este ámbito.
A la larga, no cabe duda de que Europa seguirá alejándose de
la dominación estadounidense, pero en este asunto lo que más
interesa a Bush es el corto plazo, en el que el "No" francés le resulta
francamente provechoso.
En cuanto a los altermundistas franceses, ¿qué han ganado ellos?
Han demostrado tener en Francia una creciente fuerza en el seno de la familia
de la izquierda y el centroizquierda. En verdad, el resultado del referéndum
ha sumido en la confusión al Partido Socialista y a Los Verdes. Pueden
producirse realineamientos importantes y no hay ninguna seguridad de que
la coalición arco iris de la izquierda francesa pueda reconstituirse
de forma que la capacite para ganar las elecciones presidenciales de 2007,
sobre todo si la coalición del centro-derecha logra gestionar su unidad
mejor que la coalición del centro-izquierda.
¿Han conseguido los altermundistas un impacto importante sobre la
lucha contra el neoliberalismo en la economía-mundo? En realidad,
ya les estaba yendo bien, gracias al ascenso del sentimiento proteccionista
en los países del Norte (Norteamérica, Europa occidental, Asia
oriental). La orientación del voto en el referéndum francés
lo refleja, pero la pregunta es si a su vez acelerará ese movimiento.
Esto depende de dos cosas. La primera puede resumirse en esta pregunta: ¿los
altermundistas podrán lograr separar en la mente popular la lucha
contra el neoliberalismo de los sentimientos xenófobos y antiislámicos
presentes en gran parte de Europa? La segunda es si el grado en que la posición
del régimen de Bush en el terreno geopolítico siga erosionándose
puede llegar a incapacitarle para capitalizar el revés sufrido por
la integración política europea.
Muchas personas en Europa dicen que ahora es el momento para "empezar de
nuevo" el proceso de unidad europea. El problema siempre ha sido que una
Europa más social no es posible si no es también una Europa
más federal. Pero segmentos significativos de la izquierda europea
-no sólo de la francesa- siempre han temido que una Europa más
federal socave también las conquistas sociales en su propio país.
Mientras que la izquierda europea no esté dispuesta a probar
su fuerza y librar su lucha dentro de una estructura europea más federal,
irá pasando de un referéndum confuso a otro confuso referéndum,
debilitándose internamente en la lucha por mantener las conquistas
sociales nacionales, en una Europa incapaz de jugar frente a frente con Estados
Unidos el papel geopolítico mundial que la izquierda europea desearía.
15 de junio de 2005