Immanuel Wallerstein

El ambiguo "No" francés a la Constitución europea

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El 29 de mayo de 2005, los franceses rechazaron en referéndum la ratificación del proyecto de Constitución europea. Tres días más tarde, los votantes holandeses hicieron lo mismo. En ambos casos, la ventaja del "No" fue amplia. Desde entonces, la prensa mundial ha estado llena de discusiones sobre el futuro de Europa, entendida tanto como visión que como institución. Pero las consecuencias de estas votaciones son, de hecho, sumamente ambiguas.

Tomemos el caso de la votación en Francia. Tres grupos han aclamado su resultado y lo han saludado como una victoria propia: los neocon estadounidenses, amplias franjas de la izquierda francesa (en particular los altermundistas) y los euroescépticos derechistas de toda Europa.
En EEUU, William Kristol, editor del principal diario de los neocon, Weekly Standard, finalizó su editorial "¿Una nueva Europa?" escribiendo "Vive la France!".  Los defensores del "No" en la izquierda francesa lo celebraron en las calles de París. Y los euroescépticos de derecha estaban encantados por haber ganado, al fin, un asalto en su combate por el descarrilamiento de Europa.
¿Es posible que todos ellos tuviesen razón? Veamos qué es lo que cada una de esas corrientes celebraba.

Para los neocon estadounidenses, el "No" francés y holandés han sido sendas derrotas de las élites europeas, arrogantes y antiamericanas, y, sin duda alguna, de Jacques Chirac, a quien los neocon consideran el primer merecedor de lo que ellos consideran una justa venganza. En el citado artículo, Kristol escribió: "Este es un momento de esperanza para las perspectivas de una Europa fuerte, proamericana, defensora de la libertad, más o menos partidaria del mercado libre y del libre cambio, revigorizada social y moralmente".
Para los altermundistas franceses, el "No" representó, en gran medida, todo lo contrario. Sería tanto una expresión de repudio a los valores conservadores anglosajones como un rechazo del programa neoliberal, a su entender encarnado en el proyecto constitucional y representado por los miembros de la Comisión Europea y por la burocracia de Bruselas, así como por el propio gobierno de Chirac en Francia.
Para los euroescépticos derechistas, esos resultados representaban también un duro golpe a esa misma Comisión y a la burocracia de Bruselas, a quienes atribuyen el empeño de imponer el socialismo en Europa. En el "No" francés, y más aún en el holandés, estaba presente también un fuerte componente xenófobo, materializado en el rechazo a un posible futuro ingreso de Turquía en la UE y en la condena de las políticas que habrían permitido la presencia de  tantos inmigrantes musulmanes en Europa.

Obviamente, como en todos los referendos, el voto "No" procede de grupos muy diferentes con objetivos muy diferentes. Respecto a anteriores referendos realizados en Francia, lo que parece haber aportado los votos adicionales en favor del "No" ha sido su avance entre los votantes socialistas y verdes, irritados por la situación de la economía y temerosos de las consecuencias de la extensión de la "globalización", expresando ese punto de vista por medio de la derrota del Tratado. Por otra parte, en Holanda parece que esos votos adicionales en favor del "No" proceden de un incremento del miedo a los inmigrantes musulmanes, provocado por recientes y graves actos de violencia.

Sea cuál sea la explicación de los resultados de los referendos, ¿cuáles son sus consecuencias? Las victorias del "No" representan el final definitivo de la Constitución propuesta, ya que para su ratificación se requiere la ratificación unánime, y es nula la probabilidad de que Francia u Holanda realicen un segundo referéndum que rectifique al primero. Esto, desde luego, no significa el fin de la Europa institucional. La Unión Europea se queda con la estructura que actualmente tiene. El problema reside en que esa estructura era considera por la mayor parte de la población como inadecuada para las necesidades de la Europa ampliada, y se suponía que la Constitución mejoraba la situación eliminando la necesidad de unanimidad en bastantes áreas, así  como creando dos cargos centrales (un presidente y un ministro de asuntos exteriores) para aumentar su solidez política. Puede pasar algún tiempo antes de que los gobiernos europeos intenten otra vez mejorar las actuales estructuras institucionales.
Ya que la ampliación de la UE-15 a la UE-25 fue uno de los principales problemas que condujeron tanto al intento de redactar una Constitución como al rechazo del proyecto al que ese intento dio lugar, es muy posible que una nueva ampliación quede paralizada en dique seco. Estaba previsto que Bulgaria y Rumania se incorporasen a la UE en 2007. La UDC alemana, clara favorita de cara a las próximas elecciones, ya ha anunciado que, una vez en el poder, podría vetar o retrasar estas adhesiones. Las posibilidades de admisión de Croacia, Macedonia, Ucrania y, desde luego, Turquía parecen ahora aún mucho más tenues.

Algunos disfrutan en silencio. Uno de ellos es Tony Blair, para quien el "No" francés tiene varias consecuencias positivas. Le permite no convocar el prometido referéndum en 2006, evitándose así una probable derrota pública. Blair puede afirmar ahora que él era partidario de la Constitución derrotada, pero que ya no es pertinente un referéndum británico. Además, en nada puede desagradar a Blair el desaire sufrido por Chirac, ni los sufridos por Schröder en las diversas contiendas electorales de carácter regional más recientes. Esos desaires ajenos alivian las dificultades que Blair había tenido en su propio país a causa de su política respecto a Irak. Ahora, Blair puede intentar proponerse como líder para Europa.

El editorial de Kristol refleja, sin duda, la disposición del régimen de Bush, que desde hace cuatro años aspiraba a apretar las tuercas a una Europa fortalecida. Para Bush y los suyos, el rechazo de la Constitución y la confusión que esto ha causado es la primera buena noticia que durante los dos últimos han años han recibido en este ámbito. A la larga, no cabe duda de que Europa seguirá alejándose de la dominación estadounidense, pero en este asunto lo que más interesa a Bush es el corto plazo, en el que el "No" francés le resulta francamente provechoso.

En cuanto a los altermundistas franceses, ¿qué han ganado ellos? Han demostrado tener en Francia una creciente fuerza en el seno de la familia de la izquierda y el centroizquierda. En verdad, el resultado del referéndum ha sumido en la confusión al Partido Socialista y a Los Verdes. Pueden producirse realineamientos importantes y no hay ninguna seguridad de que la coalición arco iris de la izquierda francesa pueda reconstituirse de forma que la capacite para ganar las elecciones presidenciales de 2007, sobre todo si la coalición del centro-derecha logra gestionar su unidad mejor que la coalición del centro-izquierda.
¿Han conseguido los altermundistas un impacto importante sobre la lucha contra el neoliberalismo en la economía-mundo? En realidad, ya les estaba yendo bien, gracias al ascenso del sentimiento proteccionista en los países del Norte (Norteamérica, Europa occidental, Asia oriental). La orientación del voto en el referéndum francés lo refleja, pero la pregunta es si a su vez acelerará ese movimiento. Esto depende de dos cosas. La primera puede resumirse en esta pregunta: ¿los altermundistas podrán lograr separar en la mente popular la lucha contra el neoliberalismo de los sentimientos xenófobos y antiislámicos presentes en gran parte de Europa? La segunda es si el grado en que la posición del régimen de Bush en el terreno geopolítico siga erosionándose puede llegar a incapacitarle para capitalizar el revés sufrido por la integración política europea.

Muchas personas en Europa dicen que ahora es el momento para "empezar de nuevo" el proceso de unidad europea. El problema siempre ha sido que una Europa más social no es posible si no es también una Europa más federal. Pero segmentos significativos de la izquierda europea -no sólo de la francesa- siempre han temido que una Europa más federal socave también las conquistas sociales en su propio país. Mientras que la izquierda europea no esté dispuesta  a probar su fuerza y librar su lucha dentro de una estructura europea más federal, irá pasando de un referéndum confuso a otro confuso referéndum, debilitándose internamente en la lucha por mantener las conquistas sociales nacionales, en una Europa incapaz de jugar frente a frente con Estados Unidos el papel geopolítico mundial que la izquierda europea desearía.
15 de junio de 2005