Ana Morilla
Ecos del 11 de Marzo:
obligaciones y recuerdos
Ana Morilla es asesora en Gestión Pública y Comunicación
Política. Texto publicado en Iniciativa Socialista nº 75, primavera 2005
Hoy es 11 de marzo y la canción “Ecos” de Luz Casal, como música
de fondo, es la canción más triste del mundo.
Todo lo que pasó hace un año se confunde en secuencias de un
Madrid universal y proyectado a otras ciudades desde sus trenes como venas
de un cuerpo madrugador; Madrid desde Atocha convertida en una ciudad descompuesta
tras la explosión y la muerte; Madrid sin tiempo de interrogarse que
abre sus entrañas de conmoción colectiva con un dolor mudo,
sin respuestas; Madrid que emanó a toda España su solidaridad,
su rabia e indignación, y luego, catársicamente su movilización
hasta la dignidad de la masiva contestación democrática.
Nunca habrá explicación racional para lo que ocurrió.
Ningún consuelo reducirá el dolor por lo absurdo de todas y
cada una de esas muertes. Nunca podremos entender el terrorismo; pero desde
la convivencia que nos une como sociedad y desde la ética colectiva,
hay cosas que debemos hacer con contundencia, como reclamar al Estado y a
las instituciones la justicia de un obligado resarcimiento moral.
- Para ello, al Estado, hay que exigirle rotundidad democrática de
funcionamiento del Estado de Derecho, la explicación de lo que ocurrió
(política y judicial), la prevención de nuevos atentados y
la atención a las víctimas.
- A las Instituciones y partidos hay que demandarles consenso, y colaboración
con los objetivos anteriores del Estado, pero sobre todo, la templanza y
altura necesarias para sumar esfuerzos y voluntades en éstas causas.
Lamentablemente, al dolor de éste aniversario, hay que añadir
la frustración por el triste comportamiento de algunos partidos políticos,
que irredentamente persisten en tácticas tan antiguas como el “mantenella
e no enmendalla”.
El PP vuelve al 12 de marzo con su rechazo a unas primeras recomendaciones
neutras para la prevención de ataques terroristas que han consensuado
todos los partidos.
Vuelve al 12 de marzo con idénticas armas: victimismo aupado por la
soledad contra todos, confrontación radical con el resto de partidos,
exaltación verbal (injustificable que un diputado del PP nomine a
Gregorio Peces Barba “Comisionado de víctimas y verdugos”), inducción
de sospechas (llegando incluso a deslegitimar a la Comisión, a ningunear
la instrucción judicial que con tanta profesionalidad están
siguiendo el juez Del Olmo y la fiscal Olga Sánchez), especulación
con hipótesis alarmistas (supuestas autorías fantasmas coaireadas
por medios sensacionalistas) diseminación de discordias, reiteración
de mensajes justificatorios insostenibles (petición de confidentes
que están en sede judicial, o negación de efectividad de las
recomendaciones que harán suyas el consejo de ministros y el parlamento),
apropiación excluyente de valores o símbolos colectivos ( la
unidad de España utilizada enfáticamente como parte de la lucha
antiterrorista), exageración y extensión asimilatorias como
técnica de deslegitimación (nacionalismo o independentismo
son cómplices de la violencia) o utilización de las víctimas
como motivo de separación (sólo de las de ETA, las de Al Qaeda
parecen desconcertarles).
Erich Fromm sentenció que no existe ningún fenómeno
que contenga tanto sentimiento destructivo como la indignación moral,
que permite ocultar bajo un manto de victimismo los instintos más
cainitas. Esta indignación es la médula del comportamiento
político del PP hoy, aún gobernado por el sector más
radical del partido.
Demandemos templanza y constructividad. Demandemos Cumbres como la que preside
Madrid de Democracia y Terrorismo; opongamos alianzas, valores y democracia
a la sinrazón y el odio, y exijamos que la eterna España dividida
no lo esté también sobre la violencia: hagamos que nuestra
historia camine hacia el encuentro para resarcirnos como sociedad del dolor
incomprensible que nos infringe.
Desde la dignidad de Madrid, el recuerdo llega en forma de la canción
más triste del mundo “...No me preguntes que hago aquí...en
las entrañas de Madrid...”