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Envía a president@whitehouse.gov,
con copia a protest@foeeurope.org,
el siguiente mensaje (copia y pega el texto, modificando su último
párrafo para poner tus datos personales):
Presidente Bush:
Me dirijo a usted, como Presidente de los Estados
Unidos, para exigirle que no se retire del Protocolo de Kioto.
Los Estados Unidos tienen que alcanzar los compromisos
adquiridos durante las negociaciones con Naciones Unidas para prevenir
el cambio climático. Saboteando el Protocolo de Kioto pone a los
EEUU en una posición de aislamiento y les hace responsable del la
catástrofe del cambio climático.
Los Estados Unidos, que representan un 4% de la población
mundial, emiten casi la cuarta parte de las emisiones de CO2 a la atmósferea,
es decir, son uno de los mayores consumidores de CO2 per capita.
Hay mucha gente en el mundo que ha empezado ya a sufrir las consecuencias
del cambio climático (huracanes, inundaciones,...), por lo que los
EEUU deberían estar en la primera línea de acción
para frenar el cambio climático.
Existe un enorme potencial de innovación tecnológica
y eficiencia energética, ligado a los compromisos de reducir las
emisiones de CO2. Si no cambia su decisión de anular el Protocolo
las generaciones futuras sufrirán las consecuencias de su decisión.
Presidente Bush, la ciencia es clara y existe un deseo
político a nivel internacional para frenar el cambio climático.
Los EUU deben unirse a esta lucha.
Sinceramente,
(ESCRIBE TU NOMBRE Y, SI QUIERES, A QUÉ TE
DEDICAS Y/O TU LUGAR DE
PROCEDENCIA).
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EE UU pone en peligro
el Protocolo de Kioto
José Santamarta
worldwatch@nodo50.org
http://www.nodo50.org/worldwatch
La decisión del presidente George W. Bush de rechazar el Protocolo
de Kioto sobre reducción de emisiones de gases de efecto invernadero
que provocan el cambio climático, es una muestra clara de total
irresponsabilidad y sumisión a los intereses de unas pocas empresas
contaminantes, agrupadas en la "Global Climate Coalition". La próxima
reunión de Bonn, en julio próximo, continuación de
la cumbre del clima de Naciones Unidas celebrada en La Haya en noviembre
pasado (COP6), corre el riesgo de fracasar e incluso el Protocolo de Kioto
y todas las medidas encaminadas a prevenir el cambio climático están
en peligro, a causa de la administración republicana de Bush.
El Protocolo de Kioto de diciembre de 1997 concluyó con la adopción
de un protocolo de reducción de emisiones de gases de invernadero
por los países industrializados. El compromiso, que se encuentra
en un difícil periodo de ratificación, obliga a limitar las
emisiones conjuntas de seis gases (CO2, CH4, N2O, compuestos perfluorocarbonados
(PFC), compuestos hidrofluorocarbonados (HFC) y hexafluoruro de azufre)
respecto a las de 1990 durante el periodo 2008-2012, en proporciones diferentes
según el país: reducción de un 8% para el conjunto
de la Unión Europea, un 7% para EE UU y un 6% para Japón.
Ucrania, la Federación Rusa y Nueva Zelanda se comprometen a mantener
sus emisiones de 1990. En conjunto la reducción global acordada
es de un 5,2% para los países industrializados (anexo I del Convenio).
El Protocolo no obliga en una primera fase a los países en desarrollo,
dadas sus menores emisiones por habitante. El año base se compone
de las emisiones de 1990 de CO2, CH4 y N2O, y las emisiones de 1995 de
los compuestos perfluorocarbonados (PFC), compuestos hidrofluorocarbonados
(HFC) y hexafluoruro de azufre). EE UU se comprometió a reducir
sus emisiones en sólo un 7%. Entre 1990 y 1998 las emisiones estadounidenses
han aumentado un 21,8%. EE UU en 1990 (año base) emitió 4.888,
8 millones de toneladas de CO2 equivalente. En 1998 las emisiones aumentaron
a 5.953, 9 millones de toneladas de CO2 equivalente. EE UU, con sólo
el 4% de la población mundial, emite el 25% de las emisiones mundiales,
y cinco veces más que la media mundial.
Para que el Protocolo de Kioto entre en vigor debe ser ratificado por
un número suficiente de países, que en conjunto sean responsables
del 55% de las emisiones de los países del Anexo I. Dada la irresponsabilidad
de la administración republicana de EE UU, y su oposición
a la ratificación, ésta no está ni mucho menos asegurada.
Estados Unidos, con el 36,1% de las emisiones en 1990 de los países
del Anexo I, en la práctica tiene poder de veto, más cuando
cuenta con la complicidad de otros países, como Japón y Australia,
e incluso Rusia (17,4% de la emisiones en 1990).
La Unión Europea quería que el Protocolo de Kioto entrara
en vigor en el año 2002, coincidiendo con la Cumbre Río+10
en Johannesburgo (Suráfrica). Hoy es casi imposible. Estados Unidos
es el país que más dificultades ha creado, el tipo malo de
esta película planetaria, imponiendo en el pasado los mecanismos
de flexibilidad, para no reducir sus emisiones, y tratando de obligar a
que algunos países del Tercer Mundo asuman compromisos de reducción,
algo que va contra el espíritu y la letra del Protocolo. Dada la
postura de Bush y la mayoría republicana en el Congreso y en el
Senado, es muy improbable que EE UU ratifique el Protocolo de Kioto. Si
al final se impone la postura de George W. Bush, el presidente del mayor
contaminador mundial, y la presión de otros gobiernos y de la opinión
pública es insuficiente, la situación se agravaría
aún más.
No obstante, más del 75% de la población estadounidense
quiere ratificar el Protocolo de Kioto y desea actuar para frenar el cambio
climático. Tal como han propuesto Los Verdes, hay que boicotear
a las empresas petrolíferas estadounidenses (Exxon, Texaco y Chevron),
que son las que en última instancia dictan la postura de Bush, y
pedir a nuestros gobiernos la adopción de las siguientes medidas:
1. Ratificación inmediata del Protocolo de Kioto.
2. Elaboración de Planes para como mínimo cumplir los
compromisos internacionales, frenando y reduciendo las emisiones de gases
de invernadero, y en especial el CO2.
3. Aumento de la eficiencia energética, proporcionando mayores
servicios con un menor consumo energético. Nueva fiscalidad ecológica,
para reducir el despilfarro y la destrucción del medio ambiente.
4. Desarrollo de las energías renovables, especialmente la eólica
y la solar directa.
5. Poner en práctica de forma urgente nuevas políticas
de transporte, que frenen el uso desmedido del automóvil privado
y del transporte aéreo, los modos de transporte más contaminantes.
6. Los gobiernos deben crear Comisiones del Clima, con participación
de la sociedad civil, incluidas las organizaciones sindicales, ecologistas
y vecinales.
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