Cerca del 80% de los franceses han rechazado a la extrema derecha, pero un 20%, con total conocimiento de lo que hacían, le han dicho "sí". Esto puede considerarse tranquilizante, ya que ha ocurrido, lo contrario que en Austria. En Francia, la izquierda y la derecha republicanas, así como la parte inteligente de la extrema izquierda, han tenido una reacción saludable. Pero esto no modifica el hecho de que seis millones de franceses han votado a favor del apartheid, de la sinrazón, del abandono de la solidaridad y contra Europa. Eso da miedo y nadie podrá cambiarlo de la noche a la mañana.
Hace falta, pues, que los políticos franceses comprendan que Europa no es la causa de estos graves problemas y que hagan comprender a los ciudadanos que ella, Europa, es la única verdadera solución al sentimiento de inseguridad generalizada.
Tras el 11 de septiembre, el mundo es aún más amenazador y generador de inseguridad. Es un mundo irrazonable. No se puede haber vivido Bosnia, la guerra del Golfo, Milosevic, Ruanda, el 11 de septiembre, Afganistán, Oriente Próximo, sin que queden trazas de ellos. Sin embargo, durante la campaña presidencial los políticos no han hablado de nada de esto.
Eso no ha impedido que la gente haya comprendido que tras el euro vamos a pasar a la fase de la ampliación y la apertura de Europa a los polacos, a los checos, a los húngaros, a los eslovenos, etc. En el actual contexto de inquietud, esto refuerza los temores. Es preciso, por tanto, explicar que necesitamos esa ampliación precisamente como garantía de paz y medio para dotar a Europa de una dimensión que la permita contar y tener los instrumentos para proteger a sus ciudadanos.
Los principales dirigentes políticos rehusan afrontar estos problemas y decir que construyen una Europa capaz de actuar contra la inseguridad mundial, una Europa que nos protege, que debe unirse para combatir la dictadura de Milosevic, el terrorismo en Afganistán, que debería unirse para imponer la paz en Oriente Próximo, para detener la masacre de chechenos por Rusia, para hacer respetar la laicidad y los derechos humanos por las dictaduras del Magreb, etc. Ese es el proyecto de Europa capaz de actuar, la idea de una potente Europa.
En fin, en la vida cotidiana de la gente hay inseguridad en la red suburbana de metro, o en tal o cual pequeña ciudad de provincia, o en tal o cual suburbio, pero a ello se añade la inseguridad ligada al desempleo y a la realidad de la precariedad y de las desigualdades. En un mundo semejante, la inmigración simboliza esta fragilidad. Una parte de los franceses, frecuentemente pasando también por situaciones difíciles, se vuelven contra quienes están peor que ellos, los inmigrantes.
Europa debe batirse cuerpo a cuerpo contra el paro y las desigualdades. No puede limitarse a alentar la apertura de los mercados; debe responder a la legítima necesidad de seguridad de quienes trabajan, de quienes tratan de conseguirlo y de quienes sueñan en salir de la precariedad.
Europa no es el problema, sino la solución. Eso es lo que deben demostrar los políticos.