Iniciativa Socialista (portada) Madrid es mucho Madrid

Montserrat Moreno y Esteban Ibarra

Iniciativa Socialista, número 68, primavera 2003. Montserrat Moreno es candidata nº 2 de Los Verdes al Ayuntamiento de Madrid. Esteban Ibarra es Presidente del Movimiento contra la Intolerancia. El título del artículo está tomado de la canción del mismo nombre obra del cantautor Paco Damas.

Pongamos el caso que hablamos de Madrid. De ese Madrid ciudadano que se moviliza de manera permanente contra la guerra en Irak y por la paz. Del mismo Madrid cívico que se movilizó contra el terrorismo, con Miguel Ángel Blanco y otras víctimas, y del Madrid democrático que dijo ¡no pasarán! a los golpistas y fachas del 23-F. Pongamos el caso que hablamos de ese Madrid que recoge a una ciudadanía universal, con gentes venidas de toda España, con más de medio millón de inmigrantes, de religiones, culturas y costumbres diversas, de la pluralidad política, pero todos ciudadanos, de mujeres y hombres, estudiantes, trabajadores y ancianos. En efecto, pongamos el caso que hablamos de ese Madrid que es “mucho Madrid” que versaría el cantante que no se resignaba, en su égloga musicalizada sobre la vida campestre madrileña.
Según nuestro juicio, nadie duda en señalar el profundo carácter cosmopolita que engalana a un Madrid asentado en la tolerancia solidaria de sus gentes pacíficas. Aquí nadie te preguntará de dónde vienes, ni a dónde vas; no te cuestionarán el Rh o los apellidos; si vives en Madrid no eres extraño y de aquí eres; es la forma peculiar de nuestros paisanos de entender el ius soli frente al imposible y racista ius sanguineus que algunos desean imponer en otros lugares ibéricos. Pero esto no es de ahora, al contrario, es de siempre, no sabemos si por leyenda, por historia o simplemente por nuestra viva realidad.
A lo mejor la explicación hay que buscarla en la mitológica leyenda de su fundación, que cuenta que Ocno, hijo de Tiberio rey de Toscana, descendido de familia superviviente de la Guerra de Troya, cuando viajaba hacia donde muere el sol fundó una ciudad por orden de Apolo, en la ladera del Guadarrama, en un terreno hermoso, apacible, rico en vegetación de encinas y madroños, con abundante agua donde pastoreaban gentes bondadosas y amables, llamados carpetanos, “los sin ciudad”, con quienes creó Magerit, “la ciudad de los hombres sin patria”, que debía consagrarse a “Metragirta”, también llamada “Cibeles”, diosa de la tierra.
Quizás una explicación mas científica hay que encontrarla en su propia historia, desde su creación por el emir Muhamad Ibn Abd al-Rahman en el siglo IX con el nombre de Mayrit, “madre de aguas”, árabe hasta 1083, y hoy vanguardia europea, crecida a lo ciudadano Kane. En aquel humilde poblado de la Edad Media, construido en capital con los Austrias y Borbones, liberal e insurrecta en el mayo de 1808, republicana en la contienda civil, y pese al empeño de la dictadura en usarla como baluarte, devenida con la democracia en ciudad universalista e ilustrada. Consecuentemente con su pasado, Madrid se hace a sí misma cosmopolita, abierta y nodriza de una ciudadanía que acepta por patria al mundo entero.
Podríamos bucear en su historia desde una perspectiva intercultural. Aquel Magerit receptor de tres culturas, como Toledo, de pocos miles de habitantes evolucionó continuamente haciendo paisanos suyos a asturianos, gallegos, castellanos, extremeños, andaluces y otros migrados de los pueblos de España, entre los que construirían Madrid y su Comunidad Autónoma junto a los madrileños. Incluso hoy, la nueva realidad migratoria nos acerca a latinoamericanos, marroquíes, senegaleses o chinos, entre otros muchos, que nos ayudan, también, a construir un Madrid cargado de riqueza cultural y de sensibilidad universal.
Plazas, mercadillos, universidades y escuelas, vecinos y metrópoli, trabajadores y empresarios, payos y gitanos, jóvenes y ancianos, heteros y gays, mujeres y hombres..., describen el mosaico plural y diverso de una comunidad enriquecida por la Tolerancia, virtud que se fundamenta en el respeto, aceptación y aprecio a lo plural, y a la igual dignidad de las personas; una comunidad que se muestra abierta, libre y sobre todo, plena de vitalidad. Donde la sevillana, la salsa, la rumba y el chotis configuran junto al pop, el rock, el flamenco, el tecno y otras músicas su paisaje ambiental; mientras en el cielo deportivo, el madridismo, los atléticos y rayistas comparten ciudad con peñas de la Real, el Betis o el Barça, sin olvidar, claro está, a la Demencia del Estudiantes, a los maratonianos y muchas otras aficiones o abnegados deportistas. También así es nuestro Madrid.
Su espíritu Mediterráneo, hablador de calle y alterne, emerge en barrios y pueblos como Lavapiés o Móstoles, que concentran el mundo en un pañuelo, o en "etnias" como la Vallekana que afirman tener puerto de mar y libran durísimas batallas de agua, pese a la beligerancia municipal. A este Madrid de la diversidad le acompaña el del compromiso de solidaridad con las buenas y justas causas; su ciudadanía es ejemplo de movilización contra la guerra y el terrorismo, contra los malos tratos a la mujer y otras manifestaciones de intolerancia, y preguntada por los encuestadores de investigación social sobre valoración y confianza en lo instituido, señalan a las ONG y a las Naciones Unidas como sus predilectos; los políticos, a nuestro juicio, aún tienen que esforzarse y escucharnos más. Así somos en Madrid, o por lo menos así nos sentimos.
En nuestro Madrid no sobra nadie, aquí si hay sitio para todos, y con ternura, todos tenemos que cuidarlo; aunque también tengamos nuestras zonas de penumbra, miserias y desventuras; pero en verdad, acaso y quizás, sí sobren algunos. Como los que no asumen la convivencia democrática. Pensándolo bien, nos sobran los violentos y matones, los rapados, las mafias, atracadores y maltratadores, los que abusan de su uniforme...., delincuentes todos, sean de donde sean. Unas conductas delictivas que se han desarrollado ante la indolencia institucional que no acertó a prevenir, corregir y sancionar, generando inseguridad e impotencia en la ciudadanía. Nos sobran sólo quienes violan la dignidad y derechos que nos corresponden a todos. Y para ello, en erradicar estas conductas tenemos la ciudadanía un compromiso cívico que desarrollar.
Un compromiso que ha de llegar a reconstruir lo inhabitable y a erradicar la contaminación, desde un modelo de desarrollo sostenible y ecológico, en armonía con la madre Tierra que también impida cualquier esquina de exclusión, en definitiva, un compromiso por promover un Madrid verde, saludable e impecable. Un Madrid con pulmones de oxígeno y bicicletas en las calles, sin poderosos constructores y especuladores que gobiernan en la penumbra, donde la cultura sea la dueña de plazas y jardines al sol, que como la Puerta de ese mismo nombre constituyan nuestros mejores horizontes de esperanza, libertad y de ilusión.
Por cierto, a este compromiso hay que sumar la invitación que hizo Kofi Annan, Secretario General de Naciones Unidas, durante la Conferencia contra el Racismo y la Intolerancia, que señalaba estos problemas como los mayores peligros en ciernes, sustratos de la violencia y la guerra, donde emplazó a la ciudadanía mundial a que sean la Tolerancia, Solidaridad y la Paz los valores que iluminen a la Humanidad. Y seguro que Madrid, gran ciudad cosmopolita, tolerante y solidaria donde las haya, crisol de diálogo intercultural, tendrá un papel relevante en este compromiso histórico por una sociedad abierta y plural donde todas las personas autóctonas e inmigrantes, que viven y trabajan en esta tierra, construyan convivencia e identidad madrileña, haciendo de los valores democráticos el significado de su ciudadanía.
Está será, sin ningún género de dudas, la gran contribución universalista que podemos hacer para continuar la lucha que las Naciones Unidas nos anima a seguir. Hay ciudadanía, hay pueblo y el mejor Madrid que se conoce, el que siempre ha estado presto en el compromiso por la libertad, igualdad y la paz, estará a la vanguardia de esa tarea en una verdadera actitud ejemplar. Porque como dijo el cantante susurrando a nuestro oído, Madrid es mucho Madrid.