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En la teoría y en la práctica la política exterior norteamericana siempre se ha sustentado en una serie de imperativos básicos que, desde su enunciación en el siglo XIX, se han mantenido incólumes. Veremos cuáles son esos imperativos y las distintas etapas de la política exterior estadounidense, haciendo mención del particular vocabulario político con que Estados Unidos define las consignas de cada período.
Imperativos, tendencias, doctrinas, esquemas de poder, políticas y terminología
La política exterior norteamericana debe desanudarse en seis niveles distintos de análisis:
Ellos son:
- el excepcionalismo norteamericano, que convierte a Estados Unidos en faro para el mundo y funciona como esquema de justificación de una política exterior de «cruzada».
- una moral ascética, amparada en los principios de los «Padres Fundadores» y en las expectativas de los «padres peregrinos» que llegaron a bordo del Mayflower en 1620.
- la democracia liberal, que primero pasó por un período semidirecto que dirimía las disputas en forma asamblearia, entre iguales, y luego se estableció como conjunto de procedimientos que marca las reglas del régimen político.
- el republicanismo constitucional, alejado de toda forma monárquica, con un poder controlado que garantiza la libertad individual.
2. Las tendencias permanentes, convertidas en los ejes centrales de los debates teóricos sobre la política exterior norteamericana.
La primera tendencia permanente fue el aislacionismo, que mantuvo su vigencia hasta la Primera Guerra Mundial. Le sucedió el intervencionismo, claramente manifiesto en la Guerra Fría. Ambas tendencias se manifiestan constantemente ante cualquier giro profundo de la situación internacional. En un nivel menor se agregaron en los ‘90 las posturas globalistas y regionalistas y la ambivalencia entre multilateralismo (Nye-Rosecrance) y bilateralismo, por el que Estados Unidos ha mostrado una clara preferencia, especialmente en la lucha contra el narcotráfico.
3. Las doctrinas aparecen tempranamente en el siglo XX y se refieren también a dosposturas dicotómicas: el idealismo wilsoniano1 y el realismo político2. Ambas doctrinas debaten constantemente (incluidas sus versiones neoidealistas o neorrealistas) entre las demandas del poder (interés nacional, seguridad nacional, sobrevivencia) y los imperativos morales (democracia, ordenamiento jurídico, derechos humanos). Con la entrada en crisis del paradigma realista en Relaciones Internacionales aparece la interdependencia de Keohane y Nye, una teoría ad hoc que, aún cuando es apta para distintos escenarios, fue elaborada para interpretar la relación Japón-Estados Unidos y por lo tanto es de corto alcance.
4. Los esquemas de poder responden a alguna de las categorías anteriores, no siempre ordenados lógicamente, pero anclándose en ellas. La mayoría son componentes de la política exterior como el equilibrio de poder (Kissinger), la seguridad colectiva (ONU), la política de contención (Doctrina Truman) en sus versiones simétrica y asimétrica (John Lewis Gaddis). Otras son parte de la política interna, como la Doctrina Monroe en su versión aislacionista (expansión al oeste) mientras la versión intervencionista (Corolario Roosevelt) forma parte de la política exterior.
5. La elaboración de políticas representa la construcción de un esquema teórico mínimo cuya finalidad es dotar a los gobernantes de herramientas que avalen o expliquen determinados cursos de acción. Entre ellas encontramos la política del «buen vecino» de Franklin Delano Roosevelt, la seguridad nacional (Paul Nitze y la Directiva NSC-68) y su articulación con el interés nacional en la versión de George Kennan, la disuasión nuclear, la «detente» de Nixon-Kissinger, el multilateralismo asertivo (trilateralismo) de Carter-Brzezinski, el «gran enemigo» de Reagan, la diplomacia económica de Clinton-Kantor, el Nuevo Orden Mundial de Bush-Scowcroft y las «nuevas amenazas» que han teñido los últimos 10 años de la política exterior norteamericana y presentan los problemas como imperativos básicos de la política exterior (narcotráfico, derechos humanos, diseminación de tecnología nuclear, ataques informáticos).
6. La terminología, profusa y a veces pintoresca, acompaña cada esquema de política exterior. En las relaciones Estados Unidos-Argentina, durante el gobierno de Perón, asistimos al quid pro quo inicial, luego unas «cool, but correct relations» pasando por la «correcta amistad» y concluyendo en la «presión amistosa»3. Dentro de la disuasión nuclear encontramos la MAD (Destrucción Mutua Asegurada) y la capacidad de Primer Golpe. En las relaciones con China se habla de «ambigüedad estratégica» mientras se sostiene la «seguridad cooperativa» como esquema de análisis para los problemas mundiales.
El discurso de la política y la política del discurso
A pesar de estas disonancias epistemológicas Estados Unidos ha conservado y acrecentado su poder en el mundo en los últimos 200 años a expensas de potencias mucho más preparadas como Inglaterra. Hay varios factores que deben tenerse en cuenta al estudiar esta contradicción.
2. Al saber qué quieren los norteamericanos no pueden evitar la duda sobre si lo que quieren es lo que deben querer. Esta duda esencial pone en crisis toda la cadena de razonamiento y nace de no conocer exactamente cuál es su lugar en un mundo que no aciertan a definir acabadamente. Bush ha pontificado sobre el Nuevo Orden Mundial pero ese orden ha sido muy diferente del anunciado en los discursos. Si económicamente Estados Unidos se ha beneficiado de la globalización6, lo ha hecho empíricamente, empujando las contradicciones hacia adelante mientras asiste al surgimiento de hegemonías competitivas. No es un defecto de la política exterior, es una característica esencial del capitalismo que crea nuevas contradicciones a medida que va resolviendo las existentes. La tesis del capitalismo liberal se encontró exógenamente con la antítesis de la planificación burocrática que, consagrado el triunfo capitalista, dio como síntesis la globalización con el consiguiente surgimiento de hegemonías competitivas. Transportadas las contradicciones al ámbito interno, no habiendo un actor exógeno antitético, aumentan las desigualdades sociales, resultado del crecimiento simultáneo de la riqueza y la pobreza7. La política exterior, heredada de concepciones de la guerra fría, no encuentra oponentes por lo que todas sus acciones desencadenan sus consecuencias en el ámbito interno. Una definición renovada del objetivo central de la política exterior permitiría deducir fácilmente las características del resto de las variables pero Estados Unidos no termina de acomodarse a la nueva realidad mundial. Esta tarea es ardua ya que no hay enemigos sino competidores, el conflicto ya no es ideológico sino económico y la ley del comportamiento es cómo ceder poder político para ganar poder económico, todo lo contrario de la lógica maquiavélica donde el poder tiene la única exigencia de sostenerse e incrementarse. Al contrario de Gran Bretaña que se organizó para ser potencia mundial y pudo elaborar una retirada ordenada de los primeros planos de la escena mundial, Estados Unidos no se preparó para una cosa ni para la otra.
3. Muchos autores sostienen que la política internacional se debate en un ambiente anárquico de constante competencia por el poder. La realidad indica que el sistema internacional es claramente jerárquico, con actores que marcan reglas y ejercen control sobre el ambiente. Pero este poder se ejerce dentro de determinado ámbito, fluctuante y en competencia. La jerarquía sólo incumbe a los aliados del actor hegemónico pero no a los actores internacionales que pertenecen a otro ámbito. La competencia interhegemónica es constante y en nuestros días se halla en pleno desarrollo, incorporando nuevos actores que participan del juego. Estados Unidos gasta enormes recursos económicos y políticos en imponer su pax imperial sobre un circuito cada vez más reducido de aliados, mientras no puede impedir, en un mundo multipolar competitivo, el traspaso relativo de los actores a otros bloques.
4. La nostalgia con que la Guerra Fría es percibida ahora por los policy makers en Estados Unidos está relacionada con un pasado status congelado de lucha interhegemónica, definitivamente perdido. Anteriormente, con un enemigo claro, la ambigüedad teórica perdía toda importancia, la política exterior quedaba determinada externamente, las prioridades estaban delineadas en función del complejo militar-industrial y los recursos se utilizaban efectiva, eficaz y eficientemente mientras la sobrevivencia del Estado se transformaba en el principal ingrediente del interés nacional. La administración Bush, abandonando la cautelosa política exterior de Clinton, se mueve en un esquema teórico de posguerra fría, convirtiendo a los adversarios en enemigos y menospreciando el poder que ostentan. La ambigüedad estratégica que reclama como una sabia conducta frente a China parece ser sólo ambigua y arrogante. Los votos que han expulsado a Estados Unidos de las comisiones de Derechos Humanos y Control del Narcotráfico de Naciones Unidos, gracias a la Unión Europea, condenaron la negativa norteamericana a la formación de una Corte Penal Internacional y a suscribir el Tratado de Kyoto. La respuesta global parecer ser la reedición de la Iniciativa de Defensa Estratégica o Escudo Antimisiles, un claro esquema de guerra fría en un contexto de paz caliente, prerrequisito de un escenario de guerra abierta.
5. Un análisis autocompasivo de la política exterior manifiesta que Estados Unidos tiene un comportamiento maquiavélico que parece carecer de una concepción maquiavélica del poder. Por propia conveniencia y a fin de justificar su actuación como secretario de Estado, Henry Kissinger sostiene esta postura que, en líneas generales, es asumida por gran parte de la opinión pública norteamericana. Esta autopercepción encaja perfectamente con la necesidad de justificar las rapacidades del imperialismo norteamericano y liberar a líderes y público de las cargas del «imperialismo traumático»8. De este modo las «palomas» de la política exterior pueden hacer convivir discursos con intereses. Por supuesto que los «halcones» no tienen estos miramientos hacia adentro pero utilizan este discurso autocompasivo hacia afuera.
Según este argumento Estados Unidos se ve empujado constantemente, a pesar suyo, a participar en el mundo cumpliendo roles que no desea y adjudicándose liderazgos cuya legitimidad no comparte. Habría llegado, entonces, a ser la primera potencia mundial sin que nunca estuviera en sus planes. A desgano habría entrado en las dos guerras mundiales y muy a pesar suyo habría dirigido el orden mundial de posguerra, atendiendo más bien a necesidades de otros que a intereses propios, condenado por la veleidad europea a jugar roles indeseados.
Ni la teoría y mucho menos la realidad permiten avalar argumentos de esta naturaleza. Si la naturaleza propia de todo ente es tender a permanecer idéntico a sí mismo9, variando sólo para reconfirmarse, si la necesidad mínima del Estado nacional es sobrevivir, si la política internacional es jerárquica y ordenada, si el poder putativo que no se transforma en poder real desaparece33, si el poder como recursos debe ser parte del poder como concepción y si el «príncipe» debe obtener, mantener y hacer crecer su principado, la teoría no parece avalar un status de «inocencia política», por lo menos en la visión realista y maquiavélica.
En la visión idealista la inocencia declamada tiene menos asidero aún. El idealismo es intrínsecamente interventor ya que debe expandir su cosmovisión al resto. La Biblia que Atahualpa no podía leer y el Dios cuyas palabras no podía escuchar son antecesores tempranos de un idealismo cruzadista que esconde la mano del lobo en el guante de seda. La política de contención, más conocida en América Latina como Doctrina de Seguridad Nacional, es el mejor y más acabado exponente de este idealismo plagado de intereses.
Sólo el idealismo aislacionista podría reinvidicar para sí algunos rasgos de esta inocencia perdida que en el pasado cobró la vida de los pieles rojas y significó para México inmensas pérdidas de territorio aún teniendo en cuenta que, en dimensiones históricas, estos viejos sistemas sociales no podrían detener el avance del nuevo sistema social capitalista, más progresivo y dinámico. Acorde con la situación actual, el idealismo aislacionista tiene pocos voceros en Estados Unidos.
Esos intereses se ven amenazados por la aparición de fuertes competidores en el sistema internacional sumados a la presión inmigratoria latina y a los problemas raciales. La recesión económica, más larga de lo supuesto en un primer momento, desencadena una profunda crisis en las economías latinoamericanas y permite el surgimiento de liderazgos como el brasileño11. Es claro que las burguesías del subcontinente son firmes aliados de Estados Unidos pero las movilizaciones contra la globalización han cobrado un fuerte rédito, sin descartar la presión interna de los sindicatos y empresas norteamericanas afectadas. Esto produce crisis política en América Latina y un resurgir de las consignas antiimperialistas.
Por lo tanto la elaboración de la política exterior norteamericana es parte de un constante debate académico-político y, dados los intereses en juego, es importante analizar brevemente la compleja trama de la que surge y las dificultades que encuentra su replanteo, una necesidad que es aceptada por todos, pero que aún no encuentra una resolución aceptable.
En 1936 la Corte Suprema dictaminó que... «el presidente poseía la autoridad constitucional implícita e inherente para conducir los asuntos exteriores, en tanto que en el ámbito nacional la responsabilidad de la elaboración de la política yacía claramente en el Congreso»19.
Sin embargo, el Congreso adquirió mayor injerencia en la elaboración de la política exterior como reacción a la impopular guerra de Vietnam.
La participación de numerosos individuos y grupos ha borrado la distinción habitual entre política nacional y política exterior. Debemos sumar el hecho de que todas las actividades de la administración requieren financiamiento del Congreso.
La creación de un conjunto de instituciones que por su amplitud y naturaleza penetrante no tiene paralelo en otros países, instituciones que se conocen en la jerga estadounidense típica como "think tanks" o centros de estudios, vuelve todavía más complejo el proceso de elaboración de la política exterior. En este entramado institucional uno puede preguntarse legítimamente cómo puede Estados Unidos concebir políticas exteriores y de defensa, poner en marcha los medios para ejecutarlas y crear el apoyo político que necesitan.
Como han aprendido cada administración y cada Congreso, sólo cuando se puede lograr un enfoque bipartidista de una política tiene ésta la mejor posibilidad de obtener éxito tanto interno (al conseguir apoyo) como en el extranjero (al tener el respaldo de la autoridad y el compromiso de la nación). Por lo tanto, aunque la elaboración de la política exterior pasa por varias y paralelas instancias de discusión el consenso entre los partidos en el Congreso es la base institucional que otorga firmeza a las decisiones que emanan de las facultades que la Constitución otorga al Presidente.
El político y el soldado
El Departamento de Estado argumenta estar atravesando por una "Revolución de los Asuntos Diplomáticos". De acuerdo a esta visión la función diplomática en el siglo XXI y la forma en que se comunica, toma decisiones, negocia y mantiene relaciones públicas (lo que se llama la diplomacia pública) han cambiado radicalmente. «Los diplomáticos de hoy están en el terreno, trabajando con la Agencia de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) en campañas contra las drogas en América Latina, sobrevolando el norte de Irak en helicópteros militares, prestando ayuda a los refugiados y organizando la evacuación de civiles en Africa, llevando a cabo tareas de cooperación de seguridad regional en Europa Central y preparando la nueva fase de operaciones civiles en Bosnia, Kosovo y Timor Oriental»20.
La revolución de asuntos militares y la revolución de asuntos diplomáticos conducen la labor del soldado y del diplomático a un punto de encuentro, casi a diario y en todo el mundo. «La situación internacional y las dificultades a las que hacemos frente son tales que nuestros dirigentes a menudo tienen que recurrir a instrumentos militares y diplomáticos como medios complementarios, no distintos o separados, para alcanzar nuestros objetivos»21.
En un punto dado «los soldados deben ser soldados y los diplomáticos deben ser diplomáticos»22 ya que se trata de elaborar y ejecutar planes y políticas sincronizados y basados en la información mutua, en cumplimiento de la Estrategia de Seguridad Nacional. Este aspecto funcional de «trabajar juntos para golpear juntos» significa que diplomáticos y militares trabajan cada vez más unidos para garantizar el cumplimiento de la Estrategia de Seguridad Nacional, incluso en el terreno, aunque en determinado momento cada uno se exprese en su ámbito específico. Ambas instancias se encuentran sometidas a la política nacional pero queda claro el carácter militar de esta supra-instancia política como bien lo demuestra el sistema de toma de decisiones nuclear.
Política exterior y medios de comunicación
La política exterior no la elaboran los medios de difusión pero en la era de la información, no puede elaborarse desconociendo su existencia.
Años después de la crisis más grave de política exterior de la guerra fría, la crisis de los misiles, Robert McNamara, entonces Secretario de Defensa, comentó casi casualmente, que no encendió la televisión durante todo el tiempo que el presidente Kennedy y sus asesores hacían frente a sucesos que podrían empujar a Estados Unidos y la URSS a la guerra nuclear. Si avanzamos rápidamente el reloj a 1999, al conflicto en Kosovo, vemos claramente la forma sorprendente en que ha crecido la función de los medios de difusión y la información en general en la elaboración de la política exterior de Estados Unidos.
Estos medios tampoco reemplazan la diplomacia confidencial sino que la complementan. Es posible que los líderes en Washington reciban las primeras noticias de una crisis por medio de la CNN antes que por un cable enviado por la embajada; con todo, aún se necesita a los diplomáticos para que suministren informes políticos detallados desde tierras extranjeras.
No obstante, la televisión mundial que ofrece imágenes instantáneas cuando ocurren los hechos, la Internet y demás avances tecnológicos recientes han afectado la forma en que los encargados de elaborar la política exterior realizan su labor. En ninguna otra parte puede verse este cambio más severamente que en las presiones de tiempo a que están sometidos los funcionarios.
Desde que terminó la guerra fría, ha habido dos revoluciones que han afectado la comunicación de la política exterior de Estados Unidos. Una es la explosión mundial de las telecomunicaciones y otra es la revolución geopolítica, ya que en ausencia de la amenaza soviética los asuntos exteriores pueden parecer menos vitales para muchos estadounidenses.
Los medios de información, en particular la televisión, pueden afectar el programa de acción de la política exterior de Estados Unidos. De 1992 a 1995, los presidentes Bush y Clinton no creyeron que la guerra en Bosnia amenazara los intereses estadounidenses lo suficiente como para enviar tropas de tierra. No obstante, los reportajes casi continuos sobre la carnicería y el sufrimiento humanitario garantizaron que los presidentes tuvieran que prestar atención al conflicto y que lo presentaran en los términos en que aparecían en las pantallas de todo el mundo. Análogamente, cuando estalló la violencia organizada en Timor Oriental, después del referéndum sobre la independencia, inicialmente no se consideró una cuestión importante en la agenda de la administración. Sin embargo, las imágenes de la televisión y los periodistas que ponían en entredicho la política norteamericana garantizaron que se incluyera en la agenda de la Casa Blanca. A la inversa, puede haber menos presión para que se preste atención a un conflicto, como las guerras civiles en Africa Occidental, si éste no genera interés en los medios de difusión y no hay ningún otro interés de seguridad nacional que se vea visiblemente afectado.
La política exterior de Bush
El gobierno republicano nació marcado por la crisis. Surgió de una derrota electoral y una victoria procedimental, inauguró la recesión económica, se rodeó de un gabinete conservador, perdió el control del Senado24, implementó una rebaja impositiva de dudosos resultados, sufre la crisis energética en California25, resucitó la «Guerra de las Galaxias», se peleó con la Unión Europea y las Naciones Unidas, alardeó frente a China y deberá remontar una segura crisis ministerial.
En América Latina la crisis norteamericana significa la continuación de la siesta eterna en que volvió a caer el ALCA, ya que la nueva dirección demócrata declaró en el Senado su absoluto desinterés por tratar el tema en 200126. Esta demora está vinculada a la presión de los sindicatos y las empresas, temerosos de perder puestos de trabajo y competitividad por el traslado de la producción a otros países27.
La paridad de poder, consecuencia superestructural de la crisis económica, presiona para rever los pasos a dar a fin de dar respuesta a los reclamos de moderación política que lanzan los propios miembros del partido de gobierno. Cuanta más tosudez muestra la administración republicana mayor es la profundidad de la crisis. La gira europea de junio de 2001 mostró la permanencia sin cambios de las prioridades norteamericanas y nuevamente Francia es, como en la época de De Gaulle, vocera del reformismo internacional28, agregando un Nuevo Orden al Nuevo Orden, con lo que la confusión se vuelve cómica.
La administración Bush ha proclamado reiteradamente la prioridad latinoamericana en su agenda exterior aunque los hechos no prometen acompañarlo. La ausencia de Colin Powell en la reunión de cancilleres de la OEA en Costa Rica29 fue un fiasco diplomático para quienes creyeron en ella y la versión latinoamericana de la Operación "Libertad Duradera" quiere encontrar en Colombia la puerta de entrada al subcontinente mientras promete remediar con la guerra la crisis que aquí analizamos.
Notas
1. La perspectiva idealista puede estudiarse en «La diplomacia», Henry Kissinger, FCE, Buenos Aires, 1999.
2. La perspectiva realista puede estudiarse en «Paz y guerra entre las naciones», Hans Morgenthau, GEL, Buenos Aires, 1996.
3. Esta terminología, referida a la Argentina, puede encontrarse en el libro «Estados Unidos y el peronismo», Mario Rapoport-Claudio Spiguel, Eudeba, Buenos Aires, 1997.
4. Ver «Los poderes de la teoría», Alford y Friedland, Editorial Nueva Era, Buenos Aires, 1996, Introducción, pág. 32.
5. Ver «El materialismo dialéctico», Henri Lefebvre, Editorial Pluma, Buenos Aires, 1981.
6. Esta tendencia económica de la política exterior norteamericana fue la base de la política exterior de Clinton permitiéndole a Estados Unidos una década de crecimiento constante en los ‘90.
7. Martin y Schumann sostienen que Estados Unidos es el país desarrollado con mayor inequidad social. Ver Hans Peter Martin y Harald Schumann, «La trampa de la globalización. El ataque contra la democracia y el bienestar», Taurus, México, 1999.
8. Carlos Escudé en su libro «Gran Bretaña, Estados Unidos y la decadencia argentina», lo llama «imperialismo moral traumático».
9. En esta afirmación asumimos la definición del principio de identidad de la lógica formal. En la lógica dialéctica el principio de identidad no existe ya que todo ente está en constante transformación. La teoría del caos, desde Lucrecio hasta Ilya Prigonine, sostiene lo mismo.
10. Un análisis del discurso de la política puede encontrarse en «Teoría y métodos de la ciencia política», David Marsh y Gerry Stoker, Madrid, Alianza, 1997.
11. Un análisis del surgimiento del liderazgo brasileño puede encontrarse en el paper «Un Maastricht sudamericano» publicado en www.cderi.com.ar.
12. Un mayor desarrollo sobre el tema de las contradicciones que provoca la inserción en la economía mundial puede leerse en el paper «Las contradicciones del desarrollo chino», en www.inisoc.org.
13. Todas las constituciones democráticas son garantistas en la medida que consagran el control del poder y la libertad individual. Ver «Introducción a la Ciencia Política», Julio Pinto (Comp.), Eudeba, Buenos Aires, 1997, pág. 231 y ss.
14. La Nación, 18 de mayo de 2001, «Bush lanzó un polémico plan energético».
15. Ver el capítulo sobre «Acumulación primitiva de capital».
16. Se denomina kerenskista al régimen político democrático en su fase agónica. Tironeado entre las necesidades del capital y la movilización independiente de las masas, el régimen político kerenskista es débil aunque haga demostraciones de fuerza. El término se desprende del último gobierno burgués previo a la Revolución Rusa de 1917.
17. La Nación, 22 de mayo de 2001, Andrés Oppenheimer, «Aumenta el riesgo del populismo errático».
18. La burguesía (mayoría económica) es una minoría social, ya que estadísticamente incluye bajos porcentajes de población. Las instituciones democráticas consagran, mediante mecanismos de representación, una falsa igualdad ya que las mayorías (los sectores medios y bajos de la población) eligen representantes que responden a los intereses de las minorías.
19. Citado por Stephen Wayne, profesor de Administración Pública en la Georgetown University, Agenda de la Política Exterior de los Estados Unidos de América, Volumen 5, Nº 1.
20. Eric Newsom, ex Secretado de Estado adjunto para Asuntos Político-Militares, Agenda de la Política Exterior de los Estados Unidos de América, Volumen 5, Nº 1.
21. Idem
22. Idem
23. Texto del autor extraído del paper «Panamá, el fin de la quinta frontera», publicado en www.cderi.com.ar.
24. La Nación, 25 de mayo de 2001, «Bush ante su mayor derrota política».
25. El concepto «percepción distorsionada de las distancias urbanas» significa que las distancias no se perciben en términos matemáticos sino sociales. Para un sector de clase media alta Nueva York queda mucho más cerca que los barrios pobres de su ciudad a los que nunca va. Se siente amenazado en las terminales de tren, mientras está cómodo en las grandes tiendas. Los sectores bajos, desocupados y empobrecidos, raramente van más allá de lo que le permite el tránsito a pie o bicicleta. Pueden pasar su vida entera sin viajar en subte, taxi ni avión. Para ambos el centro y la periferia son ámbitos de pertenencia y exclusión al mismo tiempo.
26. La Nación, 7 de junio de 2001, «El Senado de EE.UU. retrasaría el ALCA».
27. La Nación, 25 de mayo de 2001, «Nuevos obstáculos al ALCA».
28. La Nación, 11 de junio de 2001, «París procurar alinear el continente para discutir con EE.UU.».
29. La Nación, 12 de junio de 2001, Andrés Oppenheimer,
«Detrás del fiasco diplomático en la OEA».
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