Iniciativa Socialista (portada) La guerra y sus criminales

Manuel Pozuelo

Iniciativa Socialista, número 68, primavera 2003

LA GUERRA

La guerra consiste en miles de asesinatos, muertes horribles, lesionados para toda la vida, tortura, dolor, pérdida de seres queridos, destrucción...

No nos confundamos. La guerra no es algo inevitable, anónimo, "que forma parte de la historia", consecuencia de "complejas situaciones políticas, geoestratégicas", que "nadie quiere", y que "ya sabemos que la guerra es así y que inevitablemente causan muerte y destrucción". Como las catástrofes naturales. O "como los accidentes de tráfico" (Fraga). También en las catástrofes naturales se producen horribles escenas de muerte y destrucción que no soportamos y nos conmueven a solidarizarnos y a apoyar a los damnificados. Pero no hay criminales detrás de ello. La guerra no es una catástrofe natural. Es un crimen realizado por criminales. Los criminales de la guerra son quienes la provocan, la lanzan y la apoyan (El soldado que dispara es sólo parte de la maquinaria y apenas tiene posibilidad de decisión).

Hay muchas clases de canallas criminales: delincuentes asesinos, grandes mafiosos, terroristas... Pero, superando a todos, los mayores crímenes de la historia los han cometido los gobiernos dispuestos a lanzar una guerra y, desgraciadamente y en muchas ocasiones, parte de sus gobernados apoyándolos. En algunos casos esas grandes masacres hechas por gobiernos son genocidios contra poblaciones tan indefensas que ni siquiera se le llama guerra (Stalin, Polpot...).

LOS MOTIVOS

Repugnantemente, uno de los motivos por los que un gobernante lanza una guerra es para levantar apoyo popular hacia él (Si el país es una democracia, léase apoyo electoral). Se agitan lemas patrióticos, la perversión del enemigo, "nosotros" contra "ellos", "nuestros heroicos chicos están cayendo", etc. Desgraciadamente esto rinde; al menos por un tiempo. En la guerra de las Malvinas, el dictador Galtieri consiguió, por poco tiempo, desviar el odio de los argentinos a su régimen y Thatcher, con su disposición militar-imperial, subió en apoyo electoral entre los británicos. Y... murieron muchos, argentinos (sobre todo) y británicos.

A Bush le salen muchos otros motivos para el asesinato masivo que ha desencadenado en Irak. Bush representa y se debe a un particular sector del capital americano. Se han descubierto muchos de esos intereses: poner las segundas reservas de petróleo del mundo a disposición de unas pocas empresas americanas, apoyar los intereses de la industria militar como principal sector productivo, disponer de otro enclave fiel (aparte de Israel) para control militar y económico de oriente próximo, establecer un nuevo orden internacional para el siglo XXI basado únicamente en la superioridad militar de EEUU y dejando en la "irrelevancia" a la ONU y otros organismos internacionales, "avisar" a las potencias que podrían hacerle competencia económica y política (Europa, China), etc. Y en su lista de "puntos a favor", con seguridad, aparecen muchas otras "razones" que los ciudadanos del mundo apenas podemos concebir.

Y, entre estos motivos de Bush, también está el electoral. Bush, que ganó la presidencia de EEUU con menos votos que su oponente, era el presidente con menor apoyo en muchas décadas de historia americana. Hasta que el horrible crimen del 11-9 le rescató y pudo montarse sobre la reacción patriótica que le siguió. Con ese apoyo, el equipo de halcones de Bush ya podía intentar desarrollar sus ideas e intereses en política interior y exterior. Pero necesitan una estrategia para mantener caliente esta oleada patriótica y han de señalar uno tras otro perversos enemigos que "acechan y amenazan con atacar al indefenso pueblo americano". Unas guerras serán la culminación de esta estrategia. Sólo han de cuidar algunas reglas para elegir el enemigo: país sometido a odiado tirano, atrasado, sin apenas capacidad militar, etc. Efectivamente, en las primeras semanas el apoyo a la guerra ha subido en EEUU y en RU. Aunque, en RU, han seguido siendo mayoría los que se oponen y, en EEUU, hay que reconocer que es bastante difícil tener elementos de juicio objetivos sobre la guerra cuando muchas imágenes, hechos y opiniones son ocultados por antipatrióticas por unos medios de comunicación con directrices claras de unos pocos magnates propietarios. Aún así, los halcones de la guerra saben que ésta ha de ser breve, porque corren el riesgo de que en la sociedad americana se extienda con rapidez (más en la época de Internet) el conocimiento de sus horrores y sinrazón y se produzca un "efecto Vietnam".

LOS MOTIVOS DE AZNAR

Lo más abyecto es que Aznar sólo tiene motivos electorales para haberse apuntado y haber metido a España en la responsabilidad de esta masacre. En sus decisiones sólo contó el prometido rendimiento electoral de una guerra triunfante. Su jugada era esa. Apuntarse a una guerra con victoria segura, aparecer "entre los grandes" y después recoger el aplauso de los españoles porque, gracias a su sagacidad, habríamos estado en el derrocamiento del tirano elegido. Por ese aplauso, por ese esperado rendimiento electoral, este infame nos ha metido en esta guerra (La posible participación de empresas buitres españolas en el negocio posguerra vino después y son sólo migajas). Sabía que Galtieri y Thatcher subieron en apoyos. Sabía la receta: para arrasar en las siguientes elecciones, ofrece una victoria militar. Bush se lo garantizó.

Este criminal ha metido a España en una guerra sólo por unos votos. Pero, además de criminal, es tonto. Y conoce muy poco a su país. Si buscaba subidón electoral, se ha encontrado un país con tolerancia cero a tener asesinos en el gobierno. La reacción que estamos protagonizando los españoles, además del rechazo a la guerra contra Irak, tiene un significado de un valor histórico tremendamente positivo: rompe la perversión histórica de que una guerra rinde apoyos al gobierno que la lanza. En el futuro, los gobernantes criminales y oportunistas se lo pensarán más de una vez para lanzar una guerra si su principal propósito es reunir adhesiones y distraer de otros errores políticos.

Cuando las cosas empezaron a ponérsele mal, durante la tomadura de pelo a la ONU y, después, durante la guerra, con el masivo y creciente rechazo de los españoles, él sólo esperaba un momento y así se lo ha estado repitiendo a sus fieles: al final se derrocaría a Sadam (lo cual era seguro), la gente olvidaría los horrores de la guerra y el resultado que todos reconocerían es que hay un tirano menos en el mundo. Ese momento ha llegado.

Pero no. No olvidamos. El gobierno ha metido a España en una masiva acción criminal. Y los españoles no aceptamos ser criminales. No se trata de un gobierno, de derechas o izquierdas, que, habiendo ganado justamente las elecciones, cometa algunos errores políticos. Un buen porcentaje de alemanes, en los años treinta, apoyó (o no quiso ver) la gigantesca masacre desencadenada por sus dirigentes. Las siguientes generaciones renegarían del partido nazi para siempre. Sólo gracias a esto la nación alemana se ha resituado en la historia con dignidad ética. Los súbditos de una dictadura deben hacer todo lo que puedan contra las acciones criminales de su gobierno; pero pueden hacer poco y nunca serán responsables de ellas. En una democracia, las acciones del gobierno tienen el refrendo de sus electores. Los españoles, sea cual sea nuestra orientación política, tenemos que renegar de este gobierno y disociar a España de ese crimen. Las muertes en Irak (de todos, población civil, soldados iraquíes, soldados americanos e ingleses, periodistas) no tenían que haber ocurrido y son asesinatos. Sus asesinos son los que "han tenido motivos" para lanzar esta guerra. Y la forma democrática de echar a un gobierno de asesinos son las elecciones generales. No podemos esperar al 2004. Hay que echarles ya y enviar un claro mensaje al mundo (a los pueblos árabes, a latinoamérica, a europeos, norteamericanos, africanos y asiáticos) de que España reniega de esos crímenes. Tampoco se trata ya de pedir la dimisión o la rectificación de Aznar y su gobierno; la masacre ya está cometida y hay que enfrentarles a su responsabilidad criminal. La movilización pacifista debe continuar y centrarse en forzar las elecciones generales. Deben utilizarse todos los recursos democráticos: moción de censura en el parlamento, llevarles a los tribunales, manifiestos renegando los crímenes cometidos, paros, enfrentar (sin violencia) a militantes y votantes del PP con el crimen de sus dirigentes y, por supuesto, derrotar en las municipales a quienes han apoyado la guerra. La alternativa de poder existente es Zapatero, pero debe quedar claro que el objetivo de todos es echar al gobierno criminal. Los militantes del PP habrán de tener la inteligencia y valentía de, cuanto antes, renegar de sus dirigentes que han apoyado la guerra y configurar alternativas en el partido.

UN TIRANO MENOS

Sí, eso es positivo. Pero el derrocamiento de los dictadores ha de ser acción de sus propios pueblos. Y, desde fuera, existen múltiples y poderosas formas de apoyar a esos pueblos. La invasión extranjera nunca es la solución. Afortunadamente los EEUU no invadieron España para liberarnos de Franco. En este caso de Irak,  el futuro de los pueblos iraquí y kurdo sigue muy oscuro, con regímenes y repartos de poder de acuerdo a los intereses de los invasores. Al fin y al cabo, hasta el año 1991 Sadam fue el más conveniente para esos intereses. Lo que sí es cierto es que se ha atacado y masacrado a otro país árabe y que el odio en el mundo ha crecido a su más alto nivel. Se han creado las condiciones de un mundo más inseguro e inestable, con aumento de tensiones y nuevas guerras. La pérfida estrategia de los halcones criminales en el poder de EEUU ha consolidado su avance. Hasta que el pueblo americano y la opinión pública mundial consiga pararles. Lo hará.

En el siglo XXI, definitivamente, hay que desterrar las guerras de la historia. No es una ilusión de pacifista. Es posible. La raza humana tiene inteligencia suficiente para dirimir los conflictos de intereses en organismos de poder democrático. Se hace necesario el mayor esfuerzo en la refundación de esos organismos. Aprovechemos la crisis de la ONU en ese sentido.

Algo no debe confundirnos en nuestro razonamiento sobre desterrar las guerras. En bastantes ocasiones el mundo ha asistido a cómo se está cometiendo o a punto de cometerse una carnicería genocida contra una población. En estos casos la mayor urgencia es detener o impedir esa masacre. Y casi siempre en esos casos, la única forma de impedirlo es una acción militar poderosa. Lo ideal sería que una fuerza militar democrática internacional interviniera. Pero eso, hoy, sí es ser iluso. En estos casos, hay que contar con quien tiene las fuerzas para ello. OTAN, EEUU, UE o el tirano de enfrente si es necesario. Ojalá de esta forma se hubiese podido parar las matanzas en Srebrenica, en Ruanda, las recientes en el Congo y tantas otras. Ojalá así se hubiese impedido la matanza de kurdos por Sadam en Halabja en 1988 (Ahora, ese tirano no suponía tal amenaza). Pero no debemos estar confusos al tener que apoyar e incluso reclamar ese tipo de intervenciones militares. No son guerras. Y sabemos a donde vamos. Otro mundo es posible.
11 de abril de 2003